06 de mayo de 2021
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FIN DE SEMANA

El presidente del Real Madrid es Ingeniero de Caminos, fue político, le gusta el cine de ensayo y se casó con 'Pitina' tras un noviazgo de seis meses

La vida desconocida de Florentino Pérez: El nuevo amo del fútbol que desafía al mundo con la SuperLiga

Exclusiva Florentino Pérez.
Florentino Pérez.
El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez Rodríguez, es lo más parecido a lo que los anglosajones llaman un "self made man" o un hombre hecho a si mismo. Ahora, a los 74 años, cree que ha llegado su momento. No quiere que los 2.040 millones de euros que la UEFA destina a su competición europea sean repartidos de manera equitativa entre los 32 equipos participantes. Pretende dominar una nueva competición bautizada como SuperLiga y presidida por él mismo. Esta es su historia más desconocida.

La vida de Florentino Pérez Rodríguez ha sido muy cambiante desde que nació un 8 de marzo de 1947 en el barrio madrileño de Hortaleza. No comenzó siendo, ni mucho menos, el frío y calculador hombre de negocios que aparenta ser hoy en día ante quienes no le conocen. Cuando inició su relación en 1970 con su fallecida esposa María de los Ángeles Sandoval, conocida como Pitina, ella contaba con 20 años y él con 24. Por entonces, Florentino estaba entregado al séptimo arte. Le gustaba el cine de arte y ensayo, las versiones originales y le entusiasmaban directores como Fellini o Bergman, por eso se había matriculado en la Escuela de Cine.

Pero su noviazgo con la mujer de toda su vida, secretaria en el centro médico de El Corte Inglés en la calle Goya de Madrid, no se fraguaría en un cine ni en un gran almacén, sino primero en una cafetería del barrio de Argüelles y luego en las gradas del Estadio Santiago Bernabéu. Florentino tenía acababa la carrera de Ingeniería de Caminos y alguien los presentó. Sin embargo, ambos se cayeron muy mal al principio.

No obstante, poco a poco la pareja fue conociéndose y Florentino llegó a caer bien a toda su familia política, constructores que se habían ido al entonces protectorado español de Guinea Ecuatorial a hacer negocios. “Es que es tan buen chico y tan serio…”, comentaban sus futuros suegros a sus allegados. Además, la joven pareja compartía las mismas aficiones: El cine y el fútbol. “En la primera salida que hicimos juntos me llevó a un bar en el que retransmitían un partido y no me hizo ni caso. Luego me hizo socia (del Real Madrid) y hasta hoy...”, contaba Pitina antes de fallecer en una entrevista personal.

Tras un noviazgo muy corto, de apenas unos seis meses, la pareja contrajo matrimonio en 1971 en la fervorosa iglesia madrileña de Jesús de Medinaceli, justo al lado del Hotel Palace, en pleno barrio de Las Letras. Su luna de miel la pasaron en las Islas Canarias. A su vuelta, Florentino tenía aún pendiente de realizar el segundo campamento de la milicia universitaria como alférez de compañía. Por eso no tenía todavía un trabajo fijo y no había rentas profesionales en su peculio. Vivían del dinero que sacaron como regalo de bodas por parte de su familia y amigos. 

El primer trabajo lo consiguió Pérez Rodríguez en la Asociación Española de Carretera, siendo su presidente Juan de Arespacochaga, un ingeniero de caminos que luego fue alcalde de Madrid poco tiempo después de morir el General Francisco Franco. Su primera vivienda la situaron los Pérez en un piso alquilado en la calle del General Orgaz, muy cerca del Estadio Santiago Bernabeu y del Palacio de Congresos y Exposiciones de la capital de España. La vida en familia era muy tranquila. De su unión, a pesar de que en su planteamiento inicial era tener muchos niños, sólo nacerían tres descendientes: Florentino, Eduardo y María Ángeles, a los que todos llaman desde siempre por sus apodos: “Chivo”, “Over” y “Cuchi”, respectivamente.

