10 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Fernando Osuna, abogado de Javier Santos, presenta un recurso ante el Tribunal Supremo por la paternidad del cantante

La historia oculta de Julio Iglesias: De su boda con Isabel Preysler a su fortuna escondida en Las Bahamas

El cantante Julio Iglesias.
El cantante Julio Iglesias.
Javier Santos ha presentado un recurso en el Tribunal Supremo por la paternidad del cantante Julio Iglesias, después de que la Audiencia de Valencia revocara la sentencia que daba la razón al jóven en primera instancia. La defensa de Javier Santos está convencida de que el Alto Tribunal le dará la razón porque las pruebas biológicas les avalan. Julio Iglesias, por su parte, ha puesto a salvo en el paraíso de Bahamas la fortuna que ha ido acumulando a lo largo de sus 52 años de carrera musical.

Javier Santos ha anunciado la presentación de un recurso de casación ante el Tribunal Supremo en el caso de la paternidad del cantante Julio Iglesias después de que la Audiencia Provincial de Valencia revocara la sentencia en primera instancia que lo declara hijo del cantante. “Está muy claro que Julio Iglesias es el padre de Javier Santos, ahí está la prueba de ADN que es coincidente al 99 por ciento y mantener lo contrario sería decir algo parecido a que el Río Ebro no pasa por Zaragoza”, asegura a elcierredigital.com Fernando Osuna, abogado de Javier Santos.

Creen tanto Javier Santos como su abogado que la llegada a Alto Tribunal de este asunto les beneficiará debido a que "en el Supremo la jurisprudencia ha cambiado mucho en favor de los hijos no reconocidos, ya que la filiación es considerada materia de orden público. Además, la negativa de Julio Iglesias a someterse a la prueba de ADN es un punto en contra del artista", señala el abogado Osuna.

Javier Santos lleva años luchando por poder ser reconocido como hijo de Julio Iglesias. Sin embargo, en reiteradas ocasiones, ha declarado que no busca el dinero del cantante español de reconocida fama internacional. De todas formas, no le serviría de nada ya que Julio Iglesias ha sabido proteger su inmensa fortuna valorada en cerca de mil millones de euros. Iglesias es uno de los artistas españoles que más dinero ha ganado y mejor ha sabido invertirlo.

Los orígenes la dinastía Iglesias y fortuna del cantante

Si finalmente la Justicia da la razón a Javier Santos, Julio Iglesias añadiría un descendiente más a su saga. Sería su noveno hijo. Un eslabón más de una dinastía que empezó a crecer cuando se casó con Isabel Preysler Arrastia. Se conocieron hace medio siglo cuando la joven asiática estaba recién llegada de su Filipinas natal y empezaba a codearse con la jet set madrileña.

Fue precisamente en una de esas reuniones de poder durante el franquismo en la capital de España cuando conoció al cantante Julio Iglesias de la Cueva, un frustrado abogado, antiguo guardameta del Real Madrid, al que un grave accidente automovilístico, con una comprensión medular, le obligó a cambiar los guantes de portero de fútbol por los escenarios.

Se había convertido en el cantante de moda de aquellos momentos, ya que venía de ganar el Festival de Benidorm con la canción La vida sigue igual y de ser el elegido para representar a España en el Festival de Eurovisión que se celebraría en marzo de ese mismo año en Amsterdam (Holanda). Julito también había conocido su primer amor en brazos de una guapa hija de un diplomático, Gwendoline (Jane Harrington), con la que coincidió en su etapa de Londres donde cantaba por las calles y en los pubs, como el Airport Pub. Esta relación supuso para él, según sus propias palabras, “el amor verdadero y sincero, sin limitaciones”. Una chica a la que dedicó una de sus más conocidas canciones que llevó por título su nombre y con la que representó a España en el Festival de Eurovisión del año 1970.

