25 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

La 'reina de corazones' es descendiente de soldados españoles en un país donde nuestro idioma, la religión y la cultura fueron implantadas en 1521

500 años de la llegada de España a Filipinas: La historia de Isabel Preysler, descendiente de españoles

Imagen de los últimos de FIlipinas.
Imagen de los últimos de FIlipinas.
Esta martes el Seminario de Historia Cisneros de la Fundación Universitaria Española dirigido por el Doctor José Luis Sánchez García, ha celebrado un acto conmemorativo con motivo del V centenario de la llegada de los españoles a Filipinas, hazaña que tuvo lugar el 16 de marzo de 1521. Fue allí, en esta ex colonia española donde nació la "reina de corazones" Isabel Preysler Arrastia. En su capital, Manila, un 18 de febrero de 1950, hace 71 años y no setenta como siempre ha querido vender.

Este 16 de marzo se ha celebrado la conmemoración del V centenario de la llegada de los españoles a Filipinas. Un hecho de gran calado histórico que el Seminario de 'Historia Cisneros' de la Fundación Universitaria Española, dirigido por el Doctor José Luis Sánchez García, ha querido conmemorar. Así lo ha hecho en un acto académico en el que han participado diferentes autoridades y personalidades como el Embajador de España en Filipinas, el Embajador de Chile, el Embajador de Cabo Verde, el Director General de Casa Asia, el Almirante Director del Instituto de Historia y Cultura Naval; y S.E.R. Mons. Bernardito Cleopas, Nuncio Apostólico en España, de origen filipino, que ha pronunciado la intervención de clausura.

Así, Monseñor Bernardito Cleopas, Nuncio Apostólico en España y Andorra, comenzó su intervención recordando que fue hace 500 años cuando se produjo la llegada de la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano a este país asiático: “Filipinas es un poco de España en Asia y ahora, de nuevo, se habla español por la llegada del Sumo Pontífice Francisco”.

El Nuncio Apostólico, de origen filipino, indicó que “lo acontecido un día como hoy en 1521, unifica un globo desunificado y desconocido” y “abrió inmensos horizontes para la humanidad”. Concluyó subrayando que “la Fe cristiana fue la herencia más importante que dejó España en Filipinas. La Fe también dio la vuelta al mundo”.

Soldados españoles en Filipinas.

Hay que recordar que Filipinas fue una tierra que durante más de tres siglos perteneció a la Corona Española, desde que el 16 de marzo de 1521 el almirante Fernando de Magallanes llegara a ella en su expedición de circunnavegación al globo terráqueo.

Cincuenta años después se fundaba, por parte del enviado del Virreinato de Nueva España, el gobernador Miguel López de Legazpi, conocido como "El Adelantado", la ciudad de Manila, su capital actual. Desde entonces, los misioneros españoles cristianizaron a la mayoría de la población, convirtiendo a este país en uno de los más católicos del mundo. Fundaron escuelas, universidades, hospitales e infraestructuras. Un dominio que se mantuvo hasta finales del siglo XIX cuando se perdió la colonia asiática en la famosa batalla de 1898 contra Estados Unidos, en la llamada guerra de "los últimos de Filipinas".

Isabel Preysler, la filipina hoy más ilustre

Fue allí, en esta ex colonia española, donde nació la "reina de corazones" Isabel Preysler Arrastia. En su capital, Manila, un 18 de febrero de 1950, en el seno de una familia media, relativamente acomodada, de costumbres convencionales, con servicio doméstico a su disposición, que se movía en círculos muy cerrados de signo claramente católico, en el que todos se conocían y donde no se admitían fácilmente nuevos miembros.

Sus progenitores fueron Carlos Preysler y Beatriz Arrastia. Cuentan los más allegados que los padres de Isabel se casaron por verdadero amor, a pesar del recelo de la adinerada familia Arrastia que siempre había soñado para su niña mimada un muchacho mejor posicionado socialmente. Pero ello no fue óbice para que el esbelto Carlos lograra casarse con la joven Betty, que por entonces rondaba los veinte años, una edad similar a la que Isabel Preysler tenía cuando contrajo primeras nupcias con Julio Iglesias. La pareja selló su alianza en 1941 de un modo convencional, fiel a sus firmes raíces católicas, en la antigua iglesia barroca de Malate, en los intramuros de la Gran Manila, una región metropolitana conformada por 17 ciudades.

