08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Acababa con sus vidas obligándoles a beber lejía y otros productos tóxicos asegurando que quería ayudarles

Joan Vilas "El Celador de Olot": El mayor asesino en serie de España que mató a once ancianos

Joan Vila
Joan Vila "El Celador de Olot".
Joan Vila no encontraba su lugar en la vida. Pasó por varios trabajos, desde estudiar peluquería hasta Auxiliar de Enfermería. Durante su paso por la residencia de ancialos de Olot asesinó a 11 personas con productos de limpieza que encontraba en el armario de los conserjes. Durante el tiempo que estuvo trabajando como murieron 27 personas, pero nadie nunca sospechó de Joan hasta que el forense que examinó a Paquita Gironés decidió investigar más a fondo las quemaduras.

Joan Vila parecía ser un auxiliar de enfermería correcto y servicial, pero lo cierto es que dentro de él se escondía algo completamente diferente. Algo que lo llevaría a aprovechar su posición próxima a muchos ancianos que se encontraban al cuidado de la Fundación La Caritat para asesinarlos a sangre fría, en uno más de los episodios que marcaron la historia de la criminología española, que pasaría a conocerlo como “El Celador de Olot”.

Fue condenado a 127 años de cárcel por haber asesinado a 11 ancianos con veneno o sobredosis de insulina mientras ejercía su profesión en el municipio catalán de Olot. Sin embargo, solamente cumplirá 40 años de su condena y se le aplicarán algunos beneficios penitenciarios.

El Celador de Olot durante su juicio.

Según un artículo de La Vanguardia “las penas impuestas tendrán un límite máximo de cumplimiento de efectivo conjunto de 40 años y los beneficios que pueda obtener se calcularán sobre el total de años impuestos en la condena”. Su última víctima, Francisca Gironès, fue la que supuso la pena más grande 20 años y diez meses de cárcel. 

Infancia y problemas psicológicos

Nació en 1968 en Castellfollit de la Roca, un pequeño municipio de Girona. Era hijo de una familia humilde. Sus padres trabajaban en una fábrica de embutidos. Quienes le conocían dicen que tenía un carácter difícil, de naturaleza tímida y callado. No salía de casa y tenía problemas en el ámbito académico. Sus relaciones sociales eran escasas, casi nulas. Creció retraído de la gente y eso, junto con sus inseguridades sexuales, se encargarían de formar su carácter durante sus primeros años.

A pesar de sus dificultades estudiantiles logró graduarse de la escuela de peluquería de Olot. Profesaba gran pasión por este trabajo, llegando incluso a invertir su tiempo libre para practicas con conocidas de la localidad. Llegado el momento, decidió abrir su propia peluquería junto a un socio, pero esto no duraría mucho y pronto se vería saltando de trabajo en trabajo. Estudió quiromasaje y también fue ayudante de cocina, llegando a trabajar en distintos restaurantes, sin embargo, estos trabajos no lo satisfacían.

El pueblo natal del celador, Catellfollit de la Roca.

Finalmente, decidió estudiar el grado de Auxiliar de Enfermería. Durante esta época se daría cuenta que su desgana probablemente tenía un factor psicológico, así que decidió acudir a un profesional. Confesó a su psicólogo sentirse incómodo frente a grandes aglomeraciones de gente, además de tener dificultar para retener información, pero había algo más preocupante, un temblor en las manos que no lo dejaba concentrarse y lo angustiaba.

Con el paso del tiempo sus problemas empezaban a intensificarse y a desarrollar muchos otros. Ninguno de los psicólogos a los que acudía parecían poder ayudarle, hasta que se encontró con el doctor Josep Torrell Llauradó. Con 34 años Vila sufría de ataques de pánico, falta de autoestima y con trastorno obsesivo compulsivo. Nunca había tenido una relación sentimental y su madre lo acompañaba a las sesiones con el psicólogo. Su madre comentó al psicólogo que, durante su trabajo en el geriátrico, Joan había descubierto una nueva afición: la tanatopraxia, los procesos mediante los cuales se prepara un cuerpo para ser enterrado o incinerado. Fue diagnosticado con un trastorno ansioso depresivo con rasgos obsesivos.

Su trabajo como enfermero y doble vida como asesino

Entraría por primera vez a trabajar en un geriátrico en 2005, en concreto en el de El Mirador de l’Estany en Girona. Su labor finalizó a los ocho meses, donde al parecer estableció buenas relaciones con sus compañeros de trabajo y pacientes. Le recordaban con mucho cariño. Insistieron en que podría volver cuando lo desease. Su siguiente parada sería el geriátrico de La Caritat, donde la pesadilla comenzaría.

Sus primeras víctimas fueron tres señoras entre el 12 y 17 de octubre de 2010. Las inmovilizó y las obligó a ingerir productos cáusticos como la lejía. Para él era una eutanasia, decía amar sus pacientes y “deseaba que dejasen de sufrir”. De esta manera acabó con la vida de otros ocho pacientes más durante los 14 meses que trabajó en la residencia.

Vila en una de las grabaciones de la cámara de seguridad.

Todas las víctimas murieron en intensa agonía al haber sido obligados a ingerir productos del armario de limpieza. Cuando las autoridades decidieron revisar las grabaciones de seguridad durante la investigación descubrieron que Joan pasaba mucho tiempo encerrado en el cuarto de limpieza, un lugar al que un enfermero no debería tener que acercarse.

