12 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Su hija Marta dio a luz este sábado a una niña mientras él ofrece su logística para luchar contra la pandemia y otros le piden el Princesa de Asturias

Los secretos de Amancio Ortega: Sus penurias juveniles, sus relaciones sentimentales y su amor por España

Amancio Ortega.
Amancio Ortega.
Amancio Ortega acaba de ser de nuevo abuelo. El dueño de Inditex, quinto hombre más rico del mundo, es hoy objeto de polémicas por parte de la izquierda española que ve mal sus intentos de colaborar con su logística a frenar el coronavirus, igual que ocurrió con sus donaciones para investigar el cáncer. Otros, en cambio, lo ven como un mecenas y piden ya para él el Premio Princesa de Asturias. Pero detrás de este rico leonés, que cumple 84 años esta semana, hay una vida con muchos secretos.

España amanecía este viernes de confinamiento con un mensaje claro en las redes sociales: " Propongo nominar YA, a D. Amancio Ortega para el premio Princesa de Asturias de la Concordia 2020, como referente ejemplar para la sociedad española, por su entrega al trabajo, su gran sentido de la solidaridad social y ciudadano ejemplar para la sociedad española. !Que sean esta clase de personas los referentes para nuestros hijos, que son el futuro de esta gran nación!"

Estas peticiones llegan después de que la empresa Inditex, propiedad de la familia Ortega, haya asegurado que preservará todos los puestos de trabajo ante la situación generada por el coronavirus, al tiempo que está poniendo a disposición del Gobierno toda la capacidad de su red logística, de aprovisionamiento y de gestión comercial, muy especialmente desde China, para atender las necesidades de urgencia, tanto de material sanitario como textil, que se están necesitando en estos momentos.

Pero esta no es la primera vez que el fundador de Inditex aporta su granito de arena a la sociedad española. El año pasado Ortega donó 320 millones de euros para adquirir equipos de alta tecnología para el tratamiento contra el cáncer.

Además, está explorando también la capacidad de convertir parte de su fabricación textil a producción de material sanitario, por ejemplo, a batas protectoras, que están pendientes de unos ajustes sanitarios y confirmar la disponibilidad de materia prima, que podría ser traída desde China, donde Amancio Ortega tiene un gran poder empresarial , como quinto hombre más rico del mundo.

Sus inicios, junto a Rosalía

Fue junto a su primera mujer, Rosalía Mera Goyenechea, con que comenzó a forjar todo su multimillonario emporio. Rosalía, ya fallecida, nació en 1944 en el barrio de El Matadero, en la zona antigua de A Coruña, justo detrás de la ensenada del Orzán, una playa situada al lado de la de Riazor. Su padre era empleado de la empresa eléctrica Unión Fenosa y la economía familiar no era muy boyante. 

A los once años dejó la escuela y empezó a trabajar. Rosalía, a la que de pequeña llamaban “Rosi”, consiguió un empleo de aprendiz en la tienda de confección y camisería “La Maja”, situada en la calle coruñesa de San Andrés. Allí se encontró con Amancio Ortega Gaona, el encargado del almacén, un chico leonés, introvertido, educado, sencillo, humilde, respetuoso, pero sin una conversación amplia ni una cultura refinada.

Rosi era en cambio una muchacha de ojos vivos, que destacaba por su figura esbelta y su alegría, lo que le proporcionaba un halo de glamour. Pronto enamoró a Amancio Ortega, quien desde su infancia es una persona con amigos contados y poco amante de los actos sociales. Rosi era la persona encargada para probarse los bañadores que se vendían, “porque se trata de una prenda que no se puede comprar sin ver antes como sienta”, dicen ahora sus entonces compañeros a elcierredigital.com.

Cuando se hicieron novios, Amancio pidió al entonces propietario por aquellos tiempos de la citada tienda, José Luís Quintás, que fuese otra la que se ocupase de esta tarea. “La Maja” era un próspero comercio de A Coruña que llegó a tener hasta tres locales abiertos al público y un almacén. Vendía mucho género procedente de Cataluña y estaba regentado por la familia Castro Quintás. 

Rosalía Mera, ya fallecida.

