01 de diciembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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María Montero

Las claves no contadas del cese de Villarroya del JEMAD

El anterio Jemad, general Villarroya.
El anterio Jemad, general Villarroya.

La polémica vacunación contra el Covid-19, tomada a 'hurtadillas', por el ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Miguel Ángel Villarroya, bajo un protocolo militar que deja una rendija abierta a la 'interpretación' respecto al orden preferencial de las vacunaciones en todos los escalafones militares, representa en modo alguno alguno el núcleo duro y real de esta 'intrahistoria', que citaría Miguel de Unamuno.

Propulsar el cese de Villarroya de esta geoestratégica institución, el JEMAD, en plena pandemia mundial y en estos momentos tan delicados para la geopolítica española, mientras se entrevé una 'marcha verde silenciosa hacia Canarias', en prenda para presionar por una futura apropiación infructuosa de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos,  desentraña el foco de miles de comentarios entre militares afines y voraces enemigos de este general. Pero ninguno, ha osado a relatar esta intrahistoria, como describiremos a continuación.

La despedida del general Villarroya del JEMAD

'Las lenguas, como las religiones, viven de herejías', dijo Unamuno, quizá adelantado a su tiempo, en previsión de los grupos de WhatsApp que desvalijan hipótesis entre militares,. Décadas de encuentros y desencuentros de Villarroya en misiones y en frentes abiertos bajo las Fuerzas Armadas. Una trayectoria que, por una vacuna, se ha secuenciado, como si se tratase de un virus, como un epílogo, que, verdaderamente, se comenzó escribir en unos cuantos escalafones previos a este general.

Respecto a las claves del cese fulminante de Villarroya, ni la ministra de Defensa, Margarita Robles, podría haber aislado este 'virus', nacido bajo una lucha de poder entre mandos militares, entre los que podría destacar, al frente de esta 'rebelión silenciosa', el ex JEMAD, José Julio Rodríguez, un militar retirado que, ostentó este cargo en aras de las directrices del ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pero que en la actualidad, instruye las líneas maestras del vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, al ser su jefe de gabinete. con el objetivo de proteger los desaguisados políticos y judiciales de Podemos.

Es decir, dos ex JEMAD, sirviendo por España, pero en bandos políticos absolutamente contrapuestos. Dos ex JEMAD, confrontados en el tiempo, solo que en los grupos de WhatsApp de sus compañeros militares no se atreven a discutir la verdadera dicotomía de dos pilotos representativos, pero que jamás serán buenos amigos por batallas interesadas en ciertos privilegios. 

Si bien es cierto que, la pandemia ha desubicado órdenes sociales, para instaurar otros 'equilibrios', también ha situado al descubierto las filias, fobias, trapicheos y 'puñaladas por la espalda' en las entretelas del poder. Contra más elevado planeas, un símil con la aviación, más enemigos inesperados podrían atacar la 'posición' del JEMAD de manera inesperada. 

El Ministerio de Defensa, otrora lugar poco conflictivo, se ha virado en territorio de caza libre, reflejando lo mejor o lo peor en el espejo de las vanidades de esta fortaleza amurallada, con escasas filtraciones hacia el mundo civil. 

Estos fantasmas políticos, no son el eje de esta controversia actual entre el PSOE y Podemos, versus dos ex JEMAD, pero son una antesala de las estrategias en el Ministerio de Defensa, para desvencijar cargos en el tiempo, como si se tratase de una decisión de la CIA, con o sin expediente clasificado, Y digo ésto, porque las luchas fratricidas entre los ministros de Defensa e Interior, altamente contrastado en foros políticos, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska, respectivamente, deviene en una idéntica transferencia de incompatibilidad hacia otros mandos en el seno de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Enfrentamientos soterrados entre altos mandos de policías y guardias civiles en función de sus cuotas de poder, revirtiendo en la doble dependencia de los guardias civiles, de índole militar y civil, a merced de las órdenes políticas de los alternantes gobiernos. Pero, bajo el prisma de este ruido ministerial, el Ejército en sus múltiples funciones, al menos en apariencia, siempre mantuvo un 'entente cordiale', durante los primeros años de la democracia, que, lamentablemente, comenzó a deteriorarse con el devenir de los tiempos.

¿Cuáles son las claves del cambio de paradigmas en el orbe militar? 

Antes, simplemente, se perpetuaba un orden establecido, unas normas no escritas, a modo de 'código rojo', pero se infería, ex profeso, en las Academias Militares, en el día a día de los acuartelamientos, el atajar conflictos intestinos, se 'mantenía a raya' cualquier gran disputa entre mandos y subalternos.

