08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Carmen Ibáñez

Es tiempo de actuar contra el cambio climático, ahora o nunca

Desde del día 2 de diciembre y durante dos semanas, se celebra en Madrid la cumbre del Clima (COP 25), reunión de la conferencia de las partes que es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Convención adoptada en Nueva York el 9 de mayo de 1992, con el objeto de reforzar la conciencia pública sobre este grave problema.

En esta ocasión la cumbre ha adoptado el lema “Tiempo de actuar” y dentro de la misma, también se desarrollará la 15 reunión de las partes del protocolo de KIOTO (CMP 15), que es el acuerdo internacional de la convención, para reducir las emisiones de seis concretos gases causantes del calentamiento global tales como dióxido de carbono (CO2) metano (CH4), óxido nitroso (NO2), etc... No se incluye la energía nuclear porque no tiene influencia en este sentido, hasta tal punto que algunos actualmente la postulan como una forma de solución al problema.

También en este marco tendrá lugar la segunda reunión de las partes del acuerdo de París (CMA2), que es un pacto vinculante para la defensa del clima, estableciendo un plan de acción mundial para poner el límite del calentamiento global por debajo de 2 grados centígrados.

Varias chimeneas echando humo.

El principal objetivo de esta cumbre será examinar las comunicaciones nacionales y los inventarios de emisiones presentados por los firmantes para conocer sus contribuciones actuales en la lucha contra el cambio climático en el Marco del acuerdo de París. De esta forma se podrán acordar nuevas medidas para reducir las concentraciones en la atmosfera de aquellos contaminantes que solos o interactuando con otros influyen en el cambio climático y se negociaran posibles mecanismos de financiación.

Pero en estos días, en los que formalmente todo se tiñe de verde tenemos que tener muy presente que cuidar el planeta que es nuestra casa común, no es solo tarea de los gobiernos y de las empresas, sino que nuestros hábitos de vida y nuestras pequeñas decisiones como consumidores también son importantes y forman parte de la solución. En este sentido se han pronunciado recientemente11.000 científicos, a través de una declaración publicada en la revista “BioScience” del American Institute of Science identificando las áreas vitales a tener en cuenta

Por ello, es importante empezar a interesarnos por la procedencia de los productos y por el proceso de fabricación y estar dispuestos a decantarnos por la calidad en lugar del precio. Es relevante conocer que en el ranking de emisiones China ocupa el primer lugar, seguido de EE. UU e India. De los tres anteriores, China e India solo se han comprometido a reducir los gases de efecto invernadero (GEI) en relación al producto interior bruto, por lo que si ellos adoptan un papel secundario los cambios irán despacio. Para mayor dificultad, Estados Unidos bajo el mandato del Presidente Trump, el pasado día 4 de noviembre notificó su retirada del acuerdo de Paris.

En el caso de China resulta que, aun figurando como firmante del acuerdo de Paris, las actuaciones en materia de energía no lo corroboran. Parece más bien una cuestión de maquillaje que una realidad, porque enseguida nos encontramos con el color negro del carbón. China entre 2018 y 2019 lleva construidas y conectadas un total de 42, 9 GW de centrales térmicas de carbón, mientras en el resto del planeta se han apagado 8 GW y tiene una cartera de proyectos de 148 GW. Reemplazar los combustibles fósiles por energías renovables bajas en carbono es una tarea fundamental. Por eso y aunque considero que el libre comercio favorece la riqueza, con carácter preventivo y hasta que la situación no cambié, el consumidor en el ejercicio soberano de su libertad, podría limitar en lo posible la adquisición de productos de estas procedencias, optando por comprar productos más próximos.   

El transporte y la movilidad son otros de los sectores con gran relevancia para mitigar el problema. El abaratamiento de los vuelos ha provocado que en Europa el transporte aéreo en los últimos 5 años haya aumentado las emisiones de dióxido de carbono un 26, 3% superando con creces a cualquier otro medio de transporte. Por lo cual es muy recomendable solo su utilización para grandes distancias y usarlos con responsabilidad.

La contaminación de las granjas

Los productos cárnicos producidos en macro granjas a precios irrisorios son otra fuente de contaminación a considerar. Por citar un ejemplo, me referiré a una explotación porcina, donde el volumen de purines es muy elevado, precisa de balsas para su gestión y grandes superficies de vertido.

Además de contaminar el agua y los acuíferos, producen emisiones de amoniaco y   utiliza un consumo masivo de agua, que limita y condiciona el desarrollo de otras producciones. Su instalación está rodeada de una enorme burocracia en cuanto a licencias y permisos, pero la realidad es que una vez instaladas apenas se controlan. Y lo más absurdo es que en alguna comunidad autónoma, como en Castilla- La Mancha, se subvencionada su instalación.

Utilizar papel en lugar de plástico y que este sea reciclado o cuente con un certificado FSC que acredita que la madera con la que está hecho proviene de bosques gestionados según los criterios del Consejo de Administración Forestal (en inglés: Forest Stewardship Council (FSC)), que incluye medidas de gestión sostenible del bosque en los aspectos ecológicos, sociales y económicos, entre otras, puede tener también importancia. Como ciudadanos informados, deberíamos actuar con sentido común ecológico.  

Solo la Unión europea y 7 países más del mismo continente van camino de cumplir los objetivos del acuerdo de Paris en el 2030. Tenemos suerte de vivir en Europa, donde en los últimos años se ha realizado un enorme esfuerzo legislativo para regular y controlar las distintas fuentes de contaminación, creando un soporte jurídico importante para la defensa del medio ambiente. Sin embargo, me dice la experiencia que no siempre las administraciones han demostrado entusiasmo a la hora de su aplicación.

Por ello como ciudadanos tendríamos que exigir un mayor rigor y trasparencia tanto a las Comunidades autónomas, como a los Ayuntamientos, que son las administraciones competentes, a la hora de exigir su aplicación y comprobar su cumplimiento.

Tampoco es menos importante, que cuando las administraciones públicas adopten sus decisiones en materia de contratación pública, que representa en torno a un 20% del producto interior bruto, incluyan en sus pliegos la variable ambiental obligando a los contratistas al cumplimiento fehaciente de la normativa y optando por la calidad al adquirir suministros, y adjudicar obras solo a aquellas empresas que demuestren una gestión sostenible. No es demasiado pedir que la administración de ejemplo, abandonando inercias del pasado.           

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