14 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Un solo vigilante anota sus nombres en una lista de atención, pero si no están fuera cuando se les llama pierden su turno

Lista de espera en el Samur: Refugiados duermen a la intemperie por temor a perder el turno para ser reubicados en Madrid

Luz es colombiana y lleva días con su familia en la puerta de SAMUR
Luz es colombiana y lleva días con su familia en la puerta de SAMUR / Kike Souto
Son las 11 de la noche y hay 3 grados en Madrid. En la calle de San Francisco un grupo de diez personas se agolpan contra las rejas cerradas del servicio de emergencias, SAMUR Social. Recogen sábanas, abrigos y cartones para pasr la noche. La más antigua es una mujer colombiana que lleva 10 noches esperando. Pero ella lo tiene más "fácil", si eres un hombre solo las posibilidades son casi inexistentes porque los refugios para hombres están completos.

La situación del SAMUR social de Madrid ha sido replicada por infinidad de medios de comunicación en las últimas semanas, pero esconde más que un grupo de solicitantes de refugio en la puerta de una institución municipal. En elcierredigital.com hemos pasado unas horas con el grupo de diez personas que pernoctaron en la puerta del edificio de atención social el domingo 17 de noviembre. La gestión de la miseria que hace el equipo del alcalde Martínez-Almeida da para un libro, pero de terror.

El edificio del SAMUR social cuenta con un patio techado cercado por rejas de dos metros de alto, contra ellas se apoyan los migrantes que esperan a ser atendidos. Aunque el servicio de emergencia está abierto 24 horas para atender a quienes lo necesitan, lo cierto es que los migrantes que reciben la tarjeta roja para solicitar protección internacional o que tienen cita para recibirla encuentran de todo menos un espacio caliente para pasar la noche.

Después de que un solo vigilante anota sus nombres y papeles en una lista de atención, hay solo una opción, esperar respuesta. El tiempo y meteorología poco importa, a pesar de las temperaturas bajo cero de estos días, si se quiere conseguir una plaza para solicitante de asilo, la solución es quedarse sentado ahí “tirado peor que un animal”, según describe una de las personas.

Antes de la visita, fuentes del Ayuntamiento de Madrid explicaron a este diario que la mayoría de los solicitantes de ayuda con perfil de asilo son de esa nacionalidad. “Latinoamérica, especialmente Venezuela, constituye la principal fuente de migración en España. Aunque la mayoría vienen a España con familiares y amigos y conocidos o redes de contactos, no es el caso de todos” explica un técnico del Ayuntamiento.

Esta información fue corroborada en el lugar la pasada noche del domingo por elcierredigital.com, de las 10 personas seis eran originarios de Venezuela, 3 de Colombia y una de El  Salvador.

De los diez migrantes: seis venezolanos, una salcadoreña y tres colombianos.

El número de venezolanos en España es una situación conocida. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de venezolanos en el país ha superado los 300.000, siendo una de las primeras nacionalidades de migrantes. Algunas organizaciones elevan la cifra a 350.000 personas.

Entre los que se encontraban hay una pareja joven, venezolanos que no quieren dar su nombre, ella tiene 23 años y comenzó a estudiar en la universidad en su país, él de 20 años, culminó el bachillerato y era trabajador. La “situación de crisis y miseria que vivían en su país” fue el detonante de que decidiesen huir. Aunque no conocían a nadie, la pareja concluyó que para escapar del régimen de Maduro lo mejor era buscar un país europeo y eligieron España.

Aunque los venezolanos tienen posibilidad legal de establecerse en países como Chile, Argentina o Perú, cada vez son más los gobiernos regionales que ponen trabas ante la ola de refugiados más importante del hemisferio occidental. Según explica el joven refugiado, “Colombia este repleto de venezolanos, Ecuador pone muchos problemas, en Perú la persecución y xenofobia es brutal, en Chile hay saqueos y en Argentina la economía va como en nuestro país. Nosotros creíamos que España nos recibiría mejor, pero nos equivocamos", apunta.