Generales, Tropa o Marinería, formaban parte de un tándem, hasta que, se activó el virus del Covid19, los manuales de supervivencia, se postergaron los más elementales protocolos de protección hacia las escalas básicas militares, en detrimento de las ansias de poder o prebendas económicas de los mandos superiores jerárquicos.

Esta cuestión ha estallado en el peor momento. Desde 1978, los militares han ido transformando su “Espíritu de Servicio a la Patria” por la de funcionarios con horario fijo y reclamaciones disimuladas con bajo perfil. Esta premisa, aún no salpica a las Fuerzas Armadas de una manera acuciante, pero situaciones como la del asunto del JEMAD, inducen a pensar que, podrían llegar a escoger el sendero de la profesionalización funcionarial, para olvidar los valores de la milicia en el baúl de los recuerdos.

El general Villaroya, anterior Jemad.

Aunque pueda parecer surrealista, el 'lío del JEMAD', la vacunación intempestiva del general Villarroya y su posterior salida tras el escándalo social, comenzó hace mucho tiempo atrás. Existen otros capítulos escritos anteriores, la intrahistoria. Y, no solo el ministerio está relacionado con ese escándalo innecesario y oportunista, sino que, la facción de Podemos en el Gobierno ha 'colaborado' con esta intrahistoria.

El partido de Pablo Iglesias está muy vinculado con antiguos militares y guardias civiles con 'ganas de trifulca', pero, sobretodo, albergan pequeñas 'revanchas significativas', sin darse cuenta que, cuando se abre la caja de Pandora, los truenos sacuden intrahistorias para todos.

Para comprender el 'ataque furibundo' contra el general Villarroya, es debido remontarse en el tiempo, cuando el militar en reserva, ex JEMAD, Julio Rodríguez, era piloto de combate, y Villarroya, piloto de transporte. Y se preguntarán ustedes, si eran diferentes tipo de piloto, con una diferencia sustancial de años entre ellos, ¿a qué nos estamos refiriendo? Son las claves de esta intrahistoria, un trabajo civil y una huelga encubierta.

La guera entre los dos ex Jemad

Hace ya muchos años, en España, era difícil conseguir la titulación civil de piloto, por lo que l compañía Iberia y otras compañías se surtían de pilotos militares, que tras años de Servicio en el Ejército, pedían la excedencia y se iban a las compañías aéreas. Algún político, de alto copete, sabe de estas situaciones, incluso, a lo mejor, le sacaríamos los colores, pero volvamos a los dos ex mandos del JEMAD.

Cuando los pilotos militares, Villarroya y Rodríguez, eran todavía jóvenes, en un momento muy concreto, en que el Jefe del Ejército del Aire dijo 'no' a la huida o fuga de pilotos militares, algunos de ellos, organizaron una huelga encubierta que se materializaba en unas pegatinas que podían encontrarse en los vestuarios o cualquier otro sitio. Pegatinas que rezaban, “No nos dejan irnos a las aerolíneas”.

Finalmente, aquel episodio de sublevación se cerró, algunos pilotos se marcharon, mientras otros permanecieron en el Ejército del Aire, pero a consecuencia de estas tensiones, se crearon ciertas rencillas entre ambos bandos de pros y contras, entre Villarroya y Rojo, una secuencia que se repite en la actualidad. Es un proceso cíclico de enfados entre ambos pilotos, solo que ahora, se ha exponenciado esta crisis hacia la sociedad.

Tras estas rencillas, transcurrieron ciertos acontecimientos, fue entonces, cuando el piloto de caza, Julio Rodríguez, llegó a JEMAD, y al parecer, recordó los viejos tiempos y 'puso a gente en su sitio'. No representaba un castigo, pero sí podría traducirse como un toque de atención. Mientras se sucedían estas horas bajas, algunos personajes de la vida militar empezaron a copiar de la vida civil, a apropiarse por momentos, de ciertas instancias que les favorecen en aquel entonces, como las vacaciones de los militares del Aire.

Al igual que los militares de Tierra, y actualmente desde soldado a general, el Ejército del Aire dispone de ciertas residencias para descanso y vacaciones, así como otros funcionarios o trabajadores de grandes empresas civiles. Concretamente, en Pollensa (Mallorca), existe una antigua base creada por la Legión Cóndor, que acabó destinada a hidroaviones de salvamento, en la actualidad, de hidroaviones apagafuegos.

