07 de julio de 2022
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FIN DE SEMANA

Gran parte de la producción de aceite de colza que se produce en nuestro país va dirigido a otros países

Resurge el cultivo de la colza, mientras las víctimas del síndrome tóxico siguen pidiendo justicia

Aceite de colza en España
Aceite de colza en España
El aceite de colza es una opción al de girasol que ha comenzado a reaparecer en nuestro país tras el alza de precios que ha generado la invasión de Rusia, entre otros motivos. Entre un 10% y un 15% de la producción de cultivo de colza en España está dedicado al consumo nacional mientras que el otro 85% es exportado a Francia con el fin de fabricar aceites de consumo humano. Mucho de este aceite va dirigido a otros países como Alemania o Reino Unido.

La guerra de Ucrania y la escasez de girasol son los responsables de una cuarta parte del aumento de demanda internacional de cultivo de colza. El resto se debe a una creciente demanda mundial de grasas vegetales para la elaboración de piensos para el ganado o para incrementar la producción de biodiesel mundial a partir de nuevos cultivos energéticos. 

En nuestro país la superficie de colza sembrada supera las 100.000 hectáreas y la mitad de ellas se encuentra en la provincia de Castilla y León. En menos de una década, la extensión de este cultivo se ha multiplicado por tres después de haber desaparecido de los campos de España. 

En junio de 2021 el precio de la tonelada de colza cotizaba aproximadamente a 477 euros. Sin embargo, en estos últimos meses su precio ha alcanzado los 800 euros, marcando su récord histórico en abril, cuando ha superado los 1.100 euros por tonelada. A pesar del impulso que ha tenido el cultivo de esta planta en España, el aceite de colza mantiene una especie de “mala fama” debido a la huella que dejó en los años 80, cuando se produjeron un gran número de intoxicaciones y muertes a causa de un colza desnaturalizado destinado a uso industrial que se vendió para uso humano. 

Sin embargo, el aceite de colza posee propiedades interesantes como la presencia de ácido oleico, el mismo que aparece en el aceite de oliva, un elemento cardiosaludable. Además, como otros aceites, aporta vitamina E, un potente antioxidante.

Un cultivo para ser explotado

Una parte de la superficie de toneladas de semillas que se cosecharán a finales de este mes acabarán en la planta de tratamiento de aceites y oleaginosas que la cooperativa ACOR tiene en Olmedo (Valladolid), con 16 enormes silos de almacenaje que tienen capacidad para albergar 160.000 toneladas de colza, lo que equivale al 70% de la producción nacional. La misma cantidad de producción nacional de semillas de colza que corresponden a unos 65.000 litros de aceite. 

Cultivo de la colza en la provincia de Castilla y León, España.

Otro de los fines que tiene la producción de aceite de colza en España es la producción de harinas. Una vez se ha extraído el aceite de la semilla, el subproducto sólido es triturado y almacenado en forma de pellets. Se trata de un ingrediente rico en proteína vegetal que se utiliza para la elaboración de piensos para el ganado. Este tipo de producto ha disparado su precio en el último año. 

Las propiedades beneficiosas del aceite de colza

El aceite de colza o de canola posee propiedades beneficiosas para el organismo.  Este tipo de aceite es rico en omega 3 de origen vegetal, es decir, posee ácido linolénico o ALA que, según estudios recientes, podría prevenir accidentes cerebrovasculares al mejorar la llegada de la sangre al cerebro, estimular la neurogénesis, e incluso, revertir o prevenir las isquemias cerebrales.

Por otro lado, de acuerdo con los datos publicados en la revista Nutrition Reviews, el aceite de canola, que es una versión mejorada del aceite, es beneficioso para el tratamiento de dislipidemias y enfermedades metabólicas como la obesidad o la diabetes debido a su gran efecto antiinflamatorio, pudiendo incluso mejorar la sensibilidad de la insulina. 

Las víctimas de la colza luchan por sus necesidades

Aun así, los productores no ven factible recuperar el consumo de aceite de colza en España. El pasado 30 de mayo, los miembros de la Plataforma ‘Seguimos Viviendo’ se reunieron con la Dirección General del IMSERSO y con la Discapacidad, con el fin de debatir las necesidades de los afectados en los años 80 por el consumo de aceite de colza. Los productores de este cultivo se encadenaron frente al Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030

Una de las necesidades que defendían las víctimas de la colza adulterada era la “reparación moral y un homenaje de dignidad y respeto a víctimas, fallecidos, enfermos y profesionales”. También solicitaban la “creación de un Centro o Unidad de Referencia del SAT en el hospital 12 de Octubre en Madrid y que el Ministerio de Sanidad no siga eludiendo los compromisos adquiridos por parte de la ministra Mª Luisa Carcedo”. 

La Colza, una vergüenza nacional

Ya en plena Transición España vivió una alarma sanitaria sobre la que todavía quedan excesivas dudas y que generó indignación en un país que, afortunadamente, había mutado en lo económico, lo sanitario y político con respecto a 1918. Fue en 1981 cuando algunos empresarios adulteraron aceita de colza industrial para venderlo como óptimo para el consumo humano. La mayoría de la víctima fueron de clases populares que adquirieron ese aceite atraídos por lo barato del precio. El gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) le costó reaccionar y asumir la magnitud de que estaba ocurriendo.

Víctimas de la Colza. 

El llamado síndrome tóxico provocó 3.000 hospitalizaciones y 62 muertes y muchas personas, unas 20.000, adquirieron enfermedades crónicas. El proceso judicial que siguió se dilató durante años. Hubo 38 empresarios implicados. La cantidad de procesados, testigos y expertos hicieron que el juicio se celebrara en el Auditorio de la Casa de Campo de Madrid.

En 1992 el Tribunal Supremo condenó a dos empresarios a penas de cárcel y a varios a pagar indemnizaciones. Sin embargo, se declararon insolventes y fue el Estado el encargado del pago, algo que no se produjo hasta 2001 bajo el gobierno de José María Aznar (PP), dos décadas después de la alerta sanitaria.

Sin embargo, el asunto no ha parado ahí. Con los años familias de otras 1.000 personas piden que se considera a sus difuntos víctimas del síndrome tóxico. Sin embargo, el Estado, por el momento, no ha hecho caso a estas reivindicaciones.

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