22 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

La Ley Seca de 1920 brindó al mafioso una oportunidad única de lucrarse con el tráfico ilegal de bebidas alcohólicas

Al Capone, el gánster de las dos caras: De sanguinario emperador de Chicago a padre de familia

Alphonse Gabriel Capone.
Alphonse Gabriel Capone.
Al Capone es, probablemente, el gánster más conocido de todos los tiempos. Durante el Periodo de Entreguerras estableció en Chicago un auténtico imperio del crimen aprovechándose de la Ley Seca. Pese a ser uno de los criminales más buscados de su tiempo, no son pocos los que afirman que era un hombre muy querido por sus familiares. Hoy, abordamos esta duplicidad recordando su trayectoria.

Alphonse Gabriel Capone nació 1899 en la ciudad que nunca duerme, Nueva York. Concretamente, en el distrito de Brooklyn. Sus padres, como tantos otros inmigrantes italianos, habían llegado a Estados Unidos en busca del “sueño americano”. El padre de la criatura, Gabriele Capone, trabajaba en una peluquería de Park Avenue. La madre, Teresina Raiola, era costurera. Ambos tuvieron que trabajar muy duro para mantener a una familia que contaba con nueve hijos.

En aquella época, la presencia italiana en la ciudad que nunca duerme no era ninguna novedad. Como hicieran los irlandeses a finales del siglo XIX, los italianos, y especialmente aquellos que provenían de Nápoles supieron hacerse un hueco entre las interminables avenidas neoyorkinas. La familia Capone era otra más, pero contaba con una gran ventaja, y es que Gabriele sabía leer y escribir. Por tanto, sabedor de las ventajas que esto implicaba, siempre incidió a sus hijos en la importancia de la formación.

No obstante, pese a sus esfuerzos, sus vástagos mostraron desde la más tierna infancia mucho mayor interés en las calles de Brooklyn que en los pupitres y las pizarras. El pequeño Alphonse no era una excepción a sus hermanos en este sentido, pero en él siempre se advirtió un talento inusual para las cuentas. Además, no tardó en hablar inglés con facilidad. A los catorce años, sus contínuas peleas en el ámbito escolar, así como el haber repetido curso le llevaron a dejar definitivamente la escuela.

Un jovencísimo Al Capone.

Habiendo abandonado los estudios, su padre no iba a permitir que Alphonse se mantuviera desocupado. Para contribuir a la economía familiar, le buscó un trabajo como limpiabotas, y le envió a una de las zonas más transitadas de Nueva York. El destino quiso que Alphonse presenciara durante una de sus jornadas de trabajo una extorsión a cargo del mafioso Don Batista Bálsamo. En este punto, el cuarto de los hijos de Gabriele decidió que esa vía de conseguir dinero era mucho más rápida, y pasó a trabajar como matón para sus propios compañeros de profesión, los limpiabotas.

Capone utilizó los contactos que tenía para formar una pequeña banda, los Destripadores del sur de Brooklyn. Aunque Bálsamo acabó pronto con ellos, su actividad llamó la atención de uno de los “peces gordos” de la mafia en aquel momento, Johnny Torrio. Este capo del crimen organizado se convirtió en toda una figura paterna para el entonces influenciable Capone. Ejerció como mentor, y Alphonse pronto se convirtió en su alumno más aventajado. Era una verdadera esponja y quería aprender todo lo que había que saber para ser un hombre de negocios como Torrio.

Capone: Matón, bailarín y muy mujeriego

En lo que concierne a su vida privada, el hosco Alphonse estuvo muy unido a su hermano Ralph durante aquellos años. Fue él quien inició a Alphonse en una actividad que, como veremos más adelante, le acabaría costando la vida: La prostitución.

Ralph era un cliente de prostíbulos de manual y su incontinencia le hizo contraer la gonorrea. Su hermano pequeño siguió una senda parecida y durante sus primeros años al servicio de Torrio comenzó a mantener relaciones sexuales con prostitutas con asiduidad.

La situación de Al en aquel momento era muy particular. Trabajaba para Torrio, pero mantenía un empleo en una fábrica de cajas de cartón, enviando íntegro el salario a su familia. Allí conoció a Mary Josephine Coughlin, de origen irlandés. Mae, como era conocida, se quedó embarazada y pasó a vivir con Alphonse en la clandestinidad, pues la pareja no había contraído matrimonio. Los padres de ella no veían bien que su niña se casara con un matón de los bajos fondos de Brooklyn. Sin embargo, de acuerdo con la biógrafa de Al Capone, Deirdre Bair, ella quedó prendada de su ingenio y sus capacidades de bailarín.

Johnny Torrio fue el mentor de Capone en el mundo del crimen.

Pese al asunto de Mae, el ascenso de Capone en el mundo criminal era imparable. Torrio le reubicó en una de las bandas callejeras más famosas de todos los tiempos, la Five Points Gang. Aquí, Capone trabajaría a las órdenes del púgil Paul Kelly. Sin embargo, su verdadero salto llegaría cuando pasó a trabajar como guardaespaldas del calabrés Frankie Yale, regente de un tugurio nocturno en Coney Island, de nombre Club Harvard.

