17 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

Ahora tendría 77 años y la última vez que la vieron iba caminando por una carretera de la provincia de Cáceres que va desde Mesas a Ibor

Sin noticias de la extremeña Rosalía Cáceres desaparecida hace tres años: "No hemos hallado ni sus pertenencias"

El Cierre Digital en Rosalía Cáceres Gómez, desaparecida desde el 25 de mayo.
Rosalía Cáceres Gómez, desaparecida desde el 25 de mayo.
Se cumplen tres años de la desaparición de la extremeña Rosalía Cáceres Gómez. Lo último que se supo de ella era que regresaba a su casa, situada en la localidad de Bohonal de Ibor, de donde había salido para dar su paseo. Su hijo Enrique fue la última persona con la que tuvo comunicación y gracias a él se conocen los pasos dados por Rosalía. Hoy Elcierredigital.com habla con Salvador, yerno de Rosalía y portavoz de la familia.

Se cumplen tres años desde que la extremeña Rosalía Cáceres Gómez desapareciera en extrañas circunstancias en la localidad cacereña de Bohonal de Ibor. La vecina había salido a dar un paseo y ya no se supo más de ella. 

Cuando desapareció el 25 de mayo de 2020 se dispuso un gran dispositivo formado por coches, helicópteros, drones, perros, buceadores y escaladores; con decenas de agentes de la Guardia Civil; con voluntarios de Protección Civil, DYA y Cruz Roja; y con centenares de vecinos de su pueblo, que buscaron por  todos los alrededores de Bohonal de Ibor con la esperanza de encontrar a Rosalía. Ahora, tres años más tarde, sigue sin haber noticias. “Hace por lo menos un año y medio o dos que no vemos movimiento, las batidas ya no se ven por el pueblo”, explica a elcierredigital.com Salvador Serrano, yerno de Rosalía y portavoz de la familia.

“Si ella en teoría se perdió en una zona ubicada más o menos en el lugar donde desapareció y además no hay posibilidad de salida porque está limitado por el río, el  pantano y el pueblo, porqué no insisten en buscar en la zona. No lo entendemos", añade Salvador. 

Avances en el caso

A Rosalía la vieron por última vez cuando iba caminando por la carretera que va a Mesas de Ibor. Esa mañana, la extremeña habló varias veces por teléfono con su hijo Enrique, que vive en Madrid. La costumbre que ella tenía era salir a andar sobre las ocho de la mañana y regresar en torno a las diez. Solía hacer una ruta de lo más convencional, la misma que otros vecinos, y que en su caso incluía mojarse los pies en una zona cercana al pantano de Valdecañas donde la orilla parece una playa.

Esta recreación de los hechos se conoce gracias al testimonio de su hijo, a quien le confirmó que estaba dando una vuelta y, en otra llamada que le realizó, que estaba mojándose los pies en el lugar de siempre. 

Sin embargo, tal y como nos ha explicado el portavoz de la familia a Elcierredigital.com no ha habido ningún avance en el caso. "No hay absolutamente nada, el hecho de que digamos que desapareció en esa zona es porque siempre paseaba en esa zona, y porque la última ubicación de su teléfono móvil, donde la Guardia Civil determinó que se hizo la última llamada es esa zona, por lo cual estamos dentro de la zona donde creemos que se perdió. Y por eso creemos que fue allí y no en otro sitio", comenta Salvador Serrano.

Qué le pudo pasar

Rosalía habló con su hijo previamente a la desaparición. Su hijo Enrique le dijo que se quedara allí que su prima iba a ir a buscarla pero ella le insistió que no hacia falta porque ella regresaba sola a casa.

Uno de los operativos de búsqueda de Rosalía.

En este punto Rosalía decidió colgarle el teléfono ya que se encontraba subiendo una cuesta y el cansancio no le permitía poder mantener la comunicación. Enrique la volvió a llamar y Rosalía le dijo el motivo que le había conducido a acabar con la llamada. Todo esto sucedió hasta las 13.55 horas.

