01 de abril de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

La VOX del pueblo

VOX restará mas votos a los partidos de izquierda que de derechas. La partitocracia entregó el Estado a la desigualdad territorial rompiendo con la unidad de la ciudadanía y la unidad de mercado en un mosaico de 17 inviables cantones de pulso nacionalista. El discurso político sufre de acromatopsia, ese rara patología que consiste en la incapacidad para detectar los matices de color por el ojo humano, y clasifica todo lo que ve en blanco y negro.

Un mismo crisol une a enemigos aparentes; parece extraño que en el gobierno griego de Tsipras convivan la izquierda radical y la derecha nacionalista. En Italia, la ultraderecha nacionalista de la Lega y el movimiento antisistema MS5 conforman un gobierno donde el conflicto interno convive con un primer ministro títere y un presidente mudo. En las revueltas francesas de los chalecos amarillos, que han puesto muertos, cientos de heridos, y cientos de detenidos sobre la mesa, compiten los antisistema de Melenchón y la ultraderecha lepenista. Allí donde antes votaban comunista, hoy votan el lepenismo. Melenchon se desgasta.

Las demandas se han hecho transversales y las ideologías crepusculares apenas logran contener la marea. Inicialmente, Podemos era un partido transversal construido sobre el naufragio común de la crisis económica, solo que, en este caso, estaba y está condicionado por Pablo Iglesias, un leninista, que ha ido precipitando hacia el vacío a todos sus conmilitones, mientras buscaba pareja. Ahora se consolida como líder de un partido que ha devorado la izquierda comunista de Garzón, el balbuceo monocolor y primitivo de un pasado de imposible retorno. La crisis económica introdujo esa conciencia colectiva que acompaña al estado de guerra. El fracaso del bipartidismo es representar a tribus de derechas o izquierdas, ignorando las clases medias proletarizadas y las clases populares empobrecidas, a las que de nuevo les espera un negro futuro.

VOX se nutre de votantes socialistas, exangües, hastiados de nutrir las listas de paro, hastiados de empleos precarios, y hastiados de ver como una masa ingente de inmigrantes se apoderan de sus barrios, y exigen ayudas sociales, vivienda, comida, ropa y suelo para sus mezquitas o que reivindican como propias las catedrales, y ocupan sus plazas y calles destruyendo la cultura social de la libertad. Ni siquiera las feminazis denuncian a las mujeres veladas que acuden a sus manifestaciones. Circulan por las redes sociales, vídeos de cientos de personas con chilabas, manteros ocupando las vías públicas en decenas de kilómetros en los paseos marítimos, y calles peatonales, acuden a las cabeceras de las manifestaciones con el hijab o kufi musulmán, y amenazan inquisitivos al transeúnte mientras despliegan fortaleza y salud. Los niños en las escuelas se quejan de que no comen carne de cerdo por las creencias de una minoría que trata de imponer las suyas y amenaza la libertad en los centros educativos, y en la universidad. Las clases medias empobrecidas se aplican para llevar a sus hijos a centros concertados, y evitar la educación pública que iguala a la baja lo desigual. Las clases populares sienten el desamparo político de gobiernos autonómicos, como el andaluz, sin políticas económicas estructurales, que aplican políticas sociales que solo sirven para repartir el excedente social a quienes de ningún modo contribuyen a la creación de riqueza y engrasan sus vicios y sus bolsillos.