Un buen día, Frank Gallucio, conocido gánster de la ciudad, se personó en el local junto a su hermana. Capone se fijó en ella y no tardó en piropearla, mostrando una vez más su debilidad por las mujeres. Lleno de cólera, Gallucio lo atacó con su navaja y le hizo la característica herida que decoró su rostro durante el resto de su vida. Ni siquiera los treinta puntos de sutura que recibió evitaron el nacimiento de Scarface (cara cortada), un apodo que odiaba con todas sus fuerzas. Poco después, en 1918, Capone acabaría contrayendo matrimonio con Mae para, un año más tarde, trasladarse al lugar donde Capone sería amo y señor: Chicago. La pareja tendría un único hijo, Albert Francis Capone.

Años en Chicago: Una oportunidad de oro

Cuando llegó a Chicago, “The Wind City” (la ciudad del viento), Capone ya tenía a sus espaldas un destacado historial delictivo. Había cometido al menos dos asesinatos y se le acusaba de otro más. En cualquier caso, su antiguo mentor reclamaba su presencia en la ciudad más importante del estado de Illinois para unirse a la banda de James Colosimo, mejor conocido como “Big Jim”, esposo de la tía de Torrio. Colosimo controlaba la práctica totalidad de los negocios ilícitos de la Chicago de entonces. Torrio, con la ayuda de Capone, se hizo con el control de su organización y “Big Jim” sería asesinado en la puerta del célebre café Colosimo, por un sicario de identidad desconocida.

Al Capone y sus seguidores.

Torrio dirigió el negocio de Colosimo durante un tiempo. Cuando se retiró, todo quedó en manos de Capone. Eran los años de la Ley Seca (1920) y el tráfico ilegal de bebidas alcohólicas enriqueció de una forma exponencial al siempre avispado Al, que supo tejer un complejo entramado con aliados entre los cuerpos de seguridad y los políticos de la ciudad. Previamente, tuvo que superar una sangrienta guerra de bandas que competían por los beneficios de la venta de alcohol, que concluyó con la “matanza de San Valentín”, en 1929, en la que asesinó a cinco capos de la banda de Bugs, la última que se resistía a su hegemonía.

El final más inesperado

Durante el Periodo de Entreguerras, mientras el mundo se mantenía expectante ante el avance del fascismo y el nazismo, en Chicago no había alfiler que se moviera sin el consentimiento de Capone. Salas de juego, tabernas, prostíbulos, destilerías, bares de alterne, barcos… la red de negocios en los que Alphonse traficaba con alcohol estaba tan arraigada en la ciudad, que las autoridades fueron incapaces de desarticularla. El submundo de la “Ciudad del Viento” era territorio Capone.

Al Capone.

Suele decirse que todo lo que sube tiende a bajar y, sea esto cierto o no, es perfectamente aplicable al caso de Capone. Tras años de carnicerías y delitos a tutiplén, Capone fue detenido por evasión fiscal, la única forma que las autoridades encontraron para llevarlo ante la justicia. De esta forma, caía el emperador de Chicago. Por este delito, fue condenado a once años de prisión, de los que solo cumpliría ocho, en la prisión de Atlanta (desde donde durante un tiempo pudo seguir dirigiendo sus negocios), y posteriormente, en Alcatraz.

Al salir de la cárcel, nunca volvió a ser el mismo, aunque todavía tendría tiempo para ejecutar alguna venganza contra viejos enemigos. La sífilis, que contrajo durante su juventud, le había opacado y su salud física y mental era muy débil. Por ende, decidió retirarse a su mansión en Miami (Florida), donde viviría hasta su muerte en 1947 a causa de una neumonía.

Su cara más amable

Los años de gloria de Capone coincidieron con el Crack de la bolsa neoyorkina de 1929, que sumió a la sociedad americana en una profunda depresión. Capone abrió numerosos comedores sociales en Chicago y se mostró siempre como un “patrón” para pobres y desamparados. Sus enemigos le acusaban de emprender estas acciones para limpiar su imagen de asesino sangriento. Sea como fuere, lo cierto es que invirtió parte de su fortuna en actividades de beneficencia.

En cuanto a su entorno más cercano, no son pocos los estudiosos sobre la figura de Alphonse los que opinan, en base a la correspondencia con su esposa desde los centros penitenciarios en los que estuvo recluido, que le profesaba un verdadero amor, pese a su innegable gusto por recurrir con frecuencia a la compañía de prostitutas, al menos durante sus años de juventud. Los negocios quedaban fuera del domicilio de Capone, pues, en la intimidad de su hogar, de acuerdo con el testimonio de varios de sus familiares recogido en múltiples biografías sobre el gánster, era un hombre afable, que ejercía de marido, de padre y de mediador en conflictos familiares.

La familia Capone.

En nada se parecía al recluso de Alcatraz que había ocupado el primer puesto en la lista de enemigos del FBI durante años. Expertos sobre el tema, como Mario Gomes, señalan que su hermana y su madre despreciaron profundamente a Mae, a quien nunca perdonaron el haberse quedado embarazada antes del matrimonio. El hecho de que no fuera italiana tampoco ayudaba.

En cualquier caso, parece claro que la leyenda de Capone sigue atrayendo, décadas después de su muerte, las miradas de curiosos de todo el mundo, que pretenden profundizar en los detalles de la vida de este gánster italoamericano.

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