08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Después de disparar la primera flecha a su padre lo remató con otras dos más para que "dejara de sufrir", luego se entregó a la Policía

Andrés Rabadán: El asesino de la ballesta que se convirtió en dibujante de comics en la cárcel

El asesino de la ballesta durante su arresto.
El asesino de la ballesta durante su arresto.
Se trata de uno de los asesinos más mediáticos de España, a pesar de solo tener una víctima en su haber su presencia en los medios y su evolución como artista han conseguido perpetuar su presencia en la cultura popular, incluso consiguiendo que la editorial Norma publicara el comic que él mismo asesino había escrito en la cárcel con tan solo un bolígrafo. Le retiraron la medicación y le otorgaron la libertad en 2011, desde entonces ha sido una figura más en el mundo del arte español.

Andrés Rabadán pasó a la historia de la criminología en España por ser uno de los asesinos más mediáticos que ha visto el país. A pesar de tener solo una víctima en su haber, su padre, Rabadán es uno de los ejemplos de como puede desarrollarse una enfermedad mental en una persona con tendencias violentas.

A diferencia de otros asesinos en España que alegaron trastornos mentales, Rabadán fue declarado inimputable debido a su condición y desde los centros psiquiátricos donde fue encerrado escribió y dibujó tan solo con un bolígrafo negro su propio comic relatando su historia y sus pensamientos, así como también el episodio donde asesinó a su padre con una ballesta.

Andrés Rabadán.

La cultura popular aun lo recuerda, entre las industrias interesadas en su caso se encuentra la cinematografía, que decidió adaptar su historia en una película llamada “Las dos vidas de Andrés Rabadán”, una forma además de adaptar el comic que este mismo dibujó y que fue publicado por la editorial Norma.

Vida y juventud

Su infancia tiene un componente trágico, su madre se suicidó colgándose del techo en 1982, cuando el joven Andrés tenía tan solo nueve años, desde pequeño supo el significado de las acciones de su madre y mientras sus hermanos intentaban convencerlo de que “mamá se había ido al cielo” el siempre respondía tajantemente que no, que su madre “se había colgado”.

Así transcurrieron sus primeros años de juventud, como muchos otros asesinos Andrés era un muchacho solitario que no gustaba de la compañía. Era tranquilo, callado y reservado, pero en su cabeza sucedían un montón de cosas.

Fotograma de la película "Las dos vidas de Andrés Rabadán".

Sus hermanos eran mayores, por lo que no vivían en casa mientras Rabadán se desarrollaba. Vivía solo con su padre, era todo lo que tenía. Durante estos años crecía dentro de él una profunda misantropía que lo llevaría un mes antes del asesinato de su padre a descarrilar un tren de Renfe, tras su éxito lo hizo dos veces más. En aquella época vivía en Sant Genís de Palafolls, en Barcelona y se encontraba cursando COU. Tenía 20 años.

El asesino de la ballesta

Como regalo de reyes Rabadán había obtenido una ballesta marca Starfire, un tipo de regalo así en un muchacho aislado y con inclinación a la misantropía no debería haber sido considerada una buena idea, pero era otra época y en realidad, Andrés nunca había cometido ninguna locura. Los que desconocían la autoría de su crimen en el tren de Renfe dirían que era un buen chico.

El 6 de febrero Andrés discutió con su padre, Marcial. Había terminado de comer y el joven se encaminó a su habitación. Este episodio se encuentra dibujado por el mismísimo Andrés, quien se dibujó a sí mismo como un personaje lúgubre con el arma en las manos, el bocadillo de pensamiento que debería mostrar las palabras que pasaban por su cabeza solo contiene dibujos sin sentido y un montón de galimatías. El joven veinteañero no sabía que estaba haciendo. Al parecer oía voces en su cabeza. Marcial Rabadán recibió tres disparos de la ballesta en su cabeza.

Con tan solo un bolígrafo Andrés narró el asesinato en un comic.