Los demandantes de refugio duermen contra la reja del SAMUR.

Llegaron en un vuelo al Aeropuerto de Barajas, el principal puerto de entrada de migrantes de España. Dentro del complejo pidieron asilo político a un Policía Nacional, siendo entrevistados y retenidos una noche hasta que fue procesada su documentación, se les quitó el pasaporte y se emitió la tarjeta roja que les identifica como demandante de protección internacional. Desde ahí, las autoridades aeroportuarias le facilitaron un billete de metro para que fueran hasta el SAMUR.

Esa noche su pareja no habló mucho, sufría de dolores abdominales y se encontraba acostada sobre la reja. Para ella, la cuestión va más allá de la problemática, sino de la humanidad. “Aquí en el centro no se preocupan por nosotros, le damos igual” explica. Según denuncian, el personal del SAMUR, no solo los mantiene en la puerta, sino que no pueden pedir agua, comida, ni siquiera utilizar el baño.

“Para ir a hacer nuestras necesidades tenemos que ir a los bares de la zona, porque aquí no nos prestan el baño. Al principio, teníamos que pagar para usar el servicio, ahora nos conocen y nos dejan entrar, así estamos”. Explica Buenavida, una salvadoreña que estuvo una semana en la puerta del SAMUR y que justo durante nuestra visita fue llamada para una entrevista de reubicación.

Si te mueves pierdes

“¿Por qué no os vais a dónde fuisteis anoche?” pregunta una mujer de mediana edad que apareció durante la noche. Según explicaron los refugiados, hay un grupo de apoyo de una parroquia que les “ofrece apoyo moral y los motivas”. Estas personas, que omitieron declaraciones, incentivaron a que las personas que esperaban se dirigiesen a otros refugios.

Abriendo una cuestión importante, hay iglesias y organizaciones que permiten albergar a estas personas por una noche; sin embargo, son soluciones diarias. Además, los refugiados esperan soluciones que les permitan resguardarse hasta cumplir los seis meses que la legislación les exige para tener permiso de trabajo.

De amarillo un joven de 20 años procedente de Venezuela junto con su pareja. 

“Ayer estuvimos hasta las 11 de la noche y nos fuimos a un refugio, a los 10 minutos llegaron de dentro y se llevaron a todas las mujeres” explica el joven venezolano, que aclara que lleva desde el martes con su pareja intentando ser ubicados. “Es como si hubiesen esperado a que nosotros nos fuéramos para llamar a las mujeres, si hubiésemos quedado aquí ella ya estaría dentro seguramente” asegura, antes de concluir que pernoctarán ahí hasta tener respuesta.

Luz, colombiana que se encuentra con su esposo e hijo en la puerta de la institución explica lo mismo. Ella esta reubicada, pero su esposo e hijo no, así que pasa los días junto a ellos y luego va a dormir al albergue al que le corresponde. Asegura que “no logra nada molestándose, ya que ellos (SAMUR) no nos deben nada y hay que agradecer que nos busquen una opción, pero creo que hay algo raro ahí aunque no entiendo de política”.

La política

Como sospecha Luz, la política tiene implicación importante. Ahora Madrid denuncia en un tweet la situación, que según explican fuentes del ayuntamiento se remontan a hace más de un año. Al mismo tiempo, José Aniorte, concejal de Bienestar responsabiliza al gobierno central de la situación y ofrece siete alternativas para transformar en refugios de emergencia. El Ministerio de Interior guarda silencio y se limita a adaptar el centro del Ayuntamiento en Cercedilla y a “analizar” el resto de opciones.

Buenavida, la refugiada salvadoreña harta de esperar se presentó durante la semana en la sede del Ayuntamiento de Madrid a presentar una queja, que según explica “fue tramitada y me trataron muy buen”. No obstante, el frío de la noche sigue envolviendo a quienes pernoctan en la puerta del servicio de emergencias.  

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