23 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Los clientes retenidos en la sucursal bancaria de la capital sueca confesaron después confiar más en sus captores que en la propia policía

Se cumplen 48 años del asalto al Banco que dio luego nombre al 'Síndrome de Estocolmo': La historia de este atraco

Los trabajadores del banco en el sótano junto a su secuestrador
Los trabajadores del banco en el sótano junto a su secuestrador
Hoy hace 48 años que tenía lugar en la plaza Norrmalmstorg de Estocolmo el asalto a un Kreditbanken. Un delincuente experto en este tipo de robos entraba en la sucursal con la intención de llevarse el dinero. Dentro del banco se encontraban cuatro rehenes. Uno de ellos, Kristin Ehnmark se comportó de una manera tan extraña que años después su comportamiento fue considerado un síndrome. Su llamada al primer ministro afirmando que confiaba más en los ladrones que en la policía fue histórico.

El 23 de agosto de 1973 Jan-Erik Olsson, un delincuente que acababa de escaparse de la cárcel, entró en el Kreditbanken de la plaza de Norrmalmstorg de Estocolmo para hacerse con el dinero. El asaltante tenía mucha experiencia desactivando cajas de seguridad y el uso de explosivos. Entró en el banco disparando varios tiros al aire. Dentro de la sucursal se encontraban cuatro personas que se convirtieron en sus rehenes. Tres de ellos, al oír los disparos, se tiraron al suelo detrás del escritorio, más tarde el ladrón les pediría que se levantaran con la amenaza de la pistola.

Con la llegada de la policía a la puerta del banco el robo estaba completamente frustrado. No obstante, Olsson tenía la intención de salir del país para evitar volver a prisión, de donde había escapado hacía poco tiempo. Así que decidió utilizar a los rehenes para negociar sus peticiones: dinero, un coche que facilitara la salida y la puesta en libertad de un amigo suyo, Clark Olofsson, al que debían llevar al banco. Este delincuente estaba en la cárcel al vinculársele con el asesinato de un policía.

La policía y los medios de comunicación a las puertas del banco de Norrmalmstorg

La negociación fue aceptada y Olofsson entró en el banco para estar con su amigo. También les dieron el dinero y el coche con la gasolina suficiente para poder salir del país. Sin embargo, en las conversaciones con la policía, Olsson había solicitado llevarse a algún rehén consigo. Esta petición fue denegada de forma tajante por el cuerpo policial. La negativa provocó el enfado del delincuente que se encerró en la bóveda del banco junto a su amigo y los rehenes. Un policía que había entrado sin ser visto al banco los atrapó en ese lugar.

Al verse sin salida, Olsson quiso demostrar que iba en serio. Así, a uno de los rehenes le colocó una bomba en un pie y a otro le quería disparar en la pierna. Fue en ese momento cuando una de las rehenes comenzó a comportarse de manera extraña. Si bien el resto de personas que estaban encerradas con los delincuentes intentaban frenar sus intenciones, Kristin Ehnmark llegó a afirmar que no era tan importante pues se trataba únicamente de esa parte del cuerpo.

Su empatía hacia los delincuentes no terminó ahí. Se le ocurrió la idea de llamar al primer ministro sueco Olof Palme para convencerle de que dejara salir a los dos asaltantes. En su conversación hablaba bien de los ladrones y afirmaba confiar en ellos más que en los policías que estaban al otro lado. El primer ministro negó la petición y solicitó la entrega de las armas, y la joven sueca contestó a Palme diciéndole que no lo harían. En una frase borrada de la conversación, el ministro le dijo a Kristin que quizás ella tenía que morir.

Uno de los delincuentes detenido por la policía sueca

Seis días después la policía tomó el banco, y con las armas preparadas pidió a los rehenes que salieran primero. Estos se negaron porque estaban protegidos por los secuestradores. Finalmente, salieron en primer lugar los delincuentes quienes antes de ser detenidos se despidieron de los rehenes. Cuando Kristin salió del banco, mostró su enfado total con la policía. La manera de actuar de esta joven fue incomprendida durante muchos años.

Síndrome de Estocolmo

Uno de los negociadores de la policía, especialista en psiquiatría,  achacó el comportamiento de la joven a un síndrome que llamó Norrmalmstorg, como la plaza donde se situaba el banco asaltado.  intentó explicar el funcionamiento psiquiátrico de la joven. No obstante, años más tarde adoptaría el nombre de la ciudad, denominándose finalmente como el síndrome de Estocolmo.

El síndrome de Estocolmo es un mecanismo de defensa inconsciente del secuestrado que ha de salvaguardarse de las posibles agresiones del secuestrador y de sufrir un shock emocional por la situación que está viviendo. No hace nada sin consultárselo al criminal porque es quien le da la vida en ese momento. No tiene la posibilidad de comer, hablar o ir al baño sin pedir permiso. De esta manera, la víctima pasa a depender completamente del delincuente, lo que le lleva a ponerse de su parte.

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