24 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Franco a su cuñado: "Ramón, no olvides que llevas en tus manos a España y no olvides que yo aceptaré lo que tú decidas en el Berghof"

Desvelamos la realidad que se ocultó sobre las entrevistas de Serrano Suñer con Hitler en 1940 en Berlín

Serrano Suñer y Hitler en Berlín en 1940.
Serrano Suñer y Hitler en Berlín en 1940.
En 1940, Ramón Serrano Suñer, entonces ministro de Exteriores del nuevo régimen franquista, viajó a Berlín para entrevistarse con Adolf Hitler, que le propuso atravesar España para invadir GIbraltar por tierra y dominar el Mediterráneo. El periodista Julio Merino cuenta en este reportaje lo que Serrano Suñer le relató de lo qué sucedió en realidad aquellos dias y el contenido real de sus entrevistas con Hitler en Berín.

Hay que haber hablado muchas veces, muchas tardes, muchas noches, muchos meses, muchos años con Ramón Serrano Súñer, el que fuera mano derecha y mano izquierda (y hasta cerebro), de Franco en los años decisivos de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, para saber cuando decía toda la verdad, la verdad a secas o sus verdades interesadas. Yo tuve la fortuna de que me contase las unas y las otras tras más de 20 años de hablar casi a diario con él y la de discutirle sus versiones de los hechos como él los contaba.

- No, Don Ramón, lo siento, usted dice que nunca fue "nazi" y según todos los historiadores usted no llevó a España a la Guerra porque Franco no lo dejó...y que por sus simpatías por los nazis lo echó del Gobierno en cuanto pudo.

- Eso no es verdad, mi joven amigo, eso no es verdad. Sí, yo era un admirador de Alemania y hasta un amigo, por su cultura, por su Historia... El pueblo alemán es increíble, trabajador como ningún pueblo y amante de su Patria hasta el infinito, pero yo no era ni fui nunca nazi. Hitler no era mi tipo, sí lo era, y no me importa decirlo, Mussolini. El alemán era un hombre frío, eso sí con una mente privilegiada, y un dialéctico de primera... a mí, como a Mussolini, nos daba miedo... En cuanto a lo de que yo quise llevar a España a la guerra y que fue Franco el que me lo impidió sólo puedo decirte que eso es una tontería, una solemne tontería.

Himmler en su visita a España en 1940 con Serrano Suñer.

- Don Ramón, será una tontería, según usted, pero eso es lo que decían y siguen diciendo los franquistas.

- No, los franquistas no, los pelotas de Franco, los que se hincaron de rodillas por un sillón ¡Y ahí están las declaraciones del general Jodl o del mismo Hitler! o los ataques de nuestro embajador en Berlín, el general Espinosa de los Monteros, que hasta me denunció ante Franco por mi oposición a los planes alemanes para llevarnos a la Guerra (“Confieso el asombro con que oí al Sr. Ministro refutar al ministro Von Ribbentrop en forma no ciertamente grata para éste, diciéndole que él tenía informes que le merecían garantía absoluta, de que eran ciertos los datos de los Estados Unidos, y digo que lo oí con absoluta asombro porque para nada era necesario decir cosa tan desagradable, que hubiese sido mucho más discreto silenciar y que he podido comprobar que no la olvidan”).

- Ni la Izquierda, Don Ramón.

- ¿Qué Izquierda, Merino, qué Izquierda? ¿La que aplaudió el pacto de Stalin con Hitler y aplastó y aniquiló al pueblo polaco? Está bien, está bien, dejemos esa "batallita" por hoy y vayamos a mi segundo y definitivo viaje a Alemania. Te decía el otro día que cuando el embajador alemán, el fanático Von Stohrer, me comunicó los deseos urgentes de Berlín para que me trasladara como Ministro de Exteriores, y se los trasladé a Franco con urgencia y a petición mía tuvimos  una reunión urgente en el Pardo con los ministros militares en la que se acordó mi viaje.

Lo que no te comenté fue lo que me dijo Franco al despedirnos: "Ramón, no olvides que llevas en tus manos a España".

- Paco, sabes que daría mi vida por España, pero no sé si podré hacer milagros.

 - Pues, en tus manos encomiendo a España y rezaré porque al menos consigas ganar tiempo. El tiempo para nosotros, y en medio de la Guerra que vive el mundo, es vital. Yo aceptaré lo que tu decidas en el Berghof.

