28 de noviembre de 2020
|
Buscar
FIN DE SEMANA

El escritor Miguel de Unamuno mantuvo sus dudas hasta sus últimos días sobre su apoyo al bando franquista o a la causa de la República

Las manipulaciones interesadas y los silencios de la película "Mientras dure la guerra"

Fotograma  de
Fotograma de "Mientras dure la guerra".
El periodista e historiador Julio Merino, miembro de la Real Academia de Córdoba, ahonda en este artículo sobre los errores cometidos al tratar de reflejar la verdadera ideología de Unamuno y por qué el director de "Mientras dure la guerra", Alejandro Amenábar, trata de "suavizar" la figura del escritor en aquellos días, haciendo creer que al final mostró más sus preferencias por un bando que por otro, aunque la realidad es que mantuvo sus dudas hasta el mismo día de su muerte.

Confieso que hablar de la película de Amenábar (“Mientras dure la guerra”) como del propio Unamuno de aquellos últimos meses de su vida es una tarea casi imposible. Porque de cualquier escena hay distintas y variadas versiones y de la postura de  “Don Miguel” sobre la sublevación militar del 18 de julio hay muchas más. Tal vez porque el propio Rector cambia de criterio de un día para otro o según le llegan las noticias de los “disparates y crímenes" que se van sabiendo de las dos Españas que ya se matan en las trincheras, en las “checas” o en las cunetas.

Hasta 18 errores le señalan César Cervera y Lucía Martínez Cabanelas en un dossier que publican en ABC el 29 de octubre de 2019  y todos ellos están siendo discutidos. Según su estudio ya desde el principio de la película no se ajustan a la realidad histórica, puesto que los militares que entraron en la Plaza Mayor el 19 de julio no todos iban a pie y el capitán que leyó el parte de guerra iba a caballo al frente de un escuadrón de caballería. Tampoco hubo despliegue de ametralladoras. Tampoco se ponen de acuerdo en cómo fue lo del “tiro de la plaza” episodio en el que un grupo armado de militantes de las Juventudes Marxistas Unificadas respondió a la proclamación con disparos… y chocante resulta que Amenábar no mencione para nada que “Don Miguel” salió a la calle ya gritando "¡Viva España!" y "¡Viva la República!" o que formó parte como concejal en la constitución del primer Ayuntamiento de Salamanca de los sublevados.

Amenábar y Kara Elejalde.

“Uno de los momentos más crudos de la película muestra a la viuda del alcalde Casto Prieto, por entonces alcalde de Salamanca y fusilado apenas diez días más tarde, recriminándole que haya ayudado económicamente a los sublevados -escriben los autores- mientras calla que la donación de Unamuno no había sido voluntaria ya que los funcionarios del Estado, y don Miguel lo era, estaban obligados a ello.

Y tampoco se ponen de acuerdo hunos y hotros en lo que se dice en la película sobre “por qué no tomó Madrid y prefirió Toledo”, “la “baraka” de Franco” (inaudito y falso el discurso que les echa Millán Astray a los generales reunidos para hacer Generalísimo a Franco), el cómo se habían sentado en la mesa que presidia el acto del Paraninfo, ni si dijo o no dijo “venceréis pero no convenceréis”  y mucho menos en el “linchamiento” que casi se produce (en la película) al terminar el acto de la Universidad (cuando está demostrado, con fotografía incluida y publicada, que el escritor pudo abandonar el recinto de manera tranquila, sin temer por su vida y con un saludo cordial del general Millán).

Sin embargo, y esto hay que decirlo sin paliativos, lo que sí queda claro y patente es que “Mientras dure la guerra” es una clara manipulación de la verdad histórica. A fe de Dios que si el objetivo principal de los patrocinadores de la película era amplificar los crímenes y la violencia de los “fascistas” y arrastrar la imagen de Unamuno al bando republicano lo consiguen.

Unamuno en una imagen de la película.

Porque jugando con medias verdades y ocultando hechos demostrados consiguen que el espectador medio, sin grandes conocimientos de la Historia, salga del cine convencido de que las cosas fueron como las cuenta el director Amenábar y sus guionistas.

