24 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

La película 'El Duque' repasa el mediático hurto perpetrado por Kempton Bunton, quien mantuvo oculto durante cuatro años el retrato de Wellington

El Goya sustraído por un taxista hace 60 años: Historia del único robo en la National Gallery

Kempton Bunton.
Kempton Bunton.
Kempton Bunton fue el taxista jubilado que, en 1961, robó el conocido cuadro del 'Retrato del duque de Wellington', de Francisco de Goya, expuesto en la National Gallery. Lo mantuvo durante cuatro años en su poder y pedía una recompensa de 140.000 euros para crear un fondo que financiase la licencia de la televisión para los jubilados y más desfavorecidos. El próximo 3 de junio, la película ‘El Duque’ contará el único robo que sufrió la galería británica.

El 21 de agosto de 1961 la National Gallery de Londres sufría el primer y único robo de su historia: el del 'Retrato del duque de Wellington', de Francisco de Goya. El hurto de la pintura tuvo tanta repercusión que llegó a aparecer en la película Agente 007 contra el Dr. No, filme en el que James Bond encuentra el cuadro perdido en la cueva de su enemigo. Sin embargo, la historia real era mucho más inverosímil que la ficción, por lo que Roger Mitchell no perdió la oportunidad de contarla para la gran pantalla. 'El Duque' se estrenará el próximo 3 de junio y contará la historia del robo (y devolución en 1965) del famoso cuadro por un taxista jubilado, Kempton Bunton.

Retrato del duque de Wellington fue comprado en 1961 por 140.000 libras esterlinas (actualmente este cuadro costaría unos dos millones de euros) para poder exponerse en el museo londinense. La pintura del aristócrata británico se consideraba de gran valor por los amantes del arte del país y ya había pasado por varias manos privadas. La última persona interesada en la pieza era Charles Wrightsman, un magnate del petróleo. Al ser estadounidense, los británicos pusieron toda la carne en el asador para poder adquirir la pintura y que se mantuviera en el país.

Para Kempton Bunton, un taxista jubilado de 57 años, el dinero invertido en el cuadro le parecía un despropósito y defendía que esas cantidades podrían ser utilizadas en causas más relevantes para la sociedad británica. La indignación hizo que Bunton idease un modo de conseguir su fin: robar el cuadro y pedir a cambio las 140.000 libras que había costado. ¿Para qué? Para crear un fondo que ayudase a costear a jubilados y gente sin recursos un bien de primera necesidad para el taxista: la televisión.

La BBC y el impuesto para ver la televisión, el detonante

Bunton creía que la televisión era “una cura de la soledad para los pensionistas y los veteranos de guerra, y en esa época no había mucho más para la gente que estaba aislada y sola”, reconocía su nieto a la BBC. “Él sentía que debería estar disponible para todo aquel que la necesitara y eso fue parte de su campaña para pedir licencias televisivas gratuitas para los pensionistas”, continuaba.

Fotograma de la película 'El Duque'.

La cadena BBC por aquel entonces se financiaba a través de un impuesto que pagaban los ciudadanos (y que aún está vigente). Cuatro libras mensuales que para algunos no podrían significar mucho pero para otros ciudadanos eran todo un gasto. Bunton simpatizaba con ellos y, pese a admitir que podía permitirse el pago, se negaba a efectuarlo. Esta postura de no pagar las cuotas televisivas fue la causa por la que fue detenido hasta en cinco ocasiones. Y también, la causa que le llevó a idear su robo.

Lo cierto es que Bunton sabía de buena mano el entretenimiento que le proporcionaba la televisión. Sus problemas de salud (especialmente la obesidad y la diabetes, provocadas en parte por haberse dedicado a trabajos sedentarios) hacían que el antiguo taxista se quedase en casa con el televisor como fiel compañero.

Por otra parte, no siempre se había necesitado pagar una licencia para ver la televisión. De esta forma, mientras que desde 1936 a 1939 se tenía que pagar una licencia por escuchar la radio, la televisión no estaba sujeta a esta cuota, que era ofrecida como servicio complementario. Sin embargo, a partir de 1946 la situación cambió y separó los dos servicios, cobrando una libra anual a cada usuario que quisiera ver sus programas favoritos.