En una de ellas, Mataki, el centro financiero por excelencia de Filipinas, instalaron su residencia los Preysler en el distrito de San Lorenzo, el segundo barrio más extenso de los 32 que tiene la ciudad. Allí, en una casa rodeada de un pequeño jardín (como la que tuvo su marido Miguel Boyer en Puertollano), situada en la calle Ponce, entre hotelitos, embajadas y colegios, configuraron su hogar bajo una gran inquietud civil derivada de la ocupación de Filipinas por las tropas japonesas y la posterior independencia total sobre Estados Unidos en julio de 1946. De su matrimonio, que duró cincuenta años, nacieron seis hijos: Enrique, Victoria, Isabel, Carlos, Beatriz y Joaquín (estos últimos mellizos).

Las raíces familiares de Isabel Preysler, tanto por vía de su padre como de su madre, proceden de España. Su abuela materna, Teodorica, era hija de un soldado español de la Rioja, Francisco Reinares, que había llegado a Filipinas en el último tercio del siglo XIX desde su pueblo de Alberite para combatir en la guerra contra la independencia que asolaba el país asiático, en un último intento por mantener este reducto que fue la capital del Imperio de las Islas Orientales Españolas.

La abuela de Isabelita, conocida como Kika, era una mujer de belleza salvaje, de rasgos orientales, que despertaba tremendas pasiones. Ésta se había casado con José Arrastia, hijo de otro soldado español, el navarro Valentín Arrastia Roncal, que, con tan sólo dieciocho años, había llegado también al archipiélago para combatir en el frente desde su pueblo de Allo, situado en la conocida comarca navarra de Estella. Quiso la casualidad que los soldados Reinares y Arrastia se hicieran grandes amigos en aquel barco que les conducía a tierras lejanas. Y tras los avatares bélicos, ambos se instalaron en el norte de la isla para trabajar como braceros en una compañía dedicada al cultivo de la caña de azúcar.

Pero poco a poco se fueron haciendo con pequeñas posesiones hasta transmutarse en dueños de importantes plantaciones de arroz y caña de azúcar, convirtiéndose en los hacendados más influyentes de la ciudad de Lubao y de la península de Bataan. Se casaron con nativas de pura sangre de la etnia kapampanga y engendraron una descendencia mestiza. Entonces decidieron unir en matrimonio a dos de sus vástagos para reunir en una sola fortuna la de ambos.

De este modo los dos soldados españoles Arrastia y Reinares se convirtieron en consuegros, concentrando en una sola propiedad la mayor parte de las plantaciones de la región de La Pampanga, la primera provincia ocupada por los españoles en 1571 y situada en el interior de la parte más ancha de la isla de Luzón, al norte de la Bahía de Manila. De esta manera pactada y estratégica, los jóvenes José Arrastia Salgado y Teodorica Reinares de Orion se unieron para el resto de sus vidas, convirtiéndose luego en los abuelos maternos de Isabel Preysler Arrastia.

Tuvieron una amplia descendencia que vio la luz en la inmensa plantación familiar. De sus diez partos, la bella oriental Teodorica Reinares, que era además una gran costurera, siete fueron niñas: Beatriz, Teresa, Estella, Elvira, Mercedes, Lilian y Josephine; y tres, varones: José María, Francisco y Valentín. La primogénita era Beatriz, a la que todo conocían por Betty, que sería luego la madre de Isabel Preysler. Pero el abuelo de Isabel era un hombre acostumbrado a una vida privilegiada, sin límites, proclive a las relaciones extramatrimoniales, lo que le reportó más descendientes. Un ejemplo de esta actitud extramarital fue su unión con la guapa bailarina de sangre hispano-alemana-filipina Carmen Salvador, hermana del célebre director de cine Lou Salvador. Con ella tuvo una hija, Rubí Neilam Arrastia Salvador, más conocida por Neile Adams, que llegaría a ser una actriz y cantante famosa en Hollywood y que se convirtió en la primera esposa del célebre actor Steve Mc Queen, la estrella masculina más atractiva del Hollywood de los años sesenta. 

José Arrastia, Pepe, poseía una considerable fortuna -estaba considerado el terrateniente más rico de la zona- y a medida que sus distintos hijos crecían los fue enviando a Manila, con el objetivo de que sus niños perdieran el componente rural que habían adquirido durante su infancia en la hacienda de Lubao. Pero la Segunda Guerra Mundial trastocó todos sus planes. La familia Arrastia fue encarcelada por los japoneses durante 18 meses.

Isabel Preysler.

