25 de febrero de 2021
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FIN DE SEMANA

El gran volumen de gas embolsado en el edificio de la Iglesia en la calle Toledo apunta a una fuga en la instalación más que a fallo de las calderas

Varios testigos descartan la intervención del electricista fallecido que ni siquiera llevaba herramientas encima en la explosión de Madrid

Exclusiva El edificio siniestrado visto desde arriba.
El edificio siniestrado visto desde arriba.
No manipularon las calderas: La principal vía de investigación del accidente en la casa parroquial de La Paloma en Madrid apunta a que la explosión se debió más a un fallo en las conducciones del gas que a una intervención humana. Así obra en los tres primeros informes oficiales, a los que ha tenido acceso en exclusiva elcierredigital.com, basado en las primeras investigaciones in situ de los técnicos y en las declaraciones de los testigos presenciales.

La investigación de la gran explosión de gas que se cobró la vida de cuatro personas el 20 de enero discurre por tres caminos paralelos que cuando se reúnan en el despacho de la jueza que lleva el caso inclinarán la balanza hacia un accidente o una imprudencia temeraria.

Esos tres caminos, según ha podido saber Elcierredigital.com, equivalen a los tres informes de las investigaciones que ya han arrancado por parte de bomberos del Ayuntamiento de Madrid, la Brigada de Policía Científica de la Jefatura Superior de Madrid y el grupo de policía judicial de la comisaría de Policía Nacional del distrito de Centro.

Pese a las primeras informaciones que ponían en el punto de mira las calderas del edificio, las primeras impresiones de los bomberos y especialistas policiales ya inclinan la balanza hacia una fuga en la instalación (tuberías y demás componentes del suministro) más que un fallo en las calderas debido al gran embolsamiento de gas que se produjo en las plantas superiores del edificio.

Es la de policía judicial, de las tres investigaciones paralelas, la que más recorrido ha cobrado desde el siniestro. La tarea de la policía judicial se centra en reconstruir los hechos hablando con el mayor número de testigos y víctimas, interrogando a los técnicos de las compañías suministradoras y comercializadoras (Naturgy) del gas, y por supuesto, averiguando el estado y las revisiones realizadas de la instalación del gas y las calderas del edificio.

Hasta el momento los policías ya han tomado declaración a más de 15 testigos de los que se desprende un dato fundamental: David Santos, el electricista de 35 años fallecido y feligrés de la congregación de neocatecumenales que ocupaba los edificios parroquiales de Vírgen de la Paloma, no pudo tener tiempo de manipular la instalación del gas en su segunda y última visita al edificio.

David acudió el lunes 18 de enero a las instalaciones parroquiales para echar una mano con los problemas que presentaba la calefacción del edificio, el miércoles 20 regresó por última vez para revisar los problemas que tenían en las instalaciones parroquiales con el gas. Ese día, según los testigos iba sin herramientas ni intención de manipular la instalación, sólo pretendía seguir el rastro del fuerte olor a gas que habían percibido media docena de religiosos que se hallaban en el inmueble.

Así quedó la casa parroquial de La Paloma.

David, junto al joven padre Rubén, se dirigió a la estancia de la planta baja donde se hallaba la llave general del gas pero el electricista no tuvo tiempo de mucho más, ambos fueron alcanzados por una primera explosión en ese lugar a la que siguió la segunda mucho más terrible de las plantas superiores. Una mínima chispa, pulsar un interruptor de la luz o cualquier otra nimiedad pudo desencadenar la primera deflagración que dio paso a la segunda que derruyó las alturas del inmueble.

David Santos no tuvo tiempo de manipular ninguna caldera. Las siete calderas se hallaban repartidas por los diferentes pisos del edificio y ahora la policía investiga si estaban conectadas entre sí y si una fuga en la instalación provocó el embolsamiento fatal. Algunos testigos han coincido en señalar que “todo fue muy rápido, apenas tuvimos tiempo de darnos cuenta  lo que pasaba”.

Además, aunque la investigación ha revelado que en principio la revisión de la instalación del gas obligatoria cada cinco años se pasó hace aproximadamente un año sin problemas, no pasa lo mismo con las revisiones bianuales de las siete calderas. La Archidiocesis de Madrid asegura que las siete calderas también pasaron las reivisión obligatoria sin problemas pero la policía aún no lo da por hecho y está a la espera de confirmarlo con los técnicos que lo hicieron y de recibir los documentos que lo acrediten.

Policía Científica

Por otro lado, las investigaciones de bomberos y Policía Científica acaban de arrancar y sus conclusiones se conocerán mucho más tarde. En sus estudios los técnicos se apoyan en las imágenes capturadas por los drones tanto de Policía Nacional como de Policía Municipal para intentar detectar el lugar exacto de la explosión. También se servirán de la comparativa de imágenes anteriores del edificio con las posteriores a la tragedia. El estudio de los escombros también cuenta, una vez que se documente la mayor parte, se intentará reconstruir una imagen de donde iba cada pieza para conocer la proyección y la potencia de la deflagración.

Los destrozos fueron numerosos.

Entre tanto, se esperaba solventar en breve el alojamiento para la veintena de vecinos de los números 102 y 104 de la calle Toledo que aún no han regresado a sus viviendas como la mayoría de los afectados. En total media docena de edificios resultaron afectados de consideración por la deflagración y la lluvia de cascotes. Los ancianos de la residencia Los Nogales que desde el principio fueron reubicados en otras residencias del grupo se han adaptado a la situación, han recibido la visita de familiares y todos se encuentran en buen estado de salud.

Otro asunto diferente será el de las compensaciones por los innumerables daños que sufrieron todos los afectados. Como ejemplo basta conocer que la explosión llegó a lanzar escombros a 500 metros de distancia desde el edificio del número 98 de la calle Toledo hasta la Puerta de Toledo. En la comisaría de Centro decenas de afectados hacen cola presentando las correspondientes denuncias la mayoría por daños en sus hogares o en los vehículos aparcados en las inmediaciones del suceso.

Los responsables del suministro del gas ya han manifestado, según fuentes del caso, que sólo se harían responsables de los daños si se descubre que la avería tuvo lugar de puertas afuera del edificio ya que a su juicio la responsabilidad del asunto sería de los ocupantes del edificio siniestrado donde tuvo lugar la explosión si la fuga de gas tuvo lugar dentro del inmueble por culpa de un mantenimiento deficiente de las instalaciones.

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