El ambiente general, la fotografía, los diálogos, las escenas militares, los cadáveres en las cunetas, el comportamiento de los policías… todo, todo lleva al espectador a convencerse de que los “nacionales sublevados” estaban sembrando el terror en la España que ya les apoyaba y eran "los malos". Y algo parecido sucede con Unamuno. Prioriza las cosas que el Rector dice o escribe contra los sublevados y calla lo que escribe sobre "el Gobierno miserable de Madrid" y los terribles crímenes que se están cometiendo en las cárceles y en las “checas”. Se ve, y las cámaras se recrean en las detenciones y los asesinatos de los amigos de don Miguel, pero callan, por ejemplo. la terrible “matanza” de la Cárcel Modelo ( la que provocó la repulsa del propio Azaña, ya Presidente de la República, y hasta su deseo de dimitir).

Abucheado en el café Novelty

Pero, sigamos con los "hechos" ciertos. Aquel día, mejor, aquella tarde, cuando Don Miguel llega a su tertulia habitual del café "Novelty" (muy pronto se transformó en "Café Nacional") sus propios contertulios le reciben con gritos de "traidor" y otras lindezas. Fue su primera sorpresa. La segunda y la tercera le llegaron la misma mañana del día 13. Primero la carta que Francisco Bravo, el jefe de la incipiente Falange salmantina y amigo personal (después de la guerra sería Alcalde de Salamanca), le envía con carácter de urgencia a su hijo Fernando, en la que le dice: " Querido Fernando: debes convencer a tu padre que en la situación que vivimos debe evitar actuaciones públicas que indignen o alarmen a gentes que andamos metidos en la Guerra, entre los cuales había mezquinos y ruines, incapaces de separar sus egoísmos personales del ideal que guía al pueblo, pero cuya mayoría somos los que pensamos y trabajamos por España".

Y continúa: "Sería doloroso que a tu padre, cuya contribución al Movimiento nacional es significativo y magnífico, sobre todo para el extranjero, pudiera sucederle algún incidente desagradable. Un fuerte abrazo y ¡Arriba España".

Unamuno y Franco en un montaje.

O sea, que, ciertamente, el ambiente anti-Unamuno ya estaba en la calle. Como se demostraría con la tercera "bofetada" que le llegaría desde el Ayuntamiento (el mismo en el que él había ayudado a izar la bandera rojo-gualda de la Nueva España): Su cese como Concejal por acuerdo de un Pleno secreto de la Corporación.   

"El 13 de octubre, la Corporación Municipal se reúne en sesión secreta para despedir al concejal Miguel de Unamuno. La reseña de la sesión conservada en el Archivo Histórico Municipal justifica tal decisión por «la actitud incongruente, facciosa y antipatriótica del ciudadano de honor de la República, alcalde honorario y Concejal de esta Excma Corporación Don Miguel de Unamuno y Yugo, exteriorizada en las frases vertidas con descortesía rencorosa, alevosía y premeditación, al final del acto académico celebrado ayer en nuestra Alma mater con motivo de la Fiesta de la Raza». Nadie sale en defensa del viejo profesor, destituido por unanimidad" (extracto recogido de la obra de Jean-Claude Rabaté). 

Manifiesto de apoyo a Franco

Bien, pues en ese estado de ánimo y ¿por qué no decirlo? de arrepentimiento, de decepción, abatido por la muerte de algunos de sus amigos (otros morirán después) y por lo que está viendo a su alrededor y casi con su nuevo cese como Rector (firmado por Franco a petición del Claustro de profesores, o sea sus compañeros) en las manos todavía escribe, ojo, de su puño y letra, el siguiente "Manifiesto":

"Tan pronto como se produjo el movimiento salvador que acaudilla el general Franco, me he unido a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional, ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional. (...) En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura con cierto substrato patológico-corporal. Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, ex criminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna. Y la natural reacción a esto toma también muchas veces, desgraciadamente, caracteres frenopáticos. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo, llegará al borde del suicidio moral. (…) Y ello para impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad (…) Triste cosa sería que el bárbaro, anticivil e inhumano régimen bolchevístico se quisiera sustituir con un bárbaro, anticivil e inhumano régimen de servidumbre totalitaria. Ni lo uno ni lo otro, que en el fondo son lo mismo". 

Como ven don Miguel en este “manifiesto” que le entrega al periodista francés Jerome Tharaud, a pesar de lo sucedido en la Universidad el día 12, sigue condenando “las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, que exceden toda descripción... Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, ex criminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna”.

Unamuno seguía en plena “guerra civil” interna, sin saber realmente de qué lado está. Pero, el año no había terminado  y solo estábamos en octubre. Le seguiremos sus pasos hasta el 31 de diciembre de 1936, cuando dice sus ultimísimas palabras: “Eso no puede ser, Aragón. ¡Dios no puede volver la espalda a España! ¡España se salvará porque tiene que salvarse!”

COMPARTIR: