21 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

En los Borbones, las relaciones entre padres e hijos nunca han sido sencillas y el Emérito y, ahora, Felipe VI sacrificaron políticamente a sus padres

La historia se repite: Don Juan Carlos y su padre Don Juan de Borbón renunciaron para salvar la corona

Don Juan de Borbón y Juan Carlos I.
Don Juan de Borbón y Juan Carlos I.
La historia tiene sus ironías. Don Juan de Borbón y Juan Carlos fueron durante un tiempo rivales para sostener la Corona de España. Juan Carlos traicionó al padre al aceptar el trono de la mano del dictador Francisco Franco. Sin embargo, padre e hijo acercaron posturas después de que éste en mayo de 1977 renunciará a sus derechos dinásticos para darle legitimidad histórica al reinado de su hijo que ya había empezado año y medio antes. Ahora, ha ocurrido un hecho similar con el 'autoexilio'.

Juan de Borbón llegó a ser heredero del trono contra todo pronóstico. En principio no tenía ninguna posibilidad de ascender a la Jefatura del Estado y, como si una de una maldición se tratase, nunca lo hizo. Era el tercer hijo varón de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Batenberg y él único sano. El primogénito Alfonso estaba aquejado de hemofilia. Sin embargo, la excusa de su padre para hacerle renunciar a sus derechos fue su unión morganática con Edelmira Sampedro. Pocos meses después siguió el mismo truco con su hijo Jaime, sordomudo y con dificultad para expresarse. Éste se unió con Emanuella de Dampierre. Esto convirtió a Juan, de veinte años, en el Príncipe de Asturias. Hubo de dejar su trayectoria en la marina británica para asumir su responsabilidad. Si bien, era una responsabilidad baldía si tenemos en cuenta que todo esto sucedió en 1933 y la república se había proclamado en 1931.

La Familia Real español estaba en el exilio y no tenía previsión volver al país. A partir de entonces la vida de Juan de Borbón fue una sucesión de actos puramente estéticos. En él revertían los derechos dinásticos pero la situación política española le impidió tener un papel realmente importante en la vida política nacional.

Casado en 1935 con su prima María de Borbón y Orleans y tuvo con ella cuatro hijos: Pilar, Juan Carlos, Margarita y Alfonso. Un nuevo giro de su biografía haría que el padre adelantara al hijo en la carrera al trono con la ayuda inestimable del dictador Francisco Franco.

Don Juan y Doña María. 

En lo político se movió siempre entre dos aguas tras el Golpe de Estado de 18 de julio de 1936 se mostró favorable al mal llamado Bando Nacional e incluso pensó en alistarse en sus filas. Cuando la guerra acabó y la Familia Real comprobó que Franco no pretendía reinstaurar la monarquía decidió dar un nuevo giro. Pensó que el fin de la II Guerra Mundial traería como consecuencia la caída del dictador español como había pasado con los otros líderes fascistas Hitler y Mussolini. Por ello, firmó el Manifiesto de Lausana en 1945 reclamando ser ‘Rey de todos los españoles’, incluidos los miembros de la oposición al régimen franquista.

Conspirando contra Franco

Era un aviso de navegantes para buscar ayuda entre las potencias extranjeras. Inglaterra y Estados Unidos se mostraron interesados en eliminar a un dictador vinculado al nazismo y sustituirlo por un monarca cercano a las posturas liberales.

El libro Don Juan contra Franco de Juan Fernández Miranda y Jesús García Calero retrataron, por primera vez con documentos oficiales, uno de los momentos de mayor tensión existente entre estos dos hombres que marcaron, a su modo, el siglo XX español. Fue en 1948, cuando se abortó una conjura de tinte monárquico que pretendía echar al dictador del poder y traerse del exilio a Don Juan.

Don Juan y su hijo Juan Carlos. 

Había pasado casi una década del fin de la Guerra Civil y Franco ya daba evidencias de que pretendía enquistarse en el poder y no moverse de allí. Durante los primeros años de la dictadura, marcada por la fuerte represión política, parte del magma de ideologías que se unieron al llamado Alzamiento Nacional, comenzaba a desmembrarse. Los Falangistas puros, con Manuel Hedilla, empezaron a considerar a Franco un traidor a los ideales de José Antonio Primo de Rivera.

También los monárquicos empezaban a sospechar que nunca se traería al Rey del exilio. Los partidarios de los Borbones habían participado en bando nacional durante la Guerra Civil con la promesa de que el General Franco retornaría a Alfonso XIII de su exilio romano. Nunca sucedió y el Rey murió en la capital italiana sabiendo que Franco lo había traicionado. Cuando en 1940 se acuña la moneda con la leyenda “Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios y de España”, Alfonso XIII asumo que el dictador no se va a mover de la silla. “¿Por la gracia de Dios? Será por la guasa. El gallego me la ha jugado” exclamó el monarca.

Con el heredero las cosas fueron mucho más complicadas. Don Juan y Franco no tuvieron buena sintonía desde el principio. Don Juan empezó a buscar formas de acceder al trono sin contar con el dictador. En 1945, con la caída de las potencias fascistas en el fin de la II Guerra Mundial, hizo creer a los enemigos del régimen que, por efecto dominó, el siguiente sería Francisco Franco.

Don Juan y Franco en el Azor en 1948. 

El Conde de Barcelona busco apoyos en el interior del país. Los monárquicos comenzaron a organizarse de forma efectiva. Algunos incluso, como el Duque de Alba, ocupaban cargos dentro de la propia dictadura. También hubo generales en la conspiración.

Mejor Reino que dictadura

En 1947 convirtió España oficialmente en un Reino. Vender el país como una especie de monarquía rara avis era mejor para el contexto internacional que la de una dictadura. Dejó de ser obligatorio el saludo fascista en los actos oficiales y la Falange empezó a perder paulatinamente el poder que tenía.

Dictó Franco también una Ley de Sucesión en la que especificaba que él elegiría al sucesor. Este podría ser cualquier príncipe español de más de treinta años y católico. Rompía así la línea natural de sucesión. Don Juan se mostró contrario a esta ley. La consideró un ninguneo por parte de Franco. Sin embargo, fue en virtud a esa ley por la que su hijo accedió al trono en 1975.

Don Juan, en 1948, dio por perdida su esperanza de poder quitar a Franco del poder. El dictador nunca se lo perdonó y al Conde de Barcelona no le quedó otra que luchar con las cartas que el dictador le dejaba. Ese mismo año se reunieron en el Azor, el barco de Franco, y llegaron al acuerdo de que Juanito, el hijo del Conde, estudiara en Madrid. En ese momento comenzó a escribirse otro renglón de una historia llena de ambigüedades en la que Don Juan se negó a interpretar el papel de perdedor.

En mayo de 1977 renunció a sus derechos dinásticos para facilitar el reinado de su hijo donde no tuvo un papel definido. Se convirtió una figura de otro tiempo, sin un papel importante en la Corte de su hijo. El 1 de abril de 1993 falleció y fue enterrado con honores de Estado el que nunca fue Rey, pero jugó un papel callado y fundamental para que la institución que representaba volviera.

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