24 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Gabriel Araceli

Memoria Histórica X: De aquel verano a este verano

Hay dos cosas que tengo claras, muy claras: que aquel verano de 1976 yo tenía 36 años y este verano tengo 79... y que aquel verano hizo un calor insoportable, pero yo tenía los pulmones como Dios, y que este 2019 hace un calor insoportable y yo apenas si puedo respirar. Por lo demás bien podía decir eso de que "la Historia no se repite". Aunque se "copie".

Aquel verano llegó a la Presidencia del Gobierno, de la mano de Torcuato Fernández Miranda, Adolfo Suárez y desde el primer día tuvo que esforzarse en buscar Ministros, ya que los que tenían más peso en el de Arias (Fraga, Areilza y Garrigues) no quisieron seguir y tuvo que formar un Gobierno de "penenes"... La cruel realidad que se encontró fue un país dividido, una economía en caída libre, una gran incertidumbre de futuro y un confesado malestar general, ya que sobre el tapete estaban enfrentadas la "Ruptura" y la "Reforma". O sea, la Oposición de Izquierdas que no aceptaba que continuase el Régimen de Franco, ni la Monarquía, ni el Rey Juan Carlos (le llamaban "El Rey de Franco") y que luchaban por ,una "Revolución de los Claveles", como la de Portugal. Y estaban los sindicatos clandestinos (UGT y Comisiones Obreras), que ya dominaban por completo el mundo obrero... y estaban los catalanes y los vascos pidiendo a gritos las tres "Aes": Amnistía, Autonomía y Autodeterminación (las dos primeras las conseguirían casi de inmediato y la tercera es hoy actualidad).

Pero al otro lado, en frente, estaban los franquistas- falangistas (lo que la Izquierda llamó enseguida el "Bunker"), los del Movimiento y los Generales de Franco. Ciertamente aquello era un polvorín, porque ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder ( o Monarquía o República). Sin embargo mientras estuviesen en rigor las Leyes Fundamentales de Franco el Gobierno y hasta el Rey estaban maniatados, salvo que diesen un "Golpe de Estado" y acabasen con el franquismo residual, a lo que Juan Carlos se oponía porque eso era un peligro para la Monarquía, sabiendo como sabía que los de la "Ruptura" querían la República.

Fue entonces cuando el “cerebro” Fernández- Miranda se encerró un fin de semana de aquel caluroso mes de Agosto y sacó de su chistera un texto de dos folios que lo iba a cambiar todo. Tal vez porque el asturiano, que había sido Ministro Secretario General del Movimiento durante cuatro años, sabía que las Leyes Fundamentales franquistas también preveían procedimientos para enmendarlas o reformarlas. Y éste fue el modo que eligió Fernández-Miranda para poder pasar de un Régimen autoritario a otro de libertades sin romper con las Leyes vigentes, o sea “de la ley a la ley a través de la ley”, el cambio de la Monarquía de Franco a la Monarquía democrática que le había pedido el Rey. Aquel  texto fue el de la  “Ley  para  la  Reforma Política”. (Ver texto en página Documentación)

Se contó entonces que el día que el “Padrino” le entregó el texto al flamante Presidente del Gobierno, ya Don Adolfo, le dijo: “Ahí tienes esos folios, léetelos bien y ten presente que no tienen padre”.

Suárez leyó aquellos dos folios y antes de terminar ya estaba diciendo: “Joder, Torcuato, esto es el huevo de Colón, ¡eres un genio!”. A lo que el sibilino asturiano respondió: “No, Adolfo, no soy un genio, soy un humilde profesor de Derecho Político que se conoce su asignatura. Así que ponte manos a la obra y vamos a salir del atolladero en el que estamos metidos”. “Faltaría más”, respondió el alumno que veía su propia salvación al alcance de la mano.

Y así echó a rodar el proyecto de “Ley para la Reforma Política”. Primero se aprobó en un Consejo de Ministros, lo que fue fácil. Menos fácil iba a ser el camino a recorrer, porque la  Ley tenía que aprobarse como una nueva Ley Fundamental, ser informada positivamente por el Consejo Nacional del Movimiento, ser aprobada por Las Cortes y ser aprobada por los españoles en un Referéndum a escala nacional. Y eso iba a ser el vía crucis de Suárez.

Pero, Fernández-Miranda, que lo tenía todo previsto, y como buen director de orquesta, repartió los papeles de la obra. A Suárez le encomendó que explicara el proyecto de Ley a la oposición de la “Ruptura” y a los Generales. Y él se comprometió a convencer a los del Consejo Nacional (el Bunker más Bunker) y a los Procuradores de Las Cortes franquistas. Y por indicación suya se designaron como ponentes a Miguel Primo de Rivera (el nieto del dictador Primo de Rivera y sobrino de José Antonio, el fundador de Falange y por otra parte gran amigo y compañero del Rey Juan Carfos), Belén Landáburu (una castellana ligada a la Sección Femenina), Lorenzo Olarte, Noel Zapico (un líder de los Sindicatos verticales) y Fernando Suárez (un brillante Catedrático de Derecho Laboral y uno de los mejores Ministros de Franco).Y se alzó el telón. ¿Quién podía acusar a los ponentes de traidores con el pedigrí de estas biografías?