En esta base, se creó un excedente de viviendas y residencias tipo hotel, que en verano eran utilizadas para su utilización siguiendo un estricto sistema de cupos, que daba prioridad a los que estaban en activo y realizando misiones. Estos eran preferentes sobre los demás, siendo los últimos de la lista los que se encontraban retirados, realizándose un sorteo, si hubiese un excedente de peticionarios. Todo estaba en equilibrio, hasta que un JEMAD se auto-adjudicó la mejor vivienda, en función de su cargo

Pero cuando dejó el puesto de Mando, y abandonó el Ejército, para volverse líder de los 'parias' de la tierra, casualmente, olvidó dejar de utilizar el casoplón de Pollensa, quizás porque es lo habitual en su partido de Podemos, la intrahistoria de los casoplones. Lógicamente, aquellos perjudicados, especialmente, algunos que habían tenido sus roces, en su momento, exigieron que aquel JEMAD que había dejado el uniforme, dejase las prebendas.

Después, nos sacudió esta pandemia, nos llegó la existencia de la vacuna contra el Covid-19, ese Santo Grial, según nuestro presidente. Esto se convirtió en algo imprescindible, en un antivirus implacable. Entonces, afloraron los 'códigos rojos' cumplidos durante cientos de años, normas no escritas en los ejércitos, como 'el orden de la alimentación en Campaña o en Acto de Servicio, en el que, primero pasa el último soldado y al final, el jefe máximo'.

En relación a la pandemia, de cara a la salud de los miembros de las Fuerzas Armadas y, sobre todo, por aquello de las Misiones en el Extranjero con sus peligros, y otros con puestos de mayor riesgo y fatiga, convenía convertir las normas no escritas en reglamentos. Sin embargo, en este supuesto primordial, la norma escrita y sancionada por la autoridad civil correspondiente, antepuso por delante a los altos mandos, retrasando la vacuna en los sectores militares de inferior jerarquía, pero no por ello, menos importantes para el Ejército.

Quizá, la vacunación prioritaria del general Villarroya, no hubiera conllevado semejante trascendencia, si no fuese por capítulos anteriores, desde su asistencia a la ex ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, a la cuestión de confianza otorgada por la ministra, Margarita Robles, una socialista que ha fracasado en su intento de alternativa de partido al presidente, Pedro Sánchez.

Un conjunto de piezas de ajedrez, en el que finalmente, el 'jaque mate', al parecer, ha venido propiciado por los subordinados de Villarroya que, no era precisamente muy querido por ellos, como podría observarse en quienes, salpican con dimes y diretes, con el único objetivo de hacer leña del árbol caído.

Sobre toda esta intrahistoria militar, debería esgrimirse diferentes enseñanzas y conclusiones en modo castrense: El Ministerio de Defensa, era una sede 'apacible', donde cada uno sabía perfectamente su lugar, pero esta jerarquía organizativa evitando los politiqueos, ha sobrevenido hacia a un espejismo de “juego de tronos”, desde que Podemos se aposentó en las instituciones.

Por otra parte, desde un punto de vista de Inteligencia, la campaña 'ideada' contra los negacionistas y ciudadanos dudosos de vacunarse contra el Covid-19, es decir, campaña consistente en hacer creer a los incrédulos que, hasta las personas con poder se 'cuelan' en la fila de futuros vacunados, con el fin de aumentar el número de aspirantes, ha servido para airear las vergüenzas de los que se creían intocables. Políticos que también habría que dimitir, y a su vez, demostrar que el Ministerio de Defensa, es tan responsable como los demás.

En Defensa, en la actualidad, existe una sublevación interna por las cuotas de poder, basada en la falta de respeto a los acuerdos sobre las mismas. El propio pacto de temporalidad incumplido con el ex JEMAD, VIillarroya, por su breve estancia en este puesto de mando, asumiendo a diario la pandemia junto a Robles ante los medios de comunicación, genera otra trifulca interna, aunque este general exprese que desea 'pasar página'. Es posible que, su sucesor de la Armada, el almirante general, Teodoro Esteban López, pueda disfrutar más tiempo en este cargo, recobrando un pacto de tiempos en el JEMAD, algo que se ha boicoteado en el caso de Villarroya, como vendetta.

Esta es la verdadera intrahistoria del 'caso del JEMAD', solo que, como diría Unamuno, al dejar de ser un capítulo de la historia de España, archivado en un escenario oculto, al ser revelado, pasa a disposición de la sociedad. 'Existe gente que está tan llena de sentido común que no le queda el más pequeño rincón para el sentido propio', Miguel de Unamuno.

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