15 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Amigo de políticos: José Bono, Jaume Matas o Eduardo Zaplana, también puso su avión para traer a Rocío Jurado, enferma de cáncer, desde Estados Unidos

'Paco el Pocero': La vida de un hombre humilde hecho a sí mismo, desde las alcantarillas a ser el Rey del ladrillo

Paco el Pocero.
Paco el Pocero.
El constructor Francisco Hernando Contreras, más conocido como ‘Paco el Pocero’, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad a causa del coronavirus. El empresario ha muerto en la clínica Quirón de Madrid, donde ingresó este lunes. Hernando llevaba varios días enfermo en su casa madrileña de Las Lomas, en Boadilla del Monte. Todo lo que rodeó al constructor en España, tío Paco en Guinea, fue polémico en sus últimos días. Nada salió bien en los últimos tiempos,ni siquiera el maldito Covid-19.

El constructor Francisco Hernando Contreras, más conocido como ‘Paco el Pocero’, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad a causa del coronavirus. Atrás se ha quedado ya una vida ciclotímica, la de un hombre salido de la nada, sin estudios ni formación, que supo tirar de la sabiduría que le dio la calle y que supo conseguir los apoyos políticos necesarios para fomentar sus proyectos. Y si no los tenía, los creaba con su dinero. Sin embargo, dicen sus amigos que su prepotencia -«hago siempre lo que quiero»- le traicionó en muchas ocasiones. En sus últimos años sus proyectos fallidos se contaron por doquier.

Su vida

Francisco Hernando Contreras, “Paco, el pocero” como era conocido, nació el 2 de junio de 1945 en un bajo del número 35 de la calle de Alcántara en el barrio madrileño de Salamanca y no en una casa del barrio de Tetuán, como él afirmó en multitud de ocasiones. Allí, en ese local, existía una vaquería donde trabajaba como jornalero su progenitor. Con sólo tres años, sus padres, Pedro Hernando Sanz y Filomena Contreras Fernández, tuvieron que trasladarse al patio de la casa de un familiar (un tío suyo) en la calle Pinos Bajas, en el barrio de Tetuán de las Victorias, que recubrieron como pudieron con uralita.

Paco, el tercero de cinco varones, apenas aprendió a leer y a escribir. Y pronto se inició en la recogida de cereales y en labores de repartidor en una carnicería de la calle Goya. Su primer sueldo fue de 80 pesetas a la semana. Más tarde, su padre, “maestro pocero”, le contrató para trabajar en las alcantarillas de la Glorieta de Quevedo y elevó sus honorarios hasta 120 pesetas semanales. Ganó su primer millón de pesetas diseñando un sistema de drenaje para una gasolinera de Villaverde (Madrid). También construyó un edificio de ocho plantas y 32 viviendas en la Avenida de la Albufera, en la barriada de Vallecas (Madrid).

Fue por entonces, durante la construcción de Mercamadrid, cuando se inició en la empresa de los transportes de mercancías. Primero comenzó con un camión, luego una flota de ocho vehículos, así hasta alcanzar un parque móvil de cuarenta camiones y hormigoneras. Todo este auge le permitió comprar un piso en la barriada de Santa Eugenia, donde trasladó a su familia. Su mujer, fiel compañera durante toda su vida, María Audena Del Saz Bustos, y sus cuatro hijos: Audena, Francisco, Eduardo y Mónica. Esa fue su primera vivienda con ducha, o al menos, de eso presumía.

Paco el Pocero con su mujer, Audena, su fiel compañera.

Poco a poco, gracias al desarrollo de sus empresas de pocería y a la construcción, pudo permitirse varios lujos de nuevo rico. Por ejemplo, la adquisición de un yate, el Lady Mónica (en honor a su hija pequeña), que le costó la suma de seis millones de euros, unos mil millones de pesetas. Más tarde, su crecimiento exponencial le permitió adquirir dos nuevos yates, el Cala y el Clarena, éste de 46 metros de eslora y por el que ya pagó 30 millones de euros.

Amigo de políticos del PP y del PSOE

Por sus yates, que disponían de un libro de honor, han pasado muchos personajes de la farándula, presentadores de televisión, miembros de la realeza y políticos de todos los colores, como José Bono, Jaume Matas o Eduardo Zaplana, sus grandes amigos y a los que siempre sirvió. Secretos que ahora se lleva a la tumba, quizá como el último favor hacia ellos.