Florentino Pérez y su fallecida mujer Pitina.

La vida de los Pérez seguía con su monotonía inicial, con Florentino ejerciendo de pater familias y llevando el jornal a la casa. Pero pronto comenzaría su incursión en el mundo de la política, con su incorporación en la extinta UCD. Pérez Rodríguez comenzaría primero a trabajar como ingeniero de Caminos en el Ayuntamiento de Madrid, que ya encabezaba su valedor y antiguo jefe, Juan de Arespacochaga. Éste le nombraría poco después delegado del Área de Saneamiento y Medio Ambiente.

Su carrera política

Allí, en el ayuntamiento capitalino, elevaría su incipiente carrera política siempre de la mano de UCD, pero sin olvidar la importante ayuda que le brindó su amigo el socialista Alonso Puerta, también compañero suyo en la Escuela de Ingenieros de Caminos y por entonces teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid bajo el mandato del profesor Tierno Galván. Precisamente en esas elecciones municipales de abril de 1979, Pérez Rodríguez salió elegido concejal de la coalición centrista  (compareció en las listas de este nuevo partido con el número catorce).

Posteriormente, ocuparía tres altos cargos ministeriales con la UCD: Primero, como subdirector general en el Ministerio de Industria; después, como director general de Infraestructura del Transporte en el Ministerio de Transportes; y, por último, como presidente del Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA) en el Ministerio de Agricultura.

Y muy a pesar de los reproches de su mujer Pitina, y del progresivo abandono de sus funciones familiares, Florentino continuó sin rubor con su escogido camino político. Así, tras el hundimiento de UCD, Pérez no tardó en unirse al partido liderado por el catalán Miguel Roca y el liberal Antonio Garrigues Walker, el llamado Partido Reformista Democrático (PRD), ocupando su secretaría general. Tras el fracaso de la “Operación Reformista” (elecciones generales de 1986, en las que no obtuvo ningún diputado) su labor se desvió ya únicamente hacia el sector privado, donde emprendió una vertiginosa carrera empresarial.

Hoy nadie duda de que su alargado paso por la política española le puso en contacto con la realidad económica y financiera y que con el tiempo le sirvió para incrementar su privilegiada agenda de contactos. Una carrera empresarial y política que siempre fue apoyada por su esposa, cuya presencia al lado de su marido en actos y ágapes fue siempre manifiesta. Continuamente a su lado, desde una recepción oficial en el Palacio Real, a recibir al entonces presidente de la República de Colombia Álvaro Uribe, hasta una fiesta de despedida de soltera de Carmen March, la hija del financiero mallorquín Carlos March, su socio en la constructora ACS, pasando por su presencia en el Masters de Tenis de Madrid, cámara en mano.

El inicio de la carrera en el sector privado de los Pérez –unidad de acción- comenzó con la puesta en marcha de la empresa editorial donde se editaba la conocida revista madrileña de la "Guía del Ocio", que curiosamente Florentino copió de la revista francesa “Pariscope” en uno de sus muchos viajes por Europa.

También, un poco más tarde, en 1983, acudió al Fondo de Garantía de Depósitos, junto a sus amigos Pedro López Jiménez y Juan Torres (padre del reconocido arquitecto Joaquín Torres), para sacar de la UVI a una sociedad llamada Construcciones Padrós, bajo el amparo de la antigua Banca Catalana y que luego compraría por cinco millones de pesetas, es decir, a una peseta por acción. Fue su gran inicio empresarial. Así, en su primer ejercicio la renovada constructora de Florentino ya alcanzaría una importante facturación de mil millones de pesetas

A partir de ese momento, su trayectoria empresarial fue en ascenso. En 1986 compró la constructora Ocisa, también mediante el pago de una peseta por acción al Banco Hispanoamericano. Poco después, en febrero de 1991, entró a formar parte del consejo de administración de la Societé Auxiliaire D' Enterprises (SAE), una importante empresa francesa de construcción. Más tarde, el 9 de diciembre de 1992 fue nombrado presidente y consejero delegado del Grupo Ocisa, en sustitución de Jesús Roa Baltzar, quien tuvo que dimitir al verse inculpado en un caso de comisiones ilegales para financiar al PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra.

