09 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

En 1991 se casó por lo civil con Camilo José Cela, en 1998 por la iglesia y fue portada de la prensa rosa hasta la muerte del escritor en 2002

Así se construyó la figura de Marina Castaño: de chica sin estudios a Marquesa de Iria Flavia junto al Premio Nobel

Marina Castaño, en el entierro de Camilo José Cela.
Marina Castaño, en el entierro de Camilo José Cela.
Tras acompañar a Camilo José Cela a la entrega del Premio Nobel en Estocolmo, Marina se hizo imprescindible para el escritor gallego y se unió con él en matrimonio. Durante esos años ambos se convirtieron en personajes populares y perseguidos por la prensa. Marina explotó económicamente al ser la esposa del Nobel de Literatura. El escritor falleció en 2002, cuatro años después de haber revalidado su matrimonio por el rito eclesiástico. Marina se convirtió en viuda y en millonaria.

Marina logró en muy poco tiempo, escasos meses después de conocerle, algo inaudito para el escrito gallego y Premio Nobel de Literatura: ponerle a régimen alimentario. “Conseguí que fuese a una clínica en Marbella, a Incosol… Allí estuvo veinte días”. De este modo Cela adelgazó 31 kilos y la Costa del Sol se convirtió desde entonces en lugar favorito de la nueva pareja en sus periodos vacacionales. Allí, incluso, hicieron piña con la familia Gil y Gil, acudiendo a los innumerables y horteras ágapes que organizaba el ex alcalde marbellí.

Dicen los amigos de Cela, entre los que se encuentra el biólogo Francisco García Marquina y el editor de periódicos mallorquín Pedro Serra, que éste siempre les aseguraba que de la única mujer de la que se enamoró de verdad fue de Marina. Afirman también que fue un hombre de muchas mujeres, pero que, desde febrero de 1991, cuando su relación con la locutora quedó ya inmortalizada, no se le conocen nuevos avatares románticos.

Dicen sus amigos que Cela, ya avejentado y barrigudo, se convirtió en un anciano preso del amor por una señora muchísimo más joven que él. Cuando se conocieron ella tan sólo tenía 27 años y él casi 68. Marina, una mujer menuda o menuda mujer, lo cautivó. “Los grandes hombres siempre han necesitado sangre joven a su lado para seguir ellos siendo jóvenes”, llegó a decir la locutora. Esta diferencia de más de cuarenta años no interfirió en absoluto en los proyectos de Marina: “Camilo decía que somos inevitables y yo añado imprescindibles (…) lo de la edad es un topicazo; entre nosotros, el joven era él”. Para ella, su vida antes de encontrarse con el Nobel era fabulosa, aspecto éste en nada parecido con la cruda realidad: “Yo vivía divinamente antes de irme a vivir con Camilo José. Tenía dos casas, un coche, un trabajo magnífico y estaba muy bien considerada. Y, todo, todo lo he dejado por él. Me he convertido en su niñera, y es un placer”. Naturalmente, es difícil imaginar el amor entre dos personas con cuarenta años de diferencia en los términos de una pasión juvenil. Y ella misma lo reconocía al expresar que «ahora gozo de un equilibrio emocional que no siempre he tenido. Es algo parecido a la felicidad».           


Marina con su amiga Ana Botella. 

Quizá por el afán de fortalecer este equilibrio la locutora daba un nuevo paso de gigante en su relación con el escritor. El 10 de marzo de 1991 la pareja se casaba por lo civil, en régimen de separación de bienes. Marina había conseguido el divorcio el mes anterior y Cela en diciembre de 1990. El enlace tuvo lugar en la más estricta intimidad en la finca que el escritor posee en Guadalajara. Una heredad conocida por el nombre de “El Espinar”, que cuenta con un edificio de tipo inglés de unos 450 metros cuadrados repleto de libros y cuadros, y que fue comprada a los herederos de un rico conde. La finca está situada en la orilla derecha del río Henares, entre la capital y el municipio de Fontanar. Fue una boda sin fotógrafos, en un domingo apacible, con sol y nubes. Parecía tratarse de una película americana.

Allí, a mediodía, acudió la jueza titular de instrucción nº 3 de la capital alcarreña, Ofelia Ruiz Pontones, como también la secretaria del juzgado, Concepción Alvariño. Actuaban de testigos su hermano, José Luis Cela Trulock, el único miembro de la familia del escritor presente, y Carmen Balcells Segelá, la agente literaria del Nobel. Por parte de la novia se encontraban su hija Laura y su madre, Mari Luz López de Castaño. El traje de la novia era de Chanel, nada espectacular, en dos piezas (chaqueta y falda corta), todo en blanco y con ribetes bordados. Lo había estrenado varios días antes para acudir al programa de su íntima amiga, la periodista Nieves Herrero, en Antena 3. El escritor vestía un traje gris marengo a rayas, camisa blanca y corbata en tono rosado.

Entre los selectos invitados escogidos para el acto se encontraba el entonces ministro de Justicia y luego Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, quien había hecho todas las gestiones privadas y oportunas para que la jueza guardara total discreción antes del evento. También se encontraba el ya fallecido ex presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza y su entonces compañera sentimental Jeaninne Giraud. También estaban el abogado de Cela, Fernando Castedo; el doctor José Luis Barros; el pintor Jesús Campoamor; el escultor Otero Besteiro; el periodista Pablo Sebastián; el presidente del PP de Guadalajara, Francisco Tomey; el biólogo y escritor Francisco García Marquina y Carmen García Moreno. Todos ellos degustaron, tras una ceremonia muy breve, de apenas tres minutos, un singular cóctel compuesto por tortillas, empanadas, rellenos, chuletas y pasteles, regados con vino y champagne, que duró hasta el anochecer. Antes de su marcha, Marina Castaño mostró a los invitados las obras que se estaban llevando a cabo en la hacienda para mejorar su habitabilidad y espectacularidad.

Dicen que la madre de Marina quiso hacer un gran negocio con la boda de su hija. Que quiso vender la exclusiva del “sí quiero” y que para eso llevó a la ceremonia una cámara fotográfica autofocus que le fue retirada por el propio Camilo José Cela al grito de “yo no vivo de esto”. El escritor se anticipaba a las malas intenciones de su suegra, también, mucho más joven que él. La pareja había preparado todo con sigilo y prudencia. Y nada podía romper lo establecido (aunque alguna fotografía luego sí saliera publicada). La boda era desconocida hasta por los propios allegados al escritor, que en un número inferior a los cincuenta fueron convocados al mediodía del 10 de marzo en la finca de Guadalajara, dicen que sin saber bien el por qué, otros creídos que era el cumpleaños de Marina.

De hecho, el único hijo de Cela no llegó a saber nada del enlace hasta horas después de producirse: “Me enteré por la radio. Yo suponía que mi padre tenía intenciones de volver a casarse por el interés que tenía en obtener tan rápido el divorcio... A esas alturas, ¿para qué quiere una persona el divorcio si no es para celebrar una segunda boda?... Pero no tenía ni idea de que podría ser tan pronto”, llegó a afirmar Camilo José Cela Conde después del enlace.

Boda por la iglesia antes de quedarse viuda

El matrimonio religioso de Camilo y Marina se produciría mucho más tarde. Fue el 29 de junio de 1998, también en su casa, pero esta vez en la urbanización madrileña de Puerta de Hierro, en un chalé que la pareja había adquirido un año antes. Ambos habían conseguido su nulidad matrimonial eclesial gracias a sus buenos contactos con el clero. Marina lo había hecho a comienzos de 1998 y el Nobel, poco antes, en julio de 1997.

“Los dos queríamos vivir con nuestras creencias, de modo que por eso deseamos casarnos por la Iglesia”, dixit. Sin embargo, el hecho de que el Nobel alcanzara la nulidad de su matrimonio mediante artilugios muy poco claros levantó polémica y disgustó mucho a Rosario Conde, quien ya no se lo perdonaría de por vida: “Yo me preguntaba quién es el arzobispo de Valencia para quitarme una cosa que me dio Dios”.


Novela de Marina Castaño. 

El enlace fue oficiado por el sacerdote y catedrático de Derecho Canónigo José Salazar Abrisqueta, previa licencia del arzobispo de Madrid, el cardenal gallego Antonio María Rouco Varela. Actuaron de padrinos Laura, la hija de Marina Castaño, y Federico Trillo, entonces presidente del Congreso de los Diputados. Sus amigos afirman que cuando acabó la ceremonia, el escritor le dijo a su padrino, el ex ministro del PP: “Ahora sí que estoy en paz con Dios… porque también conviene tener los papeles en regla con él”.

A la boda asistieron setenta y un invitados. La ceremonia que comenzó a las 20. 15 de la tarde tuvo lugar en el pabellón de la casa y el banquete en el jardín a base de canapés, montados de solomillo, tartaletas de foie, etc, todo ello regado con champagne francés. Un detalle, no hubo tarta nupcial. Entre los invitados estaban el también ministro del PP, Francisco Álvarez Cascos, y su entonces mujer, Gemma Ruiz; el ex presidente del Senado, José Federico de Carvajal, y su mujer, Elena Boyra; el humorista Antonio Mingote; el naviero gallego y ex presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, Fernando Fernández Tapias Fefe, y la que fuera luego su mujer, Nuria González; y tres de los hermanos de Cela, José Luis, Ana y Maria Ramona (Maruxa); así como Nina Trulock, prima hermana de Cela, y la madre y la hermana de la novia. Ésta llevaba un vestido largo blanco y lila y una corona de flores.

Marina Castaño intentó varias veces quedarse embarazada de Cela e, incluso, creyó estarlo al comienzo de la relación durante dos meses, tras dos faltas consecutivas en el periodo menstrual. Pero su gozo cayó en un pozo. No obstante, las fuertes creencias religiosas, de las que dice hacer gala Marina Castaño, también han llevado a la locutora a afirmar públicamente, y con rotundidad, frases como esta: “tener un hijo homosexual me rompería los esquemas, para mí sería terrible. He llevado siempre una vida del todo convencional”.  Para después afirmar: “Un ser humano sale de la unión de un hombre y una mujer, al margen de las clonaciones y fecundaciones artificiales. Lo demás me parece que es ir contra natura (…) Además, hay muchas parejas de heterosexuales que no pueden tener hijos por problemas de esterilidad. Creo que deberían tener preferencia sobre las parejas homosexuales. Naturalmente que un niño estará mejor en una familia, aunque sea homosexual, que, en un orfanato, sin cariño ni afecto. Soy madre y considero que un hijo debe tener un referente masculino y otro femenino”.

En esta faceta convencional, Marina ocupaba su tiempo acompañando allá donde fuera al escritor, al que llamaba “mi chico”, y colaborando, gracias a ser quien era, con distintos medios de comunicación, como el diario ABC (su columna se llamaba Vuelo sin motor), Onda Cero (A toda radio), Tele 5 (Día a día) y más tarde en la revista Hola  y en Telemadrid.

Cela fallecería en una clínica de Madrid el 17 de enero de 2002  a consecuencia de una insuficiencia cardiaca. Antes de fallecer, según relató el director de la clínica, el doctor Pedro Guillén, le dijo al oído: “cuida de Marina, parece frágil pero no lo es. Cuídala, porque esta criatura se lo merece”. Tras la muerte del Premio Nobel, Marina comenzaba una nueva vida, pero con su economía resuelta.

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