Después de este desagradable periodo, las tías maternas de Isabel tomaron rumbos distintos, cada una a su manera. Fue una desintegración casi total de la familia. Rubí Neilam se marchó a los Estados Unidos donde se convirtió en una gran estrella de Hollywood cambiando su nombre por el artístico de Neile Adams. Tía Mercedes, conocida como Mercy, se introdujo de lleno en el fervor religioso, siendo muy conocida en su país por su devoción y por su defensa a ultranza del Santo Rosario, así como por su integración en los movimientos pro-vida y su servicio desinteresado a la Iglesia Católica de Roma, logrando con el tiempo ser la embajadora de Filipinas ante la Santa Sede, gracias a su profunda amistad con la ex presidenta de su país, Corazón Cojuangco Aquino. Tía Lilian, que falleció relativamente pronto debido a un cáncer, se convirtió en una experta jugadora de póker casándose con un rico empresario. Al igual que hicieron sus hermanas Elvira, Estella y Josephine (llamada Baby al ser la más pequeña), que emparentaron con ricos hacendados, hasta en dos y tres ocasiones, en un comportamiento conyugal masivo que luego también imitó su sobrina Isabel. Por su parte, tía Teresa, Tessy, se fugó a España con el diplomático Miguel Pérez Rubio, el marido de su mejor amiga, dejando ambos a sus respectivos hijos en Filipinas así como a sus enojados cónyuges. Fue en su hogar madrileño donde dieron cobijo a Isabel Preysler cuando llegó a Madrid.

Para Betty, futura madre de nuestra protagonista, el ojito derecho de sus padres, la más sensata junto a Mercy de todas las hermanas, con sangre indígena corriendo por sus venas, se eligió uno de los mejores colegios de la capital. A la niña la mandaron al internado del Colegio de Santa Escolástica, que regentaban las madres Benedictinas, una de las instituciones más recatadas y rectas de la católica Manila, muy unida a la aristocracia de la capital y al poder dictatorial dominante. La joven había heredado de su madre la belleza, el encanto oriental y una dulzura que le otorgaban un enorme atractivo, lo que le abrió las puertas de la alta burguesía de la ciudad. Sin embargo, no sacó el máximo provecho de estas cualidades dadas sus escasas veleidades sociales, casándose finalmente con Carlos Preysler Pérez de Tagle, un chico provinciano, descendiente también de emigrantes españoles, de una familia procedente de Cádiz que llegó al archipiélago en 1860 y que en su más remoto pasado tenían raíces austriacas. El apellido Preysler tiene su origen en una familia europea con un largo linaje de ancestros procedentes de Dinamarca, Alemania, Hungría, Austria y España. La línea filipina desciende del linaje hispano-austriaco, que se especializó en la comercialización de caballos austriacos que llevaron hasta la península ibérica en la mitad del siglo XIX. Fue en España donde la forma de este apellido se transmutó definitivamente en Preysler, después de pasar por Preiisler, Preisler, Presler, Preysller, Preiisschller, Preussller, Preussller, Prusseller y Prayzllar. 

Antes de la llegada del siglo XX, los primos hermanos Joaquín y Fausto Preysler (el abuelo paterno de Isabelita) se enamoraron y se casaron con dos primas hermanas, Vicenta Gonzáles Pérez de Tagle y Carmen Pérez de Tagle Teves, cuyas familias se dedicaban al negocio de la planta herbácea del abacá y de la copra de coco, con las que se hacían los lazos antes de la invención del nailon. "Don Fausto" empezó a trabajar en el campo, en la durísima vida de las colonias. Su familia política, los Pérez de Tagle, formaron parte de los ilustrados, grupo revolucionario de filipinos contra el Gobierno militar de España durante el siglo XIX. Con los años fue prosperando, y más tarde se instaló en Manila.

Pero la fortuna le acompañó poco tiempo. Murió joven dejando a sus cuatro hijos varones (Joaquín, Fausto, Carlos y José María) en una situación económica ruinosa. Carlos, el padre de Isabel, era el tercero de los niños y no logró labrarse de entrada un futuro boyante. Quizá su gran éxito fue casarse con la rica hacendada Beatriz Arrastia, de la que se enamoró locamente. De su matrimonio nacerían seis hijos: Enrique, Victoria, Isabel, Carlos, Beatriz y Joaquín (estos últimos mellizos). De nuevo en el seno de esta familia el destino fue heterogéneo. Unos hermanos salieron mejor parados que otros y alguno de ellos tuvo serios problemas con la droga. Y eso a pesar de que mamá Betty, desde que eran muy pequeños, les transmitió fuertes principios religiosos puesto que era una mujer devota y estricta en el cumplimiento de las normas religiosas que había aprendido en su infancia junto a las madres Benedictinas.

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