Después de darse cuenta de que la primera flecha había atravesado la cabeza de su padre, Andrés disparó las otras dos, esas más consciente de que no había vuelta atrás y sus acciones no tenían arreglo, así que decidió rematarlo "para que no sufriera".

Rabadán entonces tuvo el último detalle con su padre, sacó una de las flechas, colocó una almohada en el rostro de su padre y lo abrazó durante 15 minutos, después se fue en su ciclomotor hasta la comisaría Palafolls para entregarse. Llevó a la policía hasta su casa hasta y esperaron hasta que llegó la Guardia Civil.

La hermana mayor de Andrés confesó que una de las razones por las que se marchó fue por la actitud de su padre. Según Mari Carmen Rabadán vivir con Marcial Rabadán era “un calvario”. Para Andrés lo era aún más, puesto que su padre lo obligaba a trabajar en cosas que su hijo no disfrutaba, cuando éste llegaba a casa por la noche se ponía a estudiar, ya que sus metas eran distintas a las de su padre.

“Yo me fui porque no lo soportaba más. Y lo dejé sólo con Andrés, que para mí era como un hijo porque, cuando mi madre murió, yo me hice cargo de él. Sé que mi hermano hizo algo terrible. Pero es mi hermano y le quiero. Para mí es inocente. Era un crío desquiciado y harto, que de los 8 a los 18 años sólo sufrió. Yo sólo quiero que salga de la cárcel y que le dejen ser la persona que no ha podido ser. Ha cambiado mucho en la cárcel. Ha pasado de estar abatido y deprimido a estar fuerte y bien. Sinceramente, lo admiro. Es muy inteligente”, confesó la mujer.

Vida en confinamiento del asesino de la ballesta

Andrés fue diagnosticado con esquizofrenia delirante paranoide, por lo que no pudo ser imputado por el delito y a cambio fue sometido a una medida privativa de libertad en el ala psiquiátrica de la prisión de Quatre Camins, donde se supone que permanecería encerrado 20 años, pero estuvo más que tiempo que ese.

Durante sus años encerrado ha hecho progresos, disfruta de la lectura y del dibujo, aunque solo dispone de un bolígrafo para ello puesto que no le permiten tener pinturas. Sus hábitos en cuanto a la lectura son muy exigentes, a pesar de estar encerrado no le gusta perder el tiempo, “cuando un libro no me engancha en las primeras 50 páginas lo dejo”, confesó a los entrevistadores en 2008.

Andrés junto a su ex esposa Carmen Mont el día de su boda.

A pesar de su trastorno, le retiraron la medicación a petición de él mismo. La enfermera que le atendió no vio peligro en hacerlo. “Pasé años medicado, pero llegó un momento en que no quería tomar más pastillas y le pedí por favor a una de las psiquiatras que me atendía en la terapia que dejara de medicarme. Fue una mujer muy buena conmigo y me ayudó. Con ella empecé a curarme”, explicó el asesino.

Un dato interesante es que el propio Andrés comenta que el sexo fue para el una parte más de su terapia y camino a la recuperación. Fue precisamente en el ala de psiquiatría de la cárcel donde conoció a la que se convertiría en su esposa, Carmen Mont. Se casaron en 2003, pero antes de ella confiesa haber tenido otros encuentros furtivos. Junto a Mont tuvo un hijo, pero terminaron su relación poco después.

Algunos médicos se preguntaban en 2008 por qué Andrés no había salido de la cárcel aún, según ellos no representaba un peligro para la sociedad y parecía estar curado de su trastorno, no obstante, estos argumentos se vieron contrastados cuando protagonizó tres intentos de fuga, que le valieron otros tres años de prisión, y un intento de suicidio. Ya en 2011 obtuvo los primeros permisos, bajo control familiar, para poder salir de prisión. Desde entonces se ha dedicado a la pintura, ha hecho exposiciones, e incluso ha protagonizado guiones cinematográficos.

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