09 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Una jueza de Alzira (Valencia) mandó una comisión rogatoria a Gran Bretaña para interrogar al capitán del barco en el que huyó el fugitivo más buscado

Temor a que el parón judicial afecte a la búsqueda de Antonio Anglés, autor del triple crimen de Alcàsser

Ficha policial de Antonio Anglés.
Ficha policial de Antonio Anglés.
Un 28 de marzo de 1993 se perdía la pista del enemigo público número 1, Antonio Anglés, autor del triple crimen de Alcàsser. Su rastro desapareció en Gran Bretaña, donde llegó como polizón de un barco. El capitán de aquel buque dijo a un programa de televisión recientemente que el fugitivo requirió ayuda para escapar y por eso una jueza de Alzira pidió tomarlo declaración en febrero de 2020. El temor es que ahora el Covid-19 pueda paralizar todas las actuaciones judiciales definitivamente.

Hace unos días, en concreto el 28 de marzo, se cumplieron 27 años de que se le perdiese la pista a Antonio Anglés, el fugitivo número 1, el hombre más buscado por Policía y Guardia Civil española. Quizás sea una búsqueda infructuosa, pero el caso se reabrió hace casi dos meses, justo antes de que se declarase el estado de alarma en España, gracias a un reportaje de investigación emitido por La Sexta TV.

Entonces la magistrada Elisa Fort, del juzgado de Alzira (Valencia), remitió una solicitud de auxilio judicial dirigida a las autoridades de Reino Unido, donde actualmente reside el hombre que gobernaba un mercante de 110 metros de eslora, el City of Plymouth, el capitán Kenneth Farquharson Stevens para poder tomarle declaración. En este barco se supone que Anglés huyó desde Lisboa hasta Liverpool.

Ahora existe cierto temor a que la paralización judicial por el coronavirus tanto en España como en Reino Unido provoque que esta solicitud caiga en el cajón de las peticiones olvidadas y prescriban los plazos para poder dar luz verde al interrogatorio del capitán del barco donde se vió por última vez a Anglés, el 27 de marzo de 1993.

Tras la emisión de un programa en televisión sobre el paradero de Anglés, la Policía remitió un informe al juzgado, que ahora pide tomar declaración al capitan Stevens, que ya está jubilado. En aquella emisión el capitán contaba lo mismo que relató a la policía británica hace 27 años y que se incluyó en el sumario de Alcàsser en 1993, que encontró a Antonio Anglés de polizón en su barco.

Gracias a esta nueva diligencia se logrará retrasar la prescripción del caso. La primera vez fue en en 2009, cuando los agentes de la Guardia Civil pertenecientes a la Comisaría General de Policía Judicial pidieron al juzgado la intervención del teléfono y el correo electrónico de la hermana de Antonio Anglés, Kelly. Aunque entonces las escuchas telefónicas no permitieron dar con el paradero del fugitivo, retrasaron la prescripción de los crímenes hasta el 14 de diciembre de 2029. Con la nueva línea de investigación abierta por la jueza de Alzira se podrían retrasar otros 20 años la extinción de la responsabilidad penal.

Asimismo, la misma jueza ha pedido que se tomen muestras de ADN a Rosa Folch, madre de Desirée y a Fernando García, padre de Miriam, para cotejarlas con las extraidas de los cuatro huesos encontrados el 24 de junio de 2019 por una pareja junto a la fosa del triple crimen. La solicitud se hace porque un estudio antropológico realizado por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, por el doctor Francisco Extebarria, descarta que los restos óseos se hubieran desprendido del cadáver de Toñi en 1993, pero no excluye que sean trozos de falange de las otras dos niñas. Con estas muestras los especialistas podrán cotejar los perfiles genéticos para determinar si los restos óseos pertenecen a los otros cadáveres de las niñas.

Ahora todas esas gestiones pueden estar paralizadas por la irrupción del Covid-19 en nuestro país y en Gran Bretaña y se teme que la paralización judicial puede prescribir el crimen de Anglés o que no de tiempo para impedir que se extinga su responsabilidad penal.

Dos teorías sobre el paradero de Anglés

El caso es que Antonio Anglés nunca fue encontrado y su paradero quedó judicialmente cerrado, pero policialmente no completado. Hasta el momento, existen dos versiones probables extendidas sobre su paradero.

El 13 de noviembre de 1992 Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández hacían autostop para ir a la discoteca Coolor, de Picassent (Valencia), donde se celebraba una fiesta de su instituto. Tenían entre 14 y 15 años. El vehículo que paró fue el de Antonio Anglés y Miguel Ricart. Las secuestraron, las llevaron a una caseta abandonada en el campo, las torturaron, violaron, asesinaron y luego las enterraron.