En esos complicados momentos, Florentino Pérez no dudó en coger el timón. Y sólo un mes después ya iniciaba los estudios de viabilidad de una fusión con Construcciones Padrós, empresa de la que poseía una participación del 34 por ciento, según informó entonces la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Solo escasos meses después, en 1993, la constructora Ocisa ya cambiaba su denominación por la de OCP Construcciones SA y Florentino pasaba a ocupar la presidencia de esta nueva empresa, sin aparentes manchas, que en 1997 lograría fusionar con la sociedad Ginés Navarro (la entonces constructora de la familia March).

Ese fue el germen de lo que luego se convertiría en el gran holding Actividades de Construcciones y Servicios (ACS), compañía que también pasó a presidir Pérez Rodríguez. Pero previamente ya había incorporado a su grupo empresarial a la constructora pública Auxini, eso si, previo pago de 54 millones de euros, lo que fue considerado en el sector como un “auténtico regalo hacia su figura", ya que la empresa pública contaba con 60 millones invertidos en Letras del Tesoro y disponía de una tesorería saneada con una cifra de negocios por encima de los 350 millones.

A su vez, durante el año 1999, logró que entraran a formar parte del Grupo ACS las empresas de transportes de viajeros Continental Auto (100 por ciento) y Autobuses del Norte ANSA (50 por ciento).  Y también en los primeros meses de 2000 se produjo la absorción por ACS de las sociedades Imes, Vertresa y Venelín, controladas por los primos Alberto Cortina y Alberto Alcocer, conocidos como Los Albertos, que forman parte de sus grandes amigos.

Florentino Pérez Rodríguez, presidente de ACS.

Corría el año 1999 y Florentino Pérez Rodríguez ya se había convertido en el presidente y magnate de una de las constructoras más importante de Europa. Más tarde, en el año 2002, la empresa se fusionaría con su homóloga Dragados. Hoy el megagrupo ACS cuenta con seis grandes áreas de negocio: Construcción, servicios, comunicaciones y energía, medio ambiente, transporte, concesiones y telecomunicaciones. Y Florentino sigue en el cargo. Dicen que Pérez sabe muy bien navegar en las aguas revueltas de familias todopoderosas.

Los orígenes del empresario

Una vida forjada. Florentino Pérez Rodríguez nació el 8 de marzo de 1947 en Madrid. Es el tercero de cinco hermanos, todos ellos muy unidos, hijos de un empresario, Don Eduardo, que poseía dos perfumerías en la capital de España. Estudió en su infancia en el colegio de los Escolapios de San Antonio donde nunca fue el primero de la clase, ni tampoco el último. Con el paso de los años se licenciaría por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid, en la que posteriormente ejerció como profesor de "Fundamentos Físicos de las Técnicas". Más tarde, junto a su amigo José Miguel Juárez, luego reconvertido en productor cinematográfico, escribió un libro de física y montó una academia en la capital de España.

Dicen que sus padres le llamaban Tinín y sus amigos Floro. Que desde pequeño tenía un espíritu competitivo y de ganador fuera de lo común. Que le gustaban mucho los deportes. Que jugaba de portero al fútbol y al balonmano. Que una de sus aficiones era el arte contemporáneo. Y que sus mejores amigos en el PP fueron el exministro valenciano  Eduardo Zaplana y el balear Jaume Matas; en el PSOE, lo era Alfredo Pérez Rubalcaba, acérrimo del Real Madrid; y entre los sindicatos, Cándido Méndez, el exlíder de UGT.

Florentino Pérez y Pérez Rubalcaba.

