19 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El letrado cuenta con una biografía polémica marcada por los procesos que ha defendido, sus negocios y su pasado ultraderechista

Varapalo judicial para Javier Saavedra, el abogado de las estrellas: El Supremo lo inhabilita dos años y medio

Javier Saavedra.
Javier Saavedra.
Javier Saavedra, el conocido como abogado de las estrellas, ha sido condenado a no poder ejercer su oficio durante 30 meses así como ha pagar una indemnización de multa de 3.240 euros o lo que es lo mismo, 6 euros diarios durante 18 meses que, de no abonarse, tendría que cumplir con un día de prisión por cada dos cuotas incumplidas. Esto se remonta a los pleitos que el abogado interponía en nombre de Javier Rigau. Este es, por ahora, el último capitulo de una vida polémica.

Javier Saavedra, el abogado de las estrellas, ha sido condenado por considerar probado que estafó a uno de sus clientes, el empresario Javier Rigau, y desatendió su labor profesional, de acuerdo con el fallo 125/129 que tiene fecha de 12 de marzo de 2019.

La sentencia es definitiva y lleva como consecuencia la inhabilitación que le impedirá ejercer la abogacía durante los próximos 30 meses; a lo que se suman 6 meses de prisión que posiblemente queden en suspenso si no tiene antecedentes penales. La sentencia también contempla una multa de 3.240 euros o lo que es lo mismo, 6 euros diarios durante 18 meses que, de no abonarse, tendría que cumplir con un día de prisión por cada dos cuotas incumplidas.

El tribunal ha estado formado por los magistrados Miguel Colmenero Menéndez de Luarca, Vicente Magro Servet, Susana Polo García, Eduardo de Porres Ortiz de Urbina y Pablo Llarena Conde, este último como ponente.

Los hechos probados recogen que el empresario Rigau decidió contratar al abogado para la defensa de su honor después de que algunos medios de comunicación lo tacharan de “mentiroso, gigoló y delincuente” cuando en octubre de 2006 se anunció que mantenía una relación sentimental con la actriz Gina Lollobrigida e iba a casarse con ella.

Javier Rigau. 

Durante 2007 y 2008, Saavedra interpuso en nombre de Rigau sucesivas demandas contra diversos medios por vulneración del derecho al honor y reclamando cantidades de entre 200.000 y 300.000 euros, pero “desatendiendo” su labor profesional en algunos procedimientos, según la sentencia.

Una biografía polémica

Nació el 17 de marzo de 1948 en Madrid y llegó a la Universidad Complutense en los 60 para estudiar Derecho. En las entonces revolucionarias aulas, se introdujo como miembro de Defensa Universitaria, un grupo de la ultraderecha franquista afín a organizaciones como Acción Universitaria Nacional y Joven Europa que se estructuró a partir de 1968 en un partido, Fuerza Nueva, y una vanguardia armada, los Guerrilleros de Cristo Rey.

A pesar de comenzar la carrera de Derecho en 1966 no se colegió hasta 25 años más tarde como abogado de Madrid. Fue en 1991 y con el número 46.196. Su vida universitaria está plagada de anécdotas y leyendas poco favorables. Según cuentan sus compañeros, “era fanfarrón, muy pijo y le gustaba siempre estar metido en temas políticos a favor de Franco”. Su currículo universitario no es brillante.

Tras desaparecer de escena con la llegada de la democracia, y después de casarse por primera vez y tener descendientes, Saavedra vuelve a la pomada introduciéndose en los ochenta en el Partido Liberal de Antonio Garrigues Walker, formando parte de su comisión ejecutiva y participando en el partido de Fraga Reforma Democrática. Pero su empujón definitivo lo dio al conocer a su segunda esposa, la psicóloga y profesora de la Universidad Complutense María Teresa Rodríguez-Pomatta Moya, una niña bien de la capital, relacionada con las mejores familias y prima del presidente de la Mutua Madrileña, José María Rodríguez-Pomatta. Ésta le introduce en los cenáculos madrileños y lo presenta en sociedad. Así conoce a Ana García Obregón, que sería el germen de sus negocios de famoseo.

Junto a Teresa Rodríguez-Pomatta y su hermano, José Manuel Saavedra, montó a comienzos de los noventa su bufete en el 12 de la calle Concha Espina de Madrid, frente al Santiago Bernabéu. Allí creó una red de sociedades de muy diversos y encontrados sectores. Ha figurado en 21 empresas. Entre ellas, Estudio Jurídico y Económico Concha Espina 12, SL; Recursos Marítimos de Galicia, SA; las inmobiliarias Jardines de Benahavis y Eschia; la comercializadora de muebles de oficina C2D Ibérica; la informática Software 16 Desarrollo SL; y una gestora de centros sanitarios, Prevemedic.

Ana Obregón y Javier Saavedra. 

