17 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Ninguno de los progenitores ha tenido una intención conciliadora y ambos han arremetido judicial y extrajudicialmente contra el otro durante 20 años

Rocío Carrasco y Antonio David Flores: Todo sobre su divorcio dramático y la verdad que hay detrás

Rocío Carrasco y Antonio David Flores el día de su boda, el 31 de marzo de 1996.
Rocío Carrasco y Antonio David Flores el día de su boda, el 31 de marzo de 1996.
Está de actualidad el divorcio de Rocío Carrasco y Antonio David Flores y es importante que una separación tan mediática nos haga reflexionar pues, por desgracia, es un ejemplo de lo que no hay que hacer.

Todo empezó cuando Rocío y Antonio David decidieron compartir sus vidas hasta el punto de decidir contraer matrimonio idealizado. Eran muy jóvenes, pero su matrimonio se celebró por todo lo alto al ser Rocío la hija de los admirados Rocío Jurado y Pedro Carrasco.

La pareja se casó muy pronto y de hecho, en ese momento, Rocío ya estaba embarazada de su primera hija común, Rocío Flores. Los desencuentros fueron constantes y después del nacimiento de su segundo hijo, David Flores, terminaron la relación de una manera tormentosa.

Desde ese momento se fueron sucediendo un sinfín de enfrentamientos personales y judiciales a colación de sus relaciones matrimoniales y paternofiliales de las que se hicieron eco los medios de comunicación dada la repercusión de la pareja.

Por otra parte, las relaciones sentimentales posteriores al matrimonio de Antonio David y Rocío han dado mucho que hablar, a pesar de lo cual, ambos han mantenido relaciones estables que les han llevado a casarse de nuevo, de manera que Rocío Carrasco mantiene una relación estable con su actual marido, Fidel Albiac, y Antonio David con su actual mujer, Olga Moreno, con la que además ha llegado a tener una hija común, Lola.

Los novios rodeados de Rocío Jurado, Pedro Carrasco y José Ortega Cano. 

El matrimonio y familia de Antonio David y Rocío Carrasco lo tenía todo: Una situación económica privilegiada, apoyo familiar, salud, juventud, futuros prometedores… ¿Qué ha hecho que un matrimonio que aparentemente lo tenía tan fácil se complicara tanto llegando al drama? ¿Cómo puede ser que después ambos hayan mantenido la estabilidad con sus siguientes parejas, pero entre ellos la situación haya dado lugar a tanto conflicto?

Puede haber opiniones diversas, incompatibilidad de caracteres, inmadurez, falta de comunicación…, pero todas estas circunstancias darían lugar a una ruptura simplemente. ¿Qué ha sido lo que ha hecho que todo se vaya de las manos tan desproporcionadamente? Hay un sinfín de procesos civiles, como el divorcio, las medidas provisionales, la modificación de medidas, y otros penales como violencia de género, maltrato familiar… etc, etc.

Al parecer, en las próximas semanas sabremos la versión de los hechos de Rocío Carrasco que ha mantenido 20 años de silencio y ahora va a contar a toda España, previo pago, su verdad familiar.

Se van a suceder las opiniones al respecto y habrá grandes argumentos posicionados en favor o en contra de uno u otra, pero yo considero que ni unos son tan buenos ni otros son tan malos.

La verdad del divorcio de Rocío Carrasco y Antonio David

La verdad de la ruptura es que aparentemente ninguno de los progenitores ha tenido una intención conciliadora y ambos han arremetido judicial y extrajudicialmente contra el otro.

Rocío Carrasco con su segundo marido Fidel Albiac. 

Para entenderlo mejor, es como si ambos estuvieran estirando de una misma cuerda en sentido contrario para ganar al otro en cada aspecto y vínculo familiar. ¿Cuál es el problema?

Que de lo que estaban estirando en cada uno de los lados de la cuerda eran sus hijos: De su bienestar, de su estabilidad, de su derecho a valorar y relacionarse libremente con cada uno de sus progenitores y demás familiares sin influencia ni alienación del otro, en definitiva, su derecho a ser niños y criarse felices con igualdad y respecto con ambos progenitores.

Aparentemente parece entenderse que ganó el padre dicha contienda, pero realmente no ganó ninguno de ellos, los que perdieron fueron los niños, que teniéndolo todo, por no haber sabido gestionar sus relaciones familiares se han criado estos últimos años sin su madre con el correspondiente daño irreparable para todos los miembros de la familia, principalmente ellos.