Julio Iglesias de la Cueva nació por cesárea en Madrid a las dos de la tarde del 23 de septiembre de 1943, en el seno de una familia burguesa acomodada, sólo conservadora en sus formas, formada por su madre, Charo de la Cueva, su padre, el reconocido ginecólogo Julio Iglesias Puga, y su hermano pequeño, Carlos. Su infancia, “de pequeño era feito, aunque después se convertiría en un guapo mocetón”, trascurrió plácidamente en el barrio madrileño de Argüelles, en un hogar típico de la derecha española de esos años, con un piso grande sin ostentaciones en el centro de Madrid. Estudió el bachillerato en los Sagrados Corazones. Ya desde pequeño le gustaba practicar el deporte del balompié, jugaba en la demarcación de guardameta, pero su familia se opuso a que por el deporte abandonara sus estudios y eligió la carrera de Derecho, que empezó en el CEU de Madrid y casi terminó en la Universidad de Murcia, ya que le quedó colgada una asignatura, Derecho Internacional Privado, que hasta hace tan sólo una década no la aprobó. Su padre siempre deseó que su hijo siguiera la carrera de diplomático, ya que esa era su gran ilusión, pero finalmente Julito terminó como cantante, una profesión que empezó a convencerle como futuro cuando estuvo meses y meses en cama tras su accidente de coche que le produjo una tumoración y una paraplejía parcial. En la vida de Julio Iglesias, la imagen de su padre siempre ha tenido una importancia trascendental, mientras que para su hermano Carlos la tenía su madre.

Boda de Isabel Preysler y Julio Iglesias en 1971.

Isabel y Julio se conocieron inicialmente en una fiesta homenaje a Manuela Vargas, la famosa bailaora musa del pintor Salvador Dalí, celebrada en casa de Juan Olmedilla. Allí surgió el flechazo. Su cara de niña, su fragancia, siempre se perfuma en el último momento, y su esbelta figura, es más alta de lo que aparenta, impresionaron de entrada al cantante, transmitiéndole un encanto especial. Julio Iglesias no tardaría en enamorarse de la filipina, a pesar de que en aquel momento le resultaba fácil verse rodeado de esplendorosas mujeres. Era el soltero de oro, con muchas admiradoras. Pero sería en otra fiesta, celebrada en la primavera de 1970 en uno de los antiguos pabellones de la Feria del Campo de Madrid, que daba la conocida familia bodeguera gaditana de los Terry y organizada por el popular relaciones públicas, el navarro Julio Ayesa Echarri, donde se consumó el intento.

A Isabel sí que no se le escapó el evidente interés que mostró de entrada el cantante hacia ella Y eso que allí estaba la crème de la crème: desde la folklórica Lola Flores, pasando por la duquesa Carmen Franco, su hija Carmen Martínez-Bordiú, hasta un largo número de los llamados vips entre los que la filipina ya había aprendido a manejarse con soltura. Como siempre llegó tarde a la cita, pero nada angustiada. Iba a su aire, como si la noción del tiempo fuera diferente en Filipinas que en España.

La fiesta sirvió para que Isabel Preysler y Julio iglesias comenzaran a salir como si fueran dos jóvenes pipiolos. “Conocí a Julio Iglesias en 1970. Me pareció un chico simpático y educado, con un aspecto muy agradable. Julio no era todavía un famoso cantante. De todas formas, a mí nunca me han impresionado las personas por su importancia o popularidad. Nuestra primera salida fue para asistir a un recital de Juan Pardo. Tres días después de que nos presentaran, se me declaró; y a los seis meses ya éramos novios. Quería que nos casáramos enseguida, pero yo le dije que esperáramos un poco (…) Recuerdo perfectamente sus palabras. Me dijo: “esto no es una declaración y no pienses que te lo estoy pidiendo, pero quiero decirte que eres la mujer perfecta que siempre hubiera imaginado yo para casarme”, afirmó la Preysler en sus memorias para la revista Hola.

A finales de julio de 1970, la joven filipina viajó a Málaga con sus tíos para pasar el verano y Julio iglesias cambió radicalmente sus estíos en Peñiscola (Castellón) por las playas de la Costa del Sol. El amor continuó apasionadamente durante todo el otoño. Idas y venidas. Encuentro tras encuentro. Besos y noches de amor en un desapacible clima madrileño. Fue en las navidades de 1970, al regresar de sus compromisos en Argentina, cuando Julio Iglesias comentó a sus más allegados que se casaba de prisa y corriendo. La pareja sólo había tardado seis meses en formalizar el contrato nupcial.

Isabel y Julio con sus tres hijos: Chábeli, Julio José y Enrique Miguel.

