09 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA

El monarca y la vedette se hicieron “amigos” gracias a Adolfo Suárez, pero en 1997 el caso acabó en denuncias y la aparición en escena del exbanquero

El archivo secreto del CESID: Mario Conde, Juan Carlos I y las supuestas presiones de Bárbara Rey

Mario Conde.
Mario Conde.
Los ‘papeles de Manglano’ sitúan de nuevo en el foco mediático al exbanquero Mario Conde, al que se acusa directamente de intentar ‘comprar’ a Bárbara Rey en el que fue uno de los episodios más oscuros en la complicada trama de las supuestas aventuras amorosas del hoy Rey Emérito Juan Carlos de Borbón. El libro de Juan Fernández Miranda y Javier Chicote, 'El jefe de los espías', trae de nuevo a la actualidad esta historia que rescata elcierredigital.com

Hace 24 años, en 1997, la vedette y presentadora Bárbara Rey, cuyo verdadero nombre es María Margarita García García (Totana, Murcia, 2 de febrero de 1950), protagonizó uno de los episodios más oscuros en la complicada trama de las supuestas aventuras amorosas del hoy rey emérito Juan Carlos de Borbón. Ahora, un libro de Juan Fernández Miranda y Javier Chicote publicado por Roca Editorial, 'El jefe de los espías', devuelve a la actualidad esta historia. El volumen saca a la luz el archivo secreto de Emilio Manglano, consejero del rey y director del CESID durante 14 años. Era el jefe del espionaje, el hombre más informado de España. Lo sabía todo. Y lo documentó todo.

La historia de Bárbara Rey con el monarca comenzó en los primeros tiempos de la Transición. Se hicieron “amigos” por medio de Adolfo Suárez, que había sido director general de Radiodifusión y Televisión e impulsó su salto a la televisión cuando Valerio Lazarov la llamó para presentar en TVE la Gala Especial de Nochevieja de 1975, junto a Ágata Lys, Paca Gabaldón y Didi Sherman. Un año más tarde, la vedette ya consiguió atraer la atención de todo el público con un programa de variedades para la noche de los sábados en la televisión pública, titulado 'Palmarés', que lanzaría definitivamente a la fama a la hasta aquel momento desconocida presentadora. Por entonces, Suárez era ya presidente del Gobierno español en el segundo Ejecutivo dentro del reinado de Juan Carlos I.

Fue precisamente Adolfo Suárez, conocedor de los gustos físicos del rey Juan Carlos en cuanto a mujeres se refiere, quien se la presentó. Dicen que el monarca disfrutaba de un trato muy familiar con todos los miembros de la familia de Bárbara Rey, era considerado como uno más, y además disfrutaba de las delicias culinarias (paellas) que la actriz murciana le preparaba en la barbacoa de su chalé situado en la zona de Boadilla del Monte, y antes en la Moraleja.

Bárbara Rey. 

Fue a comienzo de los años noventa cuando Bárbara Rey cambió su domicilio conyugal que tenía con Ángel Cristo en La Moraleja, por otro en la zona de Boadilla del Monte. Según ella misma ha confesado a sus íntimos amigos, fue por indicación del rey Juan Carlos el que se eligiera esa determinada zona, ya que estaba más próxima al Palacio de Zarzuela.

La relación, iniciada a comienzo de los años ochenta, continuó de manera intermitente a lo largo de muchos años hasta que un buen día, en el mes de junio de 1994, don Juan Carlos le hizo saber que la historia había acabado. Pero Bárbara no estaba dispuesta a pasar página tan fácilmente. Para lo cual disponía de todo un arsenal de grabaciones y fotografías obtenidas en varios encuentros.

Por alguna razón desconocida, la vedette siempre había tenido la afición de dejar constancia de las conversaciones privadas con sus parejas. En la televisión, una vez (a primeros de marzo del año 2000, en el programa en directo 'Crónicas Marcianas'), ya salió en antena la grabación de una discusión entre ella y su exmarido, Ángel Cristo, que su hija Sofía puso vía telefónica a los telespectadores. La intención de Sofía Cristo era hacer quedar mal a su padre, que en la cinta, sin que se supiera a santo de qué, insultaba a Bárbara diciéndole a grito pelado que era una puta. Pero consiguió el efecto contrario cuando el domador de tigres en decadencia, presente en el plató, soltó una lastimoso “Si esta señora ha sido capaz de chantajear a uno de los hombres más importantes de nuestro país, cómo no va a tratar de destruir a un pobre y humilde hombre de circo como yo”.