Tras un noviazgo corto, Rosalía y Amancio se casaron a las cinco de la tarde, hora taurina, del año 1966 en la parroquia de San José. Como regalo de boda sus compañeros de trabajo le regalaron un reloj de oro. El matrimonio tuvo dos hijos, Sandra y Marcos, este último nació con una discapacidad psíquica falleciendo muchos años más tarde. Se separaron de mutuo acuerdo veinte años después, en 1986.

Eso supuso un antes y un después en la existencia de la que fue la tercera mujer más rica de España. Dicen su amigos que "todos esos años de duro trabajo y de relación con su marido no se habían traducido hasta entonces en ningún éxito personal ni en ninguna visibilidad social. Rosalía era la pieza de un proyecto de otro, sin verse reflejada en un proyecto compartido. Era mártir de ser quien era: la mujer de Ortega".

El vendedor ambulante 

Amancio Ortega Gaona nació en Busdongo de Arbás, un pueblecito del concejo leonés de Villamanín. Y lo hizo un 28 de marzo de 1936, apenas cuatro meses antes del inicio de la Guerra Civil española. Su madre, Josefa Gaona Hernández, era natural de Valoria la Buena (Valladolid) y su padre, Amancio Ortega Rodríguez, también vallisoletano de nacimiento, era peón de mantenimiento de ferrocarril lo que obligaba a la familia, por sus continuos cambios de destino, a ir de un lado a otro sin rumbo fijo.

Así, poco después de nacer el niño se trasladaron a Tolosa (Navarra) y luego, ya en 1943, se situaron en A Coruña. Allí, Amancio se crió como un gallego más y comenzó a trabajar en el negocio de la confección. Con sólo 14 años ingresó como chico de los recados en una conocida camisería local llamada “Gala” y posteriormente pasó, junto con sus hermanos Antonio y Josefa, a la citada mercería “La Maja”.

Pero poco a poco el que prosperó en el negocio fue Amancio, que rápidamente ascendió de recadero a dependiente, aprendiendo allí, junto a su mujer Rosalía, hasta el último secreto del mundo de la confección y de la distribución comercial. La primera vivienda del matrimonio la situaron en un piso que adquirieron en el barrio de Monte Alto, en la calle Forcarey número 25, previo pago de 150.000 pesetas, gracias a un préstamo de una caja de ahorros.

Muy pronto Ortega se dio cuenta de que trabajando para otros nunca se haría rico. Comprendió que el valor añadido se quedaba en el camino y decidió abandonar “La Maja” y abrir su propio negocio para fabricar y vender a precios bajos los cucos y las batas de boatiné. Puso de moda una prenda de guata, de entrecasa y abrigada a la que dio diseño y color, con mezcla de tonos rosas y vivos azules, que se puso tan de moda en la década de los 60 y 70.

Rosalía abandonaría de inmediato la tienda para participar en la creación de este nuevo negocio textil. Junto a su cuñada Primitiva Renedo Oliveros, la mujer del del hermano mayor de Amancio, Antonio Ortega, fueron las primeras que cosieron los cucos para abrigar a los bebés y elaboraron las famosas batas de boatiné. En aquellos tiempos no todas las viviendas disponían de una excelente calefacción, por lo que las batas gorditas para estar en casa venían muy bien a la gran masa de la población. Fueron ellas las verdaderas artífices del éxito, las que emprendieron la nueva aventura empresarial.

Mientras tanto, Amancio Ortega hacía encaje de bolillos para trabajar en “La Maja” y al mismo tiempo supervisar el trabajo de su mujer y su cuñada en el taller de la calle San Rosendo. Se trataba de un local de menos de cien metros cuadrados donde se amontaban cuatro máquinas de coser, entre telas y retales. En menos de un año Amancio Ortega decidió dar otro paso hacia delante en su camino hacia el éxito. Cambió el taller de la calle San Rosendo por un local bajo en el número 61 de la calle Noya, en pleno barrio coruñés de Os Mallos. Allí, en el nuevo negocio dedicado principalmente a la lencería, la plantilla del personal era también escasa y estaba formada fundamentalmente por sus hermanos Antonio y Josefa, por su madre Josefa Gaona, su cuñada Primitiva Renedo Oliveros y su mujer, Rosalía de Mera.