El 27 de enero de 1993 dos apicultores descubrieron los cadáveres. La Guardia Civil encontró un volante hospitalario con el nombre de Enrique Anglés, hermano de Antonio, un conocido delincuente de la zona. Cuando los agentes estaban en el domicilio de los Anglés, en Catarroja, se presentó Miguel Ricart a preguntar qué ocurría, pero un guardia civil lo reconoció como "el Rubio", compañero de fechorías de Anglés y fue detenido. Mientras tanto, Antonio Anglés huía hasta una caseta abandonada en mitad del monte en Catarroja, pero cuando llegó la Guardia Civil, el asesino ya no estaba allí.

Antonio Anglés con el aspecto actual que tendría en una recreación.

El juzgado de Alzira que instruyó el caso abrió una pieza separada del sumario para dar con su paradero. Comenzaba su búsqueda y captura. Miguel Ricart fue condenado a 170 años de prisión, de los que cumplió 21 antes de ser puesto en libertad, en 2013, gracias a la aplicación de la  "doctrina Parot". La presión mediática le empujó a irse de España a Francia.

¿Pero dónde está Anglés? Lo que se sabe es que el 28 de enero de 1993 Anglés huyó de Catarroja, donde vivía con su madre y hermanos, a Valencia. Allí se cortó y tiñó el pelo de rubio, la peluquera lo reconoció.

Cartel de la búsqueda de Anglés.

Un día después, el 29 de enero, varios testigos lo reconocieron en la estación de autobuses de la capital valenciana, entre ellos la peluquera que lo atendió. Allí se perdió su pista durante doce días, hasta el 10 de febrero, cuando robó una furgoneta a punta de pistola en Vilamarxant y la abandonó en Minglanilla, una localidad de Cuenca, en la carretera que une Valencia con Madrid.

La Guardia Civil sospechaba entonces que intentaba dirigirse a la capital de España. Pero la pista se perdió de nuevo, hasta el 10 de marzo de 1993, cuando un agente del Cesid (actual CNI) en Lisboa mandó una nota a sus superiores para informar de que había visto ese mismo día a Anglés en casa de un delincuente portugués. Inexplicablemente esta información tardó quince días en llegar a la Guardia Civil.

El viernes 26 de marzo de 1993, dos agentes se trasladaron a Lisboa, solo para constatar mediante la obtención de huellas dactilares que el fugitivo había estado en casa de Joaquim Carvalho, un delincuente común portugués que se dedicaba al trapicheo de drogas y que había dado cobijo a Anglés. La Guardia Civil tenía sus huellas de anteriores detenciones por trapicheo de drogas.

En un barco desde Lisboa

Mientras tanto, unos días antes, el 18 de marzo de 1993, el buque de carga City of Plymouth zarpaba desde Lisboa a Liverpool con un polizón a bordo que, según la versión oficial, era Antonio Anglés. A las 2.45 horas del día 23, un marinero británico, Jo Hanneghan, encontró al pasajero clandestino en la cocina del barco, intentando robar comida. Lo atrapó y lo confinaron en un camarote con la llave echada. A las 7.30 del mismo día, el contramaestre, Gwilym Jones, descubrió que el polizón había escapado por la ventana. Entonces el barco, en medio del mar, cerca de la costa irlandesa, comenzó a trazar círculos en su búsqueda, hasta que a las 9.50 horas un avión francés de reconocimiento encontró al huido en una balsa a la deriva. El barco lo rescató, lo subieron a bordo y lo encerraron de nuevo.

El barco donde supuestamente huyó Anglés.

El supuesto Anglés, que para el doctor forense Luis Frontela no era tal, según reveló en el programa Cuarto Milenio, de Cuatro, quedó recluido nuevamente en un camarote a las cinco y media de la tarde. El prestigioso forense desveló entonces que piensa que Anglés murió en España y su cuerpo no se ha localizado todavía, según recogimos en elcierredigital.com.

El barco con bandera de Reino Unido atracó primero en el puerto de Dublín, al mando del capitán Kenneth Farquharson Stevens, sin más novedades alrededor de las once de la noche. La policía irlandesa subió entonces a bordo para detenerlo, pero no encontraron al polizón, aunque sí una cuerda y un gancho lo suficientemente largos para llegar al muelle desde la cubierta. El capitán entregó entonces varios efectos personales del polizón, entre ellos tres documentos a nombre de Joaquím Carvalho, el delincuente que dio asilo a Anglés en Lisboa.