El robo del Goya de la National Gallery

Con la idea en la mente, a Bunton solo le hacía falta un plan para llevar a cabo su “campaña”. Y sucedió el día que acudió a ver el famoso cuadro en el que se había invertido tanto dinero. El vigilante del museo mantuvo una conversación aparentemente inofensiva con el taxista en la que le confesaba las ventajas de las nuevas tecnologías en alarmas, que minimizaban su trabajo, pero también le hizo saber la debilidad del sistema: todas las mañanas, se apagaba durante una hora para que se pudiera limpiar el recinto.

Según declaró a la policía cuando se entregó, cuatro años después del hurto, Bunton habría acudido al museo el día anterior a última hora para abrir una de las ventanas del baño de hombres que tenía acceso a unas escaleras. De este modo, a la mañana siguiente se coló por ella, cogió el cuadro y se marchó con él a su hogar en Newcastle.

Retrato del Duque de Wellington, de Francisco de Goya.

Bunton tuvo el Goya en su poder durante cuatro años, envuelto en papel de periódico. Lo cambiaba de lugar estratégicamente para que su esposa no se enterara del robo y, mientras tanto, enviaba cartas a Scotland Yard y a los principales medios de comunicación del país para obtener la recompensa por la pintura. La cantidad, 140.000 libras, debía ser donada para crear el ya mencionado fondo de ayuda para financiar la televisión a los jubilados. Pero en vista de que no obtenía resultados, acabó apelando a los millonarios y apasionados del arte para darles el cuadro a cambio de esa cantidad.

Devolución, juicio y verdadero autor material

Casi cuatro años después del hurto, en julio de 1965, Bunton se dio por vencido. Envió al Daily Mirror de Birmingham un resguardo de un paquete proveniente de Mr. Bloxham. Un redactor acudió a la consigna de la estación de New Street donde decían que se encontraba el envío y halló la pintura que llevaba desaparecida cuatro años. Y aunque no tenía marco, se encontraba intacta.

Seis semanas después, la comisaría de West End recibía a Bunton, que se confesó autor del robo con un relato que, si bien no encajaba del todo, resultó creíble para la policía debido a la naturaleza de sus antecedentes penales. No resultaba del todo verosímil que un hombre con sobrepeso, bastante alto y con poca movilidad, hubiese podido efectuar el robo pero se dio por válido y se procedió al juicio. Se le acusaba de cinco delitos, pero el abogado Jeremy Hutchinson (que, a pesar de tener cierto reconocimiento, no le cobró por la defensa) consiguió que solo fuese condenado a uno, por el que fue a prisión durante tres meses: el robo del marco, que se perdió durante el hurto.

Bunton fue entonces considerado una especie de Robin Hood televisivo y su robo, según la defensa de su abogado, no fue otra cosa que la “custodia escrupulosa” de una pintura que se había financiado con fondos públicos argumentando que el rescate que pedía a cambio no tenía como objetivo enriquecerle.

De este modo, Bunton pagó por su único crimen, el Código Penal de Reino Unido cambió su definición de robo (ya que, al haber devuelto el cuadro, no se contemplaba como hurto según la legislación) y cuatro años más tarde, en 1969, se descubrió al verdadero autor. Fue su hijo John que, por aquel entonces, tenía 20 años y, usando las escaleras que daban al baño de hombres, se coló por la ventana en el museo. “Trepé por la pared, todavía con el cuadro en una mano. Puse el cuadro en la parte de atrás del coche y conduje hasta Grafton Street. Allí puse la pintura bajo mi cama”, confesó a la policía.

Según el verdadero ladrón, lo hizo por la voluntad que tenía su padre de financiar su “campaña” y por el miedo a que lo hiciera por él mismo. Al no conseguirlo, Kempton confesó y así, salvó a su hijo de la prisión.

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