05 de diciembre de 2022
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FIN DE SEMANA

José Mulero Vico cuenta a elcierredigital.com sus vivencias como pastor de esta congregación religiosa durante quince años antes de ser expulsado

La cara oscura de la Iglesia Adventista: "No te echan sin una previa campaña de acoso y desgaste de tu imagen pública"

El Cierre Digital en Iglesia adventista en Sevilla.
Iglesia adventista en Sevilla.
José Mulero Vico fue pastor de la Iglesia adventista durante quince años antes de ser expulsado. El antiguo feligrés ha contado a El Cierre Digital la situación de acoso y desgaste propiciada por la cúpula de la orden religiosa que le llevó a sufrir diversas enfermedades mentales e, incluso, perder a su familia. Años después del suceso y con una nueva vida, José relata lo vivido durante estos años.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día es de carácter cristiano-protestante y fue fundada en Estados Unidos en el año 1863. A España llegó en el año 1903 y cuenta con más de 50 iglesias a lo largo de todo el territorio. Sin embargo, en su página web, afirman ser más de 21.9 millones de miembros a lo largo del mundo. Unas cifras que expresan su aparente éxito, pero que también tienen sus sombras.

José Mulero Vico fue pastor de la Iglesia adventista durante quince años antes de vivir un proceso de “acoso y desgaste hasta la enfermedad” por parte de la cúpula, que le llevó a dejar su puesto en la organización eclesiástica. “Cuando te echan no te echan sin que primero, durante y después haya un periodo de acoso y de desgaste de tu imagen pública”, explica el antiguo pastor en una conversación con elcierredigital.com.

Desde elcierredigital.com ya informamos sobre la cara oscura de otra confesión religiosa, los Testigos de Jehová, que castigaban a aquellos que dejaban de ser miembros —a los que ellos llaman "apóstatas"— con lo que se denomina “muerte social”, es decir, prohibir a aquellos que siguen formando parte de la congregación hablar con aquellos que ya no lo son. Aunque en la Iglesia adventista el proceso no es exactamente igual, sí que guarda ciertas similitudes.

En la Iglesia adventista “no hay una doctrina o algo escrito sobre eso. Nadie entiende que deben hacerlo porque se les ha dado esa orden. Pero, evidentemente, si manchan tu imagen pública, el rechazo social se vuelve muy limitante”, relata José.

Enfermedades mentales causadas por la situación

Para José, los problemas con la orden religiosa a la que pertenecía desde los 15 años comenzaron en torno al año 2004 y se alargaron, aproximadamente, hasta el año 2008. “Entonces, algunas circunstancias llevaron a que tomaran una decisión muy equívoca acerca de mi continuidad”, explica el antiguo pastor.

“En esa etapa luchaba entre lo que creía que era digno y justo y lo que me estaban pidiendo o dejando de pedir. Durante ese tiempo, la verdad es que ahora guardo recuerdos muy entrecortados y poco conexos. Porque me abordó una enfermedad mental”, cuenta José a elcierredigital.com.

José Mulero.

Esta enfermedad, provocada por la situación vivida durante esos años con la Iglesia adventista, comenzó siendo una “fatiga mental”, por la que estuvo “seis meses sin poder leer, conducir, casi ni pensar”, que derivó en “una depresión mayor que ha durado al menos cuatro años”. José afirma que todos estos problemas mentales le han llevado a padecer el trastorno “borderline, un trastorno límite de la personalidad rayando la esquizofrenia”.

Acoso y desgaste de la Iglesia adventista

Debido a su enfermedad, José afirma no recordar todo lo que sucedió en aquellos años. “Sí que recuerdo, por ejemplo, que tomaron la decisión de dejarme sin trabajo y salario durante nueve meses. Como nosotros no cotizábamos —me refiero a los pastores— no teníamos derecho al desempleo, entonces necesité trabajar en otra cosa, porque tenía dos hijos preadolescentes y tenía, como en todas las casas, necesidad de comer, de vestir, de pagar… Y busqué trabajo”, relata el antiguo pastor.

Cuando encontró empleo, José transmitió lo que para él era una buena noticia a un “pastor ministerial” —que él define como “el primer encargado de la plantilla”— con el que guardaba una relación, en su opinión, “de amigos más allá de lo profesional”. “Me dijo, desde su punto de vista del ministerial: ‘José, acabas de meter la pata del todo’. Recuerdo muy bien sus palabras. Y le dije yo: ‘¿Y eso por qué?’. Y me dijo: ‘Hombre porque siendo pastor, buscar un trabajo secular así ya te desacredita’. A mí me acabó de hundir”, cuenta.