A comienzos de los noventa se centró en la construcción de campos de golf y creó varias sociedades en Madrid y A Coruña, entre ellas Promociones y Construcciones del Golf 2. Para ello buscó capital entre los famosos. Uno de ellos, que se convirtió en su socio, es el televisivo Matías Prats. Saavedra quería, con sus buenos contactos, hacer un campo de golf y una urbanización en Villanueva del Pardillo (Madrid). La operación finalmente no se realizó y sus socios se disgustaron por su incumplimiento. Al mismo tiempo se produjo un atraco en su domicilio, con supuesta desaparición de dinero y secuestro momentáneo de su suegra, Begoña Moya. El caso llegó a la Audiencia Provincial de Madrid. Como acusados, un ex colaborador del letrado y un confidente policial cubano. Ambos fueron absueltos. La Sección 16 de la Audiencia dedujo testimonio contra Saavedra por denuncia falsa y falsos testigos. El caso se archivó. Este y otros avatares llevarían a su ruptura matrimonial con la psicóloga Rodríguez-Pomatta en 1999.

Algunas de las sociedades donde figura Saavedra han sufrido embargos de organismos públicos, por ejemplo, por impago de impuestos a los ayuntamientos de Madrid, Alcobendas y Marbella y a la Diputación Provincial de Málaga. El abogado ha sufrido también el embargo de su despacho: durante el pleito que mantuvo con su ex mujer, una comisión judicial se presentó en Concha Espina para ello. Y también le embargó los muebles de su bufete un procurador al que debía sus emolumentos.

Un pasado peligroso

La sentencia que ahora le inhabilita no es su primer encontronazo serio con la justicia. Al mediodía del 28 de noviembre de 2005, el inmigrante búlgaro Valeri Ivanov Golakov acudió a la Comisaría de Policía del barrio madrileño de Tetuán. Quien se presentó como el chófer y mayordomo de Javier Saavedra venía harto de su jefe, amargado por la promesa incumplida de un contrato y un alta en la Seguridad Social, y dispuesto a contar que se estaba urdiendo una agresión contra una abogada. La denuncia lleva el número de atestado 20.720. En ella, Valeri Ivanov, que trabajó para Saavedra entre 2002 y junio de 2005, relata que “en septiembre de 2004, una abogada que trabajaba para el denunciado, llamada Ana Belén Limia, abandonó el Despacho (tras cinco años) y se fue a trabajar con una cliente del Sr. Saavedra llamada Purificación Martín Aguilera, conocida popularmente como Norma Duval, que también canceló los servicios jurídicos del denunciado”. El texto de la denuncia continúa contando que “ante esta situación el denunciado [Javier Saavedra] solicitó al denunciante [Valeri Ivanov] que contratara los servicios de dos búlgaros para pegar una paliza a la citada Ana Belén con el fin de asustarla y que dejara de trabajar con Norma Duval, así también serviría de mensaje a Norma Duval y José Frade [su pareja] para que tuvieran que poner a su cargo guardaespaldas que les protegiesen…”.

Según contó Ivanov ante los policías, Saavedra iba contra su ex empleada porque ella conocía los asuntos que Norma había encargado a su bufete, y quería impedir que le pusiera una demanda de 180.000 euros.

Ivanov refirió en la misma denuncia que había sido maltratado de palabra muchas veces por Saavedra, pero no sólo la frustración le movía a hablar; también el miedo. Según lo que el chófer del abogado de los famosos rubricó en la denuncia, “desde que dejó de trabajar para el Sr. Saavedra a mediados del mes de junio de este año [2005] comenzaron las amenazas por teléfono, repitiéndole constantemente que era el abogado de la Mafia, que tenía contactos en el Ministerio de Exteriores, que le iba a hacer la vida imposible y que iba a utilizar a sus contactos para evitar que le dieran los papeles de residencia y que le expulsaran de España”. Incluso Ivanov finalizaba su denuncia solicitando a la autoridad judicial (“dado el miedo”) cobertura como testigo protegido.

El caso llegó al Juzgado de Instrucción número 5 de Madrid, que abrió las diligencias previas 9249/2005 y llamó a declarar a Valeri Ivanov. En ellas, el asistente búlgaro manifestó que “vivía en el despacho profesional [de Saavedra] en la calle Concha Espina [de Madrid], durmiendo allí, pero por la mañana se iba a La Moraleja [donde reside el letrado Saavedra] a trabajar y volvía por la noche al despacho a dormir”.

Finalmente, el juzgado archivó la denuncia, pero, paralelamente, Angustias Serrano, actual compañera de Saavedra, denunció a su antiguo chófer acusándole de hurtarle un frigorífico y un vehículo Jaguar. Y la criada búlgara del matrimonio Saavedra, Croleta Darome, también inició otro procedimiento contra su compatriota por injurias y amenazas, del que éste fue absuelto tanto por el Juzgado de Instrucción número 6 de Alcobendas como por la Audiencia Provincial de Madrid.

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