28 de enero de 2022
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FIN DE SEMANA

El último director de la extinta entidad salpicada por el pago de dietas a políticos navarros lo sitúa en el Instituto Hermes de protección digital

Iván Redondo ficha como asesor de una fundación prosocialista impulsada por el 'enterrador de Caja Navarra'

/ Enrique Goñi
Enrique Goñi, a la sombra de Isidre Fainé como actual adjunto a la presidencia de Criteria Caixa, ha impulsado el Instituto Hermes cercano a La Moncloa. El directivo navarro ha situado a Iván Redondo en el consejo asesor de esta fundación prosocialista. Goñi ejerció de director de Caja Navarra entre 2002 y 2012, año en el que la histórica entidad de crédito desapareció al ser absorbida por La Caixa.

La alarmante incapacidad de los poderes públicos de defender los derechos de la ciudadanía en el ámbito digital está motivando el nacimiento de algunas iniciativas privadas como el Instituto Hermes. Esta fundación progubernamental está impulsada desde las sombras por el influyente banquero Isidre Fainé.

Entre los miembros del patronato de Hermes destaca el productor y asesor 'sanchista' José Miguel Contreras, que compartirá proyecto con Iván Redondo después de que el exjefe de Gabinete de Pedro Sánchez se haya incorporado al consejo asesor de la fundación junto a exministros socialistas como Jordi Sevilla, Cristina Garmendia o Trinidad Jiménez, al presidente de Correos Juan Manuel Serrano y al CEO de Prisa, Carlos Núñez.

Enrique Goñi

El Instituto Hermes pretende "extender al ámbito digital la protección efectiva de los derechos personales de la ciudadanía" bajo la dirección del empresario Enrique Goñi, que lideró Caja Navarra entre 2002 y su desaparición en 2012 (tras ser absorbida por La Caixa), y que desde entonces ejerce como adjunto a la presidencia de Criteria Caixa (holding de inversiones que gestiona el patrimonio de la Fundación La Caixa).

Goñi es una figura casi desconocida a nivel estatal a pesar del escándalo que protagonizó en 2012 por haber pilotado la muerte de una histórica herramienta que dotaba de autonomía económica a Navarra: Caja Navarra.

Esta desaparición causó un hondo impacto social en la Comunidad Foral y una grave crisis política en UPN, que no se ha repuesto de la pérdida de poder autonómico de 2015 con la polémica de Caja Navarra como munición en campaña electoral para la izquierda política y mediática.

Es cierto que la justicia no encontró delitos en la gestión de Goñi, pero su imagen quedó carbonizada por la desaparición de Caja Navarra y porque bajo su gestión se repartieron dietas a políticos que fueron devueltas: la entonces presidenta Yolanda Barcina devolvió 68.000 euros; el expresidente Miguel Sanz repuso 38.000; y el hoy alcalde de Pamplona, Enrique Maya, devolvió 12.000 euros. "La práctica fue errónea", reconoció Barcina.

Sin experiencia

Goñi accedió a la dirección de Caja Navarra en 2002, a pesar de su nula experiencia en alta dirección financiera, gracias a su amigo Miguel Sanz, que presidía la Comunidad Foral desde 1996. La entidad de crédito navarra disfrutó de los años de bonanza hasta que la crisis se la llevó por delante, en parte por el antológico error que supuso que Goñi autorizase la fusión de la entidad con la ruinosa Caja Sol.

Enrique Goñi. 

El senador Koldo Martínez aseguró que el día que Caja Navarra salió al rescate de la caja andaluza por decisión de Goñi, "la integración le costó a la entidad navarra un ajuste de 511 millones de euros contra su patrimonio. Es decir, que casi la mitad del patrimonio acumulado por ahorradores navarros durante más de 90 años se desvaneció el mismo día que tomaron esta decisión".

Goñi tomó esta decisión después de que su sueldo, en diez años, pasase de 171.000 euros a 1,87 millones. La imagen del banquero, que en 2018, en una comisión de investigación, aseguraba que Caja Navarra no desapareció "sino que se ha transformado", no se ha repuesto en Navarra. Mejor le van las cosas en Madrid, donde no es tan conocido.

Soberanía tecnológica

Goñi aseguró en un reciente artículo publicado en El País que "la UE está en un esfuerzo sin precedentes para asegurar la soberanía tecnológica del continente y definir el espacio digital europeo como un territorio de decencia democrática. El horizonte: unirnos al mundo anglosajón e Iberoamérica y crear un gran espacio digital basado en derechos ciudadanos".

"¿Dónde están los enemigos? Hace tres años, los sistemas de crédito social nos parecían ciencia ficción. Estos sistemas puntúan y castigan a los ciudadanos en función de sus comportamientos cotidianos, seguidos obsesivamente por un mar de cámaras analizadas por una inteligencia artificial (IA). Un gesto adusto cuando el sistema no lo considera oportuno puede significar perder la libertad de movimientos, el empleo o verse sometidos a programas de reeducación. Es la columna vertebral de un nuevo tipo de totalitarismo que se testó masivamente en Xinjiang, China, que se está expandiendo por Asia Central y que comienza a comercializarse en África", añadía.

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