En amplias extensiones agrarias, sometidas a la productividad capitalista, conviven capataces nacionales con inmigrantes que viven en chamizos patera y ocupan las ciudades. Los inmigrantes venden solo su fuerza de trabajo. Con un solo bocadillo se mueven muchas mercancias, los españoles de a pie no. Los españoles de a pie tienen que vivir con lo que pueden, pagar las hipotecas y los alquileres, los impuestos, y las comisiones bancarias, los transportes y tantas otras cosas que los convierten en trabajadores extraordinariamente caros. El grito transversal y unánime no es expulsar a quien se sirve de sus manos, sino a quien ocupa su mente con creencias aberrantes y primitivas, y a quien compite de manera desleal, sin papeles, por un salario miserable y un trabajo ilegal, oculto a la hacienda pública, que amenaza el futuro social de aquellos que por ser nacionales carecen de derechos y reconocimiento. El trabajador español paga el doble, por su familia y por las familias inmigrantes, por la educación propia y ajena, el doble por su salud, y el doble por su representación política. Y además, soporta el lavado de cerebro de la ideología de género y el buenismo social sobre la que cabalga la izquierda redentorista. Hastiado de retribuir a los delincuentes políticos, hastiado de pagar por caciques prostibularios, hastiado del discurso de la piedad oficial, y hastiado de nutrir con su sangre prebendas y subvenciones, gira la cabeza a quienes pueden encarnar un horizonte menos aciago.

Los españoles pobres ya tienen quien les escuche; los sindicatos y partidos de la clase trabajadora tienen un discurso que choca de frente con lo que necesitan amplias capas de ciudadanos. Las ayudas sociales tienen que ser para los españoles, los centros de salud para los españoles, y para los españoles los pisos, los transportes, los espacios públicos y la representación política. España para los españoles, gritan, se acabó regalar nuestra riqueza. La humanidad ha perdido y pierde el futuro de muchas personas, pero ninguna muerte foránea torna ilegitima la reivindicación de la propia. Robar un salvavidas a otro naufrago no hace ilegítimo el uso del salvavidas para la vida propia. Los españoles de a pie que sufren día a día los avatares de vivir con un mínimo de dignidad no quieren ONGs y descreen del buenismo con los inmigrantes.

VOX va a morder un buen trozo del electorado y va a ser la espada de Damocles de las políticas de izquierdas, quizás no en estas elecciones venideras donde va a asomar la cabeza a la puerta del Congreso; entrará en las asambleas de las comunidades y tendrá presencia decisoria en municipios donde las subvenciones y las dádivas de los consistorios se otorgan a colectivos de inmigrantes en detrimento de las necesidades de sus conciudadanos; contribuirá a hacer desaparecer paulatinamente la cultura de la caridad institucional para apoyar políticas que reviertan sobre los españoles. Somos la primera vía de acceso a Europa; el hastío aumenta.

El mensaje de VOX es claro, conciso, simple, sencillo. No pretende emplear seis millones de euros en la reconstrucción caprichosa de una calle, una plaza o una carretera. "Somos un partido de extrema necesidad", "odiamos a los que quieren romper España", "rechazamos a quienes compran casoplones con salarios públicos". VOX forma parte de ese movimiento internacional, transversal, similar al de Bolsonaro en Brasil, al de Salvini en Italia, al de Le Pen en Francia, a la ultraderecha de Alemania y de tantos otros que optan por defender los intereses propios por encima de los foráneos. Africa fabrica niños, Europa viejos, los musulmanes ideología esclavista que nutre los empleos peor cualificados y permite a los islamistas reproducirse con tasas de natalidad impropias de la libertad de la mujer. Mientras, se predica la ideología de género y los vientres de alquiler.

Todo ayuda en este discurso que defiende la natalidad nacional, se opone a la negación de la naturaleza humana, está contra la homosexualidad y la educación que ha degenerado en la ideología de género, la mercantilización del cuerpo y la extensión del odio secesionista de los partidos catalanes y vascos. Se acabó el pastel, todo el chocolate, la nata, la crema y el bizcocho, hasta el plato y la cuchara se lo ha llevado un inmigrante, un podemita, un socialista, un antiespañol. VOX ha empezado a ganar adeptos y la partida acaba de empezar. Por eso el pueblo de a pie, que juega al mus, va de farol cuando le preguntan en las encuestas sobre a quién va a votar. El voto es secreto, un secreto ibérico.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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