21 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Paco de Domingo

"Bin Laden": punto y final

Mil novecientos cincuenta y tres, el tren del progreso nos dejó con tres cuartas de narices al pasar fugazmente por Guadalix de la Sierra (gracias a la sagacidad de Berlanga) encarnando la decepción de una comunidad que había depositado una siembra de fundadas esperanzas de futuro a fin de huir de la depresión de los eslabones del encadenamiento de la uniformidad caqui.

La reedición de aquella imagen se reprodujo, de alguna manera, cuarenta y nueve años después con el dulce aterrizaje de una moneda que se prometía de altos vuelos, si bien algunos pudieron comprobar en su propio fuselaje que más dura podía ser la caída debido al encarecimiento de los precios y la dificultad en la interpretación de la conversión comenzando la  emboscada batalla de los decimales.

Favorecido por nuestro nivel de remango de improvisación con cotización al alza encontramos un ingenioso paralelismo con uno de los personajes punteros de más difusión internacional, y así el billete de la ´D´ latina pasó a redenominarse Bin Laden sustentándolo sobre la base: todos hemos oído hablar de él, pero muchos ni los han visto el pelo; ni siquiera quienes gozan de la capacidad de . Más aún, alguno ni los ha palpado ni olido. ¡Tiene narices!

La fiebre del oro hizo furor por los Apalaches en el nuevo mundo, y la febrícula del euro despertó un karinosísimo “mundo nuevo y feliz”. Una vez instalado en el circuito de la compraventa (“Bin cash Laden”) alcanzó la categoría de mejor aliado para los pagos , que a más de uno le propiciaron su particular adviento económico poniéndose morado.

La panacea que parecía poder resolver nuestras devastadoras insolvencias económicas cayendo en la equívoca interpretación de que cien céntimos de euro heredaban el guarismo de cien céntimos de peseta a la hora de adquirir las mercancías objeto de mundanal consumo patrio: voló.

Los billetes de quinientos euros tocan la balada del canto de sirena que supone la suspensión de su emisión atendiendo a las indicaciones libradas por las altas instancias económicas del Eurogrupo después de doscientos cuatro meses de expedita circulación por los países adheridos a su uso y las expectativas levantadas con su debut en el panorama nacional.

Que los de quinientos tendrían los días contados estaba cantado dado el oscuro, cuando no opaco, flujo de trasiego de capitales circulantes de algunos particulares y ciertas empresas con fines de dudosa legitimidad, y después de diecisiete rentables años para algunos van a pasar a ser historia de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre por indicación del Banco Central Europeo.

Habrá que enmarcarlos para la posteridad a fin de explicar a quienes tomen el testigo de nuestra cálida experiencia, que como en aquella viñeta del irrepetible don Antonio Fraguas rezaba –incluso para los ateos-: “Hijo mío, todo aquello que alcanzan a ver tus ojos, algún día tampoco será tuyo”.

Descanse en paz <Bin Laden>; aunque sea en los bolsillos de siempre.

Paco de Domingo

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