Fue en febrero de 1995 cuando se presentó por primera vez a las elecciones para presidir el Real Madrid. Pero perdió, algo raro en su vida. Fue después de dos meses de dura competición contra el todopoderoso entonces Ramón Mendoza y frente a un tercer candidato, el empresario Santiago Gómez Pintado,

Pérez Rodríguez perdió la poltrona por tan sólo 698 votos (15.203 de Mendoza frente a los 14.505 de Pérez). Pero en el año 2000 se presentó de nuevo a presidir el club blanco contra el comisionista e intermediario de terrenos Lorenzo Sanz Mancebo, al que derrotó en una campaña muy estudiada estratégicamente, un hecho muy significativo en su vida profesional. Y lo hizo, por sorpresa, pese haber conquistado el Real Madrid con Lorenzo Sanz la octava Copa de Europa (ganó a Sanz por 16.469 votos frente a 13.302).

Entre sus primeros directivos figuraban muchos pesos pesados de la vida económica española, muchos de ellos, en teoría, amigos del matrimonio Pérez, como Fernando Fernández-Tapias, Juan Abelló Gallo, Luis del Rivero Asensio, Manuel Cerezo, Miguel Ángel Arroyo Gómez, Fernando Martín Álvarez, Luis Gómez-Montejano Arroyo, José Sánchez Bernal, Enrique Sánchez González, etc... 

Desde entonces el palco del Estadio Bernabéu se convirtió en un centro de poder de primera magnitud. Un escenario al que iban desde el entonces Rey de España, Juan Carlos de Borbón,  hasta el presidente del Gobierno de turno como José María Aznar, pasando por el alcalde de Madrid del momento. Ahora, habrá que esperar a ver si también Pérez Rodríguez  se sale con la suya con la SuperLiga y por el reformado palco del Estadio Santiago Bernabéu van pasando los líderes europeos y mundiales a los que actualmente Florentino se enfrenta con su nuevo planteamiento deportivo empresarial y, no olvidemos, de ocio.

El ocio de Pérez Rodríguez

Precisamente el ocio de la familia Pérez no ha tenido otro sentido que el mundo del fútbol y la mar. Este último hobby, en torno al mar, se desarrolló desde temprano en torno a su yate atracado durante muchos años en Puerto Portals, una de las zonas más exclusivas portuarias de la isla de Mallorca. Allí, en este lujoso puerto del Mar Mediterráneo, estuvo fondeado desde hace muchos años el Pitina III, el yate que llevaba el nombre de la matriarca de la saga, y que fue construido  con la marca de los astilleros Astondoa, un detalle muy preciado por los amantes de la náutica.

El yate de toda la vida de los Pérez era un Astandoa 102' GLX con 31,4 metros de eslora y 6,5 de manga. Tenía dos motores de 2.000 CV de potencia que lo propulsaban a una velocidad de 28 nudos, es decir, unos 52 kilómetros por hora, y su depósito llegaba a almacenar hasta 15.129 litros de combustible. Su capacidad era para doce pasajeros y una tripulación de cuatro personas y fue valorado en más de siete millones de euros. Su interior es de maderas nobles. Allí disponía de dos lujosas cabinas, dos amplias habitaciones y una enorme sala de estar situada en el centro. Todo en él fue cuidado hasta el más mínimo detalle por María Ángeles Sandoval hasta su fallecimiento en 2012. Y fue estrenado durante el verano de 2005. Luego, tras la muerte de su mujer, Florentino desapareció de allí.

El anterior barco de la familia, el Pitina II, estaba también atracado en Puerto Portals y también fue fabricado por la marca española Astondoa. Este astillero, fundado en 1916 en Santa Pola (Alicante), es uno de los preferidos por las grandes fortunas. El Pitina II tenía 82 pies de eslora y fue puesto a la venta por el matrimonio durante el verano de 2004 por un precio inicial de 1,2 millones de euros. El antiguo yate tenía ocho habitaciones, cuatro de ellas dobles, tres salones, cinco cuartos de baño con grifería de oro, jacuzzi, piscina interior e exterior, comedor de invierno y verano, chimenea-hogar, escalera de acceso posterior, cocina española y americana, GPS, antena parabólica y frenos de disco.