El capitán Kenneth Farquharson Stevens./ La Sexta TV.

Al día siguiente, otro barco encontró en el mar un chaleco salvavidas perteneciente al City of Plymouth. Ese mismo día llegaba a la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil la nota del Cesid advirtiendo de la presencia de Anglés en Lisboa. ¿Pudo llegar nadando hasta la costa irlandesa? Sus amigos y compañeros de andanza durante su juventud, como "El Calígula" o "El Raulillo", que lo conocían bien, y sus familiares dijeron que sí, confirmaron que "nadaba como un pez". El capitán del barco también lo creía y así lo manifestó en la televisión durante un documental emitido por Equipo de Investigación, de La Sexta. Este documento es el usado ahora por la jueza para reabrir el caso e intentar tomar declaración oficial a Stevens.

Buscado en medio mundo

Antonio Anglés es el fugitivo más buscado desde entonces en España, y tanto policías como guardias civiles han recorrido miles de kilómetros tras su sombra. Lo han buscado en Estados Unidos, Uruguay, Argentina, Brasil, México y República Dominicana. Muchas de estas pistas parecían buenas, pero no hubo éxito. Incluso siete años después de desaparecer, en enero de 2000, la Policía Científica analizó los restos de un cráneo encontrado en Cork (Irlanda) en 1995 por si pudiera corresponder al fugitivo, con resultado negativo. Su rostro, modificado para mostrar el paso del tiempo, está todavía entre la cara de los criminales más buscados por Interpol. Si está vivo, Anglés tiene ahora 53 años, según reza el expediente 1993-9069.

¿Es posible que Anglés eludiese a todos los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado que lo buscaban? Los policías y guardias civiles, en su mayor parte ya jubilados así lo afirman. Anglés no era un delincuente estúpido, era hábil, agresivo, rápido de pensamiento y brutal en la ejecución de sus acciones y además siempre iba por delante de la Policía en sus acciones.

Está vivo en Estados Unidos

Desde entonces, dos son las teorías más importantes sobre su desaparición que han perdurado 27 años después. La primera, que Anglés se ahogó en el Mar del Norte y que en realidad el barco no lo rescató tras caer al mar y que, por tanto, la tripulación mintió sobre su posterior huida para evitar engorrosos interrogatorios y papeleos tras llegar a puerto. Esta hipótesis no ha quedado, hasta el momento, demostrada y fue desmentida por el capitán del barco en el documental referido.

La segunda versión es la más inquietante porque es la más creíble. El comandante de la Guardia Civil Juan Miguel Pérez, responsable de la detención de Miguel Ricart, y el que continuó con la búsqueda de Anglés durante años, declaró públicamente estar convencido de que "sigue vivo" y explicó que la hipótesis de su muerte en el mar era una "hipótesis no confirmada".

Luis Frontela en Cuarto Milenio, de Cuatro.

De hecho, la Guardia Civil lo buscó por medio mundo. Allá donde surgía una pista se desplazaban un agente y un sargento y a veces, incluso, el propio comandante de la UCO. Siempre con resultado negativo. La pista más consistente lo situó en Estados Unidos, pero no lograron encontrarlo en la gasolinera donde el testigo lo "señaló" unos días antes. Sería en este país donde con más probabilidad podría vivir en la clandestinidad.

No es el único "susto" que se han llevado los investigadores hasta ahora. En 2006 una profesora de español creyó haberlo visto en Japón comiendo en un restaurante brasileño. El 21 de abril de 2006, la embajada de España en Tokio informaba por escrito a la Dirección General de la Guardia Civil de lo sucedido.

La única realidad es que la Interpol mantiene su ficha policial abierta y sitúa a Antonio Anglés como uno de los delincuentes más peligrosos y cada 25 de julio renueva su ficha. Sin embargo, si Antonio Anglés decidiera ahora darse a conocer, sería un hombre prácticamente libre, ya que los delitos que cometió prescriben a los 20 años. Esa es la teoría. La prática sería seguramente muy distinta.

De momento, los que tampoco han tirado la toalla son guardias civiles y policías, jubilados y en activo, que continúan a día de hoy convencidos de que Antonio Anglés, alias Asuquiqui, Roberto Ruiz, Carlos Carvalho, Francisco Partera o Rubén Romero, será encontrado si está vivo y puesto a disposición de la Justicia. Quizás ahora la jueza logre dar con su paradero y cerrar uno de los episodios más oscuros de la criminología española.

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