Más tarde, ya empiezan a trabajar hasta treinta empleados en una fábrica para mayoristas que diseñaba una bata que se comercializaba con la marca “Goa”, que tomó para su nombre las iniciales del empresario en sentido inverso. Para ello en 1963 fue creada la sociedad Goa Confecciones, el germen de Zara España S.A. Sin embargo, llegó un momento en el que también Amancio abandona su trabajo en la tienda y comienza a vender por toda España sus batas de boatiné. Dicen sus entonces vecinos que era un hombre pegado a una maleta.

Rosalía y Amancio ya habían cambiado su modesto domicilio trasladándose a vivir al Paseo de Ronda, puerta con puerta con toda la familia Ortega. El hermano de Amancio vivía en el séptimo y los padres en el décimo. Y ellos ocupaban dos pisos de las últimas plantas. En ese periodo, desde 1963 hasta 1975, el negocio de batas y camisones experimenta un crecimiento sostenido. Y como esta primera aventura empresarial tuvo éxito, el matrimonio Ortega se anima a embarcarse en un proyecto mucho mayor.

“Nos planteamos que, en vez de comprar productos en Cataluña, a lo mejor los catalanes nos los podrían comprar a nosotros. Creo que no hubo nada de extraordinario”, dijo en su día Rosalía de Mera. Fue así, sin dejar de ser fabricantes, como se convirtieron también en distribuidores y en vendedores, y surge como una necesidad la tienda Zara, que abrió en mayo de 1975 su primera tienda en A Coruña, en pleno ensanche, en la calle Juan Flórez, números 64-66. Allí se vendían los jerseys a 500 pesetas. Hoy es un nombre mundialmente reconocido gracias al Registro de Patentes y Marcas que le vetó el nombre que inicialmente habían elegido: Zorba.

Ya en diciembre de 1975 se abrió la segunda tienda Zara en la calle Torreiro, en el corazón de la urbe tradicional coruñesa. Un emplazamiento privilegiado pues los Ortega ya tenían claro por entonces que debían elegir sitios céntricos donde instalarse. De ahí que siempre han centrado en el reclamo de los escaparates las perspectivas de su éxito.  Bajo el anonimato, el negocio fue creciendo y sus cuentas corrientes engordándose. En 1979 había ya seis tiendas Zara en A Coruña, Vigo, Lugo y Ourense.

El proceso de expansión fue in crescendo. Y en junio de 1985 deciden dar otro salto creando Inditex (Industria de Diseño Textil SA), empresa cabecera del grupo, con el fin de aglutinar las distintas actividades mercantiles derivadas del negocio de distribución de moda. Su sede central está en Arteixo, en A Coruña.

Tras el fuerte proceso de crecimiento en España en la década de los ochenta, el grupo adquirió velocidad de crucero y tres años después de su creación, los Ortega abren su primera tienda fuera de España, en Oporto (Portugal), iniciando así un recorrido cuyo éxito es un caso de estudio a nivel mundial. 

 Crisis familiar

Pero mientras que el negocio de los Ortega marchaba a buen ritmo, su matrimonio, en contraste, naufraga a la misma velocidad. El nacimiento el 1 de mayo de 1971 del segundo hijo de la pareja, Marcos, con una discapacidad psíquica (parálisis cerebral) distancia mucho al matrimonio. Este nacimiento y sus problemas añadidos hacen que Rosalía se aleje del trabajo y de la empresa familiar. 

Rosalía pasa a dedicarse en exclusiva al cuidado de su hijo Marcos, mientras que su marido se dedica en cuerpo y alma a forjar su imperio. Junto a ella siempre estuvo la primera hija del matrimonio, Sandra Ortega Mera, nacida el 19 de julio de 1968 en A Coruña. Una chica que estudió en un instituto público, aunque en su infancia pasara por el colegio de monjas Las Esclavas.

Sandra Ortega Mera.

Siempre estuvo muy vinculada a su madre y no trabajó nunca con su padre en la empresa textil. Es psicóloga y controla la Fundación Paideia, que fundo su madre y a la que dedica muchas horas. Está casada con Pablo Gómez, que sí fue empleado de Inditex, un chico muy querido en la casa donde empezó de comercial. Juntos tienen tres hijos y ya le han dado a Amancio Ortega nietos. 

Aquellos años setenta y ochenta fueron de pura entrega al proyecto empresarial por parte de Amancio Ortega. Dicen que trabajando de sol a sol y sufriendo, incluso, un serio revés al querer emular la fórmula de los almacenes donde se vendía de todo, lo que le obligó a volver a empezar desde un principio. Un patrimonio forjado a pesar de ser un hombre que no fue a ninguna universidad renombrada ni nunca en su juventud se codeó con los herederos de las grandes fortunas empresariales españolas.