El yate Pitina III.

El Pitina II, sin embargo, pasó a la historia del Real Madrid, pues en él se celebraron varias reuniones de gran calado deportivo tras la toma de la presidencia blanca por parte de Florentino. El encuentro más famoso a bordo fue el protagonizado en julio del año 2000 por los matrimonios Pérez y Gaspart. Era el verano en que ambos resultaron vencedores en las elecciones presidenciales de Real Madrid y del FC Barcelona, respectivamente.

También los llamados galácticos pasaron en varias ocasiones por el Pitina II, uno de cuyos salones se llamaba, precisamente, “Salón Galáctico”, y estaba adornado por Maria Ángeles Sandoval con fotografías y dedicatorias de Roberto Carlos, Zidane, Ronaldo, Beckham y compañía.

Muchos dicen ya que el Mar Mediterráneo siempre ocupará un lugar de honor en la historia madridista. No es de extrañar, ya que el gran patriarca por excelencia del Real Madrid, Santiago Bernabéu, también se aposentó en otra localidad costera de este mar, en el pueblo alicantino de Santa Pola. Eran otros tiempos y Bernabéu sólo tenía una pequeña barca, de nombre “La Saeta”, en honor a Alfredo Di Stefano, y no un yate de superlujo en un preciado puerto deportivo.

Precisamente, hasta el verano de 2007, cuando Florentino Pérez adquirió una espléndida posesión en Baleares, siempre que iban a pasar un fin de semana se quedaban a descansar en su yate y salían por la noche a cenar por los restaurantes de más renombre de Puerto Portals, entre ellos, Flannigan y Tristán. A Florentino Pérez le gusta estar rodeado, de vez en cuando, de estos pequeños lujos. Pero parece que a su mujer le interesaba tener de una vez por todas una propiedad en tierra firme mallorquina, cansada quizá de los vaivenes del puerto deportivo.

Así, en el otoño de 2006, el matrimonio comenzó la búsqueda y captura. Primero negoció la adquisición en Mallorca de una suntuosa mansión de 20.000 metros cuadrados situada en la urbanización “Las Brisas”, en el Puerto de Andratx. La posesión, de nombre “Villa Yasmin”, era propiedad de un empresario alemán afincado en Suiza. La cantidad barajada rondaba los 150.000 euros de entonces. En el interior de la finca se encuentra una casa de 800 metros cuadrados de estilo mallorquín, rodeada de grandes jardines de vegetación mediterránea y unas excelentes vistas panorámicas desde donde dominar el Puerto de Andratx. Sin embargo, cuando todo apuntaba a la adquisición, las negociaciones se rompieron y los Pérez adquirieron una mansión en una de las urbanizaciones más elitistas cercana a la capital de Palma de Mallorca y, por tanto, a escasos kilómetros de donde se encontraba amarrado su yate.

Otro “pequeño” lujo del matrimonio, es la nueva mansión familiar que los Pérez se construyeron en el barrio madrileño de El Viso, su gran residencia habitual, en una zona privilegiada donde viven personajes como la condesa de Romanones, Alberto Cortina o los banqueros de la familia March, sus socios en ACS. Hasta entonces, los Pérez vivieron en un chalet adosado que compraron cuando Florentino era concejal de la UCD, en el barrio madrileño de Chamartín y muy próximo a la calle de Padre Damián, cercana al Estadio Bernabéu.

