16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Ignacio Herce Álvarez

La yihad islámica, ¿La tercera guerra mundial?

Por desgracia y cada vez con más frecuencia, resuenan en nuestras cabezas términos como terrorismo islamista, yihadista… y lo más probable es que no tengamos una idea clara de a qué nos estamos refiriendo, básicamente por la confusión que llegan a producirnos estos términos, en principio, aparentemente similares.

La verdad es que no es fácil definirlos y diferenciarlos ya que, en algunos de ellos, las definiciones son de lo más variadas e incluso contradictorias según el lado del que provengan.

Voy a intentar hacerlo de una manera básica y  lo más aséptica posible para no meternos en un charco al que no hemos sido llamados.

Cuando hablamos del Islam, nos estamos refiriendo a una religión monoteísta en la que Ala es su Dios, Mahoma su profeta y el Corán el libro sagrado. Los musulmanes serían las personas practicantes del islam y los islamistas, aquellos partidarios del integrismo musulmán y todo lo relativo a este.

Hay temas que permiten hablar de ellos sin exigir un conocimiento previo de sus fundamentos, pero en este caso lo creo absolutamente necesario, salvo que queramos quedarnos sencillamente en lo anecdótico.

Yihad significa “prueba o esfuerzo laborioso “ y dentro del Islam, es un concepto objeto de debate permanente. Existen dos tipos de yihad: la «yihad menor» de inspiración violenta, que serviría de legitimación para estos terroristas y la «yihad mayor», de interpretación con un contenido más espiritual, que representa el esfuerzo que todo creyente debe realizar para poder ser mejor musulmán. Esta diferenciación nos hace reflexionar sobre el hecho de que no todo el yihadismo debe de ser considerado como violento.

Por el contrario de lo que pueda parecer, en el islam la única guerra que se admite es la defensiva, dirigida contra el infiel y tan solo estaría justificada cuando se den tres circunstancias: para responder a una agresión, para defender sus valores y para evitar males mayores. Ahora bien, antes de iniciarse la guerra como yihad, se debe ofrecer a los “agresores” tres alternativas para evitarla, aceptar un pacto antes de iniciarla, convertirse al islam o “combatir con las armas en la mano”.

Un terrorismo como es el que nos ocupa, necesita de una legitimación “teológica” para justificar su existencia. En este caso, se fundamenta en la fusión de los dos tipos de yihad que hemos visto anteriormente en una sola: “la guerra santa contra los infieles y la Gente del Libro (cristianos y judios)”, segun el verdadero artífice de esta unión que fue el ideólogo Hassan al-Banna (1906-1949), fundador del islamismo político y de los Hermanos Musulmanes, organización cuyo lema era: «Alá es nuestro objetivo, el Profeta nuestro líder, el Corán nuestra constitución, la yihad nuestro camino y la muerte por Dios nuestro objetivo supremo».

Esta visión de la yihad exige un brazo ejecutor que la lleve a cabo y en este caso, al igual que cuando hablamos de terrorismo en España se nos viene a la cabeza ETA y GRAPO, cuando hablamos de terrorismo islamista rápidamente lo relacionamos con Al Qaeda y el Estado Islámico/DAESH.

El más conocido de estos grupos terroristas de influencia islámica es sin duda Al-Qaeda por haber sido el causante de los atentados del 11 de septiembre de 2001 que dejaron más de 3.000 muertos. Se creó a fines de los años 80 y su fundador fue el también por desgracia muy conocido, Osama Bin Laden. Su objetivo fundamental era conversión de los países árabes en regímenes musulmanes”. Este grupo tiene tras de sí múltiples atentados en todo el mundo (4205 muertos entre 1993 y 2010), entre ellos España cuando el 11 de marzo de 2004 segaron la vida de 192 personas y más de 1.500 heridos en el mayor atentado de la historia de España de infausto recuerdo en nuestra memoria.

