23 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

La testigo Anastasia Servin ha afirmado que la joven paraguaya quería divorciarse "seis días después de casarse"

Las claves del asesinato de Romina Celeste: "Cuatro o cinco veces vino a casa con collarín, golpes y marcas de dedos en el cuello"

La joven asesinada, Romina Celeste.
La joven asesinada, Romina Celeste.
Romina Celeste Núñez era víctima de malos tratos constantes y desde el comienzo de su relación con Raúl Díaz, su marido que está acusado de asesinato desde que la joven paraguaya desapareció de su domicilio en Lanzarote, el 1 de enero de 2019. Romina, de 28 años, se ha convertido en la primera víctima de violencia de género de este año. El viernes la madre de su mejor amiga, Anastasia declaró con pelos y detalles todo el sufrimiento padecido por Romina durante su con Raúl.

Este jueves declaró en los juzgados de la localidad madrileña de Alcobendas Anastasia Servín (Ana), madre de Andrea, la mejor amiga de Romina Celeste Núñez, y el hogar donde se refugiaba la joven paraguaya cuando huía de su primero novio y luego marido, Raúl. Ana, como se la conoce familiarmente, es una de las testigos más importantes de las acusaciones contra el marido y presunto asesino de Romina. Elcierredigital.com ha conocido parte de esta declaración.

El testimonio de Ana fue demoledor. Raúl infringía malos tratos a Romina desde el comienzo de la relación. Ante el tribunal y las defensas contó que "cuatro o cinco veces vino a casa con collarín, golpes y marcas de dedos en el cuello". Esta mujer incluso dijo que Romina en ocasiones se maquillaba "el abdomen  y los brazos" para disimular las señales de las agresiones.

El testimonio de la madre de la mejor amiga de Romina fue tan claro que dijo que la fallecida quería divorciarse "seis días después de casarse", pero aguantaba "por obtener la nacionalidad y el permiso de residencia". Romina Celeste sabía que en España las víctimas de violencia machista tienen opción a pedir automáticamente la nacionalidad.

Romina con su marido Raú.

Raúl Díaz también habría amenazado a Romina mucho antes de que muriera. La testigo explicó los whatsapp que recibía, supuestamente, la paraguaya de Raúl, algunos con una imagen ya reveladora como el meme de un hombre tirando por un acantilado a una mujer con la leyenda: "Que la orden de expatriación la tengas solo con billete de ida" y otros como "uno puede vomitar porque está embarazada o porque seas una hija de ...".  Todos esos mensajes fueron anteriores incluso a la boda de la pareja, en concreto en el mes de julio.

La testigo respondió por igual a las preguntas de la acusación particular, representada por Emilia Zaballo, la defensa de Raúl Díaz, la Fiscalía y la jueza desde Lanzarote, conectada por videoconferencia y explicó que el hombre, de 44 años, "siempre era muy agresivo".

Mensajes constantes

A modo de ejemplo, relató que la primera vez que Romina quiso dejar a Raúl se refugió en la casa de Alcobendas de esta mujer y el hombre le mandaba mensajes de manera constante e "incluso llegó a alquilar un coche y pasar dos noches allí, a la puerta del edificio, hasta que salió Romina y habló con el durante hora y media, porque si no decía que no se iba". Aquello fue en julio, antes de la boda.

Una de las primeras humillaciones sufridas por la víctima, que dejó un hijo en Valencia y otro en su país natal, fue "cuando se tuvo que ir sola al aeropuerto para ir a Paraguay y el vuelo se retrasó un día y sólo tenía 20 euros, cuando volvió estaba llena de hematomas, eso ocurrió en abril o mayo de 2018", recordó la testigo, que animó a Romina a denunciar los malos tratos, pero que ésta se excuso porque quería tener primero la nacionalidad para quedarse y vivir en nuestro país.

Emilia Zaballos, abogada de la familia de Romina, explicó a elcierredigital.com que van a solicitar el procesamiento por asesinato "porque hay una clara premeditación y de hecho arroja el cadáver al mar como tenía previsto de antemano, es una persona muy inteligente, no hay que olvidar eso".

Tal y como ya contamos en elcierredigital.com, Romina Celeste Nuñez Rodríguez llegó a España en el año 2010 para instalarse en la localidad madrileña de Alcobendas junto con su tía y su primo. En su Paraguay natal dejaba a su hijo de entonces dos años al cuidado de la abuela, Miriam Rodríguez, y de su padre, un joven paraguayo llamado Christian.

