08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

Del Rey abajo, ninguno

Pedro Sánchez, presidente en funciones.
Pedro Sánchez, presidente en funciones.

Las leyes que definen la estructura de una sociedad y regulan el intercambio de sus ciudadanos no se originan en movimientos incapaces de gestar un orden político en el que se sacrifica el consenso social, que es el tejido que hace posible la cohesión y el progreso. La democracia se inventó, precisamente, para hacer posible el sometimiento a las leyes de todos los individuos que devienen ciudadanos en virtud de la ley, y habilitar el desarrollo social en armonía con los objetivos egoistas mas particulares. Existe quien lo ha definido así, la sociedad es la articulación de los egoismos, para que cada uno pretendiendo sus fines, contribuya a los fines de todos.

En el caso contrario, la sociedad podría verse segmentada en tantos intereses egoístas como sujetos sociales, lo que inevitablemente conduciría a la guerra, que siempre la gana la minoría social que sostiene la violencia mas intensa durante mayor tiempo. Cualquiera puede desear lo que quiera, pero solo lo puede obtener con sometimiento a la ley, ese hábito que respeta tanto los objetivos de los otros con los que compite tanto o mas que los objetivos propios.

Un rasgo inequívoco de las dictaduras emergentes es la substitución de la democracia por el poder que se manifiesta en la calle. Buena parte de las personas, en virtud de su buena voluntad, renuncian a ejercer violencia para obtener sus objetivos, manifiestan sus opiniones sin imponérselas a otros, diseñan su vida con coherencia. La coherencia de lo que declaran es fundamental para que sean dignos de crédito en la vida social. Nadie firmará un contrato con quien no está dispuesto a cumplirlo.

Y nadie va a confiar en un político que manifiesta cosas contradictorias, que carece de pudor, que es mendaz, que hace lo posible por imponerse con juego sucio, un marrullero que quiere asegurarse el poder amenazando la paz social, creando bandos, imponiendo su particular modo de entender y hacer las cosas en la defensa de sus intereses. Pero claro está, siendo que las personas de buena fe no están dispuestos a la violencia en defensa de su buen hacer, quien se acaba imponiendo es la calle hasta el punto de que la única escapatoria del buen ciudadano es votar con los pies: marcharse de ese ambiente opresivo que es el origen de las sociedades en apariencia homógeneas; hoy el pais vasco cuenta con menos vascos de cuna, y hoy la comunidad catalana cuenta con menos ciudadanos libres. Los han matado, expurgado, amenazado, ocultado, ignorado, humillado, sometido al silencio de los esclavos, al silencio de los corderos.

El ciudadano que todavía lee puede deducir por sí mismo quien o quienes son delincuentes que amenazan en la calle lo que los ciudadanos deciden en las urnas. El pánico de los honestos se alimenta de la amenaza de los asesinos y los delincuentes de sus fuerzas de choque, de sus Lanzas y Verdugos, que ahora sí, en la sociedad amenazada evocan las urnas para imponer los egoismos de sus miserias. Quieren mas, creen merecerlo todo, haberlo merecido; se les ha expropiado aquello a lo que nunca tuvieron derecho. Y sigue la amenaza. No cabe el idealismo frente a los mendaces.

Incluso quienes amaríamos una república de hombres libres, vemos en el juego sucio de los aprendices de brujo que quien amenaza la libertad y las leyes, no está, en absoluto, defendiendo ningún ideal. No cabe ignorar que en la monarquía constitucional no se defiende al Rey ni a su persona, por mas que el atuendo haga creer al ignorante que quien defiende la monarquía lo hace por una encarnación del pasado y no por el orden que inaugura la constitución al concebirla como Jefatura del Estado. Pequeño le resulta el papel a Pedro Sanchez, el aprendiz de brujo, marrullero que se corona a sí mismo. Como en el sueño napoleónico, redivivo en Sokolov, se trata de imponer a los otros primero en el discurso, luego con los recursos que lo financian, para luego instituir la checa y la persecución política. El Pais, un adelantado de la violencia sistemática. Sanchez hizo con el partido socialista lo que va a hacer con la nación. Coronarse a sí mismo en ausencia del Jefe del Estado, como en 1799 Napoleón como primer cónsul, coronándose emperador en La Consagración de Jacques-Louis David. Sánchez emperador por la gracia de Dios y por la constitución de la república plurinacional. Ay de aquél que se pliega a la cultura canalla de quien quiere imponer en la calle lo que le niega la democracia. Irán a menos, pero quieren imponerse con horca y cuchillo.

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