Pero si por cualidades externas hubiera que juzgar al hombre más rico de España, ni el más prestigioso psicólogo lograría desenmascarar su identidad. Dicen que su aspecto físico es anodino, con algo de papada, mediana estatura y grandes entradas en el pelo. Que huye de la ostentación, de los iconos de lujo y de la posición social. Le gusta vestir camisa Oxford, pantalón gris o marrón y zapatos castellanos, un uniforme que repite desde siempre con un desdén hacia el cambio difícil de asimilar en un revolucionario del prêt à porter. Dicen que muy pocas veces se le pasa por la cabeza ponerse una corbata y que nunca viste como un alto ejecutivo. Que es un hombre discreto a más no poder, de pocos amigos y muchos conocidos. Que acostumbra a empezar su jornada matinal con un desayuno con zumo y café con leche. Que lo suele hacer en el Club Financiero de A Coruña, en compañía de sus amigos habituales, que le han puesto de apodo “penique”. Que siempre son los mismos aunque, de vez en cuando, se incorpora algún nuevo miembro al grupo. Que entre ellos apenas figuran políticos.

Y que en su mismo gremio, el textil, tampoco goza de grandes amistades, salvo los dueños del grupo Caramelo. Que su gran amigo fue José Caramelo, que curiosamente fuera su viajante cuando en 1963 despegó a través de la firma Goa Confecciones. Que siempre que puede ve los partidos del Deportivo, en la tele o en el Riazor, donde pasa totalmente desapercibido. Que sus grandes hobbies son los caballos y los automóviles (corre una anécdota por la empresa de que consiguió reventar el motor de un porsche, su marca preferida). Que sólo le quita el sueño Inditex. Que es capaz de sacar a un trabajador de su cama, en pleno sueño, para solucionar un problema que se le ha ocurrido de repente.

Que los sábados, único día en que come en casa, lo hace en un office anexo a la cocina. Que tiene una cocinera permanente a su servicio. Que le gusta la cocina poco elaborada. Que sus gustos culinarios se centran en los huevos de corral y en las verduras frescas cultivadas en su Pazo de Anceis, situado a 12 kilómetros de A Coruña, en el término municipal de Cambre. Se trata de un pazo barroco del siglo XVII, uno de los más hermosos de Galicia, situado en la carretera que une Santiago de Compostela con A Coruña a la altura del lugar de Altamira. En su fachada, que sigue teniendo el aspecto de antaño, destacan los escaques y roeles de la familia Bermúdez de Castro, así como un brazo empuñando un estandarte de los Villardefrancos y un castillo envuelto en zarzas de los Riobóo. Como todo pazo gallego que se precie, el de Anceis tiene capilla y una fuente de piedra, de estilo portugués, con cuatro caras carrilludas de cuyas bocas salen caños de agua. Que también posee un chalé en la localidad pontevedresa de Sanjenjo y un apartamento en Marbella. A este último no suele ir casi nunca. Y que rechazó la posibilidad de que la sede de la fundación Amancio Ortega, futura depositaria de su herencia, estuviera en Holanda pese a que fiscalmente le favorecía la decisión. "Es muy español", aseguran sus amigos.

La relación con su "dependienta"

Mucho antes de su divorcio con Rosalía, a la que le correspondió una gran fortuna en el reparto de Inditex, Amancio Ortega inició una relación sentimental con Flora Pérez Marcote, en sus inicios trabajadora de Inditex. Tras 19 años de convivencia juntos, se casaron finalmente en el año 2002 en el Pazo de Anceis, una vez que el grupo textil salió a bolsa (mayo 2001). La ceremonia civil, celebrada casi en la intimidad, la ofició el alcalde del pueblo de Cambre, Antonio Varela Saavedra.

Parece claro que la clarificación patrimonial y organizativa del imperio Inditex, en los días anteriores a la OPV, era necesaria tanto para que Ortega pudiera sacar su empresa al parqué como para separarse de su primera esposa. Ortega conoció a su actual mujer cuando trabajaba como dependienta en el establecimiento que la firma Zara tenía en la calle coruñesa de Torrerio. Flora era la encargada de esta tienda, la predilecta de Amancio.

