01 de abril de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Juan Pérez de Mungía

Greta, marioneta de la industria medioambiental

Greta Thunberg.
Greta Thunberg.

La solución al problema del cambio climático nunca vendrá de la propaganda, tanto si es bajo la forma de un religión, como si es bajo una bandera. Incluso peor, bajo estas formas se desacredita un extraordinario problema de nuestro tiempo que amenaza la vida humana tanto como pueda hacerlo al planeta que habitamos.  

Cualquier consideración de las razones del cambio climático no pueden ignorar todas las variables. A la práctica totalidad de los casos puede aplicarse la metáfora popular, "A Dios rogando y con el mazo dando". Y así resulta que bajo una apariencia racional se siguen teniendo prácticas destructivas del medioambiente. El 26% de los hogares españoles tiene de media 1,97 mascotas. Más de 9,340 millones de mascotas censadas campan a sus anchas por los hogares, parques y campos, y no menos de 138.000 se abandonan cada año en España.

Greta Thunberg, es una joven activista que obtiene financiación y proyección pública para impartir doctrina desde su particular púlpito. Se trata de una vegana privilegiada que alimenta dos perros y un caballo, 600 kg de mascotas que generan cerca de 5 toneladas de C02 al año, y cerca de 1200 litros de metano, tanto mas que la fanfarria de viajar en tren frente a viajar en avión. Y no examinamos como organiza su vida y la contaminación que podría eliminarse con una vivienda mas eficiente. 

Las proclamas tienen poco recorrido, y los iconos a sueldo de los inocentes que se erigen para estimular una conciencia social son tan inútiles, y estúpidos, que solo pueden comprenderse cuando se desconoce la antinomia radical entre las actitudes que se declaran y las que se practican. Para mentir ya se han inventado las encuestas. 

En España mantener un perro cuesta entre 700 y 1500 euros anuales, el negocio es espectacular y aunque resulta difícil calcularlo estamos hablado de más de 5.000 millones de euros anuales, al que deberíamos añadir los casi 1000 millones en gatos. Una política medio ambiental debe considerar el problema por mas que existan otras variables que afectan a la destrucción del habitad humano. 

Nunca ha habido correspondencia entre creencias y práctica social como bien conocen quienes inventaron el arrepentimiento y el perdón de cuyos beneficios viven las fes que se predican, y la entelequia jurídica de redención del delincuente. El cambio vendrá de los intereses, de la relación coste-beneficio de las políticas públicas y de las organizaciones privadas.  

Muchos números para tan poca ecología. La conferencia COP25 recientemente celebrada en Madrid lanzaba la etiqueta #TimeToAction. En las redes sociales nunca han hablado de las mascotas y de su impacto sobre el planeta y la mayoría de activistas tienen mascotas, muchos son veganos y todos las mascotas se desplazan de un sitio a otro, afectando invariablemente a la contaminación. Contaminante no hay camino, se crea contaminación paseando al perro y alimentando al gato. 

Una política de adquisición de derechos de emisión resulta mas eficiente que mil años de propaganda. Por mas que en sí misma resulte repugnante al puritano cínico, el desconocimiento de la realidad y su substitución por la superchería propagandista, revela lo inane de las políticas aparentes y la verborrea al uso. Y ahí está el éxito de los derechos de emisión cuya evolución en el precio acaba con el papel del carbón. 

El absurdo ecologista y su buenismo social lanza campañas, estúpidas y poco eficientes, para evitar el cambio climático pero ignora los animales domésticos. Es más efectivo el desarrollo tecnológico y la creación de un sistema fiscal que evite la producción de CO2 y metano, que bien podría aplicarse a la tenencia de mascotas. Las mascotas no pueden quedar en el limbo legislativo.

La activista Greta Thunberg.


 

A lo sumo, la concienciación solo servirá para alimentar el calvinismo moral para la que la fe basta para salvarse, el cinismo socialista predica lo que sistemáticamente conculca, entretando sigue una política depredadora, y las organizaciones subvencionadas que viven de monetizar la buena fe. Si resulta estúpido que para provocar la lluvia invoquemos al cielo con danzas y rituales, estúpido es e incluso inquietante hacer manifestaciones y carreras por el cambio climático, que nos santigüemos tres veces al día u oremos cinco veces, como el azaque nunca acabará con la pobreza, sino que siempre la perpetuará. La propaganda de la fe climática es el opio del pueblo en manos de los gobernantes.

¿Cuántos recursos se aplican a substituir aquellos patrones de consumo lesivos para los ciudadanos, y cuántos recursos se aplican para dar trabajo a aquellos que pierden ante la factura climática? El ministro de las bombillas que murieron en las oficinas de correos tiene su continuación en la aplicación de recursos a los que podría ser un recurso para forzar un desarrollo sostenible.

Irlanda emite una licencia por valor de 140 € para cada perro, lo que supone unos ingresos de 63 millones de euros por sus 450.000 canes. Si no se posee dicha licencia se corre el riesgo de ser multado con 30€ cada vez que un miembro de las autoridades solicite el permiso y no se posea. Si no se paga esta multa en el tiempo determinado el monto aumentará a €1,269.74 o en el peor de los casos 3 meses de prisión. Esto se traduce en un mejor control de las mascotas caninas. 

