25 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

El catedrático emérito de la Complutense recuerda su medio siglo de amistad con Enrique de Aguinaga y su papel en la formación de otros periodistas

Fallece el decano de los periodistas (II): 'El sentido del humor de Aguinaga impregnó un siglo', por Felicísimo Valbuena

Enrique de Aguinaga.
Enrique de Aguinaga. / El periodista ha fallecido a los 98 años.
El catedrático de Teoría General de la Información de la UCM Felicísimo Valbuena de la Fuente recuerda para 'Elcierredigital.com' sus cincuenta años de amistad con Enrique de Aguinaga en la universidad y su papel en la formación de periodistas, así como el especial sentido del humor del recientemente fallecido decano de los periodistas que le hizo protagonizar anécdotas que ahora recupera en este texto.

Conocí a Enrique de Aguinaga cuando me entrevisté con él en el verano de 1971. Estaba yo entonces de Catedrático de Instituto y me propuse aprobar entre junio y septiembre todas las asignaturas de la Escuela Oficial de Periodismo. Él era un exigente profesor de la Escuela y, además, Concejal de Abastos del Ayuntamiento de Madrid. Hablamos de asuntos relacionados con la educación.

Me resultó una persona que tenía mucha gracia, incluso ironía maliciosa en sus comentarios. Con lo cual, ganó muchos puntos en mi consideración. A mí me podrán encontrar con personas de todos los pelajes, pero que pueden resultar interesantes o interesantísimas. Casi nunca, en compañía de un sujeto o una sujeta que rebose sosería.

Después, cuando el entonces Vicedecano Ángel Benito me contrató como profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, ¿a quién me encontré en octubre de 1974? A Enrique de Aguinaga. Ahora nos habíamos convertido en colegas y, como decía el gran Alfonso Sánchez, “sin embargo, amigos”.

Durante mi docencia en la Facultad me intrigaba cómo es que había estudiantes que escribían muy bien, sin faltas de ortografía; otros resultaban una calamidad para la vista. La clave que disolvía la intriga estaba en quiénes habían sido sus buenos profesores. ¿Por qué no ponerlos aquí? Enrique de Aguinaga, Bernardino H. Hernando y Francisco Javier Mayoral.

Felicísimo Valbuena. 

Dio la casualidad de que un estudiante, al que califiqué con Matrícula de Honor por el contenido y el estilo de sus trabajos, me trajo los apuntes que él había tomado en las clases del Profesor Aguinaga. Éste se las sabía todas. Me dijeron después que seguía impartiendo los mismos contenidos año tras año e, incluso, en Doctorado. ¿Significaba eso que estaba pasado e, incluso, muy pasado de moda?

No, porque él seguía teniendo sentido del importante: Que los estudiantes escribiesen bien. Mientras que otros/as profesores/as que se atenían a la moda de la ANECA, no hacían más que escribir artículos llenos de tonterías. Tonterías que, incluso, les ayudaban a ser catedráticos/as, pero esas tonterías siguen sin resistir el menor escrutinio crítico. Incluso, van a servir de material de burla académica durante años y años.

Por el contrario, los tres profesores citados, y también otros, sí contribuían a cumplir la misión del entonces llamado Departamento de Redacción Periodística.

El máster de ABC

Aguinaga era el director del Master del ABC hasta que llegó un director del periódico que se empeñó en descabezarlo. Ese director se llamaba Francisco Giménez Alemán. Dirigió el periódico ABC entre junio de 1997 y septiembre de 1999, tras la marcha de Luis María Anson. No fue mucho, ¿verdad?

Sin embargo, se estableció un acuerdo según el cual la dirección del Máster del ABC iba a ser rotatoria entre los cuatro departamentos de Periodismo. Y así empezó con Periodismo I, al frente del cual estaba José Luis Martínez Albertos. Le dije a Mariano Cebrián, Director de Periodismo II y tristemente desaparecido: “Te juego lo que quieras a que no vas a dirigir el Máster. A Martínez Albertos todo el poder le parece poco”.

Enrique de Aguinaga en una entrevista televisiva. 

Y así fue. Estaba entonces como Rector de la Complutense el gris, gris, gris Rafael Puyol Antolín, que sigue escribiendo artículos simples, más simples, simplicísimos, en el ABC. Él fue quien bautizó a la criatura que, como Napoleón cuando se encontró con el Papa, se había coronado antes a sí mismo.

¿No hubiera estado mucho mejor el Master del ABC dirigido por Enrique de Aguinaga que por Albertos y sus elegidos/as? Pues claro. Aguinaga tenía prudencia política y mucho sentido del humor. 

Los tres cánceres

Y hablando del humor. Pasan los años y me envía mi amigo el periodista Julio Merino la convocatoria de unas Jornadas que había organizado sobre un personaje histórico al que él había tratado mucho: Don Ramón Serrano Súñer. Veo que, entre los conferenciantes está Enrique de Aguinaga. Asisto, como otras veces, a una conferencia en la que demuestra cada punto de vista con datos e informaciones.

Al acabar, me acerco a Enrique y le hago la pregunta del millón: “Enrique: Te veo hecho un brazo de mar. Suelta tu secreto, porque ya superas ampliamente los 90 y te he visto con la frescura de un jovenzuelo de 50”.

- Es muy sencillo, Felicísimo. Mi secreto son mis cánceres.

- Tú siempre con tus golpes, Enrique.

- Sí, he pasado tres. Superar cada uno me ha ayudado a vivir unos años más. Si hace falta, me vendrá el cuarto. Y entonces puedo asegurarte que llegaré a los cien. Así es que toma nota. Si quieres vivir los mismos años que yo.

Me explicó los tres cánceres que había pasado, pero prefiero no entrar en detalles.

Un amigo de la Ciudad de los Periodistas me dice que, domingo tras domingo, ahí ha estado Enrique leyendo la epístola que tocara. No pocos fieles sabían lo que el Enrique lector significaba en asuntos de edad. Entonces, todas las palabras que leía y que tenían que ver con la vida y con la muerte, sonaban enteramente distintas.

Siento que haya desaparecido un personaje tan singular y me comprometo a seguir escribiendo sobre algunos personajes de aquel Departamento al que él perteneció. ¿Por qué no voy a seguir riéndome de determinados personajes que han hecho tantas faenas? Enrique de Aguinaga no las hizo.

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