Desde ese momento, su teléfono se encontró apagado o fuera de cobertura. La última señal la captaron las antenas del Cancho El librillo, y ahí se centraron las primeras batidas para buscar la extremeña. “No sabemos qué le pudo pasar. El hecho de que no se haya encontrado absolutamente nada de sus pertenencias y el hecho de que la tierra no se traga a nadie, nos hace pensar o que está en un lugar tan oculta que es imposible encontrar ni sus gafas, ni unas zapatillas, ni ninguna prenda, o bien que salió de esa zona o que la sacaron de esa zona”.

El tiempo corre en su contra

Ahora, después de tres años, la familia sigue sin descansar. “La familia está igual que al principio o peor que al principio, porque el paso del tiempo afecta negativamente, no somos capaces de olvidar y es como si fuera ayer, el  tiempo se ha detenido. Además, a la pena y a la tristeza se le añade la frustración, la frustración de no saber qué ha pasado, la desesperación. Por eso, para nosotros el tiempo corre en nuestra contra”, explica el portavoz de la familia a Elcierredigital.com.

Una familia que mantiene el contacto con otras familias en la misma situación. "Nos hemos dado cuenta de que aunque estadísticamente hay muchas familias donde desaparece algún miembro, realmente no son tantas las que no se resuelven. Como somos pocos, parece que no podemos hacer la fuerza suficiente”, explica Salvador Serrano.

El portavoz de la familia lanza un mensaje a la sociedad. "Primero necesitamos concienciar a la sociedad del drama tan grande que se padece con las desapariciones". Y denuncia que "no es posible que hacer desaparecer los cuerpos no esté penalizado. ¿Cómo se mide la angustia que sentimos? ¿Cómo se mide lo que pasamos las familias? Debería estar penado también deshacerse de los cuerpos, y pedir que las familias descansen”, defiende. 

“Por otro lado habría que dar más libertad de movimiento a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para que los casos de desapariciones puedan investigarlos más libremente, sin necesidad de tanta burocracia”, sugiere el portavoz. 

Rosalía, en buen estado de salud

La desaparecida se trasladó al municipio de Bohonal de Ibor antes de que el Gobierno decretara el primer Estado de Alarma, el 14 de marzo, para poder afrontar mejor el confinamiento. Ella solía pasar la mayor parte del año en su residencia de Madrid.

Una de las batidas realizadas en el estanque.

Nadie de su familia la dejó durante el confinamiento. Sus hijos la llamaban a diario. Estaban muy pendiente de ella”, aclara el portavoz de la familia.

Rosalía, de 74 años, vivía sola pues era viuda. Su marido fue conductor de autobuses. Fruto de ese matrimonio nacieron sus cuatro hijas y un hijo. Enrique, con el que mantuvo contacto hasta el momento de su desaparición.

La extremeña se encontraba en buen estado físico y mental. Sin más problemas de salud que los achaques propios de la edad. Era buena vecina, sin enemigos conocidos, en absoluto conflictiva. Nadie sabe qué pudo pasar con Rosalía y estos datos hacen que su caso sea poco habitual.

Comenzaron los primeros operativos de búsqueda

“Este caso es distinto a la mayoría de las desapariciones”, asegura Salvador Serrano, yerno de la desaparecida. “No es en absoluto habitual tener a una persona localizada a las dos de la tarde y que dos horas después no haya manera de encontrarla”, explica el portavoz de la familia.

Ante la sospecha de que su madre está perdida, Enrique llama al pueblo. A las tres y cuarto se inicia un operativo de voluntarios en su búsqueda, algunos vecinos van al monte a localizarla. Una hora más tarde ya está la Guardia Civil montando su dispositivo para tratar de localizarla. Cinco meses después, ni una pista.

Esa zona que él menciona se ha rastreado y vuelto a rastrear varias veces desde el 25 de mayo. El 1 de junio, es decir, cuando solo había pasado una semana, se organizó una batida en la que participaron unos 300 voluntarios y 94 agentes de la Guardia Civil. Su usaron drones, helicópteros, perros y buzos. Se batieron unas 1.800 hectáreas sin resultado.

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