29 de enero de 2023
|
Buscar
FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Superando colmos

Nuestros mayores decían que cuando no es posible sobrepasar límites es que hemos llegado al colmo. Es cierto si se trata de leyes físicas, como adelantó Arquímedes, pero hay otros modos de medir que nos hacen dudar, pues comprobamos cada mañana cómo nuestros referentes sociales imponen su poder sobrepasando colmos. La insensatez, incompetencia empanada de soberbia o alardeo de desfachatez, se ha convertido en una seña de identidad del modo moderno de gobernar.

Hay dirigentes políticos empeñados en dar lecciones a quienes no aceptan sus dictados ideológicos. Desacreditan sin pudor a sabios, expertos y profesionales de absoluta solvencia, como torpes tratando de solapar lo que se considera correcto o legal. La respuesta oficial suele consistir en el exabrupto propio de los acorralados desprovistos de razón. Buscan legislar a medida de sus intereses aferrándose a trolas lapidarias con una ilimitada catadura moral, sin embargo, muchos ciudadanos conocen lo que es verdad y está plenamente contrastado.

Contemplar la insolencia de algunos ministros defendiendo una matraca insulsa no hace más que reconocer que los colmos pueden superarse. No hay límites para manipular con una decadencia ética irrefrenable como respuesta a una evidencia. El Poder Ejecutivo, que ya domina matemáticamente las decisiones legislativas, sujeta como puede al Poder Judicial, pero no enmudece la categoría profesional de técnicos a prueba de manejos, a pesar de que hay unos pocos apesebrados comiendo en el atroje de los sectarios.

Y en esa transcendental misión de elaborar sus leyes, orillando a los que manejan los temas, perseveran en la dolosa intromisión normativa. Muchos españoles, incluso las altas instancias jurisdiccionales, optaron por aceptar legalmente una discriminación de libro, como es la distinción de sexos a la hora de castigar las mismas conductas delictivas. Dispuestos a cambiar el rumbo de una tragedia social, que sigue en estos días, gran parte de los ciudadanos aceptamos al pulpo como animal de compañía.

La evidencia sigue recordando que aquel retorcimiento de la doctrina constitucional ha servido de poco. Y esa pertinaz ofensiva de una reducida facción feminista, obnubilada por el odio, progresando sobre lo que pudiera considerarse injusto, trata de pasar por encima de las leyes penales aduciendo resistencia machista en todo bicho viviente. Ignorar la fortaleza de quienes forman parte del poder judicial, labrada en muchos años de formación concienzuda a prueba de desencantos, no puede servir de coartada para imponerse por vía de hecho.

Un estúpido nunca debería tener capacidad para afear el comportamiento de quien está perfectamente preparado en los temas de derecho. Las ofensas a la cordura invaden la actividad política apabullando a la razón cuando se inventan artimañas para salvar a quien interesa. Pero una decisión equivocada o mal pergeñada con dolosa intención podría volverse como un boomerang. Ya hubo quien decidió desactivar algunos aspectos concretos de la malversación para poder manejar los caudales públicos sin riesgos.

Ahora se trata de limpiar los antecedentes policiales y penales de quienes han cometido esta traición social, pero unos hechos ilegales tan de moda en los últimos años se han llevado por delante a muchos corruptos de distintas adscripciones políticas. Hay demasiados interesados en sacar rendimiento del manoseo legislativo, que puede resultar un colmo de campeonato. Son muchos frentes abiertos para agrietar tantas defensas morales, que están dejando desvalida a una sociedad cabreada comprobando cómo se restringen derechos, al tiempo que una parte de la clase política persevera en su manipulación.

El menosprecio oficial está afectando seriamente a la salud de la ciudadanía, que constata un paulatino abandono en la atención personalizada, una de las obligaciones sagradas de las administraciones públicas. Esa falta de recursos adecuados propicia muchas fugas a la sanidad privada de pacientes cansados de esperar, aunque hay quien no vive suficiente para poder llegar a tiempo. Estamos mermando el bienestar conseguido, mientras unos siguen superando colmos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

COMPARTIR: