14 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Esta semana han sido juzgados cuatro acusados por matar a un drogopedendiente, trocearlo, quemarlo y tamizar sus cenizas para que desapareciera

El crimen de Rivas Vaciamadrid: Paco el Loco, sus cómplices, las drogas y el delito como modo de vida

Algunos de los acusados por el crimen de Rivas.
Algunos de los acusados por el crimen de Rivas.
La Perito Judicial Eva Milla Molina, especialista en trastornos psiquiátricos, explica en este reportaje el crimen de Rivas juzgado esta semana y los perfiles de los acusados, que asesinaron, troceraron y mataron a un drogodependiente. Milla dice que los acusados son "españoles viviendo alrededor del delito desde hace mucho tiempo, vecinos y cómplices de un modo de vida disocial". A la cabeza, Paco el Loco, nuestro particular "señor Lobo" ibérico.

Robos, extorsiones, usurpación de identidad, armas encontradas en sus domicilios, incluso los apodos los describen, Paco “el loco” que aquejado de trastorno metal según ha referido en el juicio, tiene problemas con las drogas pero se defiende afirmando que no participó del asesinato. Sin embargo, todos los dedos lo apuntan como la persona contratada para deshacerse del cadáver del drogodependiente asesinado.

Las drogas vuelven a ser partícipes de nuevo en las vidas de los implicados en el homicidio de un hombre joven de 28 años, en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid. Son el presunto autor del homicidio, juzgado pero sin sentencia todavía, y otras tres personas, dos hombres, uno que compartía casa con el  que presuntamente se reparten las tareas de vigilancia, traslado y desaparición del cadáver hasta una finca en El Pardo.

Así lo explicó el comandante de la Guardia Civil Julio César Martin en una rueda de prensa en la que se han detallado los pormenores de la 'Operación Piul', que acabó con la detención de estos cuatro españoles.

Uno de ellos fue el autor material del homicidio, Javier Ceballos Zapata, de 34 años, y el resto, encubridores de lo sucedido. Estos últimos tienes edades comprendidas entre los 38 y los 44 años. El autor del crimen usurpó durante un año y medio la identidad de una persona que reside en el Reino Unido y por eso no pudo ser detenido antes.

La persona que se encargó de hacer desaparecer el cuerpo del fallecido es un delincuente habitual conocido llamado Paco "el Loco", Francisco Gomara-López Camacho, con numerosos antecedentes a sus espaldas de amenazas, extorsiones, lesiones, hurtos, allanamiento de morada y otros delitos violentos. Es lo más parecido al "señor Lobo" de la película Pulp Fiction. Junto a él, una mujer que realizaba tareas de vigilancia.

Paco el Loco conducido por la Guardia Civil.

Estos tres hombres y la mujer comparten un solo código de honor, el suyo, y un presunto objetivo, cubrirse entre ellos con el fin de hacer desaparecer un cadáver, quemado y tamizado para no dejar huellas. Pistolas, ballestas y catanas intervenidas a modo de arsenal en el piso de Paco el Loco, en la calle López de Hoyos de Madrid, nos arrojan un escenario de delincuencia inducida. Se denomina así al delito derivado directamente de la droga o de los trapicheos que rodean el consumo. Paco el Loco cobraba tres mil euros por este trabajo y otros, como dar palizas por encargo. En este caso, se llevó el cadáver hasta una finca de El Pardo, lo troceó, roció con gasoil y lo, literalmente, volatilizó.

Paco el Loco, en la vorágine del consumo de tóxicos, tenía todoas la posibilidades de mundo de involucrarse en actividades delictivas, fundamentalmente actos violentos. Los cuatro personajes viviendo inmersos en la delincuencia funcional cometiendo delitos para sacar dinero y comprar droga o produciendo delitos relacionados con el tránsito de drogas y su comercio. Bajo la almohada, El Loco guardaba un revólver del calibre 45, del ejército estadounidense.

Además de vidas, el consumo de drogas ilegales cuesta mucho dinero al estado y por ende a la sociedad. No todos los delincuentes son consumidores de tóxicos ni todos los individuos que se drogan son actores de delitos, pero se plantea de manera general que la droga es la ventana que se abre previa a la condición de delincuencia inducida pues al ser sustancias ilegales incrementa su coste haciendo difícil su adquisición.

Probablemente alguno de estos cuatro hombres, e incluso la víctima, coautores o encubridores del homicidio son susceptibles de convivir con la delincuencia en función de su dependencia de sustancias psicoactivas que inducen a comportamientos compulsivos que dominan sus mentes para evitar el trastorno de abstinencia. El dependiente es capaz de realizar cualquier actividad sin parar a mirar o detenerse en lo ilícito de su actuación con tal de abastecerse física o económicamente del producto que se desea. Seguramente cuatro personalidades anuladas o débiles que pierden el control de su conducta manifestando una clara incapacidad para comprender el valor de sus actos y sus terribles consecuencias.

Alardeaba del crimen

El autor confeso alardea de ello después en discotecas tal y como han relatado testigos en el juicio, seguramente con el interés de dejar claro lo mala persona que puede llegar a ser y zafarse así de algún lio que tuviera donde se sintiera amenazado. Cuando el autor de un homicidio o un asesinato no es una persona psicópata, alardear del hecho demuestra su sentido de impunidad que probablemente venga siendo alimentado por la no consecuencia penal de ninguno de sus actos delictivos cometidos con anterioridad al presente juicio.

No existe meticulosidad ni afán de perfección en el modo de resolver el escenario de este crimen por lo que a pesar de pintar la casa hasta en dos ocasiones, un perro especializado encuentra sin dificultad restos biológicos y sangre en atuendos, objetos y varios habitáculos de la casa. Parece ponerse extremo interés en la desaparición del cadáver porque seguramente se pretendía que sin cadáver no hubiera delito, pero los indicios de criminalidad son aplastantes y la sangre encontrada en múltiples efectos, así como los papeles relativos al delito dejan poco espacio para las dudas, espacio que llenan los hallazgos del perro adiestrado que encuentra si dificultad muestras que posteriormente fueron analizadas aportando datos de sumo interés para el proceso.

Un asesino confeso y cuatro presuntos encubridores que niegan sus delitos. Personas que viven delinquiendo, que viven marginales, que muestran impulsos y actitudes chulescas durante el juicio, que niegan la mayor, no hubo descuartizamiento ni incineración y un autor que alega que se cometió el asesinato en defensa propia y bajo los efectos de mucha droga.

La patología dual servida en bandeja. Trastornos mentales mezclados con drogas y psicoactivos mezclados con pastillas farmacológicas de tratamiento. Tres años y cuatro meses de prisión pide el fiscal para el autor material de los hechos. Parece una broma que escucha la madre del muerto, víctima a su vez de una justicia absurda donde matar a alguien cuesta menos prisión que robar en una farmacia medicinas para un hijo, o que un adolescente pinte un grafiti en una pared olvidada.

Dos años y tres meses para los encubridores que de probarse que lo fueron no pasarán en la cárcel más de cuatro meses y que en reducción de la pena y sin tener antecedentes casi no entrarán en prisión, una broma para la pobre madre que anda como alma en pena rogando a sus verdugos que le devuelvan las cenizas de su hijo muerto. Arsenales en domicilios, drogas y fanfarronadas que desde hace años son el escenario social de un crimen que aun imprevisible no resulta sorprendente, pues en determinados ambientes lo más común es que se produzca un drama.

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