Según fuentes de total solvencia, no había grabaciones de vídeo, solo había grabaciones de voz y múltiples fotografías tomadas en el jardín de la casa de Boadilla. Hay que situarse en el tiempo y observar que por esas fechas las grabaciones de vídeo eran muy escasas, y hasta el CNI, entonces CESID, tenía en sus archivos una fonoteca donde grababa las conversaciones de voz de los principales actores de la vida pública española y no una videoteca.

Durante esos años de relación, las atribuciones mensuales que Bárbara Rey recibía de los fondos reservados del Ministerio del Interior rondaban entre un millón y dos millones de pesetas, aunque según algunas fuentes podrían ser más. Luego, más tarde, fueron ingresados en una cuenta bancaria en Luxemburgo. Según ha publicado Ok diario, los agentes del CNI le abrieron una cuenta bancaria en el Kredietbank Luxembourg a la que transfirieron una primera cantidad de 26,3 millones de pesetas (160.000 euros). La cuenta secreta tenía asignado el número 55-209185-88-1 y estaba calificada como “compte kt plus”, un servicio de mayor remuneración financiera. Para ocultar la identidad de los verdaderos beneficiarios figuraba a nombre de la firma la comercial W.K Dibiapur, una sociedad off shore constituida en un paraíso fiscal.

Sin embargo, los ingresos se cortaron cuando la relación se interrumpió y fue cuando ella intentó llegar a un acuerdo indicando que tenía material gráfico y audiovisual complicado para los intereses de la Casa del Rey. La operación la llevó personalmente Manuel Prado y Colón de Carvajal, el gran amigo financiero del Rey Juan Carlos, fallecido en el año 2009 en Sevilla. 

Dicen que cuando los cómplices que ayudaron a Bárbara Rey en la operación que tenía previsto hacer, vieron y escucharon algunos ejemplos de lo que tenía grabado se asustaron de la sangre fría de la vedette. Bárbara le echó imaginación y se inventó que había recibido un paquete en su casa, con algunas copias del material gráfico. Lo único que hizo ella, según su versión, fue entrar en contacto con la persona correspondiente, Manuel Prado y Colón de Carvajal, para avisarle del peligro.

Pero además se supo que, desde 1993, asesorada por un proveedor de materiales de espionaje, en su chalé de Boadilla del Monte (Madrid) había montado todo un nido de “vigilancia” que disponía ya, incluso, de una cámara de vídeo camuflada en las cortinas del dormitorio. La artista había comprado un equipo de grabación a Antonio Durán, el dueño de la famosa “Tienda del espía”, amigo suyo, que se lo instaló en un lugar oculto de su casa para que nadie lo notara. Y había hecho copias de los materiales grabados, que tenía repartidos tanto en España como en el extranjero, guardados en una caja fuerte en Luxemburgo, donde tenía instalado su paraíso fiscal.

El Rey Juan Carlos I. 

Entre sus cómplices se encontraba Ramón Martín Ibáñez, quien entró en escena encarnando a quien da la cara como supuesto chantajista, para solicitar nada menos de 12.000 millones de pesetas. Pero el montaje no funcionó. Ya no se fiaban de ninguna manera de su palabra. Y ante la negativa de Prado de negociar, la vedette intentó ponerse en contacto directamente en el Rey, pero no lo consiguió. Y en los tiras y aflojas del asunto, los cómplices acabaron quedando fuera de la negociación, pero Bárbara Rey se salió finalmente con la suya. Todo parecía que entraba en vías de solución gracias a un programa de TVE que arregló el entonces director del Ente, el castellonense Jordi García Candau, luego director general de la televisión pública de Castilla-La Mancha con José Bono, y que hizo volver fugazmente a Bárbara Rey a la fama de la pequeña pantalla.

El 4 de noviembre de 1994 Bárbara Rey regresó inesperadamente a la pequeña pantalla como presentadora-vedette del programa de variedades 'Esto es espectáculo', en la primera cadena de la televisión estatal, en un día estrella y a una hora estelar. Tras 17 años de ausencia televisiva, pocos se acordaban ya de lo grave que sonaba ante las cámaras la voz de la artista en el programa de de TVE 'Palmarés', que como se ha dicho catapultó a esta chica murciana a la fama.

El 23 de febrero de 1996 la vedette padeció una extraña enfermedad en medio de la grabación del programa 'Esto es espectáculo'. Dicen que le acababan de dar la noticia de que personas no identificadas estaban buscando en casa de sus padres, en Totana (Murcia), las mencionadas grabaciones. La preocupación principal de Prado seguía siendo recuperar el material comprometedor.