Fueron tres días de intensos debates y forcejeos de las partes. Miguel Primo de Rivera estuvo muy acertado en la presentación del Proyecto, pero fue Fernando Suárez (en contraposición al Presidente Suárez a éste le llamaban "Suárez el Bueno") quien mantuvo a raya a los más recalcitrantes defensores de las Leyes Fundamentales del Franquismo que estaban en vigor. Los razonamientos jurídicos de "Suárez el Bueno" convencieron a muchos de los allí presentes y fue deshaciendo argumento por argumento a los del Búnker.

Con gran rapidez Suárez (el "Malo") inició los contactos necesarios con los grupos y grupúsculos que integraban la “Platajunta” (el Gobierno en la sombra de las izquierdas) y principalmente con los socialistas de Felipe González y los comunistas de Santiago Carrillo. Con los primeros le fue bien la cosa, con los segundos menos, ya que Carrillo exigía la legalización del PC y eso no lo aceptaba el “cerebro”, al menos de momento, a sabiendas de que los Generales de Franco no iban a pasar por esa piedra y podrían echarlo todo a perder.

Por ello Suárez convocó a la cúpula de todos los ejércitos en la Presidencia del Gobierno (todavía en Castellana 3) el 8 de Septiembre a las 10 de la mañana. Y allí, sentados frente a Suárez, el “chico de Cebreros” que descubrió Herrero Tejedor, estaban los oficiales que, con Franco a la cabeza, en 1936 derrotaron al marxismo internacional y especialmente a los comunistas. (Muchos de ellos, no contentos con la gesta española, se habían ido también a Rusia con la “División Azul”). Treinta generales y almirantes, incluyendo los Ministros militares, Ejército, Marina y Aire. Durante la reunión, que duró tres horas, Suárez fue desgranando el Proyecto de la Ley, con la soltura y brillantez que a veces le acompañaban. Los Generales escuchaban en silencio y con gran atención. No interrumpieron  en  ningún  momento.  Sólo  al  final le hicieron algunas preguntas, en concreto querían saber lo que iba a pasar con los partidos políticos que defendían la “Ruptura”. Suárez respondió rotunda y rápidamente: “Estaros tranquilos, que en ese punto yo pienso como seguramente pensáis vosotros, partidos políticos sí...... pero, no Partido Comunista. Mientras yo sea Presidente, os lo aseguro, no se legalizará el Partido Comunista”.

 Aquellas palabras tranquilizaron a los Generales, aunque a decir verdad sólo uno de entre ellos aplaudió al finalizar la reunión. Fue el Teniente General Gutiérrez Mellado, el que a los pocos días, curiosamente, sería nombrado Vicepresidente Primero del Gobierno para Asuntos de Defensa, en sustitución del también Teniente General de Santiago, que se marchó dándole un portazo a Suárez por la legalización de los Sindicatos marxistas.

 Aquella misma jornada Suárez fue a Las Cortes a darle cuenta a Fernández Miranda del resultado de la reunión con los militares. Estaba en plan triunfal, tal vez por lo que había dicho días atrás: “A mí dejadme los Generales, que a esos yo sé cómo manejarlos”. Pero el “Padrino”, sin embargo, le tiró de las orejas. Por  el propio Fernández Miranda, que lo escribiría mucho después, sabemos que entre ellos se produjo este corto diálogo:

-        Torcuato, esto marcha, los Generales han dado luz verde al Proyecto.
-        Sí -respondió el Presidente de Las Cortes- pero, al final sólo te aplaudió uno de ellos.
-        Bueno, ya sabes que estos son de una raza aparte.
-        Adolfo ¿has leído alguna vez “El Príncipe” de Maquiavelo?
-        Joder, ya estamos, esa misma pregunta me la hizo varias veces Herrero Tejedor. No, no he leído “El Príncipe” ni creo que me haga falta leerlo.
-        Pues, creo que te equivocas, porque si hubieras leído a Maquiavelo no te habrías comprometido tan rotundamente en el tema del Partido Comunista.
-        Pero, coño, si seguí tus instrucciones.
-        Sí, pero no había necesidad de un compromiso tan formal. Ya conoces el refrán castellano: “No digas nunca de este agua no beberé” y menos sin saber lo que va a pasar aquí. Adolfo, tienes que entender que estamos en un trapecio sin red y que cualquier fallo en la cuerda puede acabar con el artista.
-        Bueno, bueno, ya lo arreglaré.

En resumen, que la Ley de la Reforma Política fue aprobada por 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones y que Suárez saltó aquella noche de alegría y aplaudió más que nadie. Aquello era el Austerlitz de Napoleón para Adolfo Suárez.

Es verdad, la Historia no se repite, pero que bueno habría sido, que Don Torcuato Fernández Miranda estuviese presente en esta España del 2019.

Gabriel Araceli

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