El Estado Islámico (EI), ISIS o, DAESH, ha tenido diferentes denominaciones, nació en 1999 como Jamaa al-Tawhid wal-Jihad. En 2004 su líder, el jordano Al Zarqaui, se colocó bajo el mandato político y religioso de Al Qaeda, llegando a ser habitual que se le denominara Al Qaeda en Irak. En 2007 ISIS anunció su intención de crear un estado islámico en la zona de Levante (territorio fronterizo de Irak y Siria), lo que les separo de Al Qaeda.  Sera en 2013 cuando crean el Califato Islámico y pasan a denominarse EI (Estado Islámico), denominación que nunca ha sido reconocida por los estados islámicos. Entonces pasó a ser considerada una organización paralela a Al Qaeda por la comunidad islámica.

La denominación DAESH proviene de un llamamiento a los medios de comunicación por parte los gobiernos occidentales para que no utilicen el acrónimo ISIS (en inglés, Islamic State of Iraq and Syria) para referirse a los yihadistas que operan en Siria e Irak. Piden que se les llame DAESH ("al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham") porque esta palabra tiene connotaciones especialmente ofensivas para los yihadistas ya que una de sus acepciones es, "algo que aplastar o pisotear". ​ Tanto es así que el grupo terrorista, incluso, ha llegado a amenazar con eliminar a cualquier occidental que lo utilice.

Su presencia en España la hemos sufrido en los atentados de Barcelona y Cambrils en 2017, con 16 fallecidos y más de 130 heridos.

Esta sería la manifestación violenta de una amenaza permanente sobre occidente que ha dado lugar a pensar en una “lucha entre oriente y occidente”, lo que la ha convertido a juicio de muchos, en una posible tercera guerra mundial.

El primer ministro iraquí, el 1 de febrero de 2015, expuso que la guerra contra el Estado Islámico era efectivamente “La Tercera Guerra Mundial”, dado que su objetivo no era otro que la creación de un califato mundial, con el objetivo de conquistar el mundo y su éxito en la difusión del conflicto a múltiples países fuera de la región del Levante mediterráneo.

No fue menos contundente el rey de Jordania Abdullah II cuando en respuesta a los atentados de Paris de 2015 afirmo, “Estamos enfrentando la Tercera Guerra Mundial“.

Y nos venimos a Europa, donde François Fillon, ex primer ministro francés, no dudó en afirmar que “la sangrienta invasión del islam en la vida diaria podría desencadenar una Tercera Guerra Mundial”.

Lo cierto es que estamos asistiendo a un tipo de guerra diferente a lo conocido habitualmente como tal, estamos frente a una guerra generalizada donde prima un terrorismo salvaje y sangriento, no ya contra un ejército tradicional, sino contra la propia población civil. Ahora no estamos hablando de grandes ofensivas como en las guerras al uso, en este caso nos enfrentamos a una sucesión de atentados repartidos por todo el mundo con el fin de sembrar el terror de una manera indiscriminada y que no responde a circunstancias o hechos concretos.

Otra diferencia más con las guerras tradicionales es el uso de las nuevas tecnologías como armas de las que estos grupos se sirven con una extraordinaria habilidad para difundir su mensaje y la captación de nuevos adeptos.

Como resumen final, según un informe elaborado por el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET), en 42 de los 191 países del mundo, el 21%, se han producido acciones violentas por parte de estas tramas y,  para hacernos una idea de las consecuencias de las sangrientas actividades terroristas de estos grupos diremos que, en 2017 el terrorismo de corte yihadista asesinó a más de 13.000 personas en todo el mundo y durante el pasado año, han sido más de 9.000 las muertes, repartidos entre los 13 países en lo que han actuado estos grupos

Como hemos visto nuestro país no se escapa de esta amenaza terrorista mundial. Un informe realizado por el Centro Memorial de Victimas del Terrorismo, ha puesto cifra y nombres a todos los españoles fallecidos por esta causa: 284 (166 hombres y 118 mujeres). De ellos, 228 han sido asesinados en atentados registrados en territorio nacional y 56 perdieron la vida en ataques en el extranjero.

La consecuencia de este terrorismo en nuestro país será objeto de un próximo artículo en el que intentaremos conocer cuál ha sido y es la actividad del yihadismo en nuestro país.

Jose Ignacio Herce Álvarez

Vicepresidente de la Asociación Plataforma de Apoyo a las Victimas del Terrorismo (APAVT)

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