Las primeras muertes pasaron por accidentes o muertes naturales, nadie sospechaba que los ancianos de la Fundación de La Caritat estuviesen siendo asesinados, eran personas mayores y no parecía extraño que estas muriesen. No obstante, para el médico forense que examinó a la última víctima, Paquita Gironès, había algo fuera de lugar. Fue trasladada al hospital de Sant Jaume pese a la insistencia del celador: “No hace falta que aviséis a la ambulancia. Se está muriendo”, había insistido el asesino, quien sabía que una inspección más a fondo del cuerpo podría desvelar las quemaduras químicas en las vías respiratorias de la octogenaria. Joan la siguió al hospital cuando esta fue trasladada.

Según los empleados del geriátrico el hecho de que la muerte de Paquita fuese la que delató a Joan Vilas fue un acto casi de justicia poética, se odiaban. Mientras esta moría, el asesino había comentado: “Que mala suerte, siempre se me mueren a mí”.

Investigación y arresto

Los Mossos d’Esquadra no esperaron para empezar la investigación e inmediatamente después de la muerte de la mujer decidieron interrogar a los 20 enfermeros que trabajaban en la Fundación La Caritat. Incautaron 28 cintas de video y una de ellas era la prueba irrefutable.

A las 20:43 Vila entró al cuarto de limpieza y se encerró en el mismo. Salió un minuto después y se encaminó a la habitación 226, donde se encontraba su víctima, cinco minutos después salió de la habitación en dirección al lavabo. Paquita fue encontrada agonizante por otra de las enfermeras, María Asunción. La enfermera también explicó que fue inmediatamente a buscar a su compañero Joan ya que él “siempre sabía qué hacer en esos casos”. Las pruebas apuntaban al “Celador de Olot”.

El asesino mató a sus víctimas con productos comunes de limpieza.

Fue un interrogatorio relativamente sencillo para los mossos, Vila se derrumbó de inmediato y confesó. Había envenenado a la anciana haciéndola ingerir un desatascador químico mediante una jeringa. A las pruebas se sumaron las denuncias de la difunta, quien había pedido ayuda en numerosas ocasiones ya que Joan la maltrataba. Sin embargo, ni siquiera su sobrina, que la visitaba con asiduidad, le creyó.

La detención de Vila se hizo pública y ello inició una cadena de denuncias de otras personas que sospechaban que sus familiares no habían muerto en esa residencia por causas naturales. La sobrina de otra de las víctimas, Sabina Masllorens, relacionó los eventos con lo que le había preguntado uno de los empleados de la funeraria donde velaron a su tía: “tenía unas marcas moradas en la cara que no pudimos disimular ni con el maquillaje”. El culpable la había acompañado durante el funeral. El celador demostró su cinismo y maldad al escribir en el registro del geriátrico lo satisfechos que los familiares de Sabina estaban con el servicio prestado.

Los agentes preguntaron a Vila por la muerte de Masllorens, el asesino confesó haberla asesinado. “Estaba sola en su habitación, medio dormida. Le metí lejía en la boca con una jeringuilla. Ella no dijo nada. Pareció como si se ahogase. Luego avisé a la enfermera Dolors García, que dijo que seguramente había sufrido una hemorragia interna. No tardó en morir”, explicó.

Delante del juez confesó un crimen más. El asesinato de Monserrat Guillamet. La asesinó cuatro días después de Masllorens y un día antes del de Gironès. “Le di de beber lejía con un vaso de plástico blanco. Tuve que dárselo yo porque ella no podía. Le dije “verás que ahora te encontrarás bien. Yo pensaba que la estaba ayudando, que le facilitaba la vida porque había perdido la cabeza, tenía vómitos y el cuerpo rígido. Me daba mucha pena. Ella empezó a toser, tosió mucho, tenía como angustia y parecía que quería vomitar. Me marché y fui al comedor a repartir cenas a otros ancianos”, confesó en el juicio.

El Magistrado que llevó el caso se mostró interesado en los antecedentes y ordenó revisar todas las defunciones que hubo en la residencia desde la entrada en plantilla de Vila. La lista incluía a 59 fallecidos de los cuales 27 habían muerto durante los turnos del celador. De esas muertes solo ocho levantaron sospechas. El juez ordenó exhumar los ocho cadáveres para realizar una autopsia. Vila confesó haber asesinado a seis de esas personas y se atribuyó la muerte de otras dos octogenarias en 2009.

Condena y vida en prisión

El abogado del celador, Carles Monguilod, pidió que su cliente fuese sometido a evolución psiquiátrica. Así fue como dos peritos lo examinaron y determinaron que, a pesar de no mostrar signos de arrepentimiento, no tenía ningún tipo de padecimiento mental. Sin embargo, presentaba un “estilo dependiente, evitativo, depresivo y esquizoide”.

A día de hoy el abogado de Joan aun lo visita en prisión e incluso llega a hacerle regalos. Para el letrado su cliente es una persona especial: “Tuve una relación con él especial. Es una persona de un trato amabilísimo, cordial y educado. Lo es conmigo y con todo el mundo”, confesó en una entrevista a El País.

El Celador se encuentra cumpliendo condena en el Centro Penitenciario Puig de les Basses.

“El Celador de Olot” cumple su condena en el Centro Penitenciario Puig de les Basses (Girona), donde algunos dicen que es un preso ejemplar. Comparte celda con otros asesinos y tiene muy buena relación con los funcionarios. Pasa sus días en la biblioteca y trabaja en las labores de lavandería.

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