15 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Contamos cómo el hermano mellizo del asesino de Laura Luelmo disfrutó de su permiso de tres días mientras se cerraba el cerco a Bernardo

La vida de Luciano Montoya fuera de la cárcel: comió, bebió, cantó y dijo que iba a gastar 3.000 euros en ropa

Luciano Montoya junto a su mujer Ana Aguilera, comiendo en un restaurante, camino de Huelva.
Luciano Montoya junto a su mujer Ana Aguilera, comiendo en un restaurante, camino de Huelva.
Luciano Montoya, hermano de Bernardo, asesino confeso de la joven Laura Luelmo, salió tres días de permiso de la prisión de Ocaña, donde cumple 27 años de condena por robo y un asesinato cometidos en el año 2000. Luciano se quejó a su vuelta de que no había podido sentirse libre durante este permiso, por el acoso sufrido por los medios y los vecinos del pueblo donde reside. El Cierre Digital ha tenido acceso a dos vídeos donde canta, ríe y no demuestra sentirse cohibido ni perseguido.

Cuando los agentes de la Guardia Civil que investigaron la desaparición y posterior asesinato de Laura Luelmo, supieron que el sospechoso era Bernardo Montoya y no su hermano Luciano,  especularon con la posibilidad de que ambos mellizos hablasen por teléfono e incluso Bernardo hubiese intentado comunicarse con su hermano para pedir ayuda con el cadáver, ya que Luciano abandonó la prision de Ocaña, en Toledo, el lunes 17 por la mañana, antes de la detención de Bernardo y de que se encontrase el cuerpo de la profesora zamorana.

Pero al mediodía del mismo día 17 se descubrió el cuerpo sin vida de Laura y el martes día 18 a la una y media de la tarde se detuvo a Bernardo, descartándose cualquier implicación de Luciano. El seguimiento realizado al vehículo del detenido demostró que Bernardo había estado en Huelva y Cortegana poco antes de su detención, pero los agentes no pudieron demostrar que se acercase a su hermano mellizo, tal y como pensaban que sucedería.

"Veníos para acá y así nos juergueamos"

Luciano Montoya regresó a la prisión de Ocaña el día 20 de diciembre, la misma fecha en que Bernardo confesaba a los investigadores el asesinato de Laura. En las puertas de la cárcel había ya muchos periodistas esperando su llegada, pero el hombre se limitó a pedir también perdón a la familia de la asesinada y decir: "Lo siento mucho", aunque luego declaró al diario El Mundo que "renuncio de mi hermano, me ha sorprendido mucho y me ha dolido mucho lo que ha hecho, no dejo de pensar y pensar en ello, llevo todos estos días sin comer, estoy mal", aseguraba entonces.


Luciano Montoya y su esposa, Ana Aguilera, durante una parada entre Ocaña y Huelva. 

Sin embargo, en los vídeos a los que ha tenido acceso El Cierre Digital se ve a un Luciano Montoya feliz, disfrutando de su libertad y de su familia, pidiendo incluso en un directo que hace en redes sociales, a sus amigos y familiares: "Veníos para acá y así nos juergueamos", el mismo día de hallarse el cadáver de la profesora y cuando se intuía que su mellizo era culpable de este asesinato.

Luciano Montoya salió de prisión el lunes, 17 de diciembre, por la mañana, acompañado de su hija mayor, su yerno, su esposa y su nieta. En este primer vídeo de los que ha tenido acceso El Cierre Digital se ve a un Luciano contento, sabedor ya de que la Guardia Civil no tenía nada contra él, aunque al principio lo confundieron con su hermano Bernardo, pero después comprobaron que Luciano no podía estar implicado, puesto que el 12 de diciembre, cuando Laura fue raptada, este mellizo se encontraba en la prisión de Ocaña.

El día de su permiso, Luciano hizo una parada para comer, durante la que posó relajadamente con su esposa Ana.  Fue a su casa en Palos y también estuvo en el domicilio de su hija mayor, en Calaña, aunque su residencia está en Palos donde su mujer tiene un piso alquilado, ya que no puede volver a vivir a Cortegana, donde es propietario de una vivienda en Las Eritas, cerca de su padre, después de los sucesos que protagonizó en el año 2000.

El martes por la mañana, 18 de diciembre, Luciano salió de nuevo a la calle y acudió a comprar ropa en el centro comercial Holea de Huelva. En este segundo vídeo puede observarse como conduce su hija mayor, Ani. Su esposa va detrás junto a su otra hija, Tamara y un joven sin identificar. Luciano ocupa el asiento del copiloto y sigue las indicaciones que le hace su hija Tamara, para responder en la conexión en directo que están haciendo en una red social.

