22 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

Los dos argelinos utilizaron un spray para aturdir a su víctima además de un bate de beísbol y un palo para golpearlo antes de asfixiarlo

El sicario Djilali Benatia cobró 25.000 euros para "dar un susto" al concejal Ardines por encargo de Pedro Nieva

Javier Ardines, concejal asesinado.
Javier Ardines, concejal asesinado.
La declaración judicial del sicario argelino Djilali Benatia donde reconoce que cobró 25.000 euros para "dar un susto" al concejal de Izquierda Unida en Llanes, Javier Ardines, por encargo de su primo político Pedro Nieva no ha dejado lugar a dudas. Demostró no ser un sicario profesional, Confesó haber actuado, junto a su compinche todavía detenido en Suiza, para solo "dar un susto" al concejal de Llanes, pero nunca matarle.

Una vida a cambio de 25.000 euros. Esa es la cantidad que cobraron los dos sicarios argelinos que asesinaron al concejal de Izquierda Unida en Llanes, Javier Ardines. Sus dos presuntos asesinos esperaron a que el concejal saliera de su casa temprano, como hacia habitualmente, siempre camino de su trabajo, a faenar como marinero en su barco de pesca. Eran las seis de la mañana del 16 de agosto, todavía no había salido el sol. Unos minutos antes los sicarios habían puesto unos vallas para hacer que detuviese su coche, cuando bajó le rociaron con spray pimienta de autodefensa, le vaciaron el bote casi por entero sobre su rostro. Luego le asfixiaron y le  golpearon con un bate de béisbol y un palo, hasta matarlo.

Un hombre que paseaba a su perro encontró el cuerpo sobre las ocho de la mañana. El concejal estaba en el suelo boca abajo, a 70 metros de su coche, que se encontraba todavía con la puerta abierta y en marcha. Una de las primeras personas en llegar al lugar de los hechos, alertada por el tránsito de vehículos de la Guardia Civil, fue Katia Blanco, la mujer de Pedro Nieva, el presunto inductor del asesinato, y prima de la esposa de Ardines, Nuria Blanco. Pedro Nieva y Katia habían comprado una casa muy cerca, apenas a cien metros de donde vivían sus primos y muy cerca del lugar del crimen, con el fin de usarla de segunda residencia veraniega dada su gran amistad y compartir los ratos juntos.

En su declaración judicial el sicario argelino Benatia declaró que "el hombre estaba vivo” y añadió que mientras él volvía al coche, su compañero, todavía a día de hoy detenido en Suiza y pendiente de su extradición, se quedó un rato junto a Ardines, “escuché un segundo golpe muy fuerte, pero siempre creí que lo dejamos vivo”.

Pedro Nieva y su esposa Katia en una fotografía de hace tres años.

Djilali Benatia, de 40 años, acompañado por el letrado Adrián Fernández, detalló en su declaración cómo se produjo el ataque, en el que utilizaron el spray para aturdir a su víctima y golpes  con un bate de beisbol y un palo. El detenido insistió ante la jueza en que la intención era la de solo “dar un susto” al concejal y en ningún momento matarlo.

De hecho, el presunto sicario aseguró que supo que había muerto por los medios de comunicación, cuando ya se encontraban de vuelta en Bilbao. Su compatriota se asustó y huyó a Suiza, donde fue detenido hace tres meses por un robo con fuerza en un domicilio. Ahora está en el país helvético en prisión preventiva.

Los dos magrebíes habían peinado la zona y probado la trampa unos días antes y comprobaron que el concejal se bajaba para retirar las vallas. Javier Ardines, corpulento y fuerte, no era una víctima fácil, por eso el lugar elegido fue un solitario camino de Belmonte de Pría, en Asturias, prácticamente vacío a esa hora y donde no podía recibir ayuda. Tras rociarle con el spray los asesinos le golpearon, pero lejos de lograr su propósito inicial Ardines no desfalleció y echó a correr, aunque fue alcanzado por sus asesinos a 70 metros, donde lo asfixiaron hasta la muerte. Luego se fueron a su casa en Vizcaya e incumplieron el primer mandamiento de un sicario profesional, quedarse a vivir cerca del lugar de su crimen. "Un sicario profesional nunca se queda en la zona caliente del crimen y huye enseguida", afirman expertos policiales a elcierredigital.com

El supuesto asesino que ha declarado ante la jueza reconoció además haber estado en la zona en varias ocasiones para preparar el terreno y la posterior emboscada. Sin embargo, Pedro Nieva ha negado conocerle de nada. Fue, supuestamente, su amigo Jesús M. B., quien los contrató.

Pedro Nieva se negó a contestar a la jueza y la fiscal y sólo ofreció una declaración a modo de monólogo donde intentó exculparse, aunque la Guardia Civil tiene pruebas suficientes para inculparlo. Su amigo Jesús M. B., supuesto intermediario que contrató a los magrebíes, se acogió a su derecho a no declarar.

Katia, esposa de Pedro Nieva.

La jueza Lucía González Azpiazu, titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Llanes, de acuerdo con la Fiscalía, decretó la orden de ingreso en prisión comunicada y sin fianza de los tres acusados por un delito de asesinato.

El otro argelino implicado, también supuesto asesino material de Ardines, está pendiente de ser extraditado y su implicación pudo ser demostrada porque su teléfono móvil quedó posicionado en los repetidores de Llanes. La jueza González Azpiazu es la misma que instruye esta causa desde su inicio el día 16 de agosto de 2018.

Trabajo policial callado y metódico

Durante estos meses los investigadores de la policía judicial de la Guardia Civil han trabajado ajenos a las presiones políticas y a los medios de comunicación. Interrogaron a sus amigos, a sus enemigos políticos, a sus compañeros, a los pescadores de la zona, peinaron todos los hoteles de la zona, fueron a las empresas de alquiler de vehículos en búsqueda de pistas y revisaron cada milímetro del barco de pesca de Ardines, "El Bramadoria".

Al mismo tiempo, los investigadores trabajaron en el análisis de los restos hallados en el cuerpo del concejal, como en el visionado de cientos de grabaciones de las cámaras de tráfico. Al final, el vehículo Citroën, que utilizaron los presuntos sicarios argelinos, aparecía en la zona ese mismo día y también unos días antes.

Fue a finales de noviembre pasado, cuando Pedro Nieva se convirtió en prácticamente el único sospechoso de los investigadores al encontrar un móvil del crimen: los celos por una supuesta relación íntima entre la mujer de Pedro Nieva, Katia Blanco, y el fallecido Javier Ardines.

La cuarta persona en discordia en este extraño triángulo fue la esposa de Ardines, Nuria Blanco, quien comenzó a sospechar que algo raro pasaba con su prima y su marido, ya que ambas parejas pasaron de ser inseparables a romper toda relación. Cuando más necesitaba de la compañía de su prima Katia, más fue la distancia que se produjo entre las primas y esto se lo comentó a los investigadores de la UCO de la Guardia Civil, que comenzaron a atar cabos hasta culminar con la detención de Pedro Nieva. Un personaje celoso, impulsivo, con mal genio y con antecedentes por cuestiones de drogas. El círculo quedó cerrado por completo.

Ahora solo falta saber cómo se pagó y contrató a estos presuntos sicarios argelinos, muy poco profesionales en el crimen y vinculados con el trafico de drogas, con el que también estaba implicado Pedro Nieva. "Pero hablar de sicarios profesionales nada de nada, más bien matones", afirman fuentes policiales a elcierredigital.com.

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