Los Hernando siempre han mantenido sólidas amistades con miembros del PP y del PSOE. Tanto es así que el que fuera portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, concedió al constructor la Medalla de Plata al Mérito del Trabajo cuando éste era ministro. Casualmente, uno de los hijos de Hernando está casado con la hija de Carlos Cano, ex Jefe del gabinete del Ministerio de Trabajo (PP). 

La orden de reconocimiento a “Paco, el pocero” fue firmada por “don Eduardo” el 19 de enero de 2004 y publicada en el Boletín Oficial del Estado el sábado 27 de marzo de 2004, cuando ya el Partido Popular había perdido la presidencia del Gobierno de España en las elecciones generales del 14 de marzo y Zaplana ya no era ministro oficial. Según las investigaciones de elcierredigital.com, por parte de algunos dirigentes del Ministerio de Zaplana se intentó conceder al constructor la medalla de oro, pero chocaron con el inconveniente de que no tenía merecimientos para ello.

Pero al igual que hiciera Zaplana distinguiéndole, el socialista José Bono Martínez le consiguió en su día, como presidente, la aprobación de la Junta de Castilla La Mancha para la macro-urbanización de Seseña (Toledo). Y curiosamente la empresa Onde 2000, de Hernando, fue la que hizo las obras del centro hípico que posee la familia del ex ministro de Defensa a las afueras de la ciudad de Toledo. 

Zaplana y Bono, grandes amigos de Francisco Hernando.

También la flota de aviones privados que tenía la familia Hernando-Del Saz fue la envidia del empresariado español y mundial. Con sede en la madrileña base de Torrejón de Ardoz, la compañía (Jets Personales SA) contaba con los jets más modernos del mercado. Las tarifas, para un trayecto Madrid-Nueva York, llegaban a 18.000 euros. Ccon este negocio llegó a facturar cinco millones de euros en el ejercicio de 2005. Entre sus fieles clientes estaban el matrimonio Beckham y el empresario Alberto Cortina y su mujer Elena Cue.

Precisamente, uno de sus jets privados fue utilizado por la tonadillera Rocío Jurado y su familia para viajar de Houston a Madrid, antes de su fallecimiento. Fue totalmente acondicionado para la ocasión, con sábanas, toallas y todo tipo de accesorios cuidadosamente escogidos por la propia mujer de Paco “el Pocero”, Audena. Más tarde, se encargó también del traslado aéreo de los restos mortales de Rocío y de sus familiares más cercanos hasta el aeropuerto de Jerez.

Dicen que para el torero José Ortega Cano, “Paco y su familia eran como hermanos”. Era su gran amigo de la infancia. Como anécdota cuentan que el padre de José, que compraba melones y los repartía en una furgoneta, le regaló al matrimonio como obsequio de boda un par de ellos. Por aquel entonces Hernando no tenía una peseta y todo regalo era bueno. Ya en el verano de 2006, tras el fallecimiento de Rocio Jurado, Audena y Francisco Hernando fueron los anfitriones del torero y sus hijos en Palma de Mallorca. Navegaron con el ‘Clarena’, que entonces atraca en el Club de Mar tras su escabrosa salida del elitista Puerto Portals.

El motivo de esta salida radica en el intento de compra de Puerto Portals –el puerto deportivo más chic de Palma de Mallorca-, una operación que negoció con la familia alemana Graff, propietaria también de la firma de electrodomésticos Teka y de las griferías Buades. Una polémica operación que terminó perdiendo en los tribunales y siendo expulsado por los alemanes de Puerto Portals. La familia Graf le pedía 110 millones de euros; pero Hernando sólo ofrecía nueve, porque decía que la concesión caducaba veinte años antes de la fecha que mantenían los alemanes.

Negocios especulativos

La relación de “Paco, el Pocero” y su familia con negocios especulativos y altercados judiciales ha sido una constante en su vida. En los años 60 y 70 constituyó su base de capital construyendo alcantarillas, a la vez que tuvo esporádicos problemas con la Justicia. En los 80, subió de las alcantarillas a los pisos. Hizo negocios en Boadilla del Monte, hasta que su entonces alcalde, Aquiles Aparicios, ordenó cerrar su planta hormigonera. Tras este hecho, el edil denunció a Hernando por amenazas, quien fue condenado en 1991 al pago de una multa de 30.000 pesetas.