Viaje a Berlín

"Salimos de Madrid -escribe Serrano- el 16 de noviembre (1940) y llegamos el 18 a Berchtesgaden, el pueblecito más cercano al "Nido", donde me esperaban Ribbentrop y el conde de Ciano, el Ministro italiano de Exteriores, que también había sido citado, aunque por separado, y desde allí, tras la comida típica alpina que nos ofreció el estirado alemán, subimos por una abrupta escalera que conducía directamente al Berghof y donde enseguida nos recibió el propio Fhurer, que vestía muy informal (conmigo venían el Barón de las Torres y el profesor Antonio Tovar, mis dos intérpretes)... Y sin preámbulo alguno Hitler comenzó a hablar, en cuanto nos sentamos en un tresillo del salón principal:

“La actual situación obliga a actuar rápidamente. No porque haya empeorado sino por razones de orden psicológico. Los italianos acaban de cometer un gravísimo e imperdonable error al empezar la guerra contra Grecia. Ni siquiera han tenido en cuenta las condiciones atmosféricas que han inutilizado el uso de la aviación que es la mejor arma que ellos tienen. El ejército de tierra no puede utilizar armas pesadas. Nosotros hacemos las cosas con más cuidado. Se lo demostraré diciéndole que a pesar de nuestra evidente superioridad militar no atacamos a Francia por este tiempo el año pasado y eso que no perdíamos de vista que con el retraso hacíamos posible la preparación de Francia y de Inglaterra. Repito que hay que obrar rápidamente pues con ello se acelerará el fin de la guerra y se solucionarán los problemas económicos que cada vez se presentan más difíciles en todas partes. La velocidad nos permitirá también la cosa más importante que es evitar o disminuir el derramamiento de sangre. Para lograr todo eso es indispensable el cierre absoluto del Mediterráneo. En el Oeste, por Gibraltar, el cierre puede llevarse, debe llevarse, a cabo, rápidamente y con toda facilidad, y también “actuaríamos” en el Este atacando el canal de Suez".

Adolf Hitler en 1940.

Al llegar aquí guardó silencio, un silencio que me pareció una sentencia. Yo estaba que la corbata me ahogaba y más cuando veía brillar sus ojos. La guillotina pasó por mi mente. Pero el Fhurer no se inmutó y siguió:

 "Soy el dueño de Europa, no lo olviden, y tengo disponibles ahora mismo 200 divisiones inactivas para actuar de inmediato donde sea necesario o conveniente. Tenemos 4.000 aviones dispuestos para acabar con Gran Bretaña en cuanto haya una bonanza duradera o dirigirlos a cualquier parte. Señor Ministro, he decidido atacar Gibraltar y tengo la operación minuciosamente preparada, como usted sabe. No falta más que empezar y hay que empezar ya. Además fue lo que acordamos en Hendaya".

Y me tocó a mí el turno. Como se pueden imaginar la voz se resistía a salir de mi garganta. Estaba anonadado, y  no sólo por las palabras del Führer, sino por su mirada y sus gestos. Así que comencé como pude y como pude fui resaltando la situación de pobreza que vivía España y la necesidad angustiosa del trigo americano. También me salió del alma decirle que si el Mediterráneo, que él quería cerrar a los ingleses, tenía dos puertas, Gibraltar y Suez, le argumenté que empezara por Suez y nos diera a nosotros el tiempo y las ayudas necesarias para prepararnos.

Pero, al parecer mis palabras debieron conmover a Hitler, porque ya en otro tono bien diferente dijo: “Quiero hablarle como el mejor amigo de España que soy. No quiero insistir. No comparto enteramente su punto de vista, pero me hago cargo de las dificultades de este momento. Pienso que España puede tomarse algún mes más para preparse y decidirse”.         

Aquello era un milagro y tanto yo como el barón de las Torres y Antonio Tovar, respiramos como si hubiéramos resucitado. Aquello era, además, lo que Franco me había pedido.

Segunda entrevista con Hitler

Pero, Serrano guardó siempre algo que cierra cualquier interpretación, su última entrevista con Hitler. Un testimonio impresionante que tuvo la gentileza de comunicarme muchos años después y que compartí con el historiador Luis E. Togores, verdadero experto en el tema.

Serrano Suñer y Hitler.

Fue éste: “Antes de salir para España, Serrano fue llamado de nuevo por Hitler. Don Ramón subió casi a escondidas desde Berchtesgaden a Berghof con todas las señales de alerta en rojo, pues tanto él como sus dos acompañantes oficiales (el Barón de las Torres y el Profesor Tovar) no habían dormido apenas pensando que allí podía pasar cualquier cosa, dado que los nazis no se paraban en barras cuando se jugaban una baza importante. Es más, debatieron si debía subir o no y si debía hacerlo acompañado, dado los antecedentes y lo que les había ocurrido a otros mandatarios extranjeros.

