22 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Francisco José, de 52, años asesinó a puñaladas a su mujer y a sus dos hijos y luego se arrojó al vacío desde el balcón de un cuarto piso

Triple crimen de Úbeda: Un cóctel de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía pudo provocarlo

Edificio donde se produjo el triple crimen de Úbeda.
Edificio donde se produjo el triple crimen de Úbeda.
El psicólogo Jorge López Vallejo explica en este artículo los rasgos psicológicos de alguien que puede llegar a cometer un crimen similar al ocurrido el pasado domingo en la localidad jienense de Úbeda, cuando un, aparentemente, pacífico padre de familia asesinó a su mujer y sus dos hijos y luego se arrojó por el balcón de la vivienda donde había cometido los asesinatos, suicidándose.

Nadie sabe explicar qué pasaba por la cabeza de Francisco Javier, de 52 años, el pasado 14 de junio en Úbeda cuando asesinó a cuchilladas a su esposa Belén, de 46 años y a sus hijos de 12 y 17 años. Luego se arrojó por el balcón desde el cuarto piso donde vivía suicidándose.

Inmediatamente la Junta de Andalucía calificó el crimen de asesinato machista, aunque no se conocían antecedentes ni denuncias previas por violencia de género contra él. También se especuló con algún brote psicótico, pero parece poco probable ya que no hay antecendentes médicos del homicida ni diagnósticos previos.

En agosto del pasado año, el 33,3% de los asesinos de sus mujeres o exmujeres acabaron suicidándose. De los 36 hombres que han matado a sus parejas o exparejas este año, 12 se han quitado la vida a continuación y al menos otros tres lo han intentado.

Concentración en repulsa por el crimen de Úbeda.

Los motivos por los que un padre asesina a sus hijos suelen estar asociados al llamado "Síndrome de Medea" o el llamado "Homicidio altruista". En el primero de los casos el padre "mata lo que más quieren" para hacer daño a la madre y en el segundo caso lo hacen para que no se queden "solos en la vida" después de haber asesinado a la progenitora y tener previsto su propio suicidio.

Cuando la posesión por celos se une al narcisismo, maquiavelismo y psicopatía se dan todos los ingredientes necesarios. Desafortunadamente, ya son demasiados los casos en los que un análisis mental hubiese sido necesario para evitar acontecimientos que las palabras no logran describir, haciéndonos ver hasta dónde puede llegar una mente perversa y psicópata. Son personas capaces para conectar con los demás y poseen la habilidad de desconectar de sus emociones de forma deliberada, un conjunto de características narcisistas, maquiavélicas y psicópatas que cuando se unen a los celos construyen mentes perversas capaces de llegar el asesinato como medio para conseguir su objetivo final.

Si ya son peligrosos de por sí estos perfiles, en su polo más extremo, los individuos con celos que comparten rasgos de esta triada llegan a convertirse en auténticos criminales y se pierden en el amplio espectro de la enfermedad mental; pero también están aquellos que no satisfacen los criterios para un diagnóstico psiquiátrico y que conviven día a día entre nosotros sin síntomas aparentes y que no puedan anticiparnos que sean futuros asesinos, pero llegan a serlo. Presentan estos rasgos y formas de comportamiento que no identificamos, pero que tienen un fondo oscuro en tendencias insensibles, egoístas y malévolas en sus relaciones con los demás.

Personas egoístas, con un sentido egocéntrico del derecho y con una autoimagen positiva, aunque poco realista si tenemos en cuenta la visión de aquellos que les rodean. Los narcisistas son "encantadores de serpientes". Al principio son muy queridos por los demás -sus comportamientos son agradables y atractivos-, pero con el paso del tiempo pueden llegar a ser muy peligrosos. Incluso, pueden dejar ver, sin querer, cuáles son sus verdaderas intenciones: conseguir más admiración y poder. Algo en lo que coinciden todos los vecinos de Francisco Javier es en afirmar que el hombre era muy educado y agradable, al menos de puertas para afuera.

El psicólogo Javier López Vallejo.

Una de sus fortalezas es la gran capacidad de convicción que poseen carecer de empatía, no les resulta complicado: No son nada escrupulosos con los medios y estrategias que tengan que poner en marcha para lograr sus objetivos. El interés y preocupación de las personas narcisistas por los demás es nulo, a pesar de su gran teatralidad. De modo que no experimentan remordimientos y se muestran impasibles ante las necesidades y sentimientos de las personas que les rodean.

Ahora bien, su talón de Aquiles es su autoestima. Los narcisistas suelen tener una autoestima muy pobre, lo que hace llevarles, cuando se enamoran y tienen celos, a las peores de las reacciones.

El rasgo maquiavélico es "el fin justifica los medios", independientemente de las consecuencias que se puedan derivar. Suelen ser personas muy calculadoras y frías, destruyendo cualquier tipo de conexión emocional genuina con los demás. Se muestran tal y como son y prefieren ver las cosas con claridad porque de esa forma pueden manipular mejor. De hecho, se focalizan en las emociones de las personas que quieren manipular para conseguir así lo que se proponen. Si se anticipan a sus sentimientos, será más fácil elegir la mejor estrategia a poner en marcha.

Las emociones para ellos son tan desconcertantes que cuando sienten ansiedad no suelen saber diferenciar si se sienten tristes, cansados o simplemente mal. Sin embargo, suelen presentar una gran capacidad para sentir lo que piensan los demás y engañar sin límites.

Los rasgos de psicopatía son los más peligrosos consideran a los demás como objetos que pueden usar y tirar a su voluntad, casi nunca experimentan ansiedad, e incluso parecen ignorar lo que significa tener miedo.

Así, al no experimentar ese miedo, son capaces de mantenerse serenos aun en situaciones emocionalmente intensas, peligrosas y aterradoras. Las consecuencias de sus actos no son algo que les importe demasiado: su crueldad parece insensibilidad porque son incapaces de detectarlo. Además, el remordimiento y la vergüenza no existen para ellos, llegando incluso a sentirse víctimas moralmente autorizadas a proceder con la violencia física o la tortura  psicológica, actos de maltrato que toman la forma de la venganza, reivindicación, castigo, violencia, tortura... Acciones que le permitan equilibrar la situación que sufren, pero ningún acto será compensatorio, porque ningún acto tendrá la suficiente fuerza para nivelar una interpretación tan egocéntrica, maquiavélica y psicópata,  por ello sus actos se perpetrarán hasta el infinito y en muchos casos hasta la muerte. Por eso se suicidan cuando ya no les quedan objetivos por cumplir, los que no lo hacen es porque aún les queda algún objetivo todavía de vida.

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