26 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

EL PSICÓLOGO JORGE LÓPEZ-VALLEJO ANALIZA PARA ELCIERREDIGITAL.COM los rasgos de este tipo de homicidas

Caso niñas de Tenerife: Los expertos advierten que en Tomás Gimeno la posesión por celos se unía al narcisismo

Tomás Gimeno.
Tomás Gimeno.
"Cuando la posesión por celos se une al narcisismo, maquiavelismo y psicopatía hay desgracias", asegura el psicólogo Jorge López-Vallejo. Estos perfiles, junto a la ruptura matrimonial, alinean rasgos tan extremos que pueden llegar a castigar a su expareja con lo que más quieren ambos, sus hijos. Todo apunta a que ha sido el caso de Tomás Gimeno, padre de Olivia y Anna. El psicólogo López-Vallejo analiza para elcierredigital.com el carácter de quienes asesinan a sus hijos.

Es necesario conseguir identificar el perfil psicológico de una persona que puede llegar a cometer un acto como este y que sin duda se volverá a repetir, porque son patrones de pensamiento y conducta que se han ido replicando a lo largo del tiempo. Castigo, venganza y posesión, así como disfrutar en exclusividad de su descendencia, se integran dentro un perfil psicológico que puede preveerse con un análisis, un peritaje psicosocial o con una autopsia psicológica.

Los movimientos por celos, la celopatía, son el indicador clave de que el riesgo existe. Y que se puede construir una mente perversa capaz de llegar al asesinato como objetivo final cuando el secuestro no es viable o cuando su intención no se consigue solo con apartar a los hijos del padre o de la madre.

A partir de aquí, y sin que sea previsible más que para los profesionales muy expertos y cualificados, llegan a convertirse en auténticos criminales y se pierden en el amplio espectro de la enfermedad mental. No tiene por qué haber un diagnóstico psiquiátrico y conviven día a día entre nosotros sin síntomas aparentes que no pueden anticiparnos que sean futuros asesinos, pero llegan a serlo. El consumo de drogas y alcohol acelera estos procesos mentales que podían estar latentes.

Estos rasgos, junto con antecedentes familiares de comportamiento de maltrato y que se deben analizar por equipos multiprofesionales adecuados compuestos por criminólogos, psicólogos, psiquiatras, educadores, trabajadores sociales y equipos especializados de investigación policial, nos ayudan a definir este perfil de riesgo y a identificar e incluso prevenir con una adaptada intervención psicosocial, psicológica y psiquiátrica.

Tomás Gimeno. 

Existen rasgos de comportamiento que no identifican los familiares o cercanos pero que tienen un fondo oscuro, con tendencias insensibles, egoístas y malévolas en sus relaciones. Para ellos todo está permitido y los demás solo existen para adorarlos. Son personas egoístas, con un sentido egocéntrico del derecho y con una autoimagen positiva, aunque poco realista si tenemos en cuenta la visión de aquellos que les rodean. Son “encantadores de serpientes”, al principio son muy queridos por los demás -sus comportamientos son agradables y atractivos-, pero con el paso del tiempo pueden llegar a ser muy peligrosos. Incluso, pueden dejar ver, sin querer, cuáles son sus verdaderas intenciones: conseguir más admiración y poder, o controlar y castigar al otro desde una posición superior.

Tienen gran capacidad de convicción consiguiendo engañar a los que tienen cerca, amigos y familia, no son nada escrupulosos con los medios y estrategias que tengan que poner en marcha para lograr sus objetivos, en este caso, castigar a su pareja y padre o madre de sus hijos incluso usando a las personas que tienen cerca y quieren.

El interés y preocupación de las personas narcisistas por los demás es cero a pesar de su gran teatralidad. De modo que no experimentan remordimientos y se muestran impasibles ante las necesidades y sentimientos de las personas que les rodean.

Su fin justifica cualquier medio, independientemente de las consecuencias que se puedan derivar. Suelen ser personas muy calculadoras y frías, destruyendo cualquier tipo de conexión emocional genuina con los demás, y que llegan a acabar con su propia vida, con un fin, el de propiedad y el de venganza y dolor eterno para su principal víctima, su pareja o expareja.

Se muestran tal y como son y prefieren ver las cosas con claridad porque de esa forma pueden manipular mejor. De hecho, se focalizan en las emociones de las personas que quieren manipular para conseguir así lo que se proponen. Si se anticipan a sus sentimientos, será más fácil elegir la mejor estrategia a poner en marcha.