Debido a lo delicado del material del que se trataba, sobre todo en el ámbito político, la Casa del Rey informó al entonces CESID (hoy CNI), cuyos espías se encargaron el asunto mano a mano con Manuel Prado y Colón de Carvajal.

Los miembros del CESID llegaron a un principio de acuerdo con Bárbara Rey, tenían que visionar el material para ver si éste era verdadero y cuantificar la importancia económica. Para ello le entregaron un maletín para que Bárbara depositara allí el material. Las llaves las tenían ellos, y la actriz sólo tenía que depositar allí el material y entregárselo. Cuál fue su sorpresa cuando depositó el material, y al cerrar el maletín comenzó a salir humo de él. Los miembros del CESID habían incorporado un material químico dentro de la maleta, para eliminar y destruir todo el material conforme se introdujera en él. Al ver salir humo y ante el temor de que fuera una bomba, Bárbara Rey arrojó corriendo el maletín a la piscina de su casa de Boadilla, donde permaneció en su fondo casi una semana. Afortunadamente para ella, la actriz tenía otra copia de seguridad guardada en una caja fuerte de Luxemburgo, bajo clave de 18 dígitos.

Bárbara Rey y Mario Conde

A partir de entonces todo empezó a ir mal, sobre todo cuando no le renovaron el contrato en televisión. El programa desapareció de la parrilla por falta de audiencia y Bárbara, muy enfadada, empezó de nuevo a presionar otra vez exigiendo un aumento de la asignación mensual. El asunto se complicó sin remedio desde la primavera del año 1996 y ya al comienzo de 1997 se puso en marcha la fase más dura del supuesto chantaje. Así, Bárbara Rey se entrevistó a finales de enero de ese año con el exbanquero Mario Conde para facilitar al expresidente de Banesto la información que la actriz calificaba de “comprometedora”. Durante el encuentro, Bárbara Rey manifestó a Conde que había sido presionada por Manuel Prado para que no se difundiera lo que ella sabía y que había sido vetada en todos los medios de comunicación.

El exbanquero aseguró en su día que tras la entrevista se limitó a informar a los afectados pero que nunca vio ni adquirió el material. Fuentes solventes dicen que la actriz hizo escuchar a Conde una cinta magnetofónica de una de las conversaciones que mantuvo con Prado. Mario Conde y Bárbara Rey se conocían desde hacía años, ya que Conde contrataba el circo de Ángel Cristo para una función de fin de año a todos los empleados de Banesto.

Mario Conde. 

Por otra parte, Cristina Ordovás, condesa de Ruiz de Castilla, una antigua amiga de la actriz, también señaló que Bárbara Rey le contó los hechos denunciados y que ella le recomendó que se pusiera en contacto con el policía Miguel Ángel Díez, el agente que investigó la carta-bomba sin reivindicar que hirió gravemente a su marido, Juan Goyeneche Moreno, en 1992.

Las denuncias de la vedette

Así, la actriz presentó inicialmente dos denuncias en comisaría: una, el 25 de mayo de 1997; y otra, el 1 de junio del mismo año, cuyo motivo era el robo de “tres cintas de cassette, cinco de vídeo y veinte diapositivas”, de contenido comprometido para una “alta personalidad”. En la denuncia, la actriz mencionaba los nombres de “un tal Eladio García Suárez” y el nombre de Luis Anasagasti como unas de las personas que la presionaron. Se da el caso de que algunos agentes del CESID utilizaban habitualmente el apellido Anasagasti.

En la denuncia se decía que el año anterior, cuando en su casa estaba el servicio de reserva (el habitual se encontraba de vacaciones), dos personas acudieron a su residencia en Boadilla del Monte, a las afueras de Madrid y que “les dijeron que querían tomar fotos de la entrada y del salón de mi casa, que iban a hacer un libro sobre mi vida”. El servicio accedió. Una vez en la casa, y siempre según su versión, los dos reporteros se interesaron por otras dependencias, “incluso por dónde estaba la caja fuerte”. El servicio empezó entonces a sospechar y a pesar de que les ofrecieron un millón de pesetas para poder volver, contaron a Bárbara Rey lo ocurrido. “Un millón es mucho dinero para esta gente, usted comprenderá. A pesar de eso me lo contaron y yo puse una denuncia en Boadilla del Monte”, indicó la actriz murciana en su día a este periodista.

