18 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

La finca Las Quesadillas de Bretón, la casa donde murió Marta del Castillo y el chalet de Pioz no encuentran comprador aunque rebajen su precio

Las casas de los horrores que nadie quiere comprar

Las finca Las Quemadillas, que es de los padre de Bretón.
Las finca Las Quemadillas, que es de los padre de Bretón.
Sus fachadas han salido en la televisión muchas veces, su interior se ha fotografíado por parte de la policía para rellenar sumarios con las imágenes donde se asesinó a una persona inocente. Son las casas donde nadie quiere vivir por mucho que rebajen sus precios. Quienes las compran al final acaban siendo inversores extranjeros y compradores de fuera de las ciudades que no conocen la historia de los inmuebles en los que invierten.

Son casas malditas, donde se han cometido los asesinatos más atroces de la historia de la Criminología española. Sus propietarios las quieren vender desde hace años, pero por mucho que rebajan sus precios no se deshacen de ellas.

Las casas en las que vivía Asunta Basterra en Galicia, el chalé de los crímenes de Pioz en Guadalajara o Las Quemadillas, donde José Bretón quemó a sus dos hijos son algunas de las propiedades que varias inmobiliarias intentan vender sin éxito.

En España se comenten casi 300 homicidios al año. Tras el trágico suceso, algunas familias intentan vender las viviendas, escenario de estos crímenes, pero por mucho que se rebajen los precios es imposible, al menos los primeros años y con asesinatos mediáticos.

El chalet de Pioz

Por ejemplo, el chalet donde Patrick Nogueira mató y descuartizó a sus tíos y sus primos, en Pioz, provincia de Guadalajara en 2016. La propiedad tiene en total de 140 metros cuadrados construidos y más de 500 de parcela. Tiene dos plantas, con cuatro dormitorios y dos baños. Los dueños pedían 127.000 euros, muy por debajo de los precios de la urbanización.

La Ley española no obliga a informar al posible comprador de los antecedentes trágicos de la propiedad, pero con Internet y las televisiones es muy fácil localizar estas propiedades malditas. En el caso del chalé número 594 de la calle del Sauce, en Pioz, sólo hubo una pareja interesada en hacerse con él en 2017, pero cuando se enteraron desistieron.

El chalet de Pioz, en Guadalajara.

La casa de la calle León 13, de Sevilla, donde fue asesinada Marta del Castillo tampoco se puede vender. La familia Carcaño dejó de pagar la hipoteca y se la quedó un banco, que lo vende, pero nadie se ha interesado de momento por ella.

Rosario Porto, juzgada y condenada por el asesinato de Asunta Basterra puso a laventa la finca donde murió Asunta, 9.000 metros cuadrados al precio de casi un millón de euros, aunque al año tuvieron que rebajar el precio a la mitad, pero nadie se interesó por la propiedad. La abogada gallega sigue sin encontrar comprador para sus propiedades inmobiliarias, seis años después del asesinato de su hija Asunta, ocurrido el 21 de septiembre de 2013. Tanto Rosario como su exmarido, el periodista Alfonso Basterra, cumplen condena de 18 años en las cárceldes de A Lama (Pontevedra) y Teixeiro (La Coruña), respectivamente.

Según la sentencia, Asunta, de doce años, murió asfixiada en esta casona ubicada en la parroquia de Montouto, Teo. La casa, heredada de los padres de Porto, cuenta con 400 metros de superficie construioda y está asentada sobre una finca de diez mil metros cuadrados, dotada con numerosos elementos extras como la piscina y una cancha de tenis. Rosario Porto tampoco logra vender el apartamento que heredó en Vilanova de Arousa, donde la niña solía pasar varias semanas durante las vacaciones.

La finca de Rosario Porto se vendía por 900.000 euros.

La finca de Las Quemadillas en Córdoba. Lugar en el que José Bretón asesinó y quemó a sus hijos se vende por 180.000 euros, pero tampoco nadie quiere comprarla.  La titular de la misma es la madre de Bretón, después del fallecimiento de su marido, en 2013 salió a la venta por 500.000 euros, pero se ha ido depreciando.

La finca tiene una superficie de 6.000 metros cuadrados, la mayor parte de los cuales están dedicados a agricultura y el resto a un inmueble con un salón y varias habitaciones.

A la larga estas propiedades encuentran compradores extranjeros o personas que buscan en las reformas y las reestructuraciones borrar las truculentas historias que encierran las paredes de estas viviendas

 

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