 

El constructor fallecido en su casa de las Lomas, en Boadilla el monte (Madrid).

Después de este altercado, “el Pocero” aterrizó en Villaviciosa de Odón (Madrid). Allí compró, a través de su empresa Horpavisa, 400.000 m2 de suelo no urbanizable, en el polígono de Quitapesares, que luego intentó recalificar sin éxito. Se opusieron los funcionarios del Ayuntamiento y la entonces alcaldesa Pilar Martínez (PP), más tarde concejal de urbanismo de Madrid durante el gobierno de Alberto Ruiz Gallardón.

Ante la negativa, Hernando declaró que “era una vergüenza que en este país un empresario hubiera tenido que invertir en política, como todo el mundo sabe que él hizo, para que funcione su empresa”. Los funcionarios presentaron una denuncia contra él. El juez que tomó el caso le absolvió al considerar que no podían ser calificadas como vejaciones injustas ni como injurias.

Pero no quedó ahí el revuelo. La entonces alcaldesa también denunció que, tras el parón del proyecto, recibió amenazas telefónicas de muerte. Hernando fue declarado persona non grata por dicho Ayuntamiento el 12 de febrero de 1992. Su empresa Horpavisa suspendió pagos y dejó a los trabajadores en la calle. Pilar Martínez se convirtió en la única mujer que le quitó el sueño, la primera que le venció.

La popular Pilar Martínez llegó en 1991 a la alcaldía de Villaviciosa de Odón gracias a una mayoría simple y a la colaboración de los concejales del PSOE e IU. Hernando era en aquellos momentos el triunfador de Orcasitas y Boadilla, cargado de millones, ambicioso, necesitado de todo e inventor de nuevas técnicas de apoyo a sus proyectos. Por el contrario, Pilar Martínez era una abogada joven, inteligente, recién llegada a la política, ilusionada con la democracia, fiel militante del PP, recta hasta la antipatía y, sobre todo, una amante de su pueblo, de Villaviciosa de Odón.

La lucha al principio fue desigual, ya que Hernando contaba con un partido político a su entero servicio (Renovación Democrática) con cinco concejales para “guerrear” en los plenos y comisiones del Ayuntamiento. Tenía además un periódico local (Nuevo Diario ) con el que asustaba en la calle y tenía un gran equipo de abogados y técnicos. Además, mantenía “patrocinadas” a las asociaciones de vecinos para incordiar en el pueblo. Y, sobre todo, tenía dinero, mucho dinero. La guerra duró tres años. Y en ese tiempo hubo de todo. Momentos de triunfo para el uno y derrota para el otro, y viceversa.

El primer rifi rafe vino por la permuta del denominado Edifico Placer, un edifico colindante con el Ayuntamiento de la localidad que fue permutado al constructor Placer por unos terrenos municipales que estaban situados en los dominios de Hernando, lo cual le disgustó profundamente. El segundo llegó cuando la alcaldesa Martínez intentó crear una comisión de investigación  que estudiara la relación del partido Renovación Democrática con la empresa Horpavisa, propiedad de “Paco, el pocero.

El enfrentamiento entre Pilar Martínez y el constructor Hernando fue cuando se pidió que se le declarara persona non grata para Villaviciosa. Fue un pleno polémico que estuvo a punto de terminar con la intervención de la Guardia Civil, aunque al final se aprobaría la moción. El millonario, el todopoderoso constructor Hernando, no entendía que estaba pasando. Su familia tampoco. Ser persona non grata en un pueblo donde, según él, había invertido millones. Y lo que era peor para sus intereses, la venta de las naves de sus complejos de “Pinares Llanos” y los “Trillizos de Cristal” se habían estancado peligrosamente y el agua comenzaba a llegarle al cuello.