Se montó entonces un dispositivo policial para averiguar quiénes eran los intrusos. Bárbara Rey explicó que al empleado protagonista de la historia “le pusieron un micrófono, y varias personas fueron a tomar fotos y vídeos del encuentro con esas dos personas”. Se suponía que este empleado debía darles algún tipo de información. Al parecer, la clave para desactivar la alarma de la vivienda de Boadilla.

“Cuando fui a la comisaría me dijeron cosas increíbles: las fotos se habían velado, el vídeo no servía, no se había grabado la cinta porque el señor (el empleado) habría tocado un botón, que no se podía localizar a los que fueron a mi casa porque el número del móvil que le habían dado para contactar con ellos era el de una tarjeta”, explicó Bárbara Rey a los periodistas. La denuncia de Boadilla fue remitida al juzgado de Móstoles. “El caso se ha paralizado allí. Lo único que me llegó a decir el señor juez fue que si yo tenía algún problema, porque el día que se hicieron las fotos y los vídeos les pareció reconocer a un policía retirado”.

En ese intervalo, la vedette había cambiado la alarma y la cerradura de su casa. “El día que me robaron, unas personas que dicen ser mis amigas me tuvieron toda la noche de aquí para allá, para que esta gente pudiera hacer su trabajo bien hecho. Me hicieron entrega del Bombín de plata y después me llevaron de un lado para otro”, afirmó en su día la vedette a este periodista.

Al percatarse del robo de los documentos, Bárbara Rey interpuso la consiguiente denuncia en la comisaría de Tetuán el 25 de mayo. “Yo llevaba la copia en una maleta. Tonta que fui. Viajaba a Murcia, y cuando bajamos del avión, Mari Trini me dijo que le habían abierto la maleta y a mi representante también. Cuando miré la mía también estaba abierta. Sólo faltaba la denuncia”. “Después reparé en que el avión estuvo en Barajas una hora”, dijo. Días después, hubo un segundo robo. En este caso fue su hijo el que la alertó. Fue entonces cuando interpuso la segunda denuncia.

Todo se endureció poco después con una tercera denuncia (el día 13 de junio) también en la comisaría del distrito madrileño de Tetuán. En esta tercera denuncia ya se acusaba personalmente al empresario y embajador de España Manuel Prado y Colón de Carvajal de robarle casetes, cintas de vídeo y fotografías comprometedoras. Este material, afirmó ella, además de afectar a su intimidad perjudica a “una persona importante de la cual no desea en estos momentos decir su identidad”. 

La noticia de la denuncia se difundió primero de manera anónima, escrita en un informe de siete folios que se dio a la prensa, del cual el Rey dijo no saber nada, aún cuando la Casa del Rey nunca desmintió ni una palabra del contenido. El documento narraba la historia con toda clase de detalles e incluía una copia de la última denuncia.

La prensa, por entonces, sólo se atrevió a explicarlo entre dientes, pero la Casa Real tuvo que intervenir directamente cuando la misma Bárbara pretendía ir a explicarlo todo en directo al plató del programa 'Tómbola' (líder entonces de audiencia en la televisión valenciana Canal Nou, en Telemadrid y en Canal Sur). Se le vetó la presencia en el último momento, pero nadie pudo impedir, en primer lugar, que hablara por teléfono y que cobrara lo que le correspondía por la intervención fallida en el plató del programa; y, en segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, que por lo menos se diera a conocer que se había impuesto la censura desde la Casa del Rey, cosa que ya era bastante grave por sí misma.

Después de aquello las cosas finalmente se arreglaron, con una nueva negociación, al parecer esta vez llevada a cabo por Fernando Almansa, el nuevo jefe de la Casa Real impuesto en su día por el banquero Mario Conde. Dicen que en lugar de una asignación mensual, se optó por comprar el material por una única suma, que se sitúa en unos 500 millones de pesetas (3 millones de euros de ahora). Se trataba de una cantidad más que suficiente para que Bárbara no volviera a tener problemas económicos en su vida y pudiera dejar que su asunto con el Rey se olvidara y reinara por siempre el olvido. La actriz manifiesta que ella jamás se benefició de ese dinero ni tuvo a su nombre una cuenta en Luxemburgo.

Hoy, más de veinte años después de las complicadas negociaciones de Bárbara Rey con los agentes del servicio secreto español, el contenido de esas grabaciones confidenciales, registradas personalmente por la actriz en sus encuentros con gente de su entorno, incluido el rey emérito Juan Carlos de Borbón, nunca se ha revelado ni sus imágenes se han reproducido públicamente.

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