04 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Desde los 15 años tuvo que encargarse de su hijo, lo que la arrojó en una espiral de violencia, primero ejerciendo la prostitución, luego de sicaria

Así es Juana la 'Cleopatra del Narco' que se bañaba en sangre y tenía sexo con cadáveres

Juana la
Juana la "Cleopatra del Narco".
Juana tuvo una vida dificil. Desde su adolescencia tuvo que criar un hijo, lo que la impulsó a ejercer la prostitución como una forma de salir de la pobreza. Fue así como estableció contacto con los narcos de la zona, en particular el cártel de Los Zetas, quienes la contrataron primero como chivata y vigilante. Más adelante Juana desarrollaría gusto por la sangre y la necrofilia, lo que la convirtió en una de los miembros más temidos de la organización a pesar de no haber tenido muchas víctimas.

La hematodipsia es una forma más exacta y clínica de decir que los vampiros son reales. Se tiene como cierto que la Condesa Sangrienta Elizabeth Bathory fue una, de la misma forma que se cree que su tío Vlad Tepes “El Empalador” también disfrutaba de beber la sangre de sus víctimas. Sin embargo, estos mitos no tienen verdaderos registros históricos que revelen con exactitud la veracidad de sus leyendas. No obstante, hoy día podemos encontrar ejemplos igual de insólitos que los que se han establecido a lo largo del tiempo.

Juana es considerada la “Cleopatra del Narco”, la historia que rodea a esta mexicana y los actos crueles que iniciaron su leyenda están cimentados, por muy paradójico que pueda resultar, en el amor y el sentido de la responsabilidad, ya que tuvo que encargarse de un hijo desde su adolescencia. Fue la responsabilidad maternal sumada a sus circunstancias particulares lo que la convirtieron en lo que es hoy.

Elizabeth Bathory, una de las primeras vampiresas de la historia.

Su labor como prostituta a temprana edad la convirtió en un miembro muy importante para el cártel de Los Zetas, para quienes trabajó primero como halcón, nombre que se da a los vigilantes y chivatos, y luego como sicaria. Su afición a decapitar a sus víctimas y bañarse en su sangre la ha convertido en una figura importante y temida en el mundo del narco.

Infancia y trabajo con Los Zetas

Nació en el estado mexicano de Hidalgo, cerca de Ciudad de México. Tuvo a su primogénito con 15 años, por lo que tuvo que recurrir a la prostitución para asegurar un sustento para ella y su hijo. Gracias a este oficio conocería a los narcotraficantes que cambiarían su vida.

Una vez empezó a trabajar para Los Zetas como halcón recibió el apodo de “La Peque”. Gracias a su trabajo como prostituta podía vigilar las calles de manera más eficiente que cualquier otro miembro del cártel y además se enteraba de los secretos más útiles de sus clientes.

Los Zetas son reconocidos por sus ejecuciones públicas.

A los 20 años era una de las mujeres más peligrosas de México. De rostro angelical sus rivales no la veían como una amenaza seria. Poco sabían los otros narcos que Juana no tenía en su haber muchas víctimas, sin embargo, todas las que habían caído en sus manos habían muerto de manera cruel.

Una narco vampiresa

Fue detenida en 2016 y confesó a las autoridades haber matado al menos a cinco hombres, a todos los decapitó. No obstante, confesó que nada le daba más placer que desmembrar a sus víctimas, para posteriormente tener relaciones sexuales con los miembros cercenados y bañarse en la sangre, misma que posteriormente bebía.

En ese momento tenía 28 años, pero confesó que desde muy joven había sido muy problemática. Su consumo y abuso de las drogas y el alcohol empezó a temprana edad. Más adelante, ya encerrada en una prisión del estado mexicano de Baja California confesaría que sus primeros trabajos consistían en simplemente avisar sobre las patrullas que veía. Si hacía mal el trabajo o cometía algún error, la ataban y solo le daban de comer un taco mexicano en todo el día.

A Juana le gustaba salir en sus redes sociales posando con rostro angelical y armas largas.

Según sus testimonios al Daily Mail presenció varias ejecuciones. La que más la marcó fue una ocasión en la que vio como le rompían la cabeza a uno de los prisioneros con un mazo. Temía por su vida, pero a la vez se sentía excitada y atraída por la sangre. “Me sentía emocionada por ella, me frotaba con ella, me bañaba en ella después de matar a la víctima”, explicó a los periodistas de Daily Mail.

Juana confesó que llegado un punto concreto dejó de sentir cualquier aversión por la violencia y la sangre, así que empezó a experimentar consigo misma. Su parte favorita para tener relaciones sexuales eran las cabezas. Actualmente se encuentra a la espera de su juicio mientras termina sus estudios desde prisión. Ha preferido no revelar otros detalles como el paradero o las condiciones en las que se encuentra su hijo y tampoco parece mostrar remordimiento alguno por las filias que ha desarrollado desde que la necesidad la arrojó a los brazos del mundo del crimen.

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