15 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Hasta que no se halló el cuerpo de la profesora zamorana, los agentes no registraron la casa de Bernardo Montoya

Críticas a la Guardia Civil por la labor realizada durante la investigación de la muerte de Laura Luelmo

El coronel Ezequiel Romero y el teniente Jesús García Fustel
El coronel Ezequiel Romero y el teniente Jesús García Fustel / Europa Press
Durante los últimos días se ha cuestionado la actuación de la Guardia Civil en el asesinato de Laura Luelmes y la posterior detención de su presunto asesino, Bernardo Montoya. Las críticas se refieren a que la Benemérita no registró el domicilio de su presunto asesino el mismo día que se puso la denuncia por su desaparición, a pesar de conocer los antecedentes de Montoya. Además, La Guardia Civil data la fecha de la muerte dos o tres días antes de la fecha indicada en el acta de autopsia.

El caso de la desaparición y muerte de Laura Luelmo sigue dando de qué hablar, ya que se ha puesto en duda la labor de la Guardia Civil durante la investigación al no realizar ningún registro en la casa del verdugo de la profesora, Bernardo Montoya, nada más conocer su desaparición. Además, la Guardia Civil dijo en rueda de prensa que databan la fecha de la muerte el mismo día de la desaparición de Laura y no tres o cuatro días más tarde como mantiene el auto de autopsia, un acta de autopsia preliminar.

El teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil encargado de la investigación, Jesús García Fustel, remarcó que, aunque es cierto que “se podría haber hecho un registro voluntario”, pero que esa actuación también podría haber sido perjudicial. “¿Y sí la tenía en otro sito?”, se preguntó, tras lo que ironizó, ante las críticas realizadas al respecto, haciéndose otra pregunta: "¿Por qué no hemos comprado todos el décimo del gordo?".

El caso se complica con los forenses

Además, entre la Guardia Civil y el primer acta forense existen contradicciones, ya que desde el cuerpo aseguran con pruebas criminalísticas que los días 12 y 13 de diciembre Laura no estuvo en la casa de Bernardo, pero como comentó el teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil Jesús García Fustel, Laura podría haber muerto el mismo día de su desaparición.

Esta opinión no coincide con lo que concreta el acta forense, el cual señala que la víctima pudo morir entre 48 y 72 horas después de su desaparición. Esta situación podría ser caracterizada como extraña, ya que desde la parte investigadora de la Guardia Civil dan una versión muy concreta de cómo murió Laura, antes de que redacte el borrador y informe final de la autopsia.

Al no estar concluido este informe, no se ha podido precisar cuándo se autorizará el traslado del cuerpo de la joven hasta su Zamora natal, para que la familia pueda darle sepultura. Por otro lado, el propio Bernardo ha pedido a la jueza que no le saquen de prisión, porque ‘’lo volvería a hacer’’. Los forenses decidirán finalmente la fecha exacta de la muerte de la profesora.

La Guardia Civil no registró la casa de Bernardo al principio

Bernardo dijo la primera vez que le preguntaron, antes de estar detenido, que no sabía que la casa en la que vivía la profesora estuviera habitada. Algo que no pareció tener demasiada importancia para los guardias civiles, ya que enseguida montaron el operativo para localizar el cuerpo de la joven desaparecida.

Después de varios días de búsqueda, cuando el cadáver de Laura se encuentró en un lugar escondido por la maleza, fue cuando la Guardia Civil decidió entrar en el domicilio de Bernardo para buscar vestigios que lo inculparan.

Gracias a este registro de la casa de Bernardo, la Benemérita concretó que Laura no estuvo el domicilio de su asesino durante la noche del 12 al 13 de diciembre. El presunto asesino afirmó que secuestró a la profesora cuando salió de hacer la compra en un supermercado y la llevó a su casa donde la maniató, la amordazó y la tiró al suelo. Después la golpeó y la dejó seminconsciente, algo que le asustó, por lo que decidió llevarla al campo y allí agredirla sexualmente, según el informe policial de los agentes de la Guardia Civil.

Tras dejar a Laura en el lugar donde se la encontró, el asesino se dió cuenta de que había olvidado una manta encima del cuerpo de la joven, por lo que decidió dar media vuelta, volver al lugar del suceso, coger la manta, meterla en el coche y posteriormente arrojarla a varios kilómetros de donde dejó el cuerpo de la fallecida.

La casa de Bernardo Montoya, presunto asesino de Laura Luelmo.

Bernardo también cogió los objetos personales de Laura. El móvil lo rompió, según sus declaraciones posteriores, y la batería la metió en una bolsa, en la cual también encontraron los agentes un monedero, una cartera con documentación y las llaves de casa y del coche de la chica, como así citaron los propios investigadores.

La Guardia Civil felicita la labor de los cazadores

Durante la rueda de prensa ofrecida por la Guardia Civil en relación con el caso, los agentes de la Benemérita también felicitaron la labor realizada por las cuadrillas organizadas por grupos de cazadores, los cuales ayudaron a buscar el cuerpo de la difunta profesora zamorana.

Los cazadores, conocedores del terreno del campo de la localidad onubense de El Campillo, fueron destacados en la comparecencia que realizó la Guardia Civil para explicar los detalles de la muerte de Laura causada por Bernardo Montoya.

En cuanto a los cazadores, el coronel Ezequiel Romero, jefe de la comandancia de la Guardia Civil de Huelva, ha detallado que ayudaron en las tareas de búsqueda de la joven en la zona norte de El Campillo.

‘’La búsqueda se centró ahí, y precisamente el día antes de encontrar el cuerpo un equipo de profesionales y voluntarios, con agentes forestales, ciclistas de montaña y cazadores que conocían muy bien la zona, peinaban los alrededores’’, explicaba el coronel Romero.

En cuanto a recientes búsquedas y hallazgos de cazadores similares al caso de Laura Luelmo, cabe resaltar lo que ocurrió en la localidad gallega de Castro Caldelas (Ourense).

Varios cazadores encontraron el cadáver ya esqueletizado perteneciente a Ramón López González, un vecino de la parroquia de Alais de 89 años que desapareció en marzo de 2017, cuando estaban realizando una batida por Paradela, cerca del cañón del Sil, en un lugar próximo al lugar llamado Pena de Matacás.

‘’Los cazadores habían disparado a un jabalí que escapó herido por un acantilado, así que fueron detrás de él y en busca de los perros’’, mencionó el medio Faro de Vigo. Fue entonces cuando se encontraron el cuerpo con la ropa con la que desapareció.

Un caso similar al anterior es el del municipio de Fogars de Montclús (Barcelona) ocurrido el pasado mes de marzo, cuando un grupo de cazadores hallaron el cadáver de un hombre con la cabeza separada del cuerpo.

Aunque todo apuntaba a que podría ser un ajuste de cuentas, los Mossos d’Esquadra de Granollers aseguraron que los investigadores estimaban que en principio ‘’no habría indicio de criminalidad’’.

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