23 de abril de 2021
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FIN DE SEMANA

La coalición se fundó el 29 de abril de 1986 en el despacho de la abogada Cristina Almeida y contó con siete formaciones entre ellos el PCE de Anguita

Treinta y cinco años de Izquierda Unida: Así sobrevivió al huracán del 'felipismo' antes de volver al Gobierno de España

Julio Anguita y Alberto Garzon.
Julio Anguita y Alberto Garzon.
La campaña contra la permanencia de España en la OTAN en 1986 fue aprovechada por el PCE para sumar fuerzas con otras siglas progresistas y alumbrar Izquierda Unida, que pronto sortearía las innumerables zancadillas socialistas y se convertiría en azote del 'felipismo'.

El republicanismo español está de enhorabuena porque este próximo 14 de abril celebrará el 90 aniversario de la instauración de la II República y el 29 de este mes será cuando Izquierda Unida cumpla 35 años. Parece lejos aquel día en el que PCE, PASOC, PCPE y FP y otras tres formaciones menos conocidas decidían unirse bajo las mismas siglas.

Cabe recordar que en 1986 el 'irresistible' Felipe González de los 202 escaños cerraba su primera legislatura sin competencia parlamentaria y con un órdago: El PSOE había decidido cambiar su 'no' contra la OTAN para promover la permanencia de España en esta alianza militar tutelada por los Estados Unidos.

Javier Krahe y Joaquín Sabina resumían así la pirueta felipista en una canción censurada por la gubernamental TVE: "Tú decir que si te votan. Tú sacarnos de la OTAN. Tú convencer mucha gente. Tú ganar gran elección. Ahora tú mandar nación. Ahora tú ser presidente (. . .) Hombre blanco habla con lengua de serpiente. Cuervo ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú".

A la izquierda del PSOE, "un abismo"

Felipe González soñaba con perpetuarse en el poder y su mano derecha, Alfonso Guerra, promovía la desaparición del partido hegemónico en la defensa de la democrática República española y durante el exilio: el Partido Comunista de España.

Todas estas siglas se unieron bajo la única de IU.

El PSOE salvó la permanencia española en la OTAN por un estrecho margen y el PCE, que en 1982 se había hundido hasta los tres escaños de la mano de Santiago Carrillo (que tuvo que dimitir e intentó seguir mandando en el partido de la mano de Gerardo Iglesias), al menos aprovechó la campaña del referéndum para aunar fuerzas en la izquierda.

Gerardo Iglesias, muy distanciado de Carrillo (que acabó expulsado del PCE y fundando un fallido partido que acabaría en las fauces del PSOE), promovió el alumbramiento de Izquierda Unida, que nacía de la mano del PCE y de varias escisiones de sus escisiones previas: El prosoviético PCPE, la Federación Progresista del histórico Ramón Tamames (que viraría hacia la extrema derecha) o un grupo de independientes liderados por Cristina Almeida.

A esta sopa de siglas se unirían Izquierda Republicana (sin ser siquiera la sombra de lo que fue en la II República con Manuel Azaña), los exsocialistas del PASOC de Alonso Puerta, el Partido Carlista (que pronto comprendería que su "Dios, Patria, Rey" no iba a tener demasiado encaje entre leninistas) o incluso un marginal Partido Humanista (que posteriormente se descubriría como una secta).

En las generales de 1986 IU logró siete escaños y el PCE respiró al sobrevivir a la campaña de Felipe González, que pretendía que a la izquierda del PSOE hubiera "un abismo". En ese abismo cayó Carrillo, que con su Mesa para la Unidad de los Comunistas no logró un solo escaño.

Julio Anguita contra el 'felipismo'

La 'cuadrilla de amigos' fundacional que fue IU adquiriría consistencia bajo el liderazgo del carismático Julio Anguita, que asumió las riendas comunistas tras haber demostrado su tirón en la alcaldía de Córdoba y en el Parlamento de Andalucía (con el exitoso proyecto Convocatoria por Andalucía, que fue el espejo en la que se miraba la primera Izquierda Unida).

Julio Anguita. Foto: TVE. 

Anguita disparó los números de IU y sorteó la metralla mediática que le llovía en plena caída del Bloque del Este gracias a su 'teoría de las dos orillas' y su "programa, programa, programa" con el que denunció la conservadurización de un PSOE que a través del Grupo Prisa y de un grupo de miembros de IU liderados por Cristina Almeida le intentaron commplicar su gestión.

El crimen de Estado y la corrupcion del PSOE dispararon a la IU de Anguita: 17 escaños en 1986, 18 en 1993 y 21 en 1996. Paradójicamente aquellas mejoras chocaban contra los ánimos de muchos militantes comunistas, que veían con temor lo que acabó sucediendo: que su crecimiento iba a ser aprovechado por el PP de José María Aznar para llegar a La Moncloa.

Y su llegada desanimó internamente a IU, que viviría una escisión hacia el PSOE con Almeida y Diego López-Garrido y despediría a su coordinador federal Julio Anguita, que viendo mal horizonte y somatizando en sus carnes la política a través de infartos, enfiló la puerta de salida.

Su adiós fue el de la influencia de IU durante tres lustros: El acercamiento de IU al PSOE con Paco Frutos y Gaspar Llamazares a punto estuvo de costarle la desaparición. El adiós de Zapatero (que se comió su espacio electoral con sus vanguardistas leyes sociales) y el 15M insuflaron algo de vida en la coalición, que revivió ligeramente de la mano de Cayo Lara.

Cayo Lara.

Lara, viendo que Podemos iba a conseguir lo que no consiguió Franco (que desapareciera el PCE), dejó su sitio a Alberto Garzón, que salvó a IU en las generales de 2015, promovió un pacto con Podemos en las de 2016 y desde hace cuatro años, ha hecho desaparecer la deuda de la coalición mientras se sentaba en el Consejo de Ministros tras ocho décadas de ausencia comunista. Porque fueron, son. Y porque son, serán, que diría Pablo Iglesias.

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