21 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Las nuevas informaciones sobre el triple crimen como un documental, el hallazgo de unos huesos y la muerte de Juan I. Blanco impiden cerrar heridas

El eterno e incompleto duelo de los padres de Miriam, Toñi y Desirée, las tres niñas del enigmático crimen de Alcàsser

De izquierda a derecha, los padres de Desi, Miriam y Toñi.
De izquierda a derecha, los padres de Desi, Miriam y Toñi.
El asesinato de sus hijas les puso frente a las cámaras de televisión sin quererlo. España los apoyó y durante muchos años fueron las familias de este país más golpeadas por la desgracia. Pero la teoría de la conspiración de uno de ellos, Fernando García, defendidas hasta límites legales los enfrentó y terminó de romper la convivencia entre ellos. Divididos, frustrados y agobiados por los medios de comunicación, así vivieron los padres de las tres niñas de Alcàsser su desgracia.

El viernes 13 de noviembre de 1992 quedará para siempre para la desgracia en la memoria de las familias de Míriam, Toñi y Desirée. Durante 75 largos y eternos días, los padres de las niñas de Alcàsser recibieron la simpatía y respeto de una España que permanecía ávida de noticias sobre el paradero de tres menores que salieron un día de su casa para ir a una discoteca y jamás se las volvió a ver. Era la primera vez que esto ocurría en nuestro país y el interés fue evidente.

Pero el hallazo de los cadáveres, en enero de 1993, en el paraje de La Romana, y la detención de Miguel Ricart y la huida de Antonio Anglés, no terminó con su dolor, sino que lo empeoró, desplazó y alargó en el tiempo. Luego vino el juicio y la exposición mediática de Fernando Garcia, padre de Miriam y del periodista Juan Ignacio Blanco, que iniciaron su propia cruzada y un juicio paralelo al que se realizaba en la Audiencia Provincial de Valencia.

Rosa Folch, madre de Desirée que defiende la Prisión Permanente Revisable.

La sentencia condenatoria, lejos de acallar bocas y enterrar conspiraciones mantuvo viva la llama de Alcàsser, sobre la que ahora un nuevo documental de Netflix ha arrojado gasolina.

La ruptura entre familias comenzó la noche del 29 de enero de 1997, cuando Garcia y Juan Ignacio Blanco acudieron al programa de Telecinco, Esta noche cruzamos el Mississippi, y dieron los nombres de varias personas como artífices de la teoría de la conspiración e involucrados en una supuesta trama de grabación de películas snuff.

Rosa Folch desmintió a García al día siguiente

Al día siguiente, Rosa Folch, madre de Desirée Hernández Folch, una de las niñas muertas, acudió al programa de María Teresa Campos, en la misma cadena, pero que se emitía por las mañanas, para desmentir todo aquello y desligarse de aquellas acusaciones. El programa tenía entonces al frente de su sección de Sucesos a dos periodistas serios y rigurosos, Pedro Avilés y José Montoro, que no cedieron a los intentos de la teoría de la conspiración. Pero el daño irreparable ya estaba hecho.

La Asociación Clara Campoamor, que ejercía la acusación popular también tuvo que salir al paso por medio de su presidenta, Blanca Estrella Ruiz, y decir que aquello era una barbaridad. Rosa Folch concedía entonces una entrevista a Levante-EMV en la aseguraba que "cuando [García] empezó a contar en televisión todas las atrocidades que habían hecho con las niñas y enseñaba las fotos, fue insoportable". Lejos de parar, Juan Ignacio Blanco las publicó en su libro y fue demandado por la familia de Desirée, resultando condenado y el libro retirado del mercado, pero él lo continuó vendiendo por Internet.

Juan Ignacio Blanco y Fernando García.

SIn embargo, Fernando García logró mantener durante un tiempo el apoyo de los padres de Toñi, Fernando Gómez y Luisa Moreno. Rosa Folch lejos de cejar en su empeño consiguió que García retirase el nombre de "niñas de Alcàsser" de su fundación, con la que llegó a recaudar 78 millones de las antiguas pesetas. Lo cierto es que gracias a la lucha de Rosa Folch, Miguel RIcart no salió de la cárcel antes de tiempo e incluso ahora Rosa es firme defensora del mantenimiento legal de la prisión permanente revisable.

Pero esa pelea también tuvo costes vecinales, ya que el pueblo de Alcàsser se dividió entre quienes apoyaban a García y quienes no. Un  pueblo cansado de ver periodistas por sus calles, cámaras de televisión en sus plazas y desconocidos pidiendo opiniones que no interesaban a nadie. Para terminar de arrojar más sombras a las tres desgracias, en verano de 1994 moría Vicente Hernández, padre de Desi y marido de Rosa, que tuvo que enfrentarse sola, con su otra hija mayor, a todo el proceso del juicio.

Matilde Iborra, madre de Miriam y esposa de Fernando también fallecía en 1998, víctima de una larga enfermedad. Mientras, Fernando Gómez, padre de Toñi, asistía a las bodas de dos de sus hijos y al posterior nacimiento de sus nietos, unos niños que ya son mayores de edad con una tía que si viviera ya habría cumplido cuarenta años. Los padres de Toñi Gómez, Fernando y Luisa, fueron quienes menos se expusieron mediáticamente, ya que designaron para las apariciones televisivas de los primeros momentos a Fernando García y Rosa Folch, que llegaron a acudir juntos a algunos platós de televisión.

Fernando Gómez, padre de Toñi.

Ahora, el resurgir del caso ha provocado que de nuevo el psicólogo municipal del pueblo, a punto de jubilarse, haya ofrecido su ayuda a las mismas familias que atendió hace 26 años. Para añadir mas leña al fuego hace unas semanas una pareja de Gandía, Valencia, que hacía turismo por la zona, se encontró unos pequeños huesos en la misma fosa donde fueron enterradas las niñas y poco después moría Juan Ignacio Blanco, víctima también de una larga enfermedad.

Los huesos fueron enviados al Instituto Nacional de Toxicología en Madrid, pero deja una pregunta en el aire, ¿qué tipo de turismo acude a estos lugares? Pero la muerte de Juan Ignacio Blanco provocó de nuevo otra oleada de conspiranoicos que aseguraban que una vez muerto el periodista saldría a la luz la famosa cinta de vídeo que Blanco aseguró siempre poseer. Evidentemente, la cinta no existe.

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