Tanto que el 15 de marzo de 1994 el Juzgado n º1 de Primera Instancia de Móstoles (Madrid) aprobaba y declaraba la quiebra necesaria de su empresa Hormigones, Pavimentaciones y Viviendas SA (Horpavisa). Todo indicaba que era el comienzo del fin. Sin embargo, el constructor no estaba en la ruina total. Le quedaban los rentables negocios de la gasolinera madrileña de Villaverde y las promociones inmobiliarias de Las Lomas, en el término municipal madrileño de Boadilla del Monte.

Su llegada a Seseña

Y fue otro Ayuntamiento, en este caso de la provincia de Toledo, el que colaboró en la recuperación económica de la familia Hernando. La historia se repetiría de nuevo en el Ayuntamiento de Seseña. El constructor, muy ciclotímico en sus métodos, lograba que el edil socialista de la localidad de Seseña, el socialista José Luis Martín Jiménez, le pagara 246.689.000 de pesetas de sobreprecio por la primera obra que realizó en el pueblo, un colector que construyó en el año 2000.

El ayuntamiento socialista de Seseña, a solo 39 kilómetros de Madrid y a 50 kilómetros de Toledo, estudió tres alternativas para la obra y finalmente escogió la propuesta de Promociones del Saz 2000. El 3 de abril de 2000, el pleno aprobó con los votos del PSOE -un partido controlado en la región por José Bono y Emiliano García-Page- la urbanización para los 18 chalets de Hernando y el colector.

La empresa Promociones del Saz 2000, propiedad de la familia Hernando y donde aparecía Audena del Saz hasta el año 2005 como administradora,  presentó un escrito en el que se comprometía a hacer la obra por 33 millones de  pesetas. Una vez terminada la obra, el Ayuntamiento pagó un total de 580 millones de pesetas, con un sobre coste de 247 millones respecto del presupuesto original. 

El contructor en su megaciudad de Seseña (Toledo).

Después de este primer impulso, la familia Hernando construyó siete promociones más en el pueblo de Seseña.  Fueron un total de 700 viviendas, un tanatorio, un centro comercial con múltiples locales. Pero fue en mayo de 2003 cuando dio su gran pelotazo, con la recalificación de 1,8 millones de metros cuadrados (lo que equivale a 182 campos de fútbol) dentro del PAU de “El Quiñón”. Allí levantaría su megaciudad con 13.508 viviendas, en pisos de diez alturas, con un lago de 18.000 m2 y 1,5 metros de profundidad, y donde podrían vivir más de 40.000 personas.

Caprichos con dinero

Con tan inmensa fortuna, dicen sus amigos que el matrimonio Hernando se dedicó desde entonces a los caprichos. Amantes del caviar, el bogavante y los buenos vinos, que disfrutaban haciendo caras demostraciones de su nueva riqueza. Dicen que para ellos, el tamaño sí importa. Que el matrimonio pagaba todo al contado. Que rechazaban cualquier tipo de crédito y no alquilaban nada. Que eran amantes de los coches Mercedes. Que al champagne le llaman sidra.

Que solían utilizar para todo un escudo creado ad hoc para su familia. Que les gustaba comer paella, cuanto más grande mejor y si lleva bogavante también. Que solían regalar botellas de Vega Sicilia y jamones de pata negra. Que en la pata del jamón, de vez en cuando, iba atado un sobre con un “regalito”.

Paco el Pocero en su yate.

Pero hoy todo ha quedado ya atrás. El empresario ha muerto este viernes en la clínica Quirón de Madrid, donde estuvo ingresado desde este lunes. Ni sus inversiones en España, ni sus amistades políticas, ni sus últimas construcciones de viviendas en el país africano de Guinea, ni sus intentos de penetración en Hispanoamérica (Ecuador, Paraguay y México), ni su equipo de motociclismo, ni sus yates, ni la megaciudad de Seseña, nada le ha salvado del maldito coronavirus.

Muere un personaje conocido e influyente dentro la vida social y económica de los últimos años en la historia de España. Un humilde hombre, de un barrio pobre de Madrid, que llegó a ser el 'Rey del Ladrillo' y al que algunos políticos le ayudaron mucho en su ascenso y fortuna, labrada en su inicio con sus únicos codos y permanente sacrifico. Secretos de muchos dirigentes políticos que hoy, ya desgraciadamente, quedarán guardados en la tumba, o al menos eso parece.

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