A esta situación, se une otra que José ha decidido compartir con elcierredigital.com. El antiguo pastor afirma que es escritor, por lo que una de sus aficiones es escribir. Una por la que la Iglesia adventista decidió juzgarle.

“Me llamaron al Consejo de Administración de la Unión Adventista Española, con 27 miembros, por tener dudas sobre mi integridad heterodoxa por las manifestaciones de mis libros y textos que escribía. Me juzgaron durante horas y acabé entendiendo que estaba haciendo el tonto, porque no les importaba la respuesta. Ellos simplemente querían oír lo que querían oír. Cuanto más respondía, más razones daba y más parecía que todo era coherente, más les molestaba precisamente por lo mismo. Y entonces, aunque las cosas hubieran discurrido de una manera, en las actas de aquel consejo todo se relataba de manera que no había ocurrido”, decreta José sobre esta situación.

Pérdida de familia y motivación por vivir

Al haber empezado a formar parte de la Iglesia adventista desde tan joven, José confiesa que la familia que tenía, “se había montado en torno a la ideología de la Iglesia, porque éramos lo que se denomina una familia pastoral”. Por ello, el hecho de tener problemas en lo laboral con la Iglesia repercutió gravemente a su situación familiar.

Logotipo de la Iglesia adventista.

A las presiones ejercidas por la cúpula se sumaba la enfermedad mental de José provocada por ellas. José explica a elcierredigital.com que “convivir con una persona en ese estado en medio familiar se hace muy difícil”. No quiere excusar a su esposa de por aquel entonces y a sus dos hijos, pero sí ponerse en su lugar. “No es que no me quisieran sino que me veían como un peligro a su lado. Así que mi esposa me pidió el divorcio. Desde entonces, la relación con ellos es cero”, afirma. “No porque yo quiera, sino porque vivo bajo la amenaza de que si los molesto me denunciarán por acoso”, completa.

Entre las situaciones que podrían molestar a su antigua familia, según comenta, se encontraría “mandarles un WhatsApp cuando cumplen años”. Una acción que realizó “durante muchos años hasta hace meses” y por la que recibió amenazas “más de una vez”.

La vida actual de José

La expulsión de la Iglesia adventista llevó a José a sentirse completamente solo. Tanto, que intentó suicidarse hasta en tres ocasiones. “Para mí la vida perdió sentido. No deseé sufrir como estaba sufriendo. Y deseé el descanso de la muerte. Llegué a atacar a la policía para que me pegaran un tiro. Estuve viviendo en una caja de cartón en la calle, porque había perdido la razón. No sabía ni dónde estaba, ni qué hacía”, confiesa José, que explica que salió de esa situación cuando la policía le “ingresó en un psiquiátrico una noche”. En ese momento, se dio cuenta de que necesitaba ayuda y se la pidió a su familia materna, que no formaba parte de la Iglesia adventista.

Unión Adventista.

Tras hacer frente a sus problemas mentales, José fue poco a poco recuperando su vida, lejos de la Iglesia adventista, con la que afirma no tener ningún tipo de relación en estos momentos. “Volví a conocer a una mujer, que estaba soltera, y después de una relación de noviazgo pues decidimos casarnos”, comenta. Según explica, esta decisión no fue del agrado de la Iglesia. Por aquel entonces, seguía siendo un feligrés, pero fue expulsado por volver a casarse.

Ahora, José es panadero y pastelero. Una profesión que dice que surge de todo lo que vivió, que le hizo sentir la necesidad “de trabajar con las manos. Ahí encontré mi desarrollo profesional después”. Sin embargo, José no ha abandonado su fe, que sigue practicando a un nivel más personal, dando “cursos de inteligencia espiritual” y “otras cosas relacionadas con el mundo de la fe, pero no con las confesiones religiosas”.

Contando sus vivencias, José se muestra libre y sin arrepentimientos, pero sin intención de “denostar a la iglesia adventista y que nadie se acerque”. Por ello, apuntilla que este tipo de situaciones no están “por naturaleza unidas a la condición religiosa. Están unidas a un cierto modo de ser humano”.

“Cuando ese tipo de ser humano, reduccionista en su mente, impositivo en su carácter, se mete en cualquier grupo de seres humanos del estilo que sea, genera un ambiente semejante a ellos. Y si ellos tienen el poder de dirigir, entonces transforman la organización que sea en una secta muy mala. Es esa gente la que debería ser perseguida por la ley, porque están en delito continuo. Los peligrosos son esas personas que tienen esas mentalidades sectarias y reduccionistas. Los que no deberían estar, son ellos”, concluye.

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