Hitler recibió al Ministro Serrano Suñer en una salita de estar muy diferente al gran salón de la tarde anterior y con el semblante muy amistoso. Sólo había, sólo hubo, un testigo: El intérprete alemán (no he podido concretar nunca si fue en esta ocasión Paul Schmidt o el famoso Gross). Aquella imprevista conversación transcurrió así:

- "Querido Ministro, le aseguro que esta noche no he podido dormir pensando en España. Sabe usted muy bien, por lo que hablamos ayer, que la toma de Gibraltar y el cierre del Mediterráneo para Inglaterra es fundamental para la marcha de la guerra -dijo Hitler en un tono que a mí me dejó de piedra y me hizo temer lo peor-. Y sabe usted que mis generales y las 186 divisiones que esperan me están presionando para pasar los Pirineos y llegar al Estrecho (aquí volvió a otro de sus silencios famosos). Señor Ministro, yo el Führer de Alemania, tengo que tomar hoy mismo una decisión trascendental: Dar la orden a mis ejércitos de que entren en España y tomen Gibraltar y eso es algo muy serio.  Por eso he querido verle antes de su regreso. (Y otra vez guardó silencio). Sé -y aquí sacó su tono de voz más convincente- que usted es amigo sincero de Alemania, pero también sé que usted es por encima de todo un buen español, lo que le aplaudo, por lo tanto le ruego que me responda a la pregunta que le voy a hacer con la máxima sinceridad".

- Führer -me atreví a decir con la mejor voz que pude ante esta situación- le agradezco sus palabras porque son la verdad: soy amigo de Alemania pero soy por encima de todo español. Tenga la seguridad que yo le diré la verdad, aún en contra de los intereses políticos.

- Señor Serrano, lo sé y por eso le he convocado a esta reunión. Dígame señor Ministro, ¿qué haría de verdad el pueblo si mañana entran en España mis ejércitos?

Yo -dice Serrano- me quedé anonadado, porque comprendí en el acto que estábamos al límite de la invasión militar que tanto temíamos. Y por tanto instintivamente medité mis palabras de respuesta.

- Führer –dije con gran seguridad- el pueblo español en este supuesto se echaría al monte sin pensarlo. Igual que ocurrió con Napoleón.

- "¿ Y los amigos de Alemania?", preguntó él cortando mis palabras.

- "¡También! dije yo mirando fijamente al intérprete. ..Y no olvide lo que fue la guerra de España para el emperador de los franceses”.

Hitler se quedó callado unos segundos que a mi me parecieron siglos y luego dijo:

- “Conozco muy bien ese tema,Señor Ministro, ya sé que la guerra de guerrillas la inventaron los españoles”. Entonces se levantó y al tenderme la mano en señal de despedida todavía dijo: "Señor Ministro, gracias por su sinceridad. Usted es un buen amigo y sobretodo un buen español. Le aseguro que tendré en cuenta sus palabras antes de tomar la última decisión. Que tenga buen viaje de regreso".

Y todavía cuando salía de aquella coqueta habitación me detuvo con otra pregunta:

- "Perdone, señor Serrano (y el uso de mi apellido lo recalcó con intención y picardía). ¿Y usted que haría si entran mis soldados en España?"

- "Führer –repliqué con humildad- yo me echaría al monte como un español más”.

Cuando terminó de leer Don Ramón los dos folios escritos de su puño y letra que había sacado de una carpetilla azul sobre esta última entrevista con Hitler le pregunté si había hablado del tema con Franco y por qué nunca había hablado de ello:

“Sí. A Franco le conté toda la verdad nada más volver a Madrid e incluso le dije que nos preparáramos para lo peor (es decir la invasión y la guerra). Pero Franco, aparte de aplaudir mis palabras, me pidió entonces que no dijera nada, que él capearía el temporal". El hecho cierto, sin embargo, es que la invasión no se produjo y que Hitler ya no nos presionó más, aunque sí algunos de sus ministros.

Y en cuanto a la primera parte de sus preguntas la razón o razones son bien sencillas: "Yo no quise incluir esta última conversación con Hitler en mi primer libro "Entre Hendaya y Gibraltar", ni en mis "Memorias", porque para entonces ya había roto mentalmente con Franco, con el Régimen y hasta con la Historia. En esos momentos me daba igual todo y luego fue demasiado tarde. Además no había testigos vivos y algunos de mis amigos, que siempre he tenido muchos, podían acusarme de inventor de historias. No. Esta verdad histórica se irá conmigo a la tumba como otras muchas que otro día le contaré”.

A pesar de este rasgo final de aparente confianza sé que el Führer siempre tuvo una mala opinión de mí, añadió. Según me contó Ciano un día le dijo: “Ese jesuita ministro español me repugnó desde que lo vi por primera vez, aunque nuestro embajador, con abismal ignorancia de los hechos, me lo presentaba como el germanófilo más ardiente de España”. También me contó Ciano que lo que más le impresionó al "Dios" fue la cita de Napoleón y las guerrillas. Así que mira por donde Napoleón que nos metió en aquella fatal Guerra de la Independencia nos salvó de entrar en la horrible II Guerra Mundial.

 

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