04 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

Fármacos Políticos

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Por más que se quiera demonizar al disidente y tratar al adversario como enemigo, la realidad finalmente se impone y destruye la confianza con la que trata de imponerse quien usurpa el poder para decidir a su antojo. Puede ocurrir que día a día se pierda una batalla y se gane la guerra. Y puede ocurrir que día a día se gane una batalla y finalmente se pierda la guerra. Ejemplo del primer caso es la estrategia genocida de ETA, que ha permitido a PNV que con un tenue cambio estratégico controle el poder en el País vasco de forma indefinida, no importa cuántos casos de corrupción conocidos y desconocidos. Solo una población homogénea permite que PNV y Bildu, controlen en su casi totalidad la sociedad vasca; el acoso y el asesinato han hecho de la diáspora vasca a otras tierras el alfoz sobre el que se levanta el sindicato peneuvista, bendecido por Aránzazu, y el sindicalismo cristiano mantenga la quimera solo por su aportación negativa a un Estado que consiente la estafa. ETA perdió batalla a batalla con la estrategia del terror, pero su política genocida le ha permitido ganar la guerra. La realidad se impondrá: el País Vasco es la quinta en términos de riqueza nacional, el 23% de su población supera los 65 años, crece a la mitad de otras regiones de España y su población apenas crece en 10 años un 2%. La línea de caída en el precipicio es muy delgada.

Ejemplo del segundo caso, es aparentemente más complejo. En la cúpula reconstruida del Reichstag en Berlin aparecen las fotografías de un Goebbles patibulario como único miembro de su grupo parlamentario, huido antes de la extinción definitiva de la democracia y la implantación del Estado totalitario de Hitler. La práctica del entrismo político, la política de laminar el Estado desde dentro, con el mismo propósito de Lenin: los capitalistas nos venderán la soga de la que morirán ahorcados. Y, en efecto, la estrategia de ocupación sociopodemita sigue la misma práctica. Día a día gana batallas, pero la realidad le impondrá la derrota en la guerra. El sanchismo podemita ha implantado la estrategia de la aquiescencia progresiva, la ventana de Overton del Centro Mackinac de Política Pública que tan bien conoce el factotum Ivan Redondo. Partir de una cesión consentida y progresivamente conducir al ciudadano a que acepte lo que en ningún caso consentiría sino hubiera sido por esa estrategia clásica de pedir primero un bolígrafo prestado y al final perpetrar la violación a la ingenua prestamista. Y entremedias negar la información que desvela esa trampa saducea. Veamos un ejemplo singular con la política de género. Ganan batallas en una progresiva destrucción de la cultura, prohibiendo el discurso, castigando la discrepancia, persiguiendo la disidencia, destruyendo la confianza, desarmando al Estado y minando la sociedad. Curiosamente se han levantado en réplica más banderas que nunca.

Nunca nadie en su sano juicio negó la confianza y el respeto del homosexual, y nadie cayó nunca en la trampa de la necedad victoriana que juzgó a Turing o a Oscar Wilde

por sus experiencias. Y peor aun haciendo de su experiencia personal, identidad de género. Podríamos usar una metáfora frutal, el género nos importa un rábano o un pimiento en español, nos importa un espárrago en el mundo romano, o nos importa una col en su forma germánica. Pero esta apariencia de consentimiento expresado en una fruta bagatela, no implica en absoluto que el mismo consentimiento se extienda a convertir el género en una cultura de la barbarie que niega la naturaleza. Ahora se dan cuenta las mujeres mejor organizadas e inteligentes de cómo tratan de engañarlas. Existen hombres lesbianos y mujeres machos, pero no hombres ni mujeres libres. Nadie exonera la corrupción a menos que no sean visibles sus costes. Y así día a día creen ganar la guerra cuando ganan batallas pírricas. ¿Cree alguien con juicio suficiente que los españoles aspiran a tener hijos homosexuales como Bono? ¿Cree alguien en su sano juicio que los españoles consienten con la discriminación a

favor de los verdugos, a favor de los usurpadores de viviendas, a los delincuentes sociales que amenazan su vida y su hacienda? ¿Cree alguien que puede ofenderse la inteligencia de los españoles con miserables campañas que convierten a los simones en héroes sociales? A la compra de cargos se le denomina simonía. ¿Cree alguien más allá de su fantasía que la paz pueden traerla a los españoles los verdugos que causan su miseria? Ganarán batallas, pero perderán la guerra.

La patraña se denuncia sola por mas que triunfe en la ignorancia de quien ignora el papel de los símbolos y la memoria. ¿Puede haber gente tan necia que derribe al creador de la penicilina por el sacrificio de animales de laboratorio? ¿Puede haber gente tan necia que disponga que Colón es el epítome del racismo, que Junípero Serra, o Lincoln lo sea? Si yo fuera un afroamericano, estaría orgulloso del sacrificio involuntario de mis antepasados que me sacaron de la tribu. No es acaso la tribu la forma más esclavista de la condición humana. ¿Puede alguien creerse que la homosexualidad la defiende Grande-Marlaska y que habiendo un ministro de Interior cínico y homosexual todos y cada uno de los multiversos homosexuales y multiversos cínicos queden adecuadamente representados? A mí no me defiende que alguien se llame como yo, ni a ninguna mujer le defiende quien ha conquistado su posición por el supermacho Iglesias. El supermacho Iglesias no ha tenido empacho en apear a Bescansa, a ningunear a Gloria Elizo, ni a ningún otro que por fortuna dejara de ser de su cuerda, no se sabe por qué. Solo Echenique sobrevive en el espejo de Goebbles. Con la misma fruición silencia los abusos a menores si los llevan a cabo sus correligionarios.

Los Estados Europeos fallidos como España muestran esa singular capacidad para crear y albergar terroristas, Bélgica, Francia, Italia o Reino Unido, esa singular capacidad para contar y descontar los muertos del coronavirus, y seguir esa práctica de exterminio masivo que mientras esteriliza a su población, alienta la inmigración ilegal y la entrega de la cultura a la satrapía yihadista de Molenbeek-Saint-Jean. Ninguna sociedad sobrevive a su desorden, donde una oficina pública, la Oficina de Conflictos de Interés (OCI) defiende la negación de información al Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) que tiene atribuida la política de transparencia, y en tanto a la primera la defiende la abogacía del Estado, la segunda gasta recursos públicos en abogados privados. ¿Hasta cuándo Sánchez-Iglesias abusarás de nuestra paciencia? No hay nada más estúpido que creerse la propia mentira.

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