14 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El supuesto primogénito del rey Juan Carlos: "Solo deseo lo que todo hijo quiere, poder encontrarme algún día en privado con mi padre y hablar con él"

Mostramos la carta que Albert Solà recibió de la Casa Real como respuesta a una petición suya sobre su madre

Exclusiva Albert Solà Jiménez continúa buscando su identidad.
Albert Solà Jiménez continúa buscando su identidad.
Tras la publicación de las pruebas de ADN de Albert Solà, el que afirma ser hijo del Rey Emérito Juan Carlos I y dice sentirse tranquilo. El catalán ha recibido bastantes llamadas durante estos días, pero hay una que desea recibir desde que un juez en Barcelona le confirmó su verdadero origen y que nunca llega. Sin embargo, en una ocasión la Casa Real se dirigió a él por carta cuando pidió ayuda por un problema que tenía su madre. En elcierredigital.com mostramos en exclusiva la misiva real.

Durante muchos años Albert Solà ha llegado a escribir más de sesenta cartas a la Casa Real. Misivas que buscaban una respuesta, que intentaban abrir puertas en su afán por encontrarse con el que asegura es su padre, el Rey Emérito Juan Carlos I.

Nunca obtuvo respuesta. Siempre ha sentido su presencia. Afirma que así ha sido desde muy niño y muy cerca. Solà la define como “esa mano protectora” junto a él. Pero nada más. Durante todo este tiempo solo una carta llegó a su buzón y que elcierredigital.com reproduce en exclusiva.

Se trata de una respuesta de la Casa Real a una misiva que Albert Solà envió en su día a Zarzuela y en la que comentaba el estado en el que se encontraba su madre adoptiva, muy anciana ya. La madre  de Albert Solà necesitaba ingresar en un geriátrico y había ciertas dificultades, entonces pidió ayuda a esa "mano protectora". 

Esta es la respuesta oficial a la carta enviada a la Casa de Su Majestad el Rey Juan Carlos I de Borbón:

Carta_Zarzuela_para_Albert_Sola_Jimenez

La carta enviada por la Casa del Rey.

Sobre este y otros asuntos elcierredigital.com  ha vuelto a hablar con Albert Solà Jiménez para conocer su opinión sobre todo el revuelo que se ha montado desde que comenzásemos a publicar su historia real.

¿Por qué recibió esta carta?

Me la enviaron como respuesta a una mía. Con ella hay un reconocimiento implícito porque en la mía yo me dirigía al Rey Emérito de hijo a padre. Yo siempre he estado muy agradecido, siempre he sentido su presencia a mi alrededor y le deseo lo mejor. La que firma es de María  Sáenz de Heredia, la número dos de Zarzuela en aquel momento.  (Número dos del Gabinete de Coordinación y Planificación de la Casa del Rey).

¿Albert, cómo se siente ahora?

Me siento aliviado. Creo que todo esto es ya lo definitivo. Quiero que todo termine bien. Yo no quiero dinero, lo he dicho siempre, tengo mi trabajo como camarero y estoy bien. No aspiro a tener ningún derecho en nada. La Corona tiene todo mi apoyo. No voy contra nadie y menos contra la Corona de España.

¿Qué desea a estas alturas de su vida?

Lo que todo hijo quiere, poder hablar con su padre. Poder encontrarme con él en privado en algún momento. Hablar con él, tener contacto con él. Lo que siempre he buscado, desde que supe que era un niño adoptado... Nadie tiene culpa de lo que pasó, pero ahora puedo recuperar algo.

Albert Solà Jiménez fue llevado a Ibiza al nacer y después a Barcelona hasta que fue adoptado por un matrimonio payés. 

Albert Solà  llevaba ya muchos años buscando su identidad cuando en 2001 recibió una de las confirmaciones más impactantes de su vida. El “Monarca”, como llaman a Albert amistosamente en su entorno, había demandado a la Maternidad de Barcelona. Y solo nueve meses después, el juez citó a Solá y a su abogada. Ambos se extrañaron pero acudieron.

El juez, en su despacho, delante de otros cinco testigos –la abogada, el procurador, una fiscal y otras dos personas más- le confirmó a Solà que su padre era Juan Carlos de Borbón y Borbón, entonces Rey de España. Se trataba del magistrado del Juzgado número 14 de  Familia de Barcelona.

“Fue un shock”, recuerda nuevamente Albert Solà. Él, que sigue trabajando como camarero en La Bisbal (Lleida), tenía sospechas desde muchos años atrás. Por eso había ido antes a la Maternidad de Barcelona para conocer sus orígenes.  Al solicitar su expediente, el director le dijo “no hay nada”. Pero Albert no había dejado su estable vida en México para recibir una respuesta tan poco “esclarecedora”.  Así que insistió, y el director de la Maternidad se puso  nervioso “y empezó a tartamudear”.

Le confirmó entonces que nada más nacer fue llevado a Ibiza con una familia y le descubrió sus apellidos originales, Bach Ramón, “los de mi madre biológica”.  Sobre su padre, el director de la Maternidad le dijo “es muy fuerte, está en la política y si no pasa nada, permanecerá ahí muchos años".

Una infancia dividida entre Barcelona, Ibiza y Lleida 

Albert Solà nació en Barcelona en 1956, en el seno de una familia de la alta burguesía catalana, en una de las zonas más ricas. “Mi madre tenía 18 años cuando yo nací y le quitaron a su hijo de los brazos. A los dos meses me llevaron a Ibiza y a ella a Suiza, durante dos años”.

En Ibiza fue cuidado por una pareja. Después, regresó a Barcelona, a la Maternidad, donde era visitado “por una señora muy alta y muy bien vestida que me daba besos y abrazaba”. Ya  con ocho años fue adoptado por un matrimonio humilde que vivía en  una masía de Sant Climent de Peralta. Los Solà Jiménez se convirtieron así en sus padres adoptivos. 

Albert Solà, en una foto reciente.

“En 1986 me fui a México. Y para poder casarme solicité mis datos a España y me enviaron una fe de bautismo distinta a la que yo tenía. Años después, en España, contraté a unos detectives privados. Un obispo les hizo comentarios sobre la familia Bach Ramón y les dijo a los detectives que intercalaran los apellidos. El 8 de agosto de 2000, tras una larga búsqueda aquí, quise regresar a México, pero un hombre me llamó por teléfono poco antes de coger el avión y me dijo que allí, en México, corría peligro. Perdí el dinero de los billetes y ya, por miedo, nunca volví. Llevo  por ello casi veinte años sin ver a mis hijas que están allí”.

Empezaba en ese momento un periplo costoso y duro en el que no ha cejado ni un momento. Albert Solà busca su identidad y el reconocimiento. Se busca a sí mismo a través de su supuesto padre. Y no descansará hasta lograrlo. Esta es solo un parte de su historia, que obra en poder de elcierredigital.com. 

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