  • No está justificado que el padre haya estirado de la cuerda hasta el punto de que los hijos se han criado sin madre.
  • Tampoco está justificado por parte de la madre que cuando existe tanta tensión y ambos están estirando de la cuerda, ella la suelte y se desentiende de ella.

Cuando ambos progenitores están tensando la cuerda es razonable que alguno de los dos ceda y destense un poco la cuerda pues los que están en medio son los hijos (si lo hubieran hecho los dos, hubiera dejado de haber conflicto) pero lo que no parece adecuado hacerse es soltarla del todo como hizo la madre, ni seguir estirando de ella sin miramiento alguno como hizo el padre.

Antonio David con su segunda mujer, Olga Moreno. 

Por parte de ninguno de los padres ha existido un intento de acercamiento, hubiera bastado con eso e ir de menos a más, pero ambos se han dejado llevar por el orgullo y no por el amor ni la responsabilidad de ser padres separados respetando al otro progenitor por encima de los propios prejuicios sentimentales fruto de la ruptura.

El éxito familiar de las familias separadas es el entendimiento de mutuo acuerdo con sentido común y en beneficio de los hijos. El enfrentamiento mediático, judicial y extrajudicial es un verdadero fracaso familiar para ambos, con independencia de los matices que puedan derivarse de esta situación concreta, de sus argumentos o de sus grandes logros o derrotas judiciales. Esto no es una pelea que tenga sentido, es una familia y, aunque en un divorcio dos personas se separan, no necesariamente se enfrentan.

En este caso, ambos se han roto mutuamente y han causado un perjuicio irreparable a sus hijos que han sido el muñeco de trapo del que ambos han estirado inconscientemente sometiendoles a tanta presión que han acabado en situaciones límite.

Todo se concibe como una situación de extremo dramatismo pero deberíamos reflexionar sobre cuál es el problema real, pues realmente no existe. De base, es una separación como tantas otras pero con una gestión radicalmente mala.

Un drama familiar pueden ser las enfermedades, la vulnerabilidad social, los problemas económicos que no permiten cubrir las necesidades familiares básicas. En el caso que tratamos no existe un problema real, el problema lo crean ambos progenitores al no ser capaces de poner de su parte y desarrollar su capacidad de entendimiento centrándose en potenciar su capacidad de enfrentamiento.

Ambos son responsables sin que se pueda pretenderse justificarlo de ninguna manera. Al conocerse el reportaje que la madre ha realizado y que será publicado semanalmente como si fuera una serie de entretenimiento, la situación lejos de amainarse se torna aún más controvertida.

Rocío Flores.

Ambos progenitores lo hacen mal pues están dejándose llevar por el rencor y sus prejuicios hacia la expareja en vez de anteponer el amor de sus hijos, con respeto al otro progenitor, pues por encima de cualesquiera opiniones, son el padre y madre de los hijos comunes, no siéndolo por azar sino por su propia decisión pasada.

Es triste que una madre que lleva años sin tener relación con sus hijos, en vez de tener una conversación privada con ellos y al menos un intento de acercamiento, vaya a contarle a toda España las intimidades de su vida familiar.

La misma tristeza genera que el padre, ante este reportaje televisivo, no haya optado por intentar acercar posturas en el ámbito privado, para que toda esta situación no se vaya aún más de las manos. Lejos de hacer eso, lo que ha llegado a decir es que emprenderá acciones legales contra la madre.

Los padres y madres deben de ser por encima de todo responsables, teniendo a sus hijos como prioridad. En este caso, ambos se están dejando llevar por el orgullo, que además rentabilizan, consiguiendo aumentar conflictos y alejar a los niños de la normalidad que merecen.

Es una absoluta irresponsabilidad por parte de ambos progenitores que ninguno de ellos haya sido capaz de tender la mano al otro permitiendo y creando un conflicto desmedido en el que ya ha dejado de tener sentido aquello que tanto les pudo ofender a ambos, lo único que les mueve son los prejuicios y los enfrentamientos. Todo sería más fácil si, directamente o por medio de abogados, familiares, amigos… etc, buscaran acercar posturas dejando a un lado el orgullo. Ese sería el mejor ejemplo a seguir pues nunca es tarde.

La cuestión ahora es que estos dramas familiares, creados por ellos mismos, van a ser objeto de horas y horas de tertulia y ojalá que la conclusión de ellas no se limite a decir quién tiene la culpa o quién lo ha hecho peor. Ojalá que al menos la conclusión sea que lo que ha hecho este matrimonio con sus hijos sea un ejemplo de lo que no hay que hacer.

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