"Una chaqueta de oro para que cuelguen medallas"

Durante ese mismo vídeo, Luciano le dice a sus familiares y amigos que "me voy a gastar tres mil euros, me voy a comprar unos chándals y unos zapatos y una chaqueta de oro que cuelguen las medallas", a eso le responden que tiene "arte" y Luciano añade que "tengo arte, claro, no lo voy a tener, tanto tiempo encerrado ahora voy a disfrutar aquí en la calle".

Alguien que está leyendo al otro lado del teléfono móvil le pregunta entonces si va a ir de fiesta y Luciano vuelve a afirmar que "cuando queráis nos montamos una juerga". Luciano saluda por esta red social a su hermana Manola, que vive en Cortegana, e incluso a su sobrina Noemí, hija de Bernardo Montoya, que vive con su marido en Jérez y que todavía no sospechaba que en pocas horas detendrían a su padre.

En las declaraciones recogidas por el diario El Mundo, durante su vuelta a la cárcel de Ocaña, decía Luciano que "esto es un agobio. No he podido disfrutar del permiso. No he podido salir ni a un bar con mis hijas ni a una terraza ni estar tranquilo. He tenido que estar encerrado". No parece ser del todo real, aunque es cierto que cuando detuvieron a Bernardo, el día 18, ya no se volvió a ver a Luciano en público el día 19, hasta su regreso a prisión el 20 de diciembre por la mañana.

Luciano se quejaba en estas mismas declaraciones a la prensa que su familia había sido acosada y decía que "está saliendo el nombre mío y el de mi gente en las televisiones, fotografías mías, me están perjudicando a mí, a mi familia, a mis nietos, a todos. Es el primer permiso que tengo y ni siquiera he podido salir a la calle. Mi hermano que lo pague. Si ha sido él, que lo pague y si no lo tienen que dejar salir de prisión en toda la vida que no salga de la cárcel. Yo cometí un error y lo estoy pagando".

El mellizo de Bernardo negó haber tenido contacto con su hermano durante los tres días que estuvo fuera de prisión y dijo que el último contacto lo mantuvo "hace año y medio" cuando ambos se encontraron en la prisión de Huelva, aunque estaban ingresados en diferentes módulos.

Luciano fue condenado a 27 años de prisión por robo y asesinato

Luciano, de 51 años, llegó joven a Huelva, siguiendo a sus padres, pero siguió el camino delictivo de su hermano en el año 2000. Cinco años después de que Bernardo asesinase a una anciana para evitar que declarase en un juicio contra él, su hermano mellizo, Luciano, asesinó a otra mujer para evitar también una denuncia por robo.

En este caso, el modus operandi de Luciano fue muy similar al de Bernardo cuando asesinó a una anciana en 1995. El 15 de octubre del año 2000 entró en un pub de su pueblo, Cortegana, y robó varias tarjetas bancarias, sanitarias y las llaves de una casa, del bolso de una clienta. La mujer era María del Carmen Martínez Coronado, de 36 años y madre separada con dos hijos pequeños. Cuando se dio cuenta del robo se dirigió al cuartel de la Guardia Civil para denunciarlo, con tan mala suerte que en el camino se encontró con Luciano, entonces de 32 años, y le recriminó la sustracción. Pero Luciano negó la acusación, aunque la mujer terminó presentando denuncia por robo en el cuartelillo igualmente.

Mientras tanto, Luciano fue a casa de la mujer y se introdujo por una ventana a esperarla y decidió hacer lo mismo que su hermano Bernardo, cinco años antes. Luciano sorprendió por la espalda a la mujer y la asesinó acuchillándola en el pecho y el cuello. Luciano huyó, pero fue detenido enseguida.

Como informaba entonces el diario ABC, el juicio se celebró en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Huelva, que lo sentenció el 7 de noviembre de 2001 a 27 años de prisión por robo y asesinato. Durante la última sesión del juicio, incluso Luciano confesó el crimen. Los hechos estaban tan claros que incluso su abogado defensor pidió la misma pena que la Fiscalía, la acusación particular de la familia de la víctima y la acusación del ayuntamiento de Cortegana.

Los mellizos Montoya estaban ya en la cárcel en el año 2000, pero el 1 de enero de 2005 un nuevo asesinato inflamó a la ya sensibilizada población de Cortegana, cuando encontraron a Mateo Vázquez, un joven discapacitado intelectual, robado, golpeado y asesinado. La Guardia Civil detuvo entonces a otros tres vecinos de Las Eritas, la misma colonia donde vivían los Montoya. El 16 de enero los vecinos se manifestaron por las calles del pueblo y muchos se desviaron del recorrido y fueron hacia el barrio de Las Eritas, atacando a vecinos de etnia gitana, destrozando coches y casas. Aquel día no hubo muertos.

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