Su relación con Flora fue paralela con el inicio del declive de su matrimonio. En un último intento por salvarlo, Flori, como es conocida, fue trasladada a la tienda de Zara en Vigo, situada en la calle Roda, donde también ejerció como encargada. Dicen que toda esta operación de “destierro” fue ideada por la hermana mayor de Amancio, Josefa, amiga de Rosalía. Pero ni por esas la situación se arregló. Amancio Ortega abandonó finalmente el domicilio familiar y se instaló en solitario en un edificio situado en la céntrica plaza coruñesa de Orense, en los números 7-8. Incluso, a veces, llegó a dormir en una habitación que se había preparado en la fábrica.

Tuvieron que pasar unos años, aún casado oficialmente Ortega con Rosalía Mera Goyeneche, para que el empresario comenzara a convivir ya con Flora Pérez Marcote. Dicen de ella sus conocidos que es una mujer sencilla, no muy dada a la ostentación. Que es alegre, viva y que no se le escapa detalle alguno que pueda perjudicarle. Que tras su matrimonio, Flora no tuvo duda alguna en entrar en el consejo de Inditex. Que lo hizo en representación de Gartler, la sociedad patrimonial de Ortega que controla la mayoría del grupo textil.

 Amancio y Flora tuvieron en 1983 una hija, Marta. La vida de la joven tampoco ha sido siempre un camino de rosas: cuando ella nació, su padre estaba todavía legalmente casado con Rosalía Mera. Flora y la niña vivieron solas en Vigo durante varios años, a la espera de que Amancio arreglase la situación con su esposa legítima. Aquel divorcio se llevó a cabo con una discreción exquisita: nada se supo de los términos del acuerdo y los protagonistas nunca dieron que hablar. Todo se resolvió a puerta cerrada.

Una vez que fue posible, Amancio se unió a la madre de su tercera hija y los tres se instalaron en A Coruña, en un piso amplio y céntrico, pero en absoluto parecido a un palacio. Allí pasó Marta su adolescencia. Hoy la casa que ocupa la familia Ortega (un octavo unido a otro piso), forma parte de un complejo inmobiliario edificado por la empresa Álvarez Conchado, de la cual Inditex llegó a poseer un 30% de su capital. Este dúplex está situado en un barrio de clase media, conocido por Zalaeta, frente a la playa del Orzán, aunque en A Coruña se le denomina Zaraeta por el extenso número de ejecutivos y mandos de la empresa textil que viven en él.

Amancio Ortega y su hija.

La hija menor de Amancio Ortega es el ojito derecho del fundador de Zara y presidente del imperio textil. Marta tiene una educación exquisita y una pasión: los caballos. Su pasión por los caballos se la ha transmitido su padre, que es capaz de coger su avión Falcon 900 y desplazarse hasta el Reino Unido para comprar los mejores caballos para su hija. De hecho, por y para su niña, Amancio Ortega construyó el espectacular Centro Hípico Casas Novas, en la finca de Corzo, una antigua factoría lechera, donde invirtió nueve millones de euros.

De ella dicen que es sensata y “muy normal”. Pero nadie, ni siquiera la propia Marta, puede olvidar que un día heredará una millonaria fortuna y parte del imperio que su padre ha creado. Dicen que hoy Marta, al contrario que hace unos años, vive alejada de los circuitos de la alta sociedad internacional y que aparece muy raramente en las páginas del papel couché. Se casó primero en 2012 con el jinete Sergio Álvarez Moya con el que tuvo un niño. Tras separarse en 2015, se volvió a unir tres años más tarde en matrimonio a Carlos Torreta, al que la familia situó en el área de comunicación de Inditex y con quien acaba de tener una niña, Matilda, nacida este mismo sábado día 21 de marzo en el hospital de A coruña.  

En nuestra sociedad casi todos los textos se escriben centrándose en una sola persona, quizá influenciados por la mitología del héroe. Pero no es así. Zara, sin Rosalía, no sería Zara. Amancio Ortega sin Flora Pérez, no sería él. Y Flora sin su hija Marta, no sería Flori. Mujeres con carácter y personalidad. Si Amancio Ortega fue valiente, sus mujeres no lo fueron menos. Probablemente lo han sido más. 

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