07 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Trabajó en el centro de menores de Espluges de Llobregat, pero lo despidieron por empatizar con los niños, algo prohibido para los trabajadores

José Antonio Requena, exguarda de seguridad en un centro tutelado: "Los niños se peleaban con cuchillos"

EL exguarda de seguridad.
EL exguarda de seguridad.
En la lucha por una mejora de los centros de menores tutelados elcierredigital.com ofrece hoy el testimonio de una persona que trabajó en un centro, en concreto en Barcelona, como vigilante de seguridad, del que fue despedido, según ha relatado, tras empatizar con los niños internos, algo que tienen prohibido quienes prestan servicio en estos centros de menores tutelados.

José Antonio Requena fue guardia de seguridad en el centro de menores tutelados de la localidad barcelonesa de Esplugues de Llobregat, donde tuvo una de las experiencias que le marcarían. “Yo he trabajado allí y no quieren que nosotros empaticemos, hablemos con ellos ni les cojamos cariño”. Dice hoy el exguardia de seguridad, quien tiene muy buenos recuerdos de la experiencia como vigilante en ese centro tutelado de menores.

Sin embargo, la situación de estos niños en esto centros no es ideal. "Les alimentan con lo justo y la dieta es desequilibrada, la ropa muy básica y no reciben ningún tipo de atención psicológica para evaluar su bienestar emocional y mental. Para mantenerlos manejables les suministraban fármacos", recuerda Requena. A pesar de todo esto la situación en ocasiones se descontrolaba y los casos de violencia entre los menores eran habituales. “Los niños eran violentos, pero yo creo que era por la medicación, eran más violentos de lo normal, les aumentaba la agresividad, incluso se peleaban con cuchillos"”, comenta Juan Antonio Requena.

José Antonio Requena.

En muchas ocasiones los menores no tienen información sobre lo que ha ocurrido con sus padres y "nadie tiene interés en aclararlo. Muchos están confundidos y no saben que hacer, algunos escapan en busca de sus padres como consecuencia del secretismo con el que se les trata", añade el exguarda de seguridad.

Los encargados de vigilar a los menores, como Juan Antonio, estaban autorizados a usar la fuerza física necesaria para reducir a los niños, a quienes también se les castigaba. Pero estas medidas no surtían ningún efecto en los menores, muchos se saltaban las clases, sus notas eran pobres y las tutorías que podían recibir eran escasas.

"Los menores carecían de cualquier tipo de incentivo para estudiar y los altos cargos del centro no hacían nada al respecto, cumplimentaban las funciones que estipulaban sus contratos, sin involucrarse de manera real con ninguno de los niños", cuenta Requena.

El exvigilante de seguridad.

Muy a menudo los empleados son despedidos de este centro  de Barcelona y esto suele ocurrir cuando estos comienzan a empatizar con los internos. Muchos niños buscan modelos a seguir en aquellos que les prestan mayor atención y Juan Antonio pasó por una de estas experiencias: “Tuve una experiencia con un niño muy especial que se llamaba Mohammed. Era un niño que tenía displasia de cadera no tenía ningún seguimiento médico porque la criatura se quejaba mucho. Escupía las pastillas porque quería yo lo adoptara”, recuerda.

Los niños de este centro son tutelados por varias razones, pero la más común son por circunstancias económicas. Para José Antonio los procedimientos son arbitrarios y la calidad de vida de los niños no cambia ni mejora en absoluto al separarlos de sus padres.

Una vez que los menores alcanzan la mayoría de edad son libres para hacer lo que deseen, pero según la experiencia de José Antonio, la gran mayoría acaban llevando una vida dominada por la violencia y la delincuencia o durmiendo en la calle.

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