Romina nació y se crió en Ñemby, una pequeña ciudad de 190.000 habitantes enclavada dentro del Gran Asunción Central, un distrito que rodea la capital paraguaya. Lo hizo en el seno de una familia muy humilde, con apenas recursos . Con 18 años tuvo ya su primer hijo y con 20 vino a España en busca de un futuro mejor, como tantos otros inmigrantes de lengua española.

En Alcobendas, Romina conoció a un joven ecuatoriano, inmigrante como ella y que trabajaba como albañil en la construcción. Formaron una pareja y Romina tuvo otro hijo, hace cuatro años, aunque después se separó y ella se fue a vivir a casa de una amiga con la que compartía las alegrías de la juventud. Pero no salió de Alcobendas, su núcleo urbano. Se instaló de nuevo allí junto a su amiga y la madre de ésta, Anastasia. 

Cartel de la desaparición de la joven.

Pero el infierno real de la mujer comenzó cuando le detectaron un cáncer. La joven logró superarlo tras someterse a varios tratamientos de quimioterapia en un hospital madrileño, que le dejaron secuelas como la pérdida de pelo que Romina, en su coquetería, escondía usando pelucas y extensiones de pelo. Una noche de primavera conoció en una sala de fiestas a Raúl Díaz Cachón, sin sospechar que iba a caer de nuevo en otro infierno, que sí que acabaría con su vida.

Raúl, ingeniero industrial especializado en tecnologías de energía, divorciado y padre de dos hijas, de 44 años, se quedó prendado de ella y tras un breve romance anunciaron su matrimonio. Romina Celeste contó entonces a sus amigas, según ha podido saber elcierredigital.com , que "estaba muy feliz y contenta, que por fin podría irse a vivir con sus dos hijos y su nuevo amor". Para todas sus amigas, Romina "era joven extrovertida, alegre y vital. Nos alegraba siempre la fiesta a los demás".

Aunque era trece años mayor que ella, Raúl se enamoró perdidamente de la joven paraguaya. Hijo varón de una familia acomodada con otra hermana mayor, se crió en Collado Villalba (Madrid) junto a sus padres Pilar y Juan Manuel. Se casó joven, tuvo dos hijas y se divorció muy temprano también. Raúl estuvo destinado por su empresa, Endesa, primero en Teruel y luego en Lanzarote, el destino que buscó para llevarse a Romina y que nadie pudiera molestarle.

Residencial de lujo en Lanzarote

Al comienzo del pasado verano la pareja se instaló en Lanzarote, en la localidad Costa Teguise, dentro del residencial de lujo El Palmeral. Allí, Raúl prometió un mundo feliz a Romina. Sin embargo, nunca acogió de verdad a su hijo cuatro años.  La joven sólo pensaba en reunir en España a sus dos hijos. Traer desde Paraguay a su otro hijo mayor, de 10 años. La pareja comenzó pronto las discusiones por este asunto, incluso antes de casarse, cuando la joven interpuso una denuncia por malos tratos en la comisaría de Arrecife, el 8 de agosto de 2018. Sin embargo, Romina la retiró. Se arrepintió en la misma comisaría y se casó sólo tres días más tarde con Raúl. El día 16 de agosto ya contó a sus amigas que quería divorciarse, según las declaraciones del viernes en el juzgado.

La abogada Emilia Zaballos.

Poco antes, en julio del mismo año la mujer había recibido la visita de su hermano en Madrid, luego viajó a Paraguay para dejar a su hijo pequeño al cuidado de su madre, aunque el padre ecuatoriano del niño vive en Alicante. Romina quería quedarse a solas con Raúl, ya que así se lo había exigido el acusado de su asesinato. Ese viaje coincidiría con el episodio de los 20 euros relatado en el juzgado de Alcobendas por la madre de su mejor amiga el viernes.

Las últimas navidades significaron el desenlace final. Romina Celeste aguantaba callada desde hacía ya meses, sin decir nada a sus amigas, los maltratos de Raúl. Solo los conocía su madre, a quién contaba todo por wasap vía Paraguay. Sin embargo, seguía con única esperanza de reunir a sus hijos y formar una familia junto con Raúl. Tenía la intención que después de las Navidades iría a por ellos. Compró un billete de avión para el 15 de enero para volver a España con ellos el 18 de enero. Y aquí empezó su muerte, en concreto el 1 de enero de 2019.

 

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