El anuncio de la boda fue todo un bombazo, incluso para las familias de ambos, bastante conservadoras y católicas, que tenían preparados mejores planes para cada uno de ellos por separado. A los padres de Isabel les pareció una auténtica locura que su hija se uniera a un simple cantante de forma tan precipitada –nadie sospechaba que en su cuerpo pudiera estar gestándose un bebé-. Y a los padres de Julio, aunque tenían la esperanza de que estas nuevas responsabilidades sirvieran de revulsivo a su hijo para renunciar a sus aspiraciones en el mundo de la canción y proseguir su carrera de Derecho, también Isabelita les parecía muy poco. Sobre todo, a la madre de Julio, Charo de la Cueva, una mujer de agrio carácter, que empezó a llamar despectivamente a Isabel la china, ya que anhelaba que su hijo se casara con una chica madrileña de alta alcurnia.

El lugar escogido para celebrar la ceremonia fue el pueblo toledano de Illescas, a unos 40 kilómetros de Madrid. Ni muy lejos, ni muy cerca. La pareja se casó el 20 de enero de 1971 en un día de lluvia torrencial y de ambiente frío en las calles, no así dentro de la iglesia, templada con el calor de los asistentes. Fue el padre José Aguilera, el consiliario de los Jóvenes de Acción Católica de Madrid, quien los unió en matrimonio. Ante la ausencia de Carlos Preysler, que prefirió quedarse en Filipinas, actuó como padrino de Isabelita, su tío José María Preysler, hermano de papá.

Cuentan sus amigas que Isabel era todavía demasiado joven, tan solo 20 años, para comprender lo que estaba sucediendo y que no se daba aún cuenta de lo que significaría su vida al lado del cantante. Que, al principio, estaba envuelta en un torbellino apasionado que la empujaba a aceptar cualquier ocurrencia de su marido y que, en su inconsciencia lo idealizó. Julio representaba la aventura, los viajes, la puerta de acceso a un mundo que le había estado vetado por su origen y educación y no dudó en acompañarle a todos los lugares donde él acudía. Isabel vivió esa etapa intensamente mientras duró, aunque siempre añoró una vida familiar más apacible que la transportara a ese recogido status que disfrutó durante su infancia en Manila, donde regresaba siempre que podía.

Siete meses después de su boda, el 3 de septiembre de 1971, nació su primera hija, María Isabel, conocida como Chábeli, en el Hospital Nuestra Señora de Cascais, en Portugal. Una niña que con el tiempo se ha convertido en la fotocopia más perfecta de su madre. El nacimiento no impidió que Isabel siguiera acompañando a Julio Iglesias en sus giras, aun llevando a Chábeli en brazos.

Los Iglesias-Preysler poco antes de la ruptura del matrimonio. 

Pero el distanciamiento físico entre Isabel y Julio fue cada vez más habitual y constante. Y aunque el matrimonio pasaba menos tiempo junto, sus encuentros eran pasionales. Así, Isabel se quedó embarazada dos veces más albergando la esperanza de que esto representaría el regreso definitivo del hombre a quien entonces amaba. Pero eso nunca ocurrió. Nacieron sus dos hijos varones: Julio José, el 25 de febrero de 1973; y Enrique Miguel del que dio a luz el 8 de mayo de 1975. Desde entonces sus tres hijos ocuparon todo su tiempo. Ya no acompañaba en sus viajes a su marido que cada día conseguía mayores triunfos discográficos, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Y las ausencias eran cada vez más largas y el teléfono había dejado de sonar con la insistencia de los primeros tiempos. El 21 de julio de 1978 se anunciaba finalmente la ruptura del matrimonio a través del diario Arriba, uno de los periódicos propiedad del llamado Movimiento Nacional, y de la revista Hola.

Los tres niños, tras la dificultosa separación conyugal, continuaron su educación en Madrid sin romper con los vínculos tradicionales y pasando sus vacaciones en Miami con el padre, para ir así conociendo poco a poco ese ambiente tan distinto. A Isabel también le quedó un chalé en Guadalmar, en la Costa del Sol, y la vivienda de la madrileña calle de San Francisco de Sales, en el centro de Madrid, que el matrimonio había adquirido por doce millones de pesetas. Por entonces la fortuna de Julio Iglesias ya se valoraba en más de 500 millones de pesetas. Algunas fuentes que participaron en esa separación indican que Isabel actuó con generosidad pudiendo haber sido mucho más dura aun económicamente con el cantante. Desde entonces la fortuna de Iglesias solo ha crecido y serán los hijos nacidos de Isabel quienes la hereden en compañía de los hijos que ha tenido con Miranda Rijsburguer: Miguel Alejandro, Rodrigo, Victoria y Cristina y Guillermo. Javier Santos no tendría tanta suerte de demostrarse su filiación.