Reducción del IVA de comida para mascotas

El partido Unidas Podemos aboga por una reducción del IVA de la comida para mascotas del 4% frente al 21% actual. El cinismo es tal que el programa de Podemos incluye aligerar la factura impositiva de la atención veterinaria en detrimento del medioambiente y en detrimento de lo que denominan para su beneficio, clases populares. ¿Por qué no se rebaja mejor el IVA de la comida para las personas?. En USA los 163 millones de mascotas consumen en comida lo que equivaldría a dar de comer a toda Francia, o a más de 200 millones de africanos en riesgo de pobreza. 

Es fácil deducir que la norma de imponer un límite a la tenencia de mascotas, podría contribuir de forma tanto mas significativa a reducir la cuota de contaminación cuanto la tenencia de mascotas solo es la substitución emocional de la interacción humana. No en vano, el líder podemita defiende la reducción del IVA veterinario en detrimento de los recursos que se aplican a la salud de las personas. El programa podemita no incluye ninguna limitación ni ningún impuesto a la tenencia de animales domésticos que implican una factura de 160.000.000.000 millones de euros en Europa y USA en el último decenio. Esta política ambiental que concede derechos a los animales y despersonaliza y cosifica a los seres humanos tiene sus raíces en la Alemania nazi y forman parte del ideario toda clase de totalitarismos. Como advirtió Carlos Marx, la expresión mas pura del capitalismo es el tipo de sistema que pone a las personas en el lugar de las cosas, y las cosas en el lugar de la personas.  

Que las mascotas son responsables del cambio climático, no es una afirmación baladí si consideramos las cifras. Esta claro que los animales, incluidos los humanos generamos CO2 y CH4 y en el conjunto de la vida que se mueve con patas, alas o aletas dan lugar a contaminación. Una mascota, gato o perro produce por término medio 393 Kg de C02 al año. Imagine el lector los más de 300 millones de mascotas existentes en Europa y EEUU o bien calcule los más de 1500 millones de gatos y perros aproximadamente que existen en el mundo entre censados y sin censar, más de 700 millones de toneladas de CO2 y millones de litros de CH4, seis veces más contaminante cuando nos referimos a la contaminación del aire y a su efecto, el cambio climático. Si las mascotas son una parte del problema, porque han de pagar quienes no las tienen, su contaminación mediante el abaratamiento de los impuestos y las facilidades para tener al menos una en nuestra vivienda. 

Y así ocurre que el conocimiento experto, la ciencia, se ha substituido por la asociación libre. Es asociación libre suponer que la solución será el veganismo que no se predica para animales domésticos y salvajes. Ignoraremos el peso en la factura de la epidemia de especies invasoras y las ratas aclimatadas a los entornos urbanos. Qué actores criminales han introducido en el medio el mapache agresivo que destruye el nicho ecológico de tantas especies, qué actores alimentan la diseminación de enfermedades que carecen de cura, quienes amenazan el bienestar y el desarrollo humano. Los seres humanos no son medios, no están en el comercio, ni se compran ni se venden, son, muy al contrario el fin y el destino de toda acción civilizadora. 

Diez bolsitas de excrementos de perro son suficientes para generar hasta dos horas de luz. En Bristol (Reino Unido), GENeco, una subsidiaria de Wessex Water, llevó a cabo su famoso ensayo Bio-Bug en el que un VW Beetle se modificó para alimentarse con metano extraído de excrementos humanos. Con una autonomía de 300 km, produce una cantidad considerablemente menor de dióxido de carbono y contaminación atmosférica que sus equivalentes alimentados con combustibles fósiles. El equilibrio ecológico es una aspiración legítima y a la postre rentable si se consideran todas las variables, y siempre todos los efectos que las acciones humanas generan en el medio que carecen de utilidad. 

La única manera de luchar de forma racional contra la emisión de GEI (Gases de Efecto Invernadero) viene por la vía de los acuerdos de emisiones de CO2. La compra y venta de derechos de emisión son una fuente de redistribución de la riqueza entre países poco desarrollados con escasas emisiones y los ricos que contaminan más. Si este es un método, las mascotas de los países ricos debería sufragar el desarrollo de la ganadería de los países pobres, por ejemplo, puesto que esto contribuiría a una mejora de, al menos, su capacidad para abastecerse de proteínas para su población. 

La pobre Greta y sus padres son una FCAL, (Familia con Ánimo de Lucro) que han hecho negocio a partir de los “mantras” de las grandes multinacionales, de los medios de comunicación masivos y de las políticas torticeras del buenismo social. Y generan pingües beneficios. Pero sobre todo ocultan la razón del problema y substituyen las soluciones por expresiones de una religión enfermiza, la que se niega a las vacunas, y la que niega el bienestar humano. Solo la ciencia, y sobre todo la creación de una economía que prime las prácticas medioambientales e imponga tasas, impuestos y multas a las personas que contaminan es el método para evitar el aumento de los vertidos y al mismo tiempo el aumento del reciclaje.

Los ayuntamientos generan ingresos por el reciclaje, una población de 30.000 habitantes ingresa cerca de 600.000 Euros por la recogida de envases en los contenedores amarillos, solo con el 15% de su población reciclando. Si añadiéramos el ejemplo de pagar por la recogida de las latas de aluminio de los refrescos, las botellas de cristal y el plástico de las litronas, podría ahorrarse gran parte del cambio climático, ese mismo que los jóvenes veganos dicen defender mientras se atiborran de alcohol para olvidar su fracaso medioambiental.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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