Tomás Gimeno. 

Las emociones para ellos son tan desconcertantes que cuando sienten ansiedad no suelen saber diferenciar si se sienten tristes, cansados o simplemente mal. Sin embargo, suelen presentar una gran habilidad para saber lo que piensan los demás y engañar sin límites.

Son muy peligrosos porque consideran a los demás como objetos que pueden usar y tirar a su voluntad, casi nunca experimentan ansiedad, e incluso parecen ignorar lo que significa tener miedo. Y al no experimentar este miedo, son capaces de mantenerse serenos aun en situaciones emocionalmente intensas, peligrosas y aterradoras. Las consecuencias de sus actos no son algo que les importe demasiado.

El remordimiento y la vergüenza no existen para ellos. Solo en el caso del filicidio el remordimiento puede aparecer.

Cuando los celos se unen a estos rasgos, el resultado puede conducir al asesinato de la persona que les une, sus hijos, con el objetivo de posesión y venganza absoluta con la violencia, la tortura psicológica, actos de maltrato que toman la forma de la venganza, reivindicación, castigo, violencia, tortura, acciones que le permitan equilibrar la situación que sufren. Sin embargo, ningún acto será compensatorio ni conseguirán tranquilizarse, porque ningún acto tendrá la suficiente fuerza para nivelar una interpretación tan egocéntrica, maquiavélica y psicópata. Por ello sus actos se perpetrarán hasta el infinito, llegando al secuestro o la muerte de los hijos y después el suicidio.

La investigación nos dice que existe una correlación con los intentos frustrados o conseguidos de suicidio, el abuso de drogas o alcohol y la presencia de psicopatología. Los filicidios–suicidios generalmente son cometidos por hombres y mujeres, con una incidencia mayor en el caso de los varones con una edad media de entre 34 y 40 años de edad y casados, separados o divorciados.  En aproximadamente tres cuartas partes de los casos investigados, son padres o padrastros que atacan a sus víctimas en el hogar y en el contexto de problemas en la pareja, así como problemas de salud o estresores sociales también son habituales.

Los estudios de aquellos casos donde el suicidio del agresor ha resultado fallido –se conoce este hecho como filicidio–parasuicidio– se considera que la supervivencia del agresor es fruto de la casualidad. La persona que no se suicida y sobrevive voluntariamente, tiene marcados rasgos psicopáticos que le permiten mantener con frialdad la vida y la búsqueda de sus hijos e hijas.

Las víctimas menores, por su parte, en un 69,2% de los casos no superan los diez años de edad –con una media de entre 4 y 6,4 años.

Todos nos preguntamos cómo un padre o madre puede suicidarse tras matar a sus hijos. Con la ciencia y la investigación es difícil de explicar este acto tan cruel, hasta el 2017 no tenemos ningún estudio en España que pueda aclarar cualquier hipótesis. La persona que se suicida ya no puede respondernos a sus motivaciones, solo el que sobrevive al suicidio, el llamado parasuicidio, puede ayudarnos a conocer el desorden de su conducta, que no es muy fiable ya que existen muchas intervenciones, policiales y médicas, así como fármacos que adulteran la información final que nos daría el motivo por el que llegan a suicidarse.

Todos nos preguntamos, ¿por qué no se suicidan antes de matar a sus hijos? Hay diferentes teorías, pero una explicación puede ser porque no conseguirían su fin, castigar al otro, ya que con el suicidio previo, solo les darían libertad a sus parejas, no tendría sentido para estas mentes. Otra explicación es que se han superado todos los límites de la venganza, con el asesinato de sus hijos y que después de cometido el delito, son incapaces de soportarlo, el suicidio no estaba planeado, pero luego tiene lugar debido al remordimiento. En otro extremo está el miedo a las consecuencias que supera todos los rasgos, entrando en estadíos de cobardía donde la única solución es desaparecer. La persona, incapaz de dominar una situación percibida como insoportable, y convencida de que no existe salida, planea y ejecuta una auto-lesión fatal.

Finalmente como unidad, tanto el filicidio como el suicidio son planeados y ejecutados por el agresor con premeditación absoluta, caso en que con mucha probabilidad y atendiendo al perfil identificado previamente en Tomás, nos lleva a pesar que estamos ante ese escenario donde todo lo posible ha ocurrido.

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