Una fortuna a salvo

En España, sus activos se aglutinan en dos empresas –Androsemo SL y Bellevue Costa Sol SA–, que son administradas por su esposa, Miranda Johanna María Rijnsburger. La segunda, con domicilio social en el barrio de Salamanca, en Madrid, fue creada la Nochebuena de 1999 con el objeto social de "construcción de edificios residenciales". Esta empresa no presenta cuentas desde el año 2015, en el que valoró sus activos en 4.623.283 euros. Por su parte, Androsemo SL, constituida en 1992 y domiciliada en Marbella, tiene activos declarados por un valor de 7.822.940 euros y no presenta cuentas desde el año 2012. Precisamente, esta sociedad es la titular de las 56 hectáreas que ocupa la finca marbellí del cantante, Cuatro Lunas. A su vez, el artista posee, también, cerca de diez hectáreas de terreno colindante a esta casa malagueña con el fin de preservar su intimidad.

Julio y Mirando y los cincos hijos del matrimonio: Miguel Alejandro, Rodrigo, Victoria, Cristina y Guillermo.

Desde 2007, Miranda administra, oficialmente, todo el patrimonio del cantante en España. Un año importante, porque fue cuando Julio Iglesias abandonó su aventura en el sector inmobiliario en la Comunidad Valenciana. Siete años antes, en noviembre de 2000, entraba con fuerza como inversor inmobiliario en España. Junto a tres socios, el constructor Andrés Ballester y los empresarios Fernando Polanco y José Lladró, constituyó la sociedad Urcosa SL, que promovía en Altea (Alicante) la urbanización Villa Gadea, un proyecto con 260 chalés y un hotel de lujo de cinco estrellas.

El capital inicial fue de 500 millones, de los cuales Julio aportó un 20%, 100 millones de euros. Justificó entonces su decisión de invertir, en el que denominó su "primer negocio en Valencia", por la seriedad de sus socios y perspectivas de rentabilidad, en un momento en el que el cantante era embajador de las iniciativas de la Generalitat Valenciana de la mano de Eduardo Zaplana. De hecho, llegó a afirmar: "Prometí al presidente Zaplana que invertiría, y así lo hecho".

Pero la aventura en la Comunidad Valenciana no acabó tan bien como esperaba y terminó en los tribunales de Justicia. Durante la investigación, reconoció ante un juez dominicano que cobró 5,95 millones de euros a raíz de dos contratos firmados en diciembre de 1997 con el Instituto Valenciano de la Exportación (Ivex). Una cifra que suponía 3,7 millones de euros más de lo que el entonces presidente de la Generalitat Valenciana aseguró haber pagado al cantante por promocionar su Comunidad.

Todo este escándalo hizo que, el 27 de abril de 2007, Julio Iglesias cesara como consejero de las empresas Coll de Rates SA, Altea Futuro SA y Desarrollos Futuros del Algar SL –hoy en liquidación– y unos días más tarde, el 3 de mayo de 2007, lo haría de la empresa Hotel Villa Gadea Altea SL. Curiosamente, solo unos meses después, Miranda tomaba ya registralmente las riendas de los negocios e inversiones de su marido en España.

Residencia de Julio Iglesias en Ojén (Málaga). 

Pero el gran patrimonio de Iglesias está al otro lado del Atlántico, en EE.UU. y la República Domicana, principalmente. De la mano de su amigo Óscar de la Renta, invirtió para convertir Punta Cana en un gran destino turístico. Iglesias se convirtió en una de las caras más visibles del grupo Punta Cana, la empresa que urbanizó este destino turístico creando apartamentos, hoteles e infraestructuras, como el aeropuerto de esta ciudad caribeña, el primero en su categoría completamente privado, y donde aparece como principal inversor.

A 10 minutos de este, construyó su mansión, valorada en más 20 millones de dólares. Ahora, se especula que ha decidido desprenderse de parte de sus inversiones en esta isla para desplazar sus importantes plusvalías hacia Panamá, sin que haya confirmación oficial todavía.

Lo que sí se conoce fue la puesta en venta el pasado año, según filtró una inmobiliaria, de las 3,24 hectáreas que posee en Indian Creek, la famosa isla de los VIP en Miami. El terreno se habría dividido en cuatro lotes con vistas a Byscaine Bay, cuyo valor total alcanzaría los 150 millones de dólares.

Ahora, Julio Iglesias, no quiere sorpresas y después de amasar una gran fortuna, su prioridad económica es protegerla.

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