08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

El puertorriqueño era un torturador nato que siempre ingeniaba nuevas maneras de someter a sus víctimas física y psicológicamente

Ariel Castro, el "Monstruo de Cleveland", quien esclavizó durante 10 años a tres jóvenes sexualmente

Ariel Castro, el monstruo de Cleveland
Ariel Castro, el monstruo de Cleveland
Engañó a sus víctimas haciéndose pasar por un buen samaritano y, una vez dentro de su casa, las jóvenes vivirían una pesadilla que duraría diez años de sometimientos físicos y sexuales hasta que, por un golpe de suerte, un peatón escuchó las llamadas de auxilio de una de las víctimas y avisó a las autoridades. Castro fue detenido inmediatamente al volver a su domicilio, pero su estancia en prisión acabó tras pasar tan solo un año entre rejas al quitarse la vida.

Nació el 10 de julio de 1961 en Puerto Rico, pero se mudó a Cleveland (Ohio) en su infancia. Poco se sabe de esta etapa de su vida, los incidentes que más parecían revelar su conducta sádica se empezaron a manifestar en 1996 cuando su mujer le abandonó por malos tratos y tomó custodia de los hijos. A pesar de esto, muchos de sus conocidos decían que era un sujeto divertido y amable.

Fue conductor de bus escolar durante 22 años hasta que fue despedido por mala conducta, su relación con los niños nunca fue sospechosa y sus interacciones con los vecinos, aunque no muy frecuentes, eran normales.

El 23 de agosto de 2002 sería cuando iniciaría su carrera criminal y daría inicio a los eventos por los cuales pasaría a la historia.

Michelle Knigth salía de casa de su primo para dirigirse a los juzgados por un asunto de custodia y no vio peligro en dejar que el Castro la llevase hasta estos ya que no eran completos desconocidos, Knight conocía al hombre por tener relación con sus hijas. Jamás llegaría a presentarse en los tribunales y su familia creyó que la desaparición habría sido voluntaria debido a toda la presión que la joven soportaba.

Amanda Berry, Michelle Knight y Gina DeJesus, respectivamente

Una vez encerrada en casa de Castro, fue confinada y violada repetidas veces por Castro. Esa fue la primera víctima de secuestro y violación de el “Monstruo de Cleveland”, pero no sería la única.

El 21 de abril Amanda Berry, de 16 años, salía del trabajo en un Buguer King en la calle Oeste 110 cuando fue abordada por Castro, quien haciéndose pasar por un compañero de su padre se las ingenió para llevarla hasta su domicilio.

En un principio la policía consideró a Berry como uno de los muchos casos en Estados Unidos de adolescentes conflictivos fugados. Sin embargo, días después del secuestro, Castro llamó a la madre de Amanda para asegurar que su hija regresaría en pocos días y que se había casado con él. Lowanna Miller, madre de Amanda, buscaría a su hija durante 3 años, pero finalmente moriría en 2006 de insuficiencia cardiaca.

Disminuyendo progresivamente la edad de sus víctimas, la próxima en la lista sería Gina DeJesus, de 14 años. En este caso, DeJesus era una de las amigas de la hija de Castro y este ofreció a la menor tener una fiesta de pijamas con su hija la noche en que fue secuestrada.

Las tres víctimas convivirían durante diez años en el sótano de los horrores de el “Monstruo de Cleveland”, donde fueron sometidas a violaciones y numerosos abortos producto de estas. El sótano estaba preparado con estos fines, contaba con varias habitaciones en las que cada una de las chicas se encontraban cautivas con grilletes y amordazas para evitar que llamaran por ayuda o pudiesen escapar de alguna manera.

La casa de los horrores de el "Monstruo de Cleveland"

El perfil criminal de Castro lo presenta como un clásico secuestrador y violador de manual con tendencias obsesivas por el control y el poder. Así relataba Michelle, quien compartió que en muchas ocasiones dejaba la puerta abierta a propósito para que intentaran escapar, si alguna lo intentaba era castigada y violada, era el juego sexual preferido de el “Monstruo de Cleveland” y las cautivas tuvieron que aprender a sobrellevar la situación, a no otorgarle la satisfacción que buscaba, aprendieron a no llorar, a no mostrar dolor, a no sentir.

Castro pronto encontraría otras formas de torturarlas. La comida era escasa y no las alimentaba a todas al mismo tiempo. Alimentaba a una por vez, para que se observaran. Las obligaba a mirar como una de las secuestradas comía mientras las otras dos morían de hambre.

Las precauciones de eran estrictas a limites potencialmente mortales. Cuando Castro salía las amordazaba y cubría sus ojos con cinta aislante. Michelle diría en los interrogatorios que las ataba con tal fuerza que cortaba su circulación.

Una de las habitaciones del cautiverio

Amanda Berry durante su cautiverio cosechó una rabia indescriptible. Durante la primera semana de secuestro Castro le regaló una libreta para dibujar. Esa libreta sería usada para contabilizar las veces que fue violada en su cautiverio, estaba determinada a no olvidar, a llevar al “Monstruo de Cleveland” ante la justicia y que pagara por todas y cada una de las cosas que le había hecho.

Quizá quien se llevó la peor parte fue precisamente Amanda, puesto que, de uno de los embarazos, de entre muchos que sufrieron y acabaron en aborto, la joven dio a luz a una niña, a la que llamó Jocelyn.

Gina DeJesus fue la única que jamás sufrió un embarazo, sin embargo, el castigo físico fue tal, que su rostro desfigurado impidió a las autoridades identificarla cuando fueron encontradas.

Cuando la tortura física fallaba, Castro ingeniaba otras formas. Estaba versado en diferentes formas de causar daño y ejercer presión psicológica. Era un torturador nato. Utilizaba a las familias de las víctimas como herramienta. Les repetía en numerosas ocasiones que la única razón por la que podía violarlas todo lo que le apetecía era porque no había nadie buscándolas, que a nadie le importaban.

El calvario llegaría a su fin el 6 de mayo de 2013 cuando Amanda, producto de la desnutrición, logró deslizar su brazo por una de las puertas de la casa para pedir ayuda. Ninguna olvidaría el nombre de su salvador, Charles Ramsey, que llamó inmediatamente a la policía cuando escuchó los reclamos de auxilio.

Charles Ramsey se convirtió en el "Heroe de Cleveland"

Ariel Castro fue detenido al llegar a su domicilio. En el registro de la propiedad las pruebas hablaron por sí solas. Entre grilletes y cadenas se encontraron además cartas escritas por el propio Castro, que denotaban su deteriorado estado mental. Las cartas mostraban un fuerte autodesprecio, pero también intentaban ser una herramienta exculpatoria. En ellas afirmaba que la culpa era de las jóvenes por subir al vehículo de un desconocido.

Fue acusado de 997 cargos y condenado a cadena perpetua y a otros mil años de cárcel. No se celebró un juicio ante jurado popular, no hizo falta, Castro no hizo ni el más mínimo intento por defenderse.

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Ariel Castro se suicidó en su celda

Se consideraba a sí mismo una víctima, tenía adicción a la pornografía y fuertes conflictos producto de una infancia, en sus palabras, plagada de abusos.

Finalmente se suicidaría ahorcándose con una sábana en su celda el 3 de septiembre de 2013, no habiendo cumplido siquiera un año de condena, burlando así las últimas palabras que le dedicaría Michelle Knight: “No voy a dejar que lo que tú me has hecho me defina. La pena de muerte sería lo más fácil para ti, pero lo que te mereces es pasarte toda la vida en prisión”.

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