21 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

El Tribunal galo impone una multa de medio millón de euros y condena a los tres socios de esta empresa de trabajo temporal a cuatro años de prisión

Escándalo de los temporeros: La Justicia francesa condena a la empresa murciana Terra Fecundis por fraude laboral

Temporeros en Francia.
Temporeros en Francia.
La Justicia francesa ha condenado al pago de una sanción de 100.000 euros y a una pena de prisión de cuatro años a los tres directivos de la empresa murciana de trabajo temporal Terra Fecundis. La ETT ha sido acusada de desplazar de forma irregular al país galo a miles de trabajadores, así como de haber defraudado millones de euros en cotizaciones sociales y de vulnerar el derecho laboral, ya ha anunciado que recurrirá la sentencia.

La Justicia francesa ha condenado a la empresa murciana de trabajo temporal Terra Fecundis, ahora Work for All,  acusada de fraude millonario. En concreto, el tribunal de la ciudad de Marsella impone una pena de cuatro años de prisión y a una multa de 100.000 euros a los tres directivos de la firma que se sentaron en el banquillo. Estos son Juan José López Pacheco, su hermano Francisco López Pacheco y Celedonio Manuel Perea Coll. Dictamina, además, la inhabilitación de la sociedad en el país galo -que quedará suspendida hasta que haya sentencia firme- así como una sanción de 500.000 euros.

Por su parte, a la empresa Terra Bus, encargada de los traslados de los temporeros, se le impone a una multa de 200.000 euros y la prohibición permanente para ejercer el transporte de personas; y a Anne Pérez, Julie Mariotti y Wilson Enrique Sánchez Mera, como cómplices, multas que abarcan entre los 5.000 y los 40.000 euros y penas de prisión entre los 18 meses y los dos años, así como la prohibición permanente de dirigir o realizar actividades laborales temporales. 

Temporeros en Francia. 

Las penas, aunque contundentes, se encuentran, no obstante, bastante alejadas de las peticiones iniciales de la Fiscalía francesa, que pretendía la disolución de la sociedad y sancionarla con 115 millones de euros incluidos los recargos por desplazar de forma irregular a este país a miles de trabajadores. Para los socios fundadores solicitaba una pena de 21 años de prisión.

Bajo sospecha desde el año 2011

En el año 2011, la compañía ya estuvo en el punto de mira de los sindicatos y de la inspección del trabajo. De hecho, una investigación llevada a cabo por la Oficina Central de Lucha contra el Trabajo Ilegal (OCLTI) señaló la existencia en el campo de jornadas de trabajo de 14 horas y de alojamientos calificados por los propios trabajadores de “cárceles”, así como el deceso de un trabajador ecuatoriano a quien se le había prohibido beber y que murió de un golpe de calor en una granja de Maillane.

Como explican desde CODETRAS, un colectivo de defensa de los derechos de los trabajadores extranjeros en el sector de la agricultura, “el empleo temporal y la intermediación de las ETT permiten a los agricultores tener una mano de obra supernumeraria y, por lo tanto, flexible, ya que puede ser despedida en cualquier momento. La mayoría desconoce sus derechos y no habla francés. Es común, entonces, que no les paguen sus horas extras, que la vivienda que les asignen sea indigna y que sean acosados tanto moralmente como sexualmente.”

Trabajadores en condiciones infrahumanas

Irma, temporera de la fruta que trabajó para la empresa murciana en Francia, relata la experiencia vivida como “una odisea”.

La extrabajadora explica que encontró trabajo en Terra Fecundis gracias a un contacto que le recomendó esta empresa para trabajar como temporera en el país galo. De acuerdo con su testimonio, el proceso de selección fue muy rápido y, antes de salir de España, ella y el resto de temporeros que iban a viajar a Francia fueron sometidos por la empresa a toda una serie pruebas médicas, además de a una prueba de detección de la COVID-19: “Aquí lo hacen bien, te hacen las pruebas, te toman la tensión, te miran la vista… todo bien”, explica a elcierredigital.com.

Imagen cedida por la extrabajadora de Terra Fecundis de la finca donde presuntamente se alojaban los trabajadores.

No obstante, aclara que cuando exigía ver las condiciones de su contrato, sus empleadores, los “corredores”, como dice que se hacían llamar, le contestaban con “evasivas”. Según su versión de los hechos, fue cuando llegaron a la finca donde iban a trabajar, ya en tierra gala, cuando se les proporcionó el contrato. Una vez allí, habría sido enviada junto a sus compañeros a una especie de residencia, que describe así: “No había ni una sombra, había una cocina grande comunitaria, pero todo era asqueroso, lleno de mosquitos y basura”.

En cualquier caso, la extrabajadora sostiene que no pudo entrar en un primer momento puesto que, presuntamente, el "corredor" que debía instalar a los nuevos trabajadores “tenía que sacar a diez chicas para que nosotros pudiéramos entrar en las habitaciones”. “En ese momento, supe que quería salir de allí”, añade.

Imagen cedida por la extrabajadora de Terra Fecundis de la finca donde presuntamente se alojaban los trabajadores.

A partir de aquí, según explica a elcierredigital.com, comenzaron sus esfuerzos para tratar de volver a España, algo que habría conseguido no con la ayuda de sus compañeros trabajadores, de quienes dice que “parecían tener miedo”, sino gracias a la colaboración de una profesora de castellano que pertenecía, según nos dice, "al colectivo de defensa de los trabajadores/as extranjeros/as en la agricultura, CODETRAS", por sus siglas en francés. Esta organización habría agilizado los trámites para conseguirle el billete de avión con el que pudo finalmente volver a nuestro país.

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