La materialización de su nueva mansión, situada sobre una parcela de esquina de 2.600 metros cuadrados de extensión, con tres alturas más ático, sótanos, trasteros y varias plazas de garaje, acompañada de los mejores sistemas en seguridad y lo último en telecomunicaciones, le costó al matrimonio más de 30 millones de euros. El terreno, circundado por las calles Velázquez, Castellón de la Plana y Pablo Aranda, fue comprado por Florentino Pérez en septiembre de 2003 a Dolores Utrera Patuel, una prima lejana del productor ya fallecido Vicente Patuel, marido de la conocida actriz Carmen Sevilla.

Para hacer frente a su compra, los Pérez suscribieron una hipoteca de 19 millones de euros con el Banco Santander Central Hispano, cuyo vencimiento terminó el 30 de septiembre de 2006. La finca fue tasada por el BSCH, según el Registro de la Propiedad, en 27.360.000 euros. La mansión familiar de los Pérez comenzó a construirse en el 2005 a cargo de la empresa Dragados, integrada en el holding ACS, que preside Florentino Pérez. El proyecto arquitectónico fue realizado por la firma Arquetipo Arquitectos Asociados. Los sistemas de comunicaciones fueron encargados a World Consulting y el movimiento de tierras, encofrados y andamiajes, a distintas subcontratas. Por ejemplo, en su jardín se plantaron más de veinte árboles “de gran porte” con “tronco de diámetro superior a 30 centímetros”, según el proyecto original al que ha tenido acceso elcierredigital.com.

Empresas familiares

Para realizar todas sus operaciones financieras, los Pérez recurrían a dos de sus sociedades instrumentales: Inversiones Vesan S.A. y Rosan Inversiones S.L. En ambas figuraban como administradores el propio Florentino Pérez y su mujer, María Ángeles Sandoval. El family office del matrimonio Pérez-Sandoval fue Rosan Inversiones, con domicilio en la calle Fray Bernardino Sahagún, número 20, en pleno barrio madrileño de Chamartin. Esta sociedad fue a su vez la matriz de Inversiones Vesan, de la que mantuvieron el cien por ciento de su capital. La sociedad  Inversiones Vesan fue constituida por los Pérez en diciembre de 1997 con un capital social de cerca de 100 millones de euros.  

Con estas dos sociedades el pujante matrimonio incrementó, mediante la compra sucesiva de paquetes de acciones, su poder en la constructora ACS, situándose inicialmente como tercer accionista de la constructora (en torno al 11%) después de Corporación Financiera Alba (el holding de la familia March), y los empresarios Alberto Cortina y Alberto Alcocer, sus amigos que poseían a través de su sociedad Corporación Financiera Alcor un significativo paquete de la compañía (alrededor del 14 %). Pero poco a poco este porcentaje fue subiendo en torno la figura y particulares sociedades del hoy presidente del Real Madrid.

Por eso, quizá, todos sus amigos dicen que "la figura de Florentino Pérez está enmarcada, sin duda, en la de un hombre hecho a sí mismo. Formado en una familia de clase media, que ha conseguido la condición de rico sin los lastres habituales de la opulencia". Todos ellos dicen a elcierredigital.com que "es un hombre inteligente, organizado y responsable. Que difícilmente pierde las formas. Que la diplomacia es una de sus señas de identidad pero que siempre guarda un as en la manga. Que odia que haya papeles encima de la mesa porque, según dice, “es síntoma de tener trabajo pendiente”. Que no perdona la mentira".

Aseguran que "no gusta de excesos y se deja guiar poco por las pasiones mundanas. Que apenas bebe y que come muy frugalmente en las comidas de empresa. Que uno de sus platos más comunes es la tortilla francesa y la ensalada de tomate. Que su gran fallo en el Real Madrid ha sido que ha maleducado a los jugadores. Que ese es uno de sus defectos y virtudes. Y que casi nunca dejó de encargar a la sastrería de Cristóbal sus trajes de señor serio y formal, así lo hizo hasta su cierre haciéndose ahora los trajes en la sastrería de Joaquín Fernández Prats. Sin perder nunca su aparente y diseñada identidad: “Es que es tan buen chico y tan serio